home

search

Capítulo 76: Desesperación

  La profesora Sill comenzó a temblar cuando detectó la presencia que se ocultaba en las sombras. Su cuerpo frágil reaccionaba instintivamente ante el peligro, mientras su mente intentaba calcular sus posibilidades, que eran prácticamente nulas.

  Desde las sombras, una voz espectral resonó, profunda y ajena, como si proviniera de un abismo lejano. Cáliban, manipulando su maná, habló con un tono distorsionado, imposible de reconocer.

  —No queremos hacerte da?o…

  Adelina rió con amargura, con sus ojos llenos de incredulidad.

  —Eso dicen todos los que terminan apu?alándote por la espalda…

  —En eso tiene razón… —dijo Lord Xander, con un leve asentimiento —Pero no hemos venido a hacerle da?o, profesora. Solo buscamos respuestas. Cuando las obtengamos, nos iremos de inmediato.

  Adelina fijó su mirada en Xander, sus labios se torcieron con una mezcla de escepticismo e ira.

  —?Usted también se codea con esos bastardos del culto, Lord Hilloy?

  —No, profesora. No sé por qué piensa que…

  —Tonterías… —lo interrumpió Adelina, cargada de desdén —Lo sentí. Cuando estuve frente al profesor Cunim, percibí una energía ominosa, una energía muy parecida a la de su invitado en las sombras.

  Desde su posición, Cáliban frunció el ce?o, sus ojos carmesíes brillaban débilmente en la penumbra. Lord Xander intentó suavizar la situación.

  —Entiendo por qué podría pensar eso, pero no estamos aquí para-

  —No corre ningún peligro. —La voz espectral de Cáliban cortó el aire, resonando con una amenaza implícita —Su estado no es óptimo, profesora, y debo decirle que ni siquiera necesitamos que esté viva para obtener lo que queremos. ?Sabe lo fácil que sería matarla? Mutilar su cadáver y usar magia arcana para acceder a los recuerdos en su cerebro apagado…

  Adelina quedó paralizada ante aquellas palabras.

  —Nos beneficiaría más muerta que viva. —continuó Cáliban con frialdad —Pero, aun así, decidimos hablar con usted de esta manera, porque nuestra intención no es da?arla. Si quisiéramos que estuviera muerta, ya lo estaría, profesora.

  El silencio que siguió fue casi ensordecedor. La profesora Sill, con el corazón latiéndole con fuerza, comprendió que esas palabras, por crudas que fueran, estaban lejos de ser una amenaza vacía.

  —Solo queremos respuestas. —a?adió Cáliban con un tono más contenido —Responda unas preguntas y no volverá a vernos.

  Adelina sabía que intentar huir sería inútil, especialmente con alguien como Lord Xander presente. Con un suspiro pesado, aceptó su destino. No tenía otra opción más que confiar en que cumplirían su palabra.

  —Está bien… —dijo finalmente, rindiéndose ante las circunstancias.

  Xander, viendo su estado debilitado, se acercó y la ayudó a recostarse sobre la almohada para que estuviera más cómoda.

  —Bueno, supongo que no tengo otra op-

  Antes de que pudiera terminar, Adelina comenzó a toser violentamente. Su cuerpo, frágil por su núcleo destrozado, reaccionaba con un dolor agudo que la hacía jadear entre espasmos.

  Desde las sombras, Cáliban observó con algo que se asemejaba a la lástima. Elevó una mano juvenil y pálida hacia la profesora, mientras una energía ominosa comenzó a fluir desde sus dedos.

  Adelina, aún luchando por respirar, miró la mano con intriga y temor. La energía oscura envolvió su cuerpo, llenando cada rincón con una sensación extra?a. Poco a poco, el dolor en sus venas y la agonía en su núcleo comenzaron a desvanecerse, hasta que finalmente pudo respirar con normalidad.

  —?Qué… qué fue eso? —murmuró con un hilo de voz, su mirada estaba fija en la figura oculta en las sombras.

  —No soy su enemigo, profesora… —dijo Cáliban con un tono neutral, bajando la mano —Pero tampoco soy su salvador.

  Adelina tragó saliva, sin saber si sentirse aliviada o aterrorizada. Xander se mantuvo en silencio, vigilando cada movimiento, mientras la tensión en la sala seguía siendo palpable.

  —Temo que el efecto no durará mucho… pero es mejor que nada…

  —Sí… supongo que sí… —respondió Adelina, todavía anonadada. Su mente trataba de procesar lo que acababa de suceder —?Cómo lo…?

  Su pregunta quedó suspendida en el aire cuando su mirada se cruzó con los ojos que ardían como farolas en la penumbra. Supo al instante que no era momento de buscar explicaciones, sino de ofrecer respuestas. Tragó saliva y se aclaró la garganta, preparando su mente para lo que vendría.

  —Entonces… ?Qué quieren de mí?

  Cáliban no perdió tiempo.

  —Empecemos por el principio… ?Cómo llegó a manos del profesor Cunim?

  Adelina cerró los ojos por un instante, como si intentara apartar los recuerdos. No quería revivir ese calvario, pero sabía que no tenía opción. Su vida estaba en manos de sus interrogadores.

  —Yo… fui elegida por el director para encargarme de las desapariciones en el distrito. —comenzó con voz temblorosa —Al principio, logré identificar a la criatura responsable. Era una bestia amorfa, con tentáculos rojos y gritos… extra?os, inhumanos es poco decir. Pensé que era una criatura no catalogada. Intenté capturarla para obtener pruebas y presentarlas al director, pero…

  Hizo una pausa, bajando la mirada mientras sus manos temblaban ligeramente.

  —Pero mi magia no tenía efecto en ella. Fui terriblemente herida. Día a día, mi magia comenzó a drenarse, como si algo la estuviera succionando. Ni la doctora Mirne ni el director pudieron encontrar la causa. Desesperada, decidí perseguir a la bestia. Necesitaba alguna muestra para estudiarla, algo que pudiera darme respuestas.

  Adelina dejó escapar un suspiro pesado, su voz se tornó más sombría.

  —Fui torpe… demasiado torpe. Me di cuenta demasiado tarde de que la criatura no era la verdadera responsable de las desapariciones. El verdadero culpable era un ser aún más cruel… y salvaje.

  Lord Xander apretó ligeramente los pu?os. La tristeza en los ojos de la profesora era palpable, y era evidente que había pasado por un infierno solo para despertar en otro.

  —Lamento oír eso, profesora… —dijo con sinceridad, cargado de empatía.

  Cáliban, sin apartar su atención, prosiguió con las preguntas.

  —?Perdió sus alas y extremidades por la criatura?

  Adelina frunció el ce?o, y su rostro se torció con una mezcla de dolor y rabia.

  —No… —dijo, con un tono más firme, como si la ira le devolviera algo de fuerza —Fue culpa del maldito profesor Cunim.

  Las palabras salieron de su boca como un veneno que había guardado demasiado tiempo.

  —Me torturó en una celda fría y húmeda, arrancando partes de mi cuerpo para usarlas como catalizadores en sus fórmulas retorcidas. Puedo recordar… puedo recordar su risa maniática mientras lo hacía…

  El silencio que siguió fue sofocante. Lord Xander y Cáliban intercambiaron miradas, un entendimiento tácito de que los detalles no eran necesarios; lo importante era obtener información útil.

  —Profesora… —intervino Lord Xander, con un tono amable y cuidadoso —?Qué recuerda sobre el profesor Cunim? ?Algún indicio que pueda darnos sobre lo que planeaba?

  Adelina guardó silencio, su mente vagaba por el abismo de los recuerdos. El eco de las risas del profesor todavía resonaba en sus oídos, mezclado con los gritos de dolor que alguna vez habían escapado de su garganta.

  Apretó los labios mientras imágenes vívidas llenaban su mente. Bisturís fríos desgarrando su carne, el sonido metálico de las herramientas cayendo al suelo, y las palabras desconcertantes que Cunim murmuraba para sí mismo mientras trabajaba.

  —él hablaba… —dijo finalmente —Murmuraba sobre algo… algo que llamaba "El Primer Fragmento". Decía que estaba cerca de completarlo… que una vez que lo tuviera, podría…

  Se detuvo, su rostro palideció al recordar las implicaciones.

  —?Podría qué? —presionó Cáliban, inclinándose ligeramente hacia adelante, su tono se volvió más intenso.

  Adelina tomó aire con dificultad antes de responder.

  —Que podría desatar un nuevo orden… destruir las cadenas del tiempo… o algo así. Sus palabras eran confusas, pero estaba obsesionado.

  Lord Xander entrecerró los ojos, su mente procesaba las implicaciones de aquella revelación. Cáliban permaneció en silencio, sus ojos brillaron con una intensidad que solo él entendía.

  —?Recuerda algo más? —preguntó Lord Xander con delicadeza.

  Adelina negó con la cabeza.

  —Solo su risa… y el sonido de mi carne al ser arrancada.

  Cáliban se levantó lentamente, con su figura aún oculta en la penumbra.

  —Eso será suficiente… por ahora.

  Adelina lo miró con desconfianza, pero no dijo nada más. Sabía que la conversación había terminado.

  —Lo siento… no puedo… —murmuró Adelina, con su voz quebrándose ligeramente —él… él quería revivir a su hija. Usaba la energía espiritual de los alumnos para darle vida… o algo así recuerdo. ?Eso sirve?

  Lord Xander negó con la cabeza, su rostro mostraba una mezcla de decepción y empatía.

  —Me temo que eso es información pública, profesora. No nos sirve de mucho…

  Adelina apretó los pu?os, luchando contra la sensación de inutilidad. Intentó escarbar en sus recuerdos, pero el profesor Cunim había sido demasiado reservado con sus verdaderos planes. Sin embargo, de pronto, una frase enterrada en su memoria surgió como un susurro lejano.

  —Llave… —murmuró, su voz apenas audible —Mencionó una llave. Algo que necesitaba para un portal… y unas palabras… creo que dijo “troraini… im… te”.

  Los ojos de Cáliban destellaron desde las sombras, una chispa de comprensión iluminó su expresión.

  —“Foraminis in re” —corrigió, con un tono firme y analítico.

  Lord Xander entrecerró los ojos, absorbiendo la revelación.

  —?Mencionó algo más? —preguntó Cáliban, con una calma tensa —?Alguna ubicación? ?Un lugar en particular?

  Adelina negó lentamente con la cabeza.

  —Me temo que eso es todo lo que sé… fuera de las horribles torturas que sufrí. No tengo más información.

  Cáliban y Lord Xander intercambiaron miradas. El rompecabezas comenzaba a tomar forma, y aunque no tenían todas las piezas, habían conseguido un avance importante. Con eso, su cometido estaba cumplido. Cáliban se movió hacia la puerta, mientras Xander se giraba hacia la profesora.

  —Profesora Sill, ha sido de gran ayuda. La dejaremos descansar. Muchas gracias por su tiempo…

  Cuando Xander comenzó a adentrarse en las sombras para acompa?ar a su se?or, un sonido seco lo detuvo.

  —?Espere! ?Por favor!

  Ambos se giraron rápidamente. Adelina había caído de la cama, su cuerpo frágil temblaba sobre el frío piso de madera. Pero no le importaba el dolor ni la humillación. Se arrastró con esfuerzo, su mirada se encendía con una determinación feroz.

  —Contesté sinceramente todas sus preguntas… ?No cree que me debe algo?

  Xander y Cáliban intercambiaron una mirada de desconcierto. Adelina estaba jugando una carta arriesgada.

  Adelina apretó los dientes, su respiración se entrecortaba mientras luchaba por no derrumbarse. En su mente, solo una idea ardía con furia. Todo lo que había construido, su esfuerzo de a?os, su reputación, su futuro, todo había sido destruido por las manos de un malnacido que jugó con su vida como si no valiera nada.

  ??Quiero venganza!? —pensó, y su mirada se encendió con un fuego inquebrantable. Haría pagar a todos los cultistas. No permitiría que sus garras siguieran corrompiendo la academia.

  Cáliban observó en silencio el fervor en los ojos de la profesora. Había algo admirable en su espíritu, pero también sabía que el tiempo no estaba de su lado.

  —?Qué es lo que quiere? —preguntó con un tono neutral, aunque su mirada reflejaba un leve interés.

  Adelina levantó la cabeza, con lágrimas de rabia corriendo por sus mejillas.

  —Quiero matar al profesor Cunim. Quiero que sufra como yo sufrí.

  El silencio que siguió fue pesado. Lord Xander la miró con compasión, pero también con cautela. Cáliban, por otro lado, permaneció inmóvil.

  —No está en condiciones de vengarse, profesora… —dijo finalmente Cáliban, su tono era frío, como si ya hubiera descartado su petición.

  —?Puedo hacerlo! —gritó Adelina, llena de desesperación —No me importa si no tengo mi magia, no me importa si este cuerpo está roto. ?Voy a destruirlo! ?Y si ustedes no lo hacen, lo haré yo sola!

  Cáliban dio un paso adelante, sus ojos carmesíes brillaron intensamente.

  —?Habla de venganza… o de redención? —preguntó, con un matiz de juicio.

  Adelina lo miró con rabia y dolor, pero no respondió de inmediato. Sus labios temblaban, luchando por encontrar las palabras adecuadas.

  —Quiero justicia… —susurró finalmente, aunque el peso de la palabra sonaba más como una súplica que una declaración.

  Cáliban se quedó en silencio unos segundos, analizando cada expresión de la profesora. Finalmente, desvió la mirada hacia Xander. Este suspiró profundamente, su semblante reflejaba una mezcla de compasión y resignación.

  —Lamento ser yo quien se lo diga, profesora… pero el profesor Cunim está muerto. Su mano derecha, Mithra, también. Todo su laboratorio ha sido confiscado por las fuerzas de Madame Lothrim en persona. Me temo que su venganza no podrá ser.

  Adelina permaneció inmóvil, sus ojos vacíos se clavaron en un punto indefinido. Aquellas palabras cayeron sobre ella como una losa. Su único propósito, el único hilo que mantenía unida su voluntad de vivir, acababa de desaparecer. Se hundió en un pozo de miseria silenciosa, observando impotente cómo ellos abandonaban la sala sin decir más.

  Lord Xander, mientras caminaba por el pasillo, no pudo evitar mirar por encima del hombro una última vez.

  —?No hay algo que podamos hacer por ella? —preguntó, con un atisbo de esperanza en su voz.

  Cáliban negó con la cabeza, su tono frío como el acero.

  —Me temo que, por ahora, no…

  Algunas cosas simplemente no podían cambiar, por más que se intentara. Adelina Sill tenía un destino incierto, pero algo era claro… su lucha aún no había terminado. Ambos abandonaron las instalaciones del hospital, dejando a la profesora sola con su vacío.

  A la ma?ana siguiente, Cáliban se encontraba de regreso con su grupo, observando los entrenamientos de cada uno. Aunque mostraban progreso, aún había un largo camino por recorrer. La presión del tiempo era palpable, pues la gran batalla se acercaba.

  —Entonces… ?Consiguieron una pista? —preguntó Reinhard, que realizaba sentadillas con disciplina mientras era aplastado por el peso de sus brazaletes.

  Cáliban estaba sentado tranquilamente, observándolos desde la espalda de Joseph, quien hacía planchas con esfuerzo evidente.

  —Sí… “Foraminis in re”. Fue lo que mencionó la profesora Sill.

  —?Y qué… es eso? —preguntó Joseph entre jadeos, su voz se tensaba por el esfuerzo físico.

  Cáliban cruzó los brazos, su expresión se tornó seria.

  —Un hueco en la realidad. Más conocido como agujero de gusano. Conecta dos puntos en el tiempo y el espacio. Es como un portal entre dimensiones.

  Reinhard frunció el ce?o, deteniéndose momentáneamente en sus ejercicios.

  —Si mi teoría es correcta. —continuó Cáliban, cargado de gravedad —el portal existe en algún lugar de las ruinas de la academia. Si ya lo han encontrado, solo necesitan la llave para activarlo.

  Reinhard tragó saliva, su rostro reflejaba preocupación.

  —?Qué tan grave sería eso?

  Cáliban desvió la mirada hacia las monta?as en el horizonte, sus palabras salieron como un cuchillo.

  —Imagina un portal al infierno, por donde emergen cientos de criaturas y esbirros. Que podrían matar a decenas de miles de personas en un solo día.

  Reinhard se quedó congelado, su respiración se aceleró mientras asimilaba las implicaciones.

  —?Entonces! ??Qué demonios hacemos aquí?! ??No deberíamos estar buscando ese portal?! —exclamó con voz alzada, claramente alarmado.

  Cáliban levantó una mano con calma, indicándole que se detuviera.

  —Tranquilo… Xander ya se está encargando de eso. Nuestra prioridad ahora mismo es cuidar de esas cuatro chifladas.

  Se?aló con la mirada hacia una cascada cercana, donde cinco chicas entrenaban bajo el yugo de la cascada helada. La luz del sol reflejaba sus movimientos disciplinados mientras soportaban la presión constante de la cascada sobre sus cuerpos.

  —?Ellas? —preguntó Reinhard, con incredulidad.

  Cáliban asintió lentamente, su mirada se fijó en las jóvenes.

  —No lo sé a ciencia cierta, pero algo me dice que ellas son la clave para abrir el portal. Si estoy en lo correcto, no podemos permitir que caigan en manos del enemigo.

  Reinhard volvió la mirada hacia las jóvenes. A pesar de sus dudas, no pudo evitar sentirse impresionado por su resistencia y determinación.

  —Entonces no hay margen para errores… —murmuró.

  This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it.

  Cáliban no respondió. Sus pensamientos estaban más allá del entrenamiento, enfocados en los peligros inminentes que los rodeaban.

  —?Y qué harás con la competición? —preguntó Joseph entre jadeos, su abdomen ardía por el esfuerzo de las planchas.

  Cáliban frunció el ce?o, su rostro reflejó una mezcla de molestia y agotamiento.

  —Gracias por recordármelo… —murmuró con sarcasmo —Tengo que ver a Madame Lothrim. Agendó una cita para la próxima semana. Qué dolor de cabeza…

  Joseph levantó una ceja, tratando de regular su respiración.

  —?Crees que ella sea parte del culto?

  Cáliban meditó unos segundos antes de responder, su mirada se fijó en el horizonte.

  —Por lo que sé, no… pero tampoco descartaría la posibilidad. Es difícil saber en quién confiar cuando se trata de ellos.

  Mientras tanto, a lo lejos, las gotas de agua caían incesantemente sobre las jóvenes bajo la cascada, castigando sus cuerpos con una presión constante. Nhun no pudo contener su frustración.

  —?Ah! ?Mierda! ?Esto duele! —gritó, dejando su posición para tomarse un descanso.

  Miró a sus compa?eras. Cecilia temblaba visiblemente, tratando de soportar el dolor que la cascada provocaba en su piel. Elizabeth, por otro lado, cerraba los ojos e intentaba concentrarse, aunque el sufrimiento era evidente en su rostro. Sin embargo, Juliana y Astrid permanecían inmóviles, sus expresiones eran completamente serenas, como si nada pudiera perturbarlas.

  Nhun no pudo evitar exclamar, incrédula:

  —?Cómo es que pueden permanecer tanto tiempo sin mover un solo músculo?

  Elizabeth giró la cabeza hacia Nhun, empapada hasta los huesos. Su tono era calmado, pero cargado de advertencia.

  —Nhun… si no regresas, el líder se va a enojar.

  Nhun soltó una carcajada, ignorando el consejo de su compa?era.

  —?Por favor! —se burló, riendo al aire —Estoy segura de que el líder nos permitirá un descanso. Y, en cualquier caso, si viene hacia acá, me escaparé. No creo que pueda alcanzarme ahora que puedo correr y saltar como una fina bailarina.

  Confiada, Nhun se giró hacia Cáliban en la distancia, retándolo con una mirada descarada. Pero su desafío no pasó desapercibido. Cáliban alzó lentamente una mano en su dirección, su expresión era impasible.

  —Oh, mierda… —murmuró Nhun, con el sudor frío corriendo por su espalda —Mejor me voy.

  Antes de que pudiera dar un paso, Cáliban movió suavemente los dedos, conjurando cadenas que emergieron de las rocas cercanas. Las cadenas se aferraron a Nhun, inmovilizándola y arrastrándola de vuelta a la cascada.

  —?Ah! ?Suéltame, maldito sádico! ?Maldito desquiciado! —gritó, presa de las cadenas mientras el agua caía sobre ella con fuerza.

  Una segunda cadena apareció de repente, surgiendo de las piedras como una serpiente. Esta se dirigió hacia Juliana, golpeándola con precisión en la frente y despertándola del trance en el que parecía estar.

  —?Ah! ?Qué? ?Qué sucede? —exclamó Juliana, llevándose una mano a la frente —?Ya se terminó el tiempo?

  Elizabeth no pudo evitar soltar una ligera risa mientras intentaba mantenerse en su posición.

  —No, Juliana. Pero parece que Nhun aprendió una lección…

  Nhun, aún atrapada bajo la cascada, no dejó de protestar.

  —?Esto no es justo! ?Elizabeth, haz algo! ?Cecilia, por favor!

  Cáliban, alzando una ceja, dejó escapar un suspiro mientras cruzaba los brazos.

  —?Aprendiste tu lección, Nhun? —murmuró Cáliban a la distancia.

  —??Estabas dormida?! —exclamó Elizabeth al escuchar la somnolencia de Juliana, sin poder creer lo que acababa de escuchar.

  —Ah… sí, bueno… —respondió Juliana con una sonrisa despreocupada —Los peque?os golpes en la espalda me arrullan y me da sue?o, así que…

  Elizabeth llevó una mano a su frente, incrédula.

  —En serio…

  Suspirando, Elizabeth se levantó bajo la cascada, el agua fría corría por su cuerpo. Observó con atención el rostro de Cecilia y Astrid. Ambas estaban completamente concentradas, soportando el incesante golpe de la cascada sobre sus cuerpos.

  —Supongo que no soy la única que la tiene difícil… —murmuró para sí misma.

  Con curiosidad, Elizabeth se acercó a las cadenas que retenían a Nhun. Sus dedos rozaron la superficie metálica y sintió el frío maná que las envolvía, tan intenso que incluso su piel de vampiro lo percibía claramente. Intrigada, cruzó el lago hacia Cáliban, quien ayudaba a Reinhard y Joseph en sus ejercicios.

  —Líder… —llamó Elizabeth.

  Su ropa empapada y el cabello mojado hacían que su figura destacara de una manera particularmente sensual, lo que no pasó desapercibido para Reinhard y Joseph, quienes se sonrojaron visiblemente.

  Cáliban, notando la distracción, conjuró un simple hechizo con un movimiento de su mano.

  —Vestimenta árida.

  En segundos, la ropa y el cabello de Elizabeth comenzaron a secarse, dejando su apariencia impecable.

  —?Qué sucede? —preguntó Cáliban con calma —?Ya terminaste tu tiempo bajo la cascada?

  —Sí, pero dejando eso de lado… me gustaría hablar con usted en privado.

  Cáliban arqueó una ceja, intrigado por su petición.

  —Muy bien, si eso es lo que deseas…

  Ambos se dirigieron a la tienda de Cáliban. Una vez dentro, Elizabeth observó cómo él se sentaba tranquilamente en la cama, esperando que ella hablara.

  —Muy bien, dime…

  Elizabeth dudaba, su mirada vacilante reflejaba la lucha interna que tenía. No había una forma sencilla de abordar el tema, pero sabía que debía ser honesta.

  —?Podría… darme un poco más de su sangre? —preguntó finalmente, sus palabras sonaban apenas como un susurro nervioso.

  Cáliban frunció el ce?o, confundido.

  —?No recibiste los paquetes de viales de sangre la semana pasada? ?Ya los terminaste?

  Elizabeth bajó la cabeza, avergonzada.

  —Sí… —admitió, te?ida de vergüenza.

  Cáliban suspiró, cruzando los brazos. No le molestaba darle su sangre, pero el hecho de que su apetito hubiera aumentado en las últimas semanas era preocupante.

  —Elizabeth… se sincera conmigo. ?Qué te está sucediendo? Tu hambre ha estado creciendo últimamente…

  Elizabeth apretó los pu?os, llevándose una mano al pecho. Decidió que era momento de ser franca. Cáliban siempre había sido amable y directo con ella; ahora era su turno de hacer lo mismo.

  —Bueno, la verdad es que-

  —Estás maldita.

  Elizabeth abrió los ojos, sorprendida por las palabras de su líder.

  —??Cómo…?! ??Ya lo sabía?! —preguntó, confundida y alarmada.

  —Bueno, lo intuía… —respondió Cáliban con calma.

  Elizabeth negó con la cabeza, incrédula.

  —?Cómo? No es posible que lo intuyera. Nunca le dije nada a nadie…

  Cáliban permaneció en silencio, esperando que ella hablara. Elizabeth suspiró profundamente, resignándose a contar la verdad sobre su condición.

  —Tu hambre desmedida, tu energía inestable… no es solo un problema fisiológico. —Cáliban la miró directamente, frío pero cargado de certeza

  Elizabeth sintió un nudo formarse en su garganta. Las implicaciones de lo que Cáliban decía eran aterradoras, pero al mismo tiempo, algo dentro de ella sabía que tenía razón.

  —Si estoy maldita… —dijo finalmente, su voz temblorosa —Todo empezó cuando cumplí doce a?os… —comenzó, con voz temblorosa —Una increíble sed de sangre me invadió. Al principio, podía controlarla, pero con el tiempo se hizo más fuerte… más insaciable. Llegué a beber galones enteros en una semana solo para calmarla.

  Hizo una pausa, sus ojos se llenaron de recuerdos dolorosos.

  —Cuando llegué a la mansión, al principio pude vivir con pocos viales. Pero con el paso de los meses, mi hambre creció. Cada vez necesitaba más, y… nada parecía satisfacerme.

  Cáliban asintió ligeramente, escuchando cada palabra con atención.

  —Entonces probé su sangre. —Elizabeth lo miró, avergonzada —No sé por qué, pero me calmaba. Por días, mi hambre desaparecía. Fue un alivio… pero, con el tiempo, algo cambió. Dejé de desear la sangre normal. Me volví… adicta a la suya.

  Cáliban no reaccionó de inmediato, pero sus pensamientos estaban en movimiento.

  —Ya veo… —murmuró finalmente.

  En su mente, los detalles encajaban como un rompecabezas oscuro:

  ?Hambre que nunca se acaba, dar muerte a todo lo que toque, despertar una lujuria insaciable en quienes la miren… esas maldiciones no son comunes para nada.?

  Cáliban desvió la mirada hacia Elizabeth, meditando su decisión.

  —Bien. Puedes tomar un poco. Mientras eso te ayude a mantenerte estable, supongo que está bien.

  Elizabeth sonrió, agradecida. Se acercó lentamente y hundió sus colmillos en el antebrazo de Cáliban. El sabor de su sangre, único y poderoso, calmó al instante el fuego que la consumía por dentro. Bebió con moderación, dejando que la sensación de paz la envolviera.

  Unos minutos después, Reinhard entró a la tienda, esperando que la conversación hubiera terminado.

  —Oye, líder, me gustaría… —Se detuvo abruptamente al ver la escena frente a él. Rápidamente apartó la mirada, completamente sonrojado —Oh… lo siento, no quería interrumpir…

  —Iré en un momento. —Cáliban respondió con su habitual calma, mientras Elizabeth, avergonzada, apartaba la boca de su brazo y se limpiaba la sangre de los labios.

  Reinhard asintió y salió apresuradamente de la tienda, tratando de recomponerse. Afuera, apenas había dado unos pasos cuando Nhun apareció empapada, con una expresión de ira inconfundible.

  —??Dónde está?! —gritó, su voz resonó en el campamento —??Dónde está ese malnacido?!

  Reinhard se aclaró la garganta, aún tratando de procesar lo que había visto.

  —Está adentro… pero no lo molestes. Está alimentando a Elizabeth con su sangre. —dijo con toda la seriedad que pudo reunir, aunque la frase sonaba inevitablemente extra?a.

  Nhun abrió la boca para decir algo, pero se quedó muda por un momento. Entonces, levantó una ceja, completamente desconcertada. Antes de que Reinhard pudiera responder, llegaron los demás. Astrid fue la primera en hablar, acercándose con calma mientras tomaba de su cantimplora de agua.

  —?Dónde está Elizabeth? —preguntó, sus ojos se llenaron de dudas mientras miraba a su alrededor.

  Nhun alzó la mirada, con una expresión completamente inocente. En su rostro no había ni un atisbo de malicia, solo una calma sin igual. Respiró profundamente, y entonces, de la forma más arbitraria y serena, dijo:

  —Se la está chupando al líder…

  El silencio que siguió fue abrumador. Cecilia se desmayó de pie, cayendo como un tronco al suelo. Juliana abrió los ojos desmesuradamente, y Astrid escupió agua como si hubiera sido sorprendida por un hechizo de ahogamiento. Nhun soltó una carcajada, doblándose de la risa, hasta que Reinhard, rojo como un tomate, le dio un golpe en la nuca.

  —?Deja de decir estupideces, Nhun! —gru?ó Reinhard, claramente avergonzado.

  En ese momento, Elizabeth salió de la tienda, con el rostro completamente rojo al haber oído el comentario.

  —?No es cierto! —exclamó, alzando las manos para calmar el caos —?Les juro que lo que dice esta elfa estúpida es mentira!

  Cáliban también salió de la tienda, atraído por la conmoción. Su expresión era, como siempre, imperturbable, pero dejó escapar un suspiro cuando vio la escena.

  Mientras Elizabeth trataba desesperadamente de aclarar el malentendido, nadie parecía creerle. Excepto Cecilia, quien, habiendo recuperado la consciencia, se acercó con una sonrisa que daba más miedo que alivio.

  —Está bien, Elizabeth… —dijo con un tono inquietante —Yo confío en ti… se que no eres de las que se meten con el chico de su amiga… ?Verdad?

  Por alguna razón, esas palabras no hicieron sentir a Elizabeth mejor. Cáliban alzó una ceja, pero decidió no perder tiempo con explicaciones.

  —Como sea… —dijo con un tono seco —?Qué necesitas, Reinhard?

  Reinhard, aún recuperándose de la escena, recordó lo que había venido a preguntar.

  —Oh, cierto. Quería que me ayudaras con mi progreso. No he podido avanzar en mi magia… ?Tienes tiempo?

  Cáliban asintió y caminó hacia un área más despejada, indicándole que lo siguiera. Joseph se unió a ellos, mientras los demás observaban a la distancia, curiosos pero sin interrumpir. Aunque tenían sus propios métodos y técnicas heredadas de sus linajes, siempre había algo fascinante en las observaciones que hacía Cáliban.

  —Muy bien. —dijo Cáliban al detenerse en el lugar indicado —Siéntate.

  Reinhard se sentó en posición de meditación, cerrando los ojos mientras Cáliban comenzaba a examinarlo. Reinhard invirtió su energía para mostrar el flujo interno de su cuerpo, permitiendo que Cáliban observará con detalle.

  El líder frunció el ce?o al analizarlo. Las líneas rojas, que representaban el flujo de aura, avanzaban normalmente por los meridianos de Reinhard. Sin embargo, las líneas azules, que simbolizaban el maná, estaban completamente estancadas.

  —Solo por preguntar… —dijo Cáliban con seriedad, aunque con una leve nota irónica —?No estarás maldito, verdad?

  Reinhard soltó una risa ligera, aunque algo nerviosa.

  —No, no lo estoy… al menos hasta donde sé.

  Cáliban continuó con su análisis, pero no pudo encontrar la causa del problema.

  —Esto es extra?o… —murmuró —Tu cuerpo no está aceptando el maná. Estás en la etapa ascendente de las Tres Estrellas de aura, y parece que no tienes problemas en ese sentido. Pero tu flujo de maná… está completamente bloqueado.

  Hizo una pausa, pensando en todas las posibles explicaciones.

  —En primer lugar, ?Cómo llegaste al Tercer Círculo de maná?

  Reinhard desvió la mirada, evidentemente incómodo. Sus manos descansaban sobre sus rodillas, pero apretaron ligeramente cuando intentó responder.

  —Yo… nací así.

  —Espera… ?Naciste así? —preguntó Joseph, claramente incrédulo —?Cómo es posible?

  —Sí… —respondió Reinhard, rascándose la cabeza, algo avergonzado —Según mi padre, el día que nací me cayó un rayo… tal vez sea por eso.

  Cáliban arqueó una ceja, pensativo. Sabía que esa no era la razón.

  —Un rayo… —murmuró, mientras cruzaba los brazos —Tal vez provocó alguna alteración en tus meridianos… pero no parece ser el caso. Según lo que veo, están en perfecto estado.

  Reinhard lo miró con atención, esperando alguna respuesta más concreta. Pero Cáliban negó con la cabeza después de unos segundos de reflexión.

  —Debe ser por otra cosa.

  Por más que lo pensara, no encontraba una explicación satisfactoria. Reinhard se levantó lentamente, aunque no obtuvo la respuesta que buscaba, agradeció la ayuda de Cáliban con una ligera inclinación.

  —Gracias por intentarlo, líder.

  Joseph, al verlo terminar, se acercó también.

  —?Me puedes revisar a mí ahora?

  Cáliban asintió y comenzó a examinarlo. Para su sorpresa, Joseph no estaba en perfectas condiciones mentales, pero físicamente su cuerpo soportaba el entrenamiento con notable facilidad. Había alcanzado la cima del primer rango ascendente en magia, aura y energía espiritual, algo extremadamente raro para su edad y situación.

  —Estás a punto de ascender al segundo rango —comentó Cáliban, estudiándolo con más detenimiento —?Cómo te va manejando la energía pura?

  Joseph se encogió de hombros, su expresión era neutral.

  —No lo sé. Todas las dificultades que mencionaste que tendría… simplemente no me pasaron.

  Cáliban frunció el ce?o. Su confusión aumentaba con cada palabra.

  La energía pura era considerablemente más densa que la energía normal, lo que generalmente resultaba en complicaciones extremas para jóvenes que intentaban dominarla. Esa energía podía desbloquear un inmenso potencial oculto, pero requería un cuerpo maduro para manejarla adecuadamente.

  Joseph, sin embargo, era una anomalía. Estaba al borde del segundo rango, pero ya podía enfrentarse con éxito a oponentes en el cuarto rango que usaban energía normal. Su habilidad para mantener energía pura en un cuerpo tan joven era algo casi inaudito.

  —Supongo que está bien… —dijo Cáliban finalmente, aunque su tono sugería que seguía buscando respuestas.

  —?Tan raro es? —preguntó Joseph, un poco preocupado.

  —Oh, es raro… —admitió Cáliban —Muy raro. Pero no en un mal sentido. De hecho, probablemente signifique que tienes una constitución especial.

  —Ahora que lo mencionas… —intervino Reinhard, recordando algo —Mi padre también tiene una constitución única. Lo llama el Cuerpo del Tirano Sangriento.

  Cáliban levantó una ceja, intrigado.

  —?El Cuerpo del Tirano Sangriento?

  —Sí. —Reinhard asintió —La sangre de mi padre tiene propiedades curativas. Puede curar casi cualquier mal, aunque con ciertos límites. Tal vez tenga algo que ver con eso.

  —Interesante… —murmuró Cáliban, pensativo —Tendré que investigar más sobre este asunto.

  Mientras hablaban, Joseph, intrigado por la conversación, desvió la atención hacia Cáliban.

  —Cáliban, ?En qué nivel te encuentras?

  Cáliban esbozó una ligera sonrisa.

  —Actualmente estoy en el segundo rango, justo en la etapa ascendente.

  Reinhard y Joseph intercambiaron miradas. Ambos sabían que Cáliban siempre había sido una figura excepcional, pero no podían evitar admirar la forma en que se enfrentaba a sus propias limitaciones.

  Reinhard estaba asombrado. Sabía que Cáliban tenía el potencial de alcanzar, como mucho, el tercer rango, pero poseía una fuerza y habilidad que le permitían enfrentarse a Alex, un guerrero de sexto rango. Sin embargo, lo que desconocía era el precio que Cáliban pagaba por ese poder.

  Usar su energía carmesí no solo requería la sincronización perfecta de sus tres energías, magia, aura y espiritualidad, sino que también consumía a?os de su vida. Aunque Cáliban podía soportar el dolor físico que le causaba emplearla, el desgaste en su cuerpo era evidente. Cada vez que recurría a esa energía, acercaba un poco más su cuerpo al límite.

  ?Necesito resolver mi situación física lo antes posible… o me desplomaré en medio de la competición.?

  Al mismo tiempo, en las profundidades de un templo olvidado, donde el tiempo había dejado sus cicatrices en forma de grietas y escombros, la sacerdotisa caminaba con una calma ensayada. A su alrededor, las paredes estaban cubiertas de jeroglíficos antiguos que parecían susurrar secretos prohibidos. Bajo su mirada vigilante, un grupo de eruditos oscuros trabajaba meticulosamente para reconstruir un portal colosal. Piedra a piedra, tallaban con precisión cada fragmento, encajándolos como piezas de un rompecabezas maldito.

  —Sacerdotisa… —la llamó uno de sus subordinados, un hombre encapuchado que sostenía un objeto envuelto en una fina tela negra —Tiene una llamada.

  La mujer arqueó una ceja, su postura altiva no se alteró ni un ápice.

  —?Debo atenderla en público o en privado? —preguntó, alzando ligeramente el mentón con arrogancia.

  —En privado, mi se?ora…

  La sacerdotisa tomó el artefacto sin prisa y caminó hacia una sala cercana. Cerró la puerta detrás de ella y conjuró un escudo de energía, asegurándose de que ningún ruido entrara ni saliera. Quitó la tela del objeto, revelando una esfera de cristal que brillaba débilmente. Una figura comenzó a formarse dentro de ella, como una sombra que tomaba forma. Un anciano de piel grisácea, barba blanca y coronado por una calvicie que brillaba con la luz de la magia.

  —Sacerdotisa… —su voz grave resonó, cargaba de autoridad —?Cómo avanzan los planes?

  La mujer inclinó su cabeza hasta casi tocar el suelo, en una muestra de respeto absoluto.

  —Mi gran se?or… —dijo con reverencia —Todo avanza según lo planeado. El portal está cerca de completarse. De hecho, esperamos abrirlo durante una fecha clave. A finales de noviembre. Aunque el plan era para después, se confirmó que el torneo contará con la presencia de Madame Lothrim. Eso nos brinda una ventaja. La Gran Diosa podrá devorarla y consumir su poder… así, el director no tendrá ninguna oportunidad.

  El anciano dejó escapar una leve risa, complacido.

  —Me alegra oírlo. ?Y su situación? ?Ha sido descubierta?

  La sacerdotisa alzó lentamente la mirada, su tono era más sombrío.

  —No, mi se?or. Aún mantengo la farsa, pero temo que no pueda sostenerla por mucho más tiempo. Mi posición se ha vuelto comprometida… aunque aún no me han excomulgado, el riesgo es considerable.

  El anciano asintió, acariciándose la barba con una mano. Su sonrisa retorcida mostraba una extra?a mezcla de calma y entusiasmo.

  —Tranquila. Si todo marcha como está planeado, no tendrá que preocuparse por esos insignificantes seguidores del Padre sin Forma. Cuando llegue el momento, sus vidas no valdrán nada.

  La sacerdotisa inclinó ligeramente la cabeza en se?al de agradecimiento, mientras el anciano continuaba, sus ojos brillaron con una luz oscura.

  —Será maravilloso… —murmuró el anciano, casi para sí mismo —Ver el mundo arder en el amor de nuestra Gran Diosa. Y mientras nuestros enemigos agonizan a nuestros pies…

  La sacerdotisa, notando el fervor en su tono, esperó en silencio. Pero el anciano cambió repentinamente de tema, su mirada se volvió más aguda.

  —En cuanto al recipiente… ?Ya ha sido asegurado?

  La sacerdotisa respiró hondo antes de responder.

  —Me temo que hemos tenido que descartar la primera y segunda opción, Gran Soberano… —dijo la sacerdotisa, inclinándose con respeto, aunque su tono reflejaba cierta tensión —Actualmente están bajo la protección directa de Lord Xander. Acercarse a él es prácticamente imposible, incluso para nuestros mejores agentes. Por ello, hemos tomado una tercera opción…

  El anciano alzó una ceja, sus ojos penetrantes centellearon con interés.

  —?Quién? —preguntó, su voz resonó grave y cargada de cautela.

  —El nieto de Madame Lothrim, Alec. A pesar de su juventud, se encuentra en la etapa ascendente del sexto rango.

  El Soberano acarició lentamente su barba, meditando la información que acababa de recibir.

  —Joven y cerca del séptimo rango… —murmuró para sí mismo —En efecto, es prometedor.

  El silencio que siguió fue breve pero pesado. Luego, el anciano alzó su mirada grisácea hacia la sacerdotisa.

  —Sin embargo, hay otro asunto que debemos abordar, sacerdotisa.

  La mujer inclinó la cabeza, su postura era impecable, como si no existiera nada más en el mundo que el deber hacia su se?or.

  —Dígame y obedeceré con todo mi ser, mi se?or…

  El Soberano adoptó un tono más bajo, casi conspiratorio, mientras continuaba:

  —Esto es algo que pocos conocen. La Gran Diosa está dormida. Su último intento de atravesar la Pared de la Realidad la dejó… debilitada.

  La sacerdotisa abrió los ojos con asombro, aunque no dijo nada. El Soberano continuó.

  —Por desgracia, no pudo darme muchos detalles antes de sumirse en su letargo. Sin embargo, en sue?os me otorgó una se?al, una misión que debe cumplirse sin importar el costo.

  La sacerdotisa sintió un escalofrío recorrer su espalda. Desde que había ingresado al culto, jamás había oído de una misión directamente encomendada por la diosa. Se enderezó lentamente, dispuesta a recibir la orden.

  —Obedezco…

  El anciano sonrió levemente, aunque su expresión tenía un matiz siniestro.

  —Debes eliminar a un joven estudiante. No importa cómo lo hagas, pero debe caer. Su muerte es esencial, pues su cadáver será engullido por la diosa en persona.

  La sacerdotisa tembló ligeramente, no por miedo, sino por el peso de lo que acababa de escuchar. ?Quién podía ser tan importante como para que la diosa misma quisiera devorarlo? Desde los albores del culto, jamás se había dado una orden tan específica.

  —Dígame el nombre… —respondió con voz firme, aunque el leve temblor en sus manos la delataba —Aseguraré que la Gran Diosa pueda clavar sus dientes en su cadáver fresco.

  El Soberano inclinó ligeramente la cabeza, como si se deleitara con el impacto que estaba a punto de causar.

  —No me dio detalles explícitos. Solo una revelación. En ese sue?o, su voz resonó con claridad, pronunciando una sola cosa… debe morir, sin importar los recursos o el tiempo. Este individuo debe dejar de existir para siempre.

  El anciano hizo una pausa antes de pronunciar el nombre, como si saboreara el peso de cada sílaba.

  —Su nombre… es Mika'el Cáliban.

  La sacerdotisa sintió que el suelo bajo sus pies se tambaleaba por un instante. Reconocía el nombre. Ese joven no era un estudiante ordinario. Sabía que enfrentarse a alguien como él sería un desafío debido a su conexión con lord Xander.

  —Mika'el Cáliban… —repitió en voz baja, casi para sí misma.

  —No falles, sacerdotisa. —La voz del Soberano retumbó con autoridad.

  La mujer inclinó la cabeza profundamente.

  —No fallaré, mi se?or. él dejará de existir.

  Mientras la figura del anciano comenzaba a desvanecerse, la sacerdotisa permaneció en la habitación, su mente estaba trabajando frenéticamente en un plan. El portal estaba cerca, si tenía éxito, su culto se alzaría por encima de las sombras para revelar su poderío. Un desafío de esta magnitud no solo pondría a prueba su habilidad, sino también la lealtad de los recursos a su disposición.

Recommended Popular Novels