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Ojos de Diamante

  A las afueras del gremio, el ambiente estaba cargado de impaciencia. Veintisiete legionarios esperaban bajo el sol inclemente, entre ellos, nuestros tres protagonistas.

  —?Cuánto tiempo más nos van a tener aquí? —se quejó un legionario rubio, ajustando su equipo.

  —Están haciendo preparativos de última hora —respondió su compa?ero—. íbamos a ser guiados por el equipo de Benedek, pero terminaron gravemente heridos en "aquel incidente".

  —?Pero quién pudo haber apaleado a los tres más fuertes de la aldea al mismo tiempo?

  —Nadie lo sabe. El gremio ha bloqueado la información bajo secreto de Rango Axioma.

  Bajo la sombra de un árbol cercano, Eszter se abanicaba con frustración.

  —Me voy a morir de vieja aquí. ?Por qué tardan tanto?

  —Irena dijo que no tardarían —respondió Bernát, recostado contra el tronco—. Pero ya conocemos su concepto del tiempo cuando está almorzando.

  De pronto, una voz autoritaria rompió el murmullo. Tres figuras se presentaron al frente: Viktor (Rango Constante), Elena y Márk (Rango Frecuencia). Eran el segundo equipo de élite de la aldea, siempre a la sombra de Benedek.

  —Escúchenme bien —anunció Viktor con voz de trueno—. El equipo de Benedek está fuera de servicio. Nosotros tomaremos el mando. Nos dividiremos en tres grupos de nueve para maximizar el área de búsqueda.

  Aunque su fachada era profesional, los tres líderes compartían un pensamiento ambicioso: “Si esta misión es un éxito total, finalmente superaremos a Benedek. Dejaremos de ser los segundos”.

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  El grupo fue dividido. Para mala suerte de su cohesión, los protagonistas terminaron separados: Máté con Viktor, Bernát con Márk y Eszter con Elena.

  —Recuerden —advirtió Bernát antes de separarse—, si ven algo que no pueden manejar, retírense. No intenten ser héroes hoy.

  El grupo de Eszter avanzó en silencio a través del espeso bosque hasta llegar a una mansión abandonada que exhalaba un aire de decadencia y peligro. Tras burlar a los guardias de la entrada, lograron filtrarse por un costado del edificio.

  —Estamos dentro —susurró Elena—. Nuestro rol es asegurar a las bestias. Divídanse por las habitaciones y busquen jaulas. ?Silencio absoluto!

  Eszter caminó por un pasillo oscuro, maldiciendo internamente la costumbre de los legionarios de separarse en lugares desconocidos. Entró en una habitación peque?a donde el aire olía a hierro y miedo. Había jaulas con Conejos de Cristal y Escarabajos Turbina, pero una caja al fondo vibraba con una energía diferente.

  Al abrirla, dos enormes ojos azules, brillantes como diamantes, la observaron desde la penumbra. Era un felino de pelaje atigrado, del tama?o de un gato doméstico, pero con un aura de nobleza salvaje.

  —Oh, por Dios... ?eres adorable! —exclamó Eszter, olvidando el sigilo por un segundo y abrazando a la criatura.

  —Miau... —respondió la Bestia Vinculante, sorprendida por el afecto repentino.

  De pronto, el "ruido" de su habilidad alertó a Eszter. Un zumbido en sus oídos la hizo reaccionar justo antes de que un arma afilada le cortara el cuello. Rodó por el suelo, poniendo a salvo al gato en una esquina.

  —Vaya, esquivaste mi golpe. Eres rápida para ser una ni?a —una mujer emergió de las sombras con una sonrisa burlona. Era Vesper, una de las líderes de los traficantes—. Pero fuiste muy estúpida al separarte de tu grupo.

  Eszter se levantó, sacudiéndose el polvo y desenrollando su látigo con una calma que no sentía.

  —Sí, lo sé. Se lo dije a mi jefa, pero no me hizo caso. Las jerarquías son un asco, ?verdad?

  —?Así que hay todo un escuadrón aquí? —Vesper apuntó su arma hacia el corazón de Eszter—. Interesante. Cuando te asesine, le daré la alerta a los demás.

  —Buena suerte con eso —Eszter apretó el mango de su látigo, sintiendo la mirada de los ojos diamante desde la esquina—. Soy mucho más difícil de derrotar de lo que parezco.

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