home

search

Capítulo 6 Los peones del peón

  Era una noche estrellada. La luz de la luna llena brillaba con fervor. En medio de un amplio desierto, miles de cuerpos decoraban la zona, resultado de una carnicería causada solo por cinco sujetos, los cuales se alzaban entre todos los cadáveres.

  —Perfecto, ya hemos acabado y ahora, ?a dónde deberíamos ir, Corvus? —La primera lanza del rey hablaba llena de cansancio.

  —Hagan lo que quieran, yo no soy su ni?era. Solamente recuerden las reglas. —Un Corvus lleno de heridas y exhausto hablaba con irritación.

  —Pero si eres nuestro líder, es tu deber el de guiarnos. —La primera lanza del rey hablaba con molestia.

  —Ya he hablado.

  —Estás más holgazán de lo usual, tercero. Nada más mataste a trescientos rebeldes… Ju, ju, ju, ?será que aún no superas lo de la selección final? —Hablaba la cuarta lanza con un tono burlesco hacia Corvus.

  Corvus alzó su lanza y puso la punta de esta en la garganta de la cuarta lanza, mientras lo veía con una mirada asesina.

  —Vuelve a mencionar eso una vez más y juro que, con mis manos desnudas, te quitaré miembro por miembro hasta que me aburra.

  —Ugh, bien, bien, lo siento.

  Solamente bastaron esas palabras para que la cuarta lanza se retirara y dejara en paz a Corvus, el cual solo se quedó viendo al cielo, como si estuviera esperando algún tipo de respuesta.

  —No me quiero meter en donde no me llaman, pero cuarto está en lo correcto. Desde la selección final has estado decaído, debes superarlo… si quieres puedo ayudarte. —Dijo la segunda lanza del rey, en un intento de consolar a Corvus.

  —...

  —No tuviste otra opción, nadie la tuvo. Deja ese remordimiento atrás.

  —No. Había otra opción.

  —?Y cuál era esa opción?

  —Que él me matara.

  Corvus empezó a abrir los ojos poco a poco, mientras oía un chirrido en sus oídos y veía a su alrededor con despreocupación.

  —Ugh, mi cabeza me está matando. ?Por qué habré so?ado eso? —Corvus se había despertado con un insoportable dolor de cabeza.

  —?Ahhh! —Y Miko se había despertado de un grito.

  —?Qué te pasa? —Corvus solo la veía gritar, acompa?ado con un gesto de confusión.

  —Ah, ah, ah...

  —?Qué es lo que sucede?

  —Tuve una pesadilla, muchas bestias detrás de mí intentando atraparme. Por un momento pensé que era real.

  ?Al parecer desarrolló un estrés postraumático. Con el tiempo debería desaparecer; con sus circunstancias es normal que pase esto?.

  —Todo eso está en tu mente, no dejes que te afecte.

  Miko empezó a sollozar mientras se recargaba en un árbol. Lentamente empezó a tranquilizarse y recobró la compostura.

  —Hablando de cosas que nos afectan, debemos encontrar un pueblo o una ciudad que nos pueda dar suministros. Echo de menos una buena comida y un lugar donde dormir sin preocuparme de si seremos comidos por algo.

  —?Hey!, pero si en estos últimos días yo he estado cocinando.

  —Por esa misma razón debemos buscar una ciudad.

  —Hmm, qué malo eres. —Lo decía con una mueca de descontento.

  —De hecho, la ciudad de Semos está cerca de donde estamos. Es muy popular gracias a que, después de la capital, ahí es donde se encuentran gran variedad de productos.

  —?Falta mucho para llegar? —Dijo Miko mientras bostezaba y se estiraba.

  —No, solo tardaremos cinco horas en llegar.

  Miko solo pudo sentir cómo su alma se separaba poco a poco de su cuerpo, dejando este plano terrenal.

  —No te quejes, no está lejos.

  —?Para ti eso no es lejos?

  —Bueno, si comparamos los dos días de caminata que llevamos, esto está cerca. Deja de quejarte y sigamos.

  Corvus y Miko bajaron de un colosal árbol en donde se habían quedado a dormir y siguieron con su aventura.

  —Y dime, Corvus, ?por qué estamos yendo hacia la capital?

  —Necesito ver a un viejo conocido.

  —?Es algún familiar o algún tipo de reencuentro amoroso?

  —Es alguien a quien quiero muerto.

  —Oh… ya veo. ?Y yo qué tengo que ver en todo esto? Se supone que yo ayudaré en algo.

  —No te preocupes, de eso yo me encargaré. Si todo esto sale de acuerdo al plan, estarás libre dentro de un par de días.

  —?Genial!, mientras más rápido, mejor. —Sonrió Miko mientras volteaba a ver a Corvus.

  —Quiero pensar que sí. —Corvus dejó salir un peque?o suspiro.

  Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings.

  —Vamos, Corvus, alégrate un poco.

  —?Cómo es que tienes tantos ánimos?

  —Nunca he salido de la aldea y ahora tengo esta gran oportunidad de ver lugares que ni en mis sue?os me imaginé ver. Ya quiero llegar a Semos.

  ?No puedo comprender que piense así. ?Acaso ya se le olvidó lo de su aldea? ?O será otra cosa? De verdad no entiendo nada?.

  —Escuché muchas historias de Semos gracias a los comerciantes que llegaban a la ciudad. Desde peque?a siempre me imaginaba cómo sería esa tal ciudad en donde podrías encontrar de todo.

  —En cierta forma, Semos es así. Puedes encontrar de todo lo que una persona pudiese desear, pero créeme, Miko: los deseos de las personas, en muchas ocasiones, se originan de su oscuridad.

  Semos, una de las ciudades más importantes y famosas de todo el reino humano, se ganó la fama porque es el centro de comercio más grande del reino. Una vasta ciudad llena de callejones que parecen laberintos, amplios pasillos llenos de comercios, en medio de un amplio bosque donde conviven diferentes especies, con una sola finalidad: obtener cualquier cosa que su corazón anhele.

  —Hoy nos hemos reunido con un solo propósito, y ese propósito es negociar el precio de asesinar al ministro de defensa de Cartago.

  A las afueras de Semos, un grupo de bestias se encontraba en una delicada discusión. Pero quien se destacó entre todas las bestias era una enorme bestia gato, quien vestía ropa digna de un noble, con un pelaje negro como la noche y un par de ojos como esmeraldas.

  —Como nuestro líder les había dicho previamente, será un costo de setenta y siete monedas de jadeítas.

  —Agh, es muy caro. Además, su jefe no está aquí presente. ?Acaso tiene otra cosa más valiosa que hacer?

  —Se-se?or, esa es la cifra que nuestro jefe impuso. Si no están de acuerdo con el precio, nos retiraremos de inmediato.

  —Este trabajo es muy importante, rebajen el precio para que todos podamos irnos a casa felices. —Regateó el gato mientras sacaba sus enormes garras.

  Las bestias no sabían qué hacer. La bestia gato no era cualquier cosa, sino que era una de las tres cabezas que mandaba en la ciudad.

  —Ja, ja, ja. Eres muy gracioso a veces, "Don Gato", intimidando a mis muchachos.

  Una bestia que parecía una salamandra, con manchas negras y amarillas en su piel, con unos ojos amarillos, que vestía con una vestimenta formal, hizo acto de presencia.

  —Hasta que apareces, Salamanca. ?No crees que es irrespetuoso de tu parte hacerme esperar tanto?

  —Sabía que no estarías de acuerdo con la cantidad que impuse, así que traté de acabar algunos deberes lo más rápido posible.

  —Lo que estaba hablando con tus hombres era lo injusto que es el precio que me diste. ?Setenta y siete jadeítas? Con esta cantidad podría contratar a un ejército entero sin ningún problema.

  —?Injusto? ?Sí recuerdas a quién quieres matar? Es el ministro de seguridad de Cartago, está protegido todo el tiempo por caballeros de élite y siempre está en la ciudad, la cual es custodiada por los dos legendarios generales. Creo que es justa mi propuesta.

  —La moneda jadeíta es de las tres monedas más caras de todos los reinos. No podemos aceptar tal trato, es absurdo.

  —La vida de mis hombres, mi vida, cuestan esa cantidad. Si no quieres pagarla, deberás contratar a alguien más estúpido que acepte este trabajo suicida.

  —Salamanca, incluso si eres también uno de los se?ores de Semos, te mataré si sigues haciéndome enojar.

  —Mientras más grande sea el peligro, más grande será la recompensa. ?No opinas lo mismo? Además, si no aceptas el precio puedes ir tú a ensuciarte las patas.

  —?Tú!, maldito engreído. —Dijo el gato mientras rápidamente se abalanzaba contra Salamanca.

  —Es por eso que siempre somos dos quienes mandan… —"Don Gato" se dirigió a toda velocidad hacia Salamanca, el cual solo dejó salir una peque?a sonrisa.

  El intercambio de golpes sucedió en un solo parpadeo, pero, a diferencia de lo que pensaban todos, el único que recibió un poderoso zarpazo fue "Don Gato", el cual empezó a sangrar por todo el pecho.

  —?Qué mierda acaba de pasar? ?Cómo es que una salamandra tiene garras?

  —Ja, ja, ja. ?Yo soy una salamandra?... Estás totalmente equivocado. —Respondió Salamanca mientras mostraba unas enormes garras.

  ?Del otro se?or de Semos tengo toda su información, pero por más que intenté investigar a Salamanca, nunca llegaba a nada y solo me bastó con un movimiento para saber el porqué?.

  —Solo por la cara de confundido que tienes te sacaré de dudas. Soy el descendiente de un dragón de Komodo; gracias a eso tengo a estas hermosuras. —Dijo Salamanca mientras adoptaba una pose de pelea.

  —Tu piel y tus garras se venderán a buen precio, maldita salamandra.

  —Otra vez con eso. Mejor continuemos con lo nuestro. —Arremetió Salamanca mientras esta vez tomaba la iniciativa y se abalanzaba a toda velocidad hacia la bestia gato.

  La bestia gato y Salamanca continuaron peleando haciendo un gran estruendo, que se podía escuchar a varios metros. Y justo por ahí pasaban dos viajeros.

  —Corvus, ?escuchas eso? Es el ruido de espadas.

  —No son espadas, son garras chocando entre sí. Vayamos a ver.

  —??Eh?! ?Acaso no tienes miedo?

  —Es una perfecta oportunidad para poder reclutar a más personas. Además, necesito preguntar sobre alguien.

  Miko se quedó estupefacta. Una persona mínimamente pensante trataría de evitar las confrontaciones de frente, pero el hombre que tenía frente a ella iba derecho al caos, con una mirada carente de dudas.

  ?Corvus es un caballero del rey, seguramente es fuerte, pero la presencia que emana de él es totalmente lo contrario de lo que uno se podría imaginar?.

  Corvus y Miko llegaron en cuestión de segundos a donde se estaba generando el estruendo, pero este ya había parado.

  —Esta es una peque?a sorpresa la cual no tenía prevista. —Corvus dejó salir una peque?a sonrisa.

  Era Salamanca, el cual había masacrado a la bestia gato, la cual estaba con todos los huesos rotos expuestos y múltiples rasgu?os en todo su cuerpo.

  Mientras que Salamanca solamente carecía de su brazo izquierdo y tenía heridas superficiales.

  —Uf, creo que ya acabamos. Es molesto que los novatos que ascienden rápidamente se alucinen con la idea de ser los jefes de todos.

  —?Esoooo!, así se hace, jefe. —Gritaban sus compa?eros, llenos de orgullo hacia Salamanca.

  —El jefe es increíblemente fuerte.

  —?Sí! No hay nadie que pueda ganarle...

  Pero de pronto se escuchó el sonido de unas botas de metal resonando por todo el lugar; se escuchaba más y más cerca.

  Todos los que estaban presentes sintieron de golpe una presencia abrumadora. Sentían cómo la oscuridad los empezaba a inundar hasta la médula, dejándolos inmóviles. Era tanta la presión que algunos sentían ganas de vomitar.

  Y a Salamanca se le había activado su instinto innato de supervivencia, lo que rápidamente hizo que diera un poderoso golpe al origen de toda esa oscuridad. Ese golpe tenía la potencia de mandar a volar un árbol varios metros, pero sorpresivamente fue detenido en seco.

  —Oye, Salamanca, qué forma más rara tienes de saludar a un viejo amigo.

  —Co-co-??Corvus?!

  El origen de toda la abrumadora oscuridad era Corvus, el cual había detenido el golpe de Salamanca como si se tratara del ataque de un ni?o peque?o.

  —Lo siento, no sabía que se trataba de ti.

  Salamanca rápidamente se arrodilló frente a Corvus. No dejaba de temblar del miedo, mientras veía el suelo como un cachorro rega?ado.

  —Veo que te tiene hecho más fuerte.

  —Sabes que nunca pierdo la oportunidad de tenerme más fuerte. Así que dime, ?qué te trae por aquí?

  —Necesito un peque?o favor y, ya que estás aquí, no se me ocurre alguien más apto que tú.

  —Dime qué es lo que necesitasitas. Estoy a sus puertas… mi se?or.

  —Deja las formalidades. Antes que nada, llévame un lugar acogedor, ?puedes?

  —Su petición son órdenes.

  Todos los presentes se quedaron helados. Aquel caballero que había salido de la nada y, con solo su presencia, hizo que una de las cabecillas de Semos se ve como un simple ni?o.

Recommended Popular Novels