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Capitulo 12 Interludio 3

  Sun Hao, emperador del Imperio Taijin se encuentra en su despacho mirando fascinado el ábaco que estaba encima de la mesa cuando Jiangjun Han Xin entra sin molestarse en llamar a la puerta.

  “?Qué es tan importante que me has hecho llamar cuando estoy más ocupado interrumpiendo la sesión de entrenamiento de mis hombres?”, dice nada más entrar por la puerta mirando a la figura del emperador.

  “?Sabes?, me ha llamado padre”, le dice Sun Hao sin dejar de jugar con las cuentas del ábaco.

  Han Xin se queda mirando un momento al Emperador con la mente totalmente en blanco, asimilando que lo haya llamado solo para decirle semejante tontería.

  “En los casi cincuenta a?os que han pasado desde que nació mi primer hijo, ninguno de ellos me ha llamado padre nunca. Tienen que ser los cielos los que han hecho que la primera que lo haga sea mi única hija. Me pregunto si puedo hacer que me llame papa como cuando era un bebe”, continúa diciendo Sun Hao, dejando de jugar con el ábaco y mirando a Han Xin.

  “Por favor, ten un poco de dignidad, que eres el Emperador”, le contesta Han Xin mientras se queda de pie en el centro del despacho. “Ahora, si me has llamado solo por esa tontería, me marcho, que tengo cosas que hacer.”

  “Supongo que eso sería ser demasiado avaricioso. Pero no, te he llamado por algo más divertido, quiero que estes presente cuando le cuente a Taijian Li Ming lo que es esto”, le dice con una sonrisa mientras se?ala al ábaco que esta encima de la mesa.

  “?Y qué es eso?”, contesta Han Xin sin moverse del centro del despacho como dispuesto a irse en cualquier momento.

  “No quiero tener que repetirlo dos veces, lo escucharas al mismo tiempo que Taijian Li Ming así que siéntate, no creo que tarde mucho en llegar”, le contesta Sun Hao.

  Han Xin le mira con los ojos entrecerrados, como pensando en irse, pero al final se sienta en una silla mientras le dice “Mas vale que esto no sea otra tontería sobre tu hija.”

  Sun Hao le sonríe y parece que va a decir algo cuando llaman a la puerta del despacho, por lo que no dice nada y con un gesto de su mano, la puerta se abre, revelando la figura lujosamente vestida de Taijian Li Ming, el eunuco principal del imperio y mano derecha del emperador.

  Taijian Li Ming entra en el despacho y se inclina ante el emperador mientras dice “Majestad, acudo a su llamada.”

  “Siéntate”, le dice el emperador, ya serio y sin ningún rastro de su anterior sonrisa mientras le se?ala una silla que esta delante de la mesa.

  Taijian Li Ming se endereza y se sienta en la silla que le indica el emperador sin dedicarle ni una mirada a Han Xin, pero sin poder evitar fijar la vista en el extra?o aparato que se encuentra sobre la mesa.

  “Veo que te has dado cuenta”, le dice Sun Hao al ver que su mirada se fija en el ábaco. “Haz una suposición, ?Para qué crees que sirve este aparato?”

  “Lo siento, su Majestad, pero no me atrevo a suponer su utilidad solo con ver su forma”, contesta Taijian Li Ming.

  “Estate atento, vamos a hacerte una demonstración”, contesta Sun Hao.

  Durante los siguiente minutos, Sun Hao hace una breve demostración de cómo se usa el ábaco, ante la creciente mirada de asombro tanto de Taijian Li Ming como de Han Xin.

  Cuando Sun Hao para y se recuesta en su silla, Taijian Li Ming no puede evitar alternar su mirada entre Sun Hao y el ábaco.

  “?Esto es asombroso! Y no solo eso, además es extremadamente sencillo. ?Cómo no se le ocurrió antes a nadie algo tan sencillo?”, no puede evitar exclamar Taijian Li Ming.

  “Probablemente debido a que si has cultivado lo suficiente y tienes abierta la Puerta Yin, un instrumento como este no nos hace falta”, contesta Sun Hao. “Por lo que en realidad solo es útil para los plebeyos o funcionarios de rango muy bajo.”

  Taijian Li Ming se acaricia la barbilla mientras piensa un momento, tras lo cual dice “Y unos no tienen tiempo mientras que los otros normalmente no tienen el impulso necesario para alejarse de las convenciones y ponerse a tener ideas nuevas.”

  “Exactamente, pero… ?Qué opinas del invento?”, pregunta Sun Hao.

  “Es muy práctico, ideal, como ha dicho antes, para los plebeyos y los funcionarios de bajo rango, y sobre todo mucho más sencillo que el sistema actual. Sobre todo para cuentas con números peque?os. El fallo que le veo es que para números más grandes, puede que la altura que haya que darle lo haga un poco menos manejable, su majestad”, contesta Taijian Li Ming.

  “Eso es para que los eruditos hagan su trabajo y refinen este invento hecho a mano en algo más digno”, contesta Sun Hao. “Pero ahora tenemos otra cuestión igual de importante, ?Qué recompensa tendríamos que darle a la persona que ideó el ábaco?”

  “El rango de Nan seguro, junto alguna peque?a propiedad. A menos por supuesto que sea ya noble. ?Puedo preguntar a su majestad quien ha sido el inventor de este... ábaco?, contesta Taijian Li Ming.

  “Por supuesto, no hay necesidad de mantenerlo en secreto, ha sido nuestra hija”, contesta Sun Hao con un tono de orgullo.

  Taijian Li Ming se queda de repente en blanco y no puede evitar decir “?Qué hija?”

  “?Me estás diciendo que tenemos más hijas en algún lado y no nos lo has dicho?”, contesta Sun Hao entrecerrando los ojos.

  Taijian Li Ming, todavía en shock por la revelación no puede evitar preguntar “Majestad, ?Me está diciendo que Zhāohuán Wen, que apenas tiene cuatro a?os, ha inventado esto?”

  Han Xin, todavía sentado discretamente en un lateral, no puede evitar sonreír sabiendo ya para que lo ha mandado llamar Sun Hao, sobre todo sabiendo la opinión de Taijian Li Ming sobre la peque?a Wen, por lo que empieza a mirar la mesa donde están las bebidas arrepintiéndose de no haber cogido una copa para disfrutar del espectáculo.

  Sun Hao mira fijamente al eunuco y su cara se pone seria “?Estas insinuando que estamos mintiendo, Taijian Li Ming?

  Taijian Li Ming se recupera del shock y dándose cuenta rápidamente de lo que ha dicho en su sorpresa, se inclina golpeando la frente contra la mesa “No, su majestad, por supuesto que no. Es solo que la sorpresa me pudo por un momento. Le ruego que perdone a su humilde siervo por su trasgresión.”

  Sun Hao se acaricia la barba mientras parece considerar varias opciones, pero al final le dice a Taijian Li Ming “Por esta vez lo dejaremos pasar, pero esperamos que no vuelva a pasar algo semejante.”

  “Agradezco a su majestad su infinita bondad por perdonar a su humilde siervo”, contesta Taijian Li Ming sin levantar la cabeza.

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  “Continuemos con el asunto que estábamos discutiendo, ?Qué recompensa crees que tendríamos que darle a nuestra hija?” continua Sun Hao.

  Taijian Li Ming piensa durante un momento mientras Sun Hao espera y por fin contesta “Zhāohuán Wen no necesita títulos, pero mis informes indican que parecen gustarle mucho los libros, por lo que he pensado que recompensarla con un pase libre a la Biblioteca Imperial incluso cuando no está con su tutor puede ser una buena recompensa para ella.”

  Sun Hao medita por un momento la propuesta y al final contesta a Taijian Li Ming “Aprobamos la propuesta, envía a una Nei Shi para comunicar la recompensa.”

  “Enseguida, su majestad”, contesta Taijian Li Ming. “Pero si puedo preguntar, ?Cómo hacemos para que los eruditos aprendan a manejar el ábaco, como lo ha llamado Zhāohuán Wen?”

  “En la Biblioteca Imperial está el tutor de nuestra hija, que ha recibido clases de ella de cómo manejarlo. Envía a alguien a buscarlo y que ense?e al resto a manejarlos y construirlos, además de intentar refinar el aparato”, contesta Sun Hao.

  Taijian Li Ming se levanta y hace una reverencia mientras contesta “Enseguida hare como ha ordenado, majestad.”

  Taijian Li Ming hace un gesto de ir a coger el ábaco, pero Sun Hao pone una mano encima y le dice “El tutor de nuestra hija tiene uno, este me lo quedare yo.”

  “Como diga su majestad”, dice Taijian Li Ming, tras lo cual se da la vuelta y sale del despacho.”

  “?Crees que todo esto es aconsejable?” dice de repente Han Xin tras la salida de Taijian Li Ming. “Te estas quejando de que tu hija está en peligro y esto solo hace que sea un blanco aún más tentador.”

  “En realidad no”, contesta Sun Hao. “Todos saben, que a pesar de su rango, Wen no es realmente una amenaza para su candidatura a Heredero. Pero están demasiado acomodados. Sus peque?as conspiraciones y maniobras empiezan a ser repetitivas y francamente poco inspiradas. Que su hermana discapacitada de cuatro a?os de repente resulte ser más brillante e inteligente que ellos puede hacer que algunos salgan de su zona de confort, aunque solo sea por mantener la cara.”

  “Nunca pensé que meterías a tu hija en las maniobras de la corte, sobre todo sabiendo lo que piensas”, contesta Han Xin.

  “Yo tampoco”, responde Sun Hao, con la cara llena de cansancio. “Pero un Emperador tiene que hacer lo que tiene que hacer.”

  Xueshi Wenxue está en la biblioteca imperial, rodeado de un mar de libros antiguos y manuscritos valiosos mientras se prepara para pasar algunos de los mejores días de su vida. Aunque su consejo a su alumna fue sincero, su idea de que la princesa imperial Zhāohuán Wen se dirija al emperador para presentarle el ábaco en persona y encerrarse a sí mismo para evitar que la información sobre el ábaco se extendiera había funcionado perfectamente, por lo que ahora tenía la oportunidad de leer cualquier libro que deseara sin interrupciones.

  Con una sonrisa de satisfacción, Xueshi Wenxue se reclina en un sillón de madera, sosteniendo un antiguo tratado sobre la fauna en la región prohibida del norte. El silencio y la paz de la biblioteca eran un lujo raro, y planeaba aprovechar cada momento, saboreando la tranquilidad y disfrutando del placer de la lectura sin las habituales distracciones de su alumna.

  Las horas pasan, y el sol comienza a descender, ba?ando la sala en una luz dorada. Xueshi Wenxue levanta la vista de su libro, contemplando las estanterías repletas de sabiduría antigua. Sabía que Zhāohuán Wen tardaría al menos tres días en conseguir una audiencia con el emperador, tiempo más que suficiente para sumergirse en su propio estudio.

  Sin embargo, su placentero encierro es interrumpido abruptamente por el sonido de pasos firmes acercándose. Dos Jin Wei, con su armadura resplandeciente, entran en la biblioteca. Xueshi Wenxue frunce el ce?o, molesto por la interrupción.

  "?Qué sucede?" pregunta, su tono lleno de irritación contenida. “He ordenado que la biblioteca este sellada hasta que la corte ordene lo contrario.”

  "Taijian Li Ming le está buscando, Xueshi Wenxue", responde uno de los guardias con una voz respetuosa pero firme. "Debe llevar consigo algo llamado ábaco."

  Xueshi Wenxue siente un escalofrío de preocupación recorrer su espalda, pero con un suspiro resignado, cierra el libro que está leyendo y se levanta, recogiendo el ábaco que había utilizado como pretexto para su encierro.

  Sigue a los guardias por los jardines y pasillos del palacio hasta llegar a un despacho austero pero imponente. Allí, esperándole con una expresión indescifrable, esta Taijian Li Ming. El eunuco, siempre meticuloso, le hace un gesto para que se acerque.

  "El emperador ha ordenado que se reúna con varios de sus colegas para ense?arles cómo fabricar el ábaco y cómo manejarlo, además de intentar refinar el invento para hacerlo más manejable o útil", anuncia Taijian Li Ming sin preámbulos. “Mientras cumple con esta tarea, está excusado de darle clases a Zhāohuán Wen."

  Xueshi Wenxue siente una mezcla de alivio y decepción. Había subestimado a su alumna, suponiendo que tardaría más en conseguir la audiencia. Hace una reverencia respetuosa a Taijian Li Ming, aceptando la instrucción sin objeciones. Mientras sigue a los Jin Wei hacia el lugar donde le esperaban sus colegas, no puede evitar una sonrisa irónica. Su plan había funcionado, pero su alumna había demostrado ser más astuta de lo que él había anticipado.

  Al entrar en la sala donde los demás eruditos esperan, Xueshi Wenxue se prepara para su nueva tarea. Aunque había perdido su preciado tiempo de lectura solitaria, la situación presentaba una nueva oportunidad, ya que una tarea ordenada por el propio emperador podría suponerle un nuevo ascenso.

  Y con un rango más alto, más tiempo libre podría encontrar para leer con tranquilidad.

  En el tranquilo patio del Pabellón del Aroma de las Nubes, Guifei Xiang intenta concentrarse en su pintura. El suave sonido del pincel sobre la seda, el canto distante de los pájaros, y el murmullo del viento entre los árboles solían ser una sinfonía que calmaba su mente, permitiéndole plasmar la belleza de su entorno con delicadeza. Sin embargo, hoy no encontraba esa paz. Sus pensamientos giraban en torno a la reciente visita del Emperador para recibir el regalo de su hija.

  Mientras intentaba plasmar en el lienzo la imagen de un loto en flor, su mente la traicionaba, llevándola de nuevo a los eventos recientes. Siempre había intuido que el Emperador favorecía a su hija, pero su premura en acudir solo lo resaltaba más, sin que ella comprendiera la razón. Cada pincelada que daba parecía desdibujarse, reflejando el caos de sus pensamientos.

  “Debería llamar a Lingxi,” murmura para sí misma, casi sin darse cuenta. Su fiel doncella siempre había sido una presencia tranquilizadora, una fuente de sensatez en su vida en la corte. Justo cuando pensaba en ella, Fei Yi Lingxi aparece en el umbral del patio, su expresión grave.

  “Mi se?ora,” comenzó Fei Yi Lingxi, con una voz cargada de formalidad. “Una Nei Shi ha llegado con un decreto del emperador.”

  El corazón de Guifei Xiang se detiene por un instante y con la pintura olvidada, se levanta y se dirige a la habitación donde la Nei Shi la esperaba.

  Entra en la sala con pasos firmes y se arrodilla ante la Nei Shi, una figura imponente vestida con las ropas ceremoniales del palacio. La Nei Shi, con una mirada impenetrable, sostiene un pergamino sellado.

  “Antes de leer el decreto, Zhāohuán Wen también debe estar presente”, dice la Nei Shi con un tono de voz cargado de autoridad.

  Guifei Xiang mira a Fei Yi Lingxi y, con voz firme le ordena “Ve a buscar a Zhāohuán Wen.”

  Fei Yi Lingxi asiente y sale de la habitación rápidamente. Guifei Xiang permanece arrodillada, el suelo frío bajo sus rodillas, mientras su mente corría a como un caballo. Está claro que el decreto tiene que ver con el regalo de su hija al emperador, ?Pero no es demasiado pronto para ello? Solo han pasado unos pocos periodos desde que se lo dio.

  Zhāohuán Wen entra en la sala, su mirada curiosa se posa en la Nei Shi. Fei Yi Lingxi la ayuda a sentarse en una silla. Guifei Xiang, todavía arrodillada, se disculpa en nombre de su hija “Perdón, honorable Nei Shi, pero debido a su condición, mi hija sólo puede estar sentada en una silla.”

  “No hay problema”, responde la Nei Shi mientras asiente con un gesto leve, tras lo cual saca un pergamino y rompe su sello. La sala se llena de un silencio tenso mientras comienza a leer el decreto imperial.

  La voz de la Nei Shi resuena clara y solemne mientras va leyendo las formalidades del decreto, pero el tema principal del decreto se revela al final cuando pronuncia las últimas palabras “Y en reconocimiento por su brillante invención del ábaco, se concede a Zhāohuán Wen acceso ilimitado a la Biblioteca Imperial, siempre que ella desee.”

  La Nei Shi, tras leer el decreto, se levanta y sale de la sala con la misma formalidad con la que había llegado, sin que nadie haga nada para detenerla.

  Guifei Xiang se gira lentamente para mirar a su hija. Wen, con una expresión de pura alegría, emitía exclamaciones entusiastas, ajena al protocolo y la seriedad que la situación demandaba. Sus risas y palabras sin sentido llenan la sala, una muestra de su inocencia y felicidad.

  “?Madre! ?Escuchaste? ?Puedo ir a la biblioteca cuando quiera!” le dice Wen, sus ojos brillando con entusiasmo.

  “Sí, mi peque?a Wen”, responde Guifei Xiang con ternura. “Has sido muy inteligente. Estoy muy orgullosa de ti.”

  El sol se está poniendo, ba?ando el patio con una luz dorada. El día, que había comenzado como un día cualquiera, terminaba con una alegría inesperada. Guifei Xiang mira hacia el cielo, agradecida por el prometedor futuro que aguardaba a su hija.

  La vida en la corte seguiría siendo un campo de batalla, lleno de intrigas y peligros, pero en ese momento, en el cálido resplandor del atardecer, Guifei Xiang se permitió disfrutar de la felicidad de su hija, una felicidad que iluminaba su corazón y le daba la fuerza para enfrentar lo que viniera.

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