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La Lección del León y el Umbral del Cazador

  La oficina de papá era un espacio de dos ambientes. Por un lado, su escritorio, una rocola —porque era un viejo— y una guitarra que Ashley sabía que algún día tocaría con maestría. Todo parecía increíble para la serpiente que era papá. Por el rabillo del ojo vio una pared de vidrio que daba paso a la sala de juntas. Todo estaba ubicado en el tercer piso de un edificio de oficinas gris y aburrido.

  Se recostó en su silla, disfrutando del rock alternativo que sonaba a bajo volumen. Aunque le gustaba estar allí, muchas veces dejaba a Andy solo. él siempre se juntaba con esos idiotas, pero le hacía caso para alejarlos… claro que no. Siempre era ?Ashley, no sabes?, ?Ashley, no molestes?, ?Ashley, esto?. Pero cuando esos mismos lo molestaban o lo sacaban de quicio, venía a ella.

  Sus ojos no pasaron por alto cómo Julia se retorcía en su asiento. Llevaba ropa cómoda que cubría bien su cuerpo, pero Ashley sabía que aquellas tetas talla D solo aumentaban su atractivo por estar ocultas. La mirada de Andrew, que la disimulaba tan mal, lo demostraba.

  Sacudió la cabeza. Dudaba mucho de la situación. Había pasado una semana desde el concierto; la emoción había sido increíble y sinceramente esperaba el siguiente. Pero papá siempre decía que no era el momento. ?Quién se creía ese viejo? Ella era la estrella. Había escuchado vítores. Andrew la había levantado y dado vueltas.

  Mamá había estado allí, claro, como siempre, pero aquella vez había estado presente. Valió cada maldito segundo. Habían compartido un helado de fresa. Ashley entrelazó las manos, recordando. Eso fue lo mejor. Y Julia la había sorprendido en la noche, usando la lengua de una forma que a Ashley le impresionó. Sí que era una buena amiga.

  Ashley estaba muy satisfecha. Los bufidos de Andy le decían que el tonto se había dado cuenta, pero sabía que había disfrutado jugando a Mazmorras y Demonios, o en la búsqueda exhaustiva de juegos de mesa clásicos. Hablaba más. Se juntaba menos con esos brutos.

  —Aaaa, ?por q-ue el se?or Graves n-os llamó? —preguntó su dulce Julia, su conejita saltarina. Su mirada había estado en Andrew más de una vez esta semana, haciendo preguntas sobre sus trabajos de transporte.

  —Padre quiere una reunión. No te preguntes, Julia —respondió Andrew. Oh, entonces el lobo buscaba seducir a la conejita con peque?as sonrisas, dejándole comida. Ashley disfrutaba viendo a Andrew actuar como el hombre, cediendo parte de su comida.

  Una risita se le escapó al ver cómo Julia se sonrojaba y le agradecía a Andrew. Ashley se mordió el labio ante tan bonita escena, pero su programa favorito se pausó porque su papá llegó y se sentó en su cómodo asiento.

  Ashley ya había notado que la silla de papá era más incómoda en comparación con las demás. Era una especie de juego mental.

  Al mirarlo, lo vio como siempre: bien vestido, con arrugas. Pero Ashley sabía que eran falsas. Aquella apariencia de abogado viejo siempre conseguía que los tontos lo escucharan. Una serpiente de pies a cabeza. Ashley se preguntó cuándo ganaría ella sus propios colmillos.

  —Entonces, ?cómo fue? ?Cuántos fans, y dónde será el próximo concierto? Mis seguidores seguro me esperan —Ashley elevó el mentón con orgullo y lo miró por encima de la nariz, posando una mano sobre el pecho con elegancia absoluta.

  —Eso sería complicado, querida —comenzó su padre con aquel tono amable de siempre, e hizo un gesto para que continuara—. Había 234 personas en el bar. La estrategia fue buena; exceptuando una minoría, todos los demás se sumergieron en el ambiente.

  —Con tus movimientos, eso es obvio —intervino Andrew con un encogimiento de hombros.

  —Ash-ley es buena, muy bue-na —a?adió Julia, las manos en actitud de oración.

  Ashley aspiró esas verdades, sacando pecho al escucharlas.

  —?Recuerdas la estrategia, parte dos, verdad, querida? —Su padre hizo una pregunta tonta.

  Ashley miró de reojo a Andrew, quien, con un suspiro, comenzó a explicar que la estrategia era vender mercancía —no de la banda, pero con un estilo característico de gato— para que la gente la comprara sin sentirse fans, pero a la vez pudiera decir que lo eran.

  —Exacto. Vender mercancía que da estilo y la oportunidad de decir que escuchas música con clase —su padre levantó las manos, y Ashley percibió la burla silenciosa de Andrew—. Pero de las 160 ventas, solo 20 preguntaron por la banda, y solo 5 por ti, querida. Así que no tienes fans; solo hay interés, nada más. Y la mayoría eran de naturaleza vulgar.

  —??Cómo?! —Ashley azotó el escritorio, con las cejas arqueadas. El chillido de Julia y el chasquido de lengua de Andrew la hicieron apretar los dientes. Miró a su padre, cuya cara estaba ahora seria, pero Ashley —aunque le dolían los ojos— juró haber visto un atisbo de burla en su mirada.

  —?Qué te he ense?ado, ni?a? La gente escucha por la comunidad —con voz firme y cuidadosa, su padre la hizo sentar de nuevo—. Tú creas un ambiente, creas una narrativa, das una razón para que la gente salga de sus burbujas y se una. Les das una razón para luchar o morir. Eres quien dice que tienen razón, que miren este sue?o, que miren el mundo, que te miren a ti.

  Con el dedo apuntándole, Ashley bajó la cabeza, con la boca seca y un sabor a ceniza. Se había esforzado. ?A nadie le importaba? Porque ella lo había dado todo. Tal vez pudo… pero no había dinero. Tal vez pudo… pero Julia era suya, y tal vez de Andrew si se portaba bien. Nadie más podía verla saltar como una conejita.

  Solo alcanzó a escuchar que su padre le hacía una pregunta a Andrew.

  —Mamá aumentó el aire acondicionado, y tu canción los hizo sentir bien, juntarse para guardar calor —con un suspiro, Andrew continuó—. Nadie quería ser el primero en salir por el frío, así que hacían chistes. Y cuando papá trajo esas camisetas, se vendieron bien. Apoyan a una banda, una excusa para comprar ropa adecuada. Y solo 160 personas cayeron; las demás se fueron.

  Un aire tenso se formó en la habitación. Julia y Andrew le dieron palmaditas en la espalda a Ashley, quien apretó los dientes con fuerza.

  —?Sabes quién fue Lemon Lionheart? —La voz de su padre volvió a alzarse, sacándola de sus pensamientos. Para su decepción, ni Andrew ni Julia sabían algo tan básico.

  —Fue un músico country de los a?os 2032. Su música era patriótica, tenía mucho apoyo y daba conciertos ante miles de fans —Ashley hablaba cada vez más rápido, con la emoción de una ametralladora, sobre una leyenda musical, hasta que una mirada significativa de su padre la detuvo en seco—. Pero fue encontrado muerto en su apartamento junto a una nota por… traicionar a sus fans.

  —Julia, ?qué eventos ocurrieron en el periodo de 2031-2033? —Su padre asintió y volvió su atención hacia Julia.

  —Bue-no, en esa épo-ca f— —Julia tomó aire, siguiendo el ejemplo de Andrew—. Fue la Primera Guerra Corporativa, pero ese nombre es resultado del marketing o la cultura pop. El nombre histórico fue la Guerra Civil del Este contra el Oeste. Sucedió después de la guerra contra los cárteles mexicanos, que terminó con México bajo la protección de EE. UU.

  Tras varios tragos de agua y respiraciones hondas, Julia se recuperó. Andrew la felicitó en voz baja y Ashley le pasó una aspirina.

  —Para resumir —continuó Andrew, mientras Julia, agradecida, descansaba—: en esta guerra el gobierno federal perdió mucha influencia en la costa oeste, Texas, California, San Francisco, entre otros, pero ganó influencia absoluta en la costa este, Hawái, Cuba, y mantuvo Washington D.C. Las corporaciones actuaron como mercenarios; aunque ganaron influencia, no se sentaron en la mesa de negociaciones, aunque se dice que ellas impulsaron la guerra.

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  El padre asintió, satisfecho, y Ashley ya veía adónde quería llegar.

  —Perfecto. Ahora les diré algo: la Country & Western es música de campo, pero las guerras de Vietnam y Corea la convirtieron en la música de América por excelencia. Es el himno patriótico musical —Su padre, con un ademán, cambió la canción de la rocola a un country tan patriótico que Ashley se sintió como una traidora por no cumplir con los requisitos.

  —Lemon Lionheart era una cantante neutral. Su música en Texas era lo suficientemente patriota para ganar público, pero lo suficientemente ambigua para que diferentes patriotas —desde texanos hasta federales— pudieran conversar teniéndola como tema en común. No era anti-corporación ni anti-estado, por lo que parecía más un crítico patriótico —Con otro gesto, su padre puso una canción de Lemon Lionheart tan neutral que Ashley no supo discernir si era una queja, una recomendación o una súplica, ni a quién iba dirigida.

  —Pero entonces dio su opinión. ?Saben qué pasó? —Su padre lanzó otra pregunta complicada.

  Andrew dijo que le acusaron de vendido. Para Ashley, eso era demasiado básico; a todo el mundo le acusaban de eso por ser ambiguo. Julia sugirió que mostró su verdadera cara. Ashley tuvo que admitir que Julia estaba cerca, pero eso era más bien material de escándalo, solo una parte del problema y, posiblemente, lo mejor en ese escenario.

  Ashley cierra los ojos medita profundamente sabe que la respuesta a estado en esta oficina desde que tiene 10 a?os solo debe responder.

  — traicionó a sus fans así de simple la gente confiaba en el usaban su música como punto en común para discutir como un espacio seguro neutral en el momento que dio su opinión todo se sintieron enga?ados pensando que todo está mal y lo más importante el género country es patriótico en el momento que dio su opinión los distintos patriotas lucharon los por estado y anti corporaciones lucharon ,los pro Corporaciones y anti estado lucharon .

  Ashley tomo una respiración imaginar la situación fue desagradable Andrew peleando contra Julia o papá por una opinión o a Julia alejándose porque su música le da miedo o mamá se va....

  — esencialmente el problema no es que sea un vendido — Ashley sabe que el tipo quisiera ser solo eso — el problema es que construyó una tribu un espacio donde relaciones de todo tipo entre gente de distintos grupos podrían formarse donde podían hablar usándolo como punto en común y lo traicionó hizo que muchos pensaran que era una trampa no importa la opinión del artista.

  Un silencio seco llegó a la habitación en la rockola ahora suena un rock suave casi para dormir.

  — cierto la opinión del artista no importa mucha veces la interpretación de otro que da valor de la misma manera que un discurso,una charla ,un poema la música trata de trasmitir — su papá con un movimiento se quitó todo el maquillaje y sinceramente Ashley puede ver porque Andrew es guapo su papá es un viejo sabroso... Eso fue asqueroso aunque interesante..... Algo que experimentar.

  — Lemon Lionheart cometió el mayor error de un artista canto para otros y no para el eso significa que no será recordando más allá de sus escándalos si tiene suerte y cometió segundo error enga?o el tenía una opinión pero en vez de tomar bando formó una comunidad y creyó que el tenía el poder creyó que la gente lo apoyaría.

  Su papá miro todo al vacío, Andrew aspira con la nariz algo que a estado haciendo muy seguido y Julia mueve mucho las orejas como si intentara escuchar más y Ashley no la culpa su papá tiene una voz encantadora y un día ella será igual o mejor.

  — Ashley no tendrás opinión tendrás una postura y está debe ser firmé hasta entonces busca ser una artista más hasta que encuentres tu público.

  — porque un artista no crea encuentra — Ashley se le adelanta y sinceramente ahora lo entiende mejor .

  — buena chica ahora váyanse ya son las 4 de la tarde y de seguro quieren ir a otros lugares Ashley ven a la hora de siempre — su papá los despidió cambiando su tono a uno energético y amable.

  Ya afuera, Ashley respiró hondo. Las clases de su papá siempre eran intensas, aunque esta vez no habían hecho entrenamiento musical; sentía que su cerebro iba a explotar. Ahora debía pensar en la tarea de la estúpida escuela, vigilar a Andrew para que entendiera sus acciones (era complicado) y, además, el tonto estaba cazando a Julia. Todo eso debía manejarse con delicadeza. Al fin y al cabo, si él quería a Julia, debía quererla a ella también.

  —Entonces, ?quieren algo de comida? Yo invito. Solo guíenme —?Qué caballero era su Andrew, invitando a un banquete después de tanta ense?anza! Ashley tomó el puesto de copiloto y Julia se sentó en su regazo. Era tan delicioso ver cómo Andrew tragaba saliva o intentaba ocultar sus miradas sutiles. Ashley incluso se movió un poco, disfrutando de cómo el poder de dos tetas D de Julia lograba hipnotizarlo y conseguir que prometiera no ir a ese juego de básquet.

  —Digo… sí. De todas formas estoy molesto. Me encantaría ir a jugar con ustedes —Andrew luchaba por mantener la vista en el camino y no morderse la lengua. La conejita, obviamente, intentó esconderse, pero no podía escapar del abrazo de Ashley.

  El viaje fue tranquilo hasta llegar a un peque?o restaurante de pizza italiana. Julia daba saltitos de emoción en su regazo —era donde preparaban su pizza favorita—. Aunque era sintética, Ashley admitía que estaba buena. Pidieron una extra grande con pepperoni, cebolla y salsa extra.

  —Esto es dios y mi vida —declaró Julia, que parecía entrar en trance mientras devoraba religiosamente su rebanada. Andrew se mordió el labio con obvia incomodidad, buscando algo que decir. Ashley, por su parte, disfrutaba de la vista y de su propia porción.

  —Aaah, bueno, está bien. Aunque yo la prefiero con pi?a —Andrew dio su horrible opinión. Julia lo secundó con una mirada de asco, y Ashley pudo imaginar un "-20" sobre su valoración. Andrew solo pudo bajar la cabeza ante el rega?o tartamudo de Julia.

  —Ok, no más, Julia. Para Andrew la ignorancia es la norma. Ahora trataremos algo de suma importancia y urgencia —Alzó la voz, calmando la situación. Todos la miraron y Ashley tosió levemente. Esa pizza sí que estaba fuerte.

  —Iremos con el Agente Susano, el de la fedora. Es hora.

  Como se esperaba, Andrew azotó la mesa sin importarle el espectáculo. Los murmullos no se hicieron esperar.

  —?No, no y no! Es una mala idea. Es un boleto para trabajar para quién sabe dónde. Además, ?cómo estamos seguros de que sigue ahí? ?Ni siquiera es el Agente Susano, seguro es un imitador o un estafador, porque ya debería tener más de cien a?os! O sea, estaría muerto o casi —Las dudas y preguntas salían como balas de un ca?ón. Se puso de pie, erguido, alzándose sobre ella.

  —?Estar con esos brutos te arruinó el cerebro! Es una oportunidad. Ese monstruo, ese culto… ?hay maldita magia! ?Y no quieres saber más? —Con ese reclamo, Ashley se hundió en su asiento. Sus ojos se perdieron al ver que Julia seguía absorta en su pizza, pero esta vez con la cabeza baja.

  —No pasó nada. Fueron gases, seguro. Todo fue una alucinación. Además, ?qué pasa si nos secuestran, violan, asesinan, venden? ?O tal vez somos ratas de laboratorio e ir es parte de ello? —Andrew cruzó los brazos, aspiró y exhaló por la nariz.

  Ashley frunció el ce?o y se masajeó la frente. ?Por qué el tonto no veía que ocultarse no era la manera? Además, si quisieran hacerles algo, ya lo habrían hecho. No eran tan valiosos. ?No veía que esto era una oportunidad para algo más?

  —Es demasiado peligroso. No pienses que puedes ir a escondidas. Soy tu hermano mayor y te digo que no irás. ?Quieres tenerme a tu lado todo el tiempo? —Andrew golpeó la mesa con los pu?os y sacó su pistola, haciendo que los camareros se acercaran con cautela. Ashley tragó saliva. Esa mirada de él estaba vacía, dirigida solo a ella. Sus hombros estaban tensos, pero su mandíbula, extra?amente, relajada—. Estaré pegado a ti como una sanguijuela. En tus clases, cuando cagues, cuando estés en el campamento… ?me oyes?

  Andrew terminó su discurso con un grito y un disparo que, de reojo y con el corazón latiéndole a mil, Ashley vio que había desarmado a un guardia de seguridad. El sudor la empapó. Andrew es muy peligroso. Tal vez deba… Se dio una cachetada mental. ?Cómo se atrevió a pensarlo? No bajaría la cabeza. Debía hablar, despertar a Andrew de sus tonterías, de sus pesadillas.

  —Es peligroso, claro que sí. Ir a ese lugar es un riesgo —reconoció su punto como válido, sin darle la razón del todo. Se acomodó en el asiento y cruzó las piernas—. Pero, ?qué pasará cuando vengan por nosotros? ?Crees que estaremos bien? Este mundo está loco. Siempre lees esos libros aburridos; ya deberías saberlo.

  Ashley siguió el segundo paso: hacer suyas las razones de él. Vio cómo Andrew comenzaba a pensar; sabía que había introducido un miedo mayor, la posibilidad de que lo sobrenatural fuera por ellos. Sus ojos no perdían de vista a Julia, quien, ajena a la tensión, pedía otra pizza mientras una multitud comenzaba a formarse a su alrededor. Ashley agradeció que todos llevaran guantes y chaquetas con capucha, e incluso la taca?ería de Andrew por haber estacionado lejos.

  —Sí, estamos asustados, pero estamos juntos. Sé que todo ha sido una mierda; he estado contigo. Pero debemos buscar soluciones, o nos comerá por dentro. Andrew, Julia… hay que hacerlo.

  Con esas últimas palabras, Andrew por fin bajó el arma, se relamió los labios y suspiró. Ashley compartió una mirada de complicidad con Julia.

  Con pizzas para llevar “gratis”, con Andrew aún sosteniendo el arma y una carrera frenética hasta el coche, lograron escapar. Ashley se decepcionó al ver que los policías enviados fueron derribados con un par de golpes.

  —Tal vez. Y solo tal vez, tengas razón. Además, no tengo ganas de verte cagar —seco, muy propio de Andrew. Condujo casi rompiendo los límites de velocidad, mal perdedor, disfrutando de dar vueltas cerradas.

  Pero no importaba. Llegaron al edificio, y allí, en la recepción, estaba el hombre de la fedora, con un teléfono en la mano.

  —Bien. Tardaron menos de lo esperado —Antes de que Ashley pudiera decir algo, él apareció frente a ellos—. El entrenamiento será duro, pero no se preocupen. Están en el lugar correcto para la profesión.

  —?Cu-ál, se?or? —Ashley tragó saliva al escuchar la pregunta tartamudeante de Julia. Maldición. Ok, eso es tan genial.

  —Oh, es simple: ser cazadores de demonios. Obviamente. Llámenme Maestro Susano. Esto será divertido —Con una voz profunda, el hombre, Susano, sonrió con sorna. Y Ashley se dio cuenta de que, como mínimo, ella había tenido razón. Y Andrew, no.

  Fin.

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