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CAPÍTULO 11 — Dejar Ir Lo Que Quiso Aferrarse

  La noche no tenía estrellas.

  No era oscuridad común: era un vacío denso, como si el cielo hubiera decidido no mirar lo que estaba por ocurrir.

  Syra dormía, aunque no podía llamarse sue?o. Su cuerpo estaba quieto, pero su mente… su mente temblaba como si caminara en el filo de un recuerdo prestado.

  Ashryel permanecía a su lado, sentada, con el fuego blanco danzando débil sobre su espalda. No parpadeaba. No respiraba. Solo lo vigilaba.

  — —susurró, más para ella misma que para él.

  El viento no se movió. El mundo también esperaba.

  Syra abrió los ojos.

  Pero no en el bosque. Ni en las ruinas.

  Estaba en un espacio sin luz. Sin suelo. Sin aire.

  Un mundo construido solo de memoria rota.

  Allí estaba él.

  Aelian.

  No como eco. No como sombra. No como ruido.

  Completo.

  Un joven de su misma edad, pero con la expresión de alguien que había vivido mil muertes. Marcas negras subían por su pecho hasta el cuello. Sus manos temblaban como si aún sangraran.

  Syra tragó saliva.

  —Entonces… así eras.

  Aelian sonrió con tristeza.

  —O así quedé.

  Caminó hacia él. Sus pasos sonaban como metal fracturándose.

  —No vine a pelear —dijo Aelian—. Vine a mostrarte lo que te va a pasar.

  Syra levantó la barbilla.

  —Eso no lo decides tú.

  —No. Lo decide la marca. —Y la marca… me recuerda a mí.

  Aelian levantó su mano.

  El vacío vibró.

  Y la escena cambió.

  Un bosque incendiado. Llamas azules devorando los árboles. La tierra quebrándose. El aire gritando.

  En el centro, Aelian arrodillado, una mano en el pecho, la otra extendida. Su respiración era un hilo. La marca llegaba al corazón.

  Syra sintió el dolor ajeno como propio.

  —Basta… —jadeó—. No necesito ver esto.

  —Sí —respondió Aelian con voz rota—. Lo necesitas. —Antes yo dije lo mismo. Y mira cómo acabé.

  Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  Del fuego surgió una figura blanca.

  Ashryel.

  Joven. Radiante. Temblando.

  Sus ojos eran dos soles a punto de apagarse.

  Aelian lloraba mientras la miraba.

  —Llegaste tarde… —susurró él.

  Ashryel cayó a sus rodillas, rompiéndose en lágrimas de luz.

  —

  —

  Aelian intentó tocar su rostro. Su mano atravesó su piel, como humo.

  —Te esperé… —Tantos días… —Tantos a?os… —Tantas muertes…

  La visión tembló.

  Syra sintió un peso en el pecho.

  —Ashryel… —susurró—. Tú…

  La figura de luz en la visión sollozaba.

  —

  —

  Aelian se volvió hacia Syra.

  —Ella no falló por maldad. —Falló porque creyó que yo era más fuerte de lo que era. —Creyó que podía aguantar un día más. —Y cada día… era mi último.

  La visión se quebró como vidrio.

  Syra volvió al vacío.

  Aelian estaba delante suyo. Sus ojos… ahora sí tenían lágrimas.

  —Yo no soy un villano, Syra. —Solo alguien que no pudo soltar su muerte.

  Syra dio un paso hacia él.

  —Y… ?por qué sigues aquí?

  Aelian bajó la mirada.

  —Porque me aferré a ella. —A su voz. —A su calor. —A su culpa. —A todo lo que me faltó cuando morí.

  Syra respiró hondo.

  —Si yo fuera tú… también habría querido quedarme.

  Aelian lo miró sorprendido.

  Syra continuó:

  —No te odio. —Ni te temo. —Pero no soy tu reemplazo.

  Aelian tragó saliva.

  —Lo sé.

  —Y tampoco voy a repetir tu final.

  El mundo vibró.

  Aelian soltó un suspiro que pareció desarmarlo.

  —Entonces… —solo pídele que me deje ir.

  Syra cerró los ojos.

  —?Y tú? —?Estás listo?

  Aelian sonrió. Una sonrisa peque?a. Honesta. Dolorosa.

  —Estoy… cansado.

  La visión se apagó.

  Syra abrió los ojos en el mundo real.

  El amanecer apenas asomaba, gris y tenue. A su lado, Ashryel… arrodillada, temblando. Su luz parpadeaba como una llama a punto de extinguirse.

  — —susurró—. —

  Syra se sentó frente a ella.

  —Ashryel.

  Ella levantó la cabeza.

  Sus ojos brillaban por dentro.

  —

  —Aelian está esperando que lo dejes ir.

  El mundo se detuvo.

  Ashryel cerró los ojos.

  Y lloró. No con lágrimas. Con luz.

  —

  —

  —

  Syra extendió la mano y la tocó por primera vez sin que ella temblara.

  —No puedes salvarlo ya. —Pero puedes liberarlo.

  Ashryel abrió los ojos.

  Y por primera vez… aceptó.

  —

  Syra asintió.

  Una luz azul se formó entre ambos. Era Aelian. Su figura, ahora calma. Serena. Sin dolor.

  Ashryel tembló.

  — —susurró ella.

  Aelian sonrió.

  —Ya lo estoy.

  Syra vio cómo su forma se dispersaba en miles de partículas.

  Antes de desvanecerse por completo, Aelian dijo:

  —Gracias… —por no repetirlo.

  Y desapareció.

  Ashryel cayó sobre Syra, exhausta. Su frente contra su pecho.

  — —murmuró, casi sin voz—. —

  —

  —

  Syra cerró los ojos.

  —Lo prometo.

  El amanecer terminó de abrir. La luz ba?ó sus cuerpos.

  Y por primera vez desde que Syra perdió…

  Ashryel no hay desesperación. No se fracturó. No se apagó.

  Se quedó.

  Completa. Real. Presente.

  Syra respiró hondo.

  —Ashryel… ?ves eso?

  En la distancia, en medio de las ruinas, un punto azul pulsó.

  Una vez. Lento. Profundo.

  Ashryel se incorporó.

  Su voz volvió a ser firme.

  —Ese es el primer fragmento. —El camino… acaba de comer.

  

  FIN DEL ARCO I —

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