Guifei Xiang observa en silencio la habitación, una mezcla de sombras y luces suaves que se filtran por las cortinas de seda. La luna ilumina con un tenue resplandor la figura de su hija, quien duerme plácidamente en la cama junto a Lianhua, a la que incluso tuvo que ordenar que durmiera ya que quería quedarse despierta en una inútil guardia.
Desde que su hija nació, Guifei Xiang había sentido una conexión profunda con ella, aunque cargada de incertidumbre. Recordaba con claridad el orgullo que la invadió al sostener por primera vez a aquel bebé hermoso y tranquilo. Y luego llego la devastadora noticia de que las piernas de Sun Wen no respondían y su corazón se llenó de temor por lo que podría pasarle.
Por fortuna, sus peores temores no se hicieron realidad y Guifei Xiang pudo quedarse a su hija, la cual casi no dio problemas al crecer a pesar de sus problemas debido a que su hija era muy tranquila, casi demasiado tranquila. Y Guifei Xiang había empezado a pensar que su hija no era normal.
Debido a esos temores, Guifei Xiang empezó a recordar leyendas de antiguos cultivadores que, al morir, se reencarnaban en nuevos cuerpos. Por un tiempo, no pudo evitar preguntarse si su hija podría ser una de esas almas antiguas, pero con el tiempo descartó esa idea. Su hija era brillante, sí, pero su interés y brillantez se dirigía a lo que podía ser considerado como trivialidades, cosas simples y sin relevancia real en el camino del cultivo. Ningún cultivador antiguo podría haber mostrado tal inocencia y falta de interés en lo verdaderamente importante.
Mientras observa a su hija dormida, los recuerdos de sus inventos e ideas vuelven a su mente. La ni?a había mostrado una creatividad fuera de lo común desde una edad temprana. Uno de esos recuerdos la hizo sonreír, el ábaco que su hija había dise?ado, algo tan simple pero a la vez tan útil y cuya recompensa por crearlo la había hecho tan feliz. Sin embargo, por más brillantes que fueran sus ocurrencias, la mayoría de ellas carecían de verdadera utilidad en la corte o en el camino del cultivo, aunque ella, como madre, no podía evitar sentirse orgullosa de cada una de ellas.
Pero hay algo que la preocupa más que cualquier otra cosa. Durante sus conversaciones, aunque su hija siempre la trataba con respeto y una familiaridad propia de la relación madre-hija, Guifei Xiang no podía ignorar la ausencia de un sentimiento que había esperado encontrar, y era el simple amor de una hija por su madre.
Era un vacío sutil, pero presente, como una sombra siempre acechante. Sabía que entre la nobleza, las relaciones maternas solían ser frías, ya que la crianza recaía en ni?eras y doncellas, como lo había sido en su propia infancia. Pero Guifei Xiang había intentado cambiar eso, había intentado estar más cerca de su hija, involucrarse más en su vida, y aun así, no había logrado que Sun Wen le correspondiera con amor.
Mientras sigue contemplando a su hija dormida, se pregunta en qué ha fallado, qué podría haber hecho de otra manera. Piensa en las decisiones que tomó, en las veces que podría haber sido más comprensiva o presente, pero sabe que esas reflexiones no le devolverán el tiempo perdido.
Finalmente, se resigna a lo inevitable. Sabe que no puede cambiar el pasado, y ahora solo le queda esperar. Con un suspiro silencioso, se sienta junto a la cama, sin apartar la vista de su hija, esperando las noticias que determinarán el futuro de ambas.
El sol brilla en lo alto del cielo, ba?ando el patio de un pabellón del palacio exterior en una cálida luz dorada. Los pétalos de las peonías ondean suavemente con la brisa, llenando el aire con su dulce fragancia. Sentada en una silla de madera tallada, una consorte observa con ojos distraídos el jardín, mientras sus doncellas disponen delicadamente una bandeja de té en la mesa de mármol frente a ella.
De repente, el crujido de la puerta del patio interrumpe sus pensamientos y un eunuco de mediana edad entra con su acostumbrada reverencia y expresión neutral, pero hay algo en la forma en que sus ojos evitan los suyos que le indica que trae noticias importantes.
"Furen", comienza el eunuco con voz controlada. "Tengo noticias que deben ser comunicadas en privado."
La consorte levanta una ceja y deja la taza de té con cuidado en la mesa. Se inclina ligeramente hacia adelante mientras mira con curiosidad al eunuco.
"Acompá?ame a mi despacho", ordena con voz firme, mientras se levanta de su asiento, el suave crujir de su traje de seda acompa?a sus movimientos. Con un gesto de su mano, las doncellas se apartan, respetando la privacidad de su se?ora.
El eunuco sigue a la consorte a través de los corredores del palacio, los pasos de ambos resonando en la piedra pulida. Finalmente, llegan al despacho de la consorte, que es una amplia sala decorada con elegancia. Ella se sienta tras su amplio escritorio y con un gesto, indica al eunuco que hable.
"?Qué noticias traes? Espero que sean lo suficientemente importantes como para interrumpirme", le pregunta mientras lo mira con sus ojos afilados como cuchillas.
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El eunuco se inclina profundamente antes de hablar, su voz baja pero clara "Mis contactos en la corte han informado que el emperador ha ordenado el confinamiento de Guifei Xiang y su hija, Zhāohuán Wen, en el Pabellón del Aroma de las Nubes."
La consorte parpadea, sorprendida. Sus labios, normalmente curvados en una mueca de desdén, se tensan en una línea delgada
"?Confinamiento? ?Y por qué razón?" pregunta, sin poder ocultar la curiosidad en su voz.
El eunuco inclina la cabeza con una sonrisa apenas perceptible en los labios "Parece ser que durante su primera lección de cultivo, Zhāohuán Wen abrió paso y completó el Templado de la Piel. Al ser cuestionada por el emperador, confesó que había comenzado a cultivar después del ataque en la noche de su séptimo cumplea?os."
La consorte se echa hacia atrás en su silla, procesando la información. De repente, una risa suave pero claramente sarcástica escapa de sus labios "Qué excelente noticia. Esto es prácticamente una bofetada en la cara del emperador, especialmente después de lo que ocurrió hace seis a?os."
El eunuco asiente, manteniendo su expresión cuidadosamente neutral "Así es, su excelencia."
La consorte entrelaza sus dedos, apoyando sus manos sobre el escritorio mientras su mente trabaja con rapidez. "Perfecto. Esta situación podría ser más ventajosa de lo que imaginaba. Quiero que averigües lo antes posible cuál será la sentencia. No quiero que me tomen por sorpresa."
El eunuco se inclina profundamente, con la mano derecha sobre el pecho "Por supuesto, Furen. Me ocuparé de ello de inmediato."
Con esas palabras, se da la vuelta y abandona el despacho en silencio, sus pasos apenas audibles en el pasillo.
Una vez sola, la consorte se levanta de su asiento y se acerca a la ventana. Desde allí, observa el patio del palacio interior, sus pensamientos girando en torno a las posibles consecuencias de esta nueva situación. Su mirada se endurece mientras contempla la posibilidad de que tanto Guifei Xiang como Zhāohuán Wen sean exiliadas y despojadas de sus títulos, librándola así de dos rivales que han sido una espina en su costado desde hace demasiado tiempo.
La consorte esboza una sonrisa fría.
"Tal como ocurrió con Fei Zhi", murmura para sí misma, recordando cómo había manipulado la situación para deshacerse de la antigua consorte favorita "Todo se está desenvolviendo de manera perfecta."
Se queda en silencio, esperando pacientemente la confirmación de que, una vez más, el destino ha jugado a su favor.
En la tranquila penumbra del despacho imperial, Sun Hao, el Emperador del Imperio Taijin, observa absorto el ábaco que descansa sobre su escritorio. Sus dedos juegan con las cuentas de madera, pero su mente está perdida en los recientes sucesos.
El ambiente se ve repentinamente perturbado cuando la puerta se abre de golpe, revelando la imponente figura de Jiangjun Han Xin, el principal general del ejército izquierdo del imperio. Han Xin, alto y delgado, con un gran bigote que enmarca su rostro, entra sin ceremonias, cerrando la puerta tras él con un fuerte golpe.
"?Qué locura es esta que he escuchado, Sun Hao?" pregunta Han Xin, con una mezcla de incredulidad y frustración en su tono. "?Es cierto que has ordenado el confinamiento de Guifei Xiang y Zhāohuán Wen?"
Sun Hao alza la mirada, sus ojos se encuentran con los de Han Xin, pero permanece en silencio, contemplando cómo abordar la conversación. Tras unos momentos de tensa quietud, extiende una mano hacia una marca casi imperceptible en la superficie de su escritorio. Al tocarla, la marca comienza a brillar suavemente, y de inmediato varias zonas de las paredes de la sala empiezan a brillar con inscripciones que recuerdan a las de la formación de recolección de Qi.
Han Xin observa con sorpresa las inscripciones que se revelan en las paredes y luego vuelve su mirada interrogante hacia el emperador "?Qué está sucediendo, Sun Hao? ?Es tan grave lo que vas a decirme que necesitas activar una formación de privacidad?"
Sun Hao lo observa fijamente antes de hablar "Wen ha completado el templado de la piel en su primera sesión... sin haber cultivado antes."
El silencio se apodera de la sala. Han Xin parpadea, procesando la información antes de hablar "?Me estás diciendo que Wen ha cultivado el templado de la piel en un solo día?"
Un destello de diversión cruza los ojos de Sun Hao mientras niega con la cabeza "No lo hizo en un solo día.”
Han Xin, visiblemente aliviado, suelta un suspiro que parece aliviar la tensión que se había formado en su pecho. Pero su alivio es breve, ya que Sun Hao a?ade "Lo hizo en poco menos de tres periodos."
El impacto de las palabras de Sun Hao deja a Han Xin paralizado. Sin decir una palabra, se dirige con paso decidido hacia la mesita llena de licores, toma una botella, la destapa y bebe un largo trago directamente de ella. Luego, con la botella aún en la mano, se vuelve hacia Sun Hao.
"?Estás seguro de que no es la reencarnación de algún viejo cultivador?" pregunta Han Xin, aún incrédulo.
Sun Hao niega con la cabeza "No lo es. La probé usando el método de arrebatarle el control del Qi. Ningún viejo reencarnado tendría una fuerza tan débil."
Han Xin, con la botella en una mano, se deja caer pesadamente en una silla cercana "Lo siento por ella al tener que pasar por eso. Pero entonces, esto es algo bueno, ?no? Si es tan talentosa, la secta la reclutará y la protegerá."
Sun Hao lo mira con seriedad antes de responder "?Estás tan seguro? Considera el problema con las piernas de mi hija."
Han Xin reflexiona en silencio mientras da otro largo trago a la botella. Un destello de comprensión cruza sus ojos y finalmente asiente con la cabeza "Tienes razón. En el entorno de la secta, la peque?a no duraría ni un a?o."
Sun Hao asiente, como si hubiera llegado a la misma conclusión mucho antes "He decidido decir que ya había cultivado antes de los ocho a?os. Normalmente, eso no sería tan grave al no haber consecuencias, pero después del asunto de Xiang hace seis a?os, todos esperaran que dé un castigo ejemplar por desobedecer mis órdenes."
Han Xin levanta la mirada, curioso "?Qué tienes pensado?"
"Voy a mandarlas durante dos a?os al palacete de la ciudad de Xi’An. Es tiempo más que suficiente para que la gente se calme”, contesta Sun Hao.
El silencio vuelve a instalarse en la sala mientras Han Xin piensa en la decisión del emperador. Sun Hao, por su parte, se recuesta en su silla, su mirada perdiéndose de nuevo en el ábaco, como si el peso de su decisión aún lo mantuviera atrapado en sus pensamientos.

