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Capítulo 02

  Es de noche y el silencio asola el lugar, excepto por algo que perturba al bosque...

  Se puede observar a un grupo de personas que están arrastrando algo muy pesado, estos sofocados detienen el paso y de inmediato se les acerca otro varón del cual su apariencia queda en secreto pues unas sombras impiden verle el rostro, solo se puede ver el miedo en las caras de los hombres que arrastraban el objeto.

  -?Así que lo encontraron?- pregunto este viéndose su mirada la cual estaba protagonizada por sus ojos rojos como la sangre, en ese momento todos se quedaron paralizados con la sensación de tener la garganta seca impidiéndoles hablar, pero uno dio un paso acercándose al hombre poco a poco.

  -Mi se?or, este ataúd sin duda es lo que estábamos buscando, mire los símbolos que lo marcan, el acero, es de la Atlántida, encontramos el cuerpo- hablo un sátiro de peque?o tama?o, pelo medianamente largo de colores claros y despeinado, portaba una ligera barba del mismo color de su cabello y en su espalda llevaba amarrado un sable de empu?adura de bronce, en sus ojos verdes se mostraba un gran terror mientras le temblaban las manos.

  El hombre de ojos escarlatas no dijo ni una palabra y acercándose al ataúd de oricalco, lo abrió pudiendo ver en su interior una momia bastante deteriorada, como si fuera de hace miles de a?os, pero la mirada del hombre se clavó en los dos colmillos filosos que sobresalían de la dentadura, al verlo una sonrisa adorno su rostro.

  -Perfecto, espléndido, lo hemos encontrado, tal y como me dijeron, un compa?ero- dijo este hombre notándose en su dentadura dos colmillos iguales, -Pero mi compa?ero merece un ba?o de sangre para despertar- dijo este mirando a ese grupo de personas las cuales estaban aterrorizadas.

  -Se?or, al oeste habita una tribu de centauros, unos salvajes, sin embargo, a mi parecer la sangre de los guerreros que mueran batallando puede ser mejor sacrificio que unos simples sirvientes- le dijo el sátiro temblando en cada palabra que decía.

  -Tu cerebro piensa rápido y tu lengua es perspicaz, muy bien sátiro me has convencido y se han salvado, pero...- dijo el hombre de mirada escarlata caminando hacia el ataúd tomando dentro del dos jarrones.

  En uno estaba pintada una hermosa ninfa, pero no tenía pies, en cambio, tenía una cola de serpiente, en el otro se veía el rostro de una mujer igual de hermosa, pero el resto de su cuerpo era el de una leona y alas de águila estaban en su espalda.

  -Escucha Sátiro tú te encargarás de masacrar a los centauros y me traerás a la más bella de sus mujeres- le dijo el hombre de las diversas sombras.

  -Pero mi se?or, es imposible para mí...- le respondía este, pero ese hombre levanto la vista callándolo y tomo la mano de manera suave a una chica de las que estaban entre el grupo de personas.

  -Te daré el poder para hacerlo- dijo este y a esa delgada chica de cabellos desali?ados le acerco el jarrón de la mujer de cuerpo de leona, -ábrelo- le dijo y al hacer contacto la chica con los ojos de tal hombre solo pudo sonrojarse y abrirlo tal y como se lo pidió y entonces, el grito de esa chica se escucharía por todo el bosque tal y como pasara una ráfaga de viento para luego no escucharse más nada.

  Al lo lejos se puede observar una silueta femenina la cual estaba sobre las ramas de un árbol protegida por su espesura pudiéndose ver el brillo de sus ojos color ámbar.

  -Tal y como me temía- dijo esta mujer mientras tragaba saliva de su reseca garganta, -Vampiros.

  Al amanecer en el bosque, sobre un árbol se puede ver a una chica, esta es de estatura alta y complexión delgada, pero porta unos grandes pechos además de tener buenas curvas y piernas largas y gruesas, se puede ver bastante atlética vistiendo unas mallas doradas, una cubre sus senos y la otra su entrepierna, viste unas botas de acero y en su espalda tiene un mandoble en una funda, tiene un cabello desali?ado y despeinado teniendo varios flecos que le forman un cerquillo, tiene recayendo sobre su hombro una coleta trenzada siendo su pelo de color casta?o rojizo, sus ojos son filosos de color ámbar.

  Esta empieza a desplazarse sobre las ramas de los árboles dando veloces saltos, pero de pronto su pie se enreda entre un palo sobresaliente de la rama donde puso su pie tropezándose la chica cayendo al suelo.

  -Ay, ay, ay, que torpeza la mía- decía esta levantándose del suelo tocándose el trasero, ya que se había golpeado en ese lugar, -Debo apresurarme mientras es de día, es la única forma que tengo de superar a esos vampiros..., ?eh?- se decía ella misma, pero de pronto noto como los arbustos se movían adoptando esta un semblante serio posando su mano lentamente en la empu?adura de su arma pero esta desapareció en un instante dejándola sorprendida.

  -Ja, ja, ja- resonaba la risa de los seres que estaban entre los arbustos desvelando estos sus identidades, que eran un grupo de sátiros.

  -?Pero en qué momento me quitaron mi arma, unos sátiros, eh?- se preguntaba ella, pero en un instante la malla de sus pechos fueron arrebatadas dejando al descubierto sus senos, -?Ah!, son unos criminales, estúpidos- decía ella mientras se los tapaba.

  -Pero que mujer tan hermosa, vamos, desvístete tu misma, vamos hermosa- le decía uno de los sátiros que tenía el cabello de un color naranja claro, estatura media y complexión delgada, dejando perpleja a la casta?a.

  -Pero que soberbia, no puedo aceptar que tantos hombres me vean el cuerpo al mismo tiempo- dijo la mujer sonrojándose ligeramente.

  -Entonces te la quitaremos nosotros mismos- dijo el mismo sátiro lanzándose contra ella, pero de pronto fue estampado contra el piso a causa de un hombre que apareció en ese lugar.

  -No puede ser es, es, él...- decían los demás sátiros marchándose de hay quedándose la chica de cabellos rojizos frente a aquel hombre... y el sátiro en el piso.

  Este hombre es de estatura alta y complexión tonificada, tiene un cabello corto de color marrón oscuro y descuidado, parte de sus flequillos se extienden hacia el exterior en formas de espigas estando él resto erizado, sus ojos son filosos del mismo color de su cabello solo que más claros, tiene cejas gruesas y viste un quitón, túnica que solo le cubre un hombro dejándole el otro al descubierto, llegándole a los muslos siendo de color gris.

  -Gracias me has salvado...- le intento decir esta, pero noto como este se empezaba a morder las u?as y rascarse la cabeza.

  -Quiero saber, quiero saber, quiero saber...- decía este asintiendo la de cabellos rojizos.

  -Entiendo, después de todo eres un hombre, como me has salvado puedo dejar que veas un poco, pero que quede entre nosotros- le dijo la casta?a retirando la mano dejando ver sus senos, pero este los empezó a tocar, -Oye no dije que tocaras- le repitió está frunciendo el ce?o enojada.

  -Son como las de la tribu, las demás centaurides las tienen iguales, pero tus pies, son como los míos, nunca había visto algo así, quiero saber, quiero saber, quiero saber- le dijo el casta?o dejando sorprendida a la mujer.

  -Nunca has visto a otro humano, entonces desconoces a las mujeres peque?o saltamontes- le dijo ella poniendo una cara en la que resaltaba la maldad, -Bien como me salvaste puedo dejarte ver- repitió está dejando caer la malla que le cubría sus intimidades.

  El muchacho se quedó sorprendido empezando a rodearla mientras se agachaba terminando por ver la parte trasera de la chica empezando a tocarla.

  -Es suave- decía pegando la cara mientras la chica se carcajeaba.

  -Bueno, es normal, me enorgullezco de mi cuerpo, veo que te gusta mi culo, pero no te encari?es, ja, ja, ja, ya basta me estás tocando de más, ja, ja, ja- le decía esta mientras este se empezó a girar poniendo su cara frente a sus mayores intimidades, pero esta se tapó con la mano mientras este la miro sorprendido, -No, no, no, muchacho, aún no puedes rebuscar ahí, no es el momento, ni me has dicho tu nombre, antes tienes que cortejarme- le dijo ella mientras este se paraba al frente de esta.

  -Mi nombre es Jeno- le dijo este rascándose la cabeza mientras sonreía posando la chica la mirada en una zona más baja.

  -Conque Jeno, y este quien es- le dijo ella agarrándole la entrepierna de manera brusca con su mano haciendo que este abriera los ojos como platos, -Ja, ja, ja, es normal, eso significa que te gusto lo que viste, toma un gesto de afecto muy grande y tu recompensa por salvarme- le dijo ella dándole un beso en la mejilla, sonrojándose el casta?o quedándose sin palabras.

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  -Mi nombre es Astrid- le decía ella poniéndose sus mallas y sosteniendo su mandoble en la funda llevándolo a su espalda adoptando un semblante muy serio, -Una amazona.

  -?Qué es eso?- pregunto Jeno dejando con los ojos como platos a Astrid que no tenía palabras para eso.

  -Eh, eh, no sabes, las amazonas somos una tribu de mujeres guerreras, ya casi estamos extintas, pero...- le estaba diciendo ella, pero vio como este empezó a jugar con un pajarito que sé pozo en su antebrazo, -?Me estás escuchando?- le pregunto esta indignada.

  -Claro, son una tribu de mujeres, ?todas tienen el culo como tú?, me gustaría verlo- le decía este mientras seguía jugando hasta que el pajarito se marchó, -Ah, se fue.

  -No creo que quieras verlas, mis hermanas son muy agresivas, yo comprendo que no hay maldad en tu corazón, pero por tal acción ellas te hubieran despojado de tu miembro- le decía ella mientras se?alaba la entrepierna de Jeno.

  -Yo me he criado en una tribu de centauros, al parecer mis padres me querían matar, pasaron varias cosas, en fin, vivo aquí, eres el primer humano que conozco- le dijo este portando una sonrisa dentuda cristalizándose la mirada de ella al oír eso.

  -Ahí, que triste, tranquilo, yo estoy aquí- le dijo ella abrazándolo metiendo la cabeza de este entre sus senos empezando a sofocarlo mientras este trataba salir, pero de repente el sátiro que estaba inconsciente empezó a levantarse, -?Ahhhhh, Jeno ayuda, un pervertido!- gritaba esta horrorizada subiéndose encima del casta?o, cubriéndose tras su espalda.

  -Oye, grosera, ni que fuera un parásito- dijo el sátiro tocándose la zona del golpe en su cabeza.

  -Yan que te he dicho de intentar ver desnudas a las mujeres, siempre me estás buscando problemas- le dijo Jeno y el sátiro se giró indignado.

  -Voy a ignorarla aunque sea una mujer- dijo Yan sacando una flauta de madera la cual empezó a tocar.

  -?De dónde se sacó eso si no lleva nada?- se preguntó Astrid para ella misma empezando a pensar que era mejor hacer la vista gorda.

  -Por cierto bájate- le dijo Jeno riendo de manera sarcástica volviendo al suelo la chica, -?Qué hace una amazona en los bosques?- pregunto el casta?o.

  -Bien, te diré, estoy tratando de evitar de que reviva un vampiro- le dijo esta de manera muy seria, pero Jeno ladeo la cabeza indiferente, entonces una gotita de sudor recorrió la sien de la chica de manera cómica, -Bien, no sabes que es verdad, son seres chupa sangre, muy peligrosos, en este bosque hay uno, por suerte es de día y puedo moverme si llega a caer la noche estaremos en peligro.

  -No, no, no, eso es mentira, tales seres no pueden existir, son antinaturales- decía Yan negando con la cabeza.

  -Pero mírate, si tú eres... o mis modales, debo comportarme- le empezó a decir Astrid parando para luego retractarse mientras se rascaba la garganta.

  -Cuéntame acerca, de los vampiros, quiero saber, quien...- decía Jeno empezando a mostrar su curiosidad, pero Astrid le puso un dedo en los labios.

  -Lo sé, te lo explicaré- le dijo ella y retirando el dedo mostrando un semblante bastante amable para como era ella normalmente, -Hace mucho, mucho tiempo, habían dos amantes...

  Y aquí haremos una pausa, lo explicaré yo, ya que Astrid es muy despistada y puede que llegue a confundirlos, bien voy a comenzar.

  Hace mucho, mucho tiempo existían dos amantes, un hombre conocido como Ambrogio que fue perturbado por el mensaje del oráculo, pero en ese mismo lugar conoció a una bella doncella, Selene, cada ma?ana este la visitaba y terminaron enamorándose, esto causo la ira de Apolo, quien no quería permitir que tan bella doncella estuviera en las manos de Ambrogio, al dominar Apolo el sol le lanzo una maldición, Ambrogio no podría volver a ver a Selene por las ma?anas, ya que mientras el sol estuviera en el cielo, su toque seria mortífero para el hombre y podría llegar morir.

  Pero una maldición así no permitiría que la pareja se separase, por lo que huyeron a unas cuevas y Ambrogio busco la ayuda del Rey del Inframundo, Hades, este acepto ayudarle solo tenía que traerle el arco de plata de Artemisa, hermana de Apolo, para cumplir su misión él le daría un arco y 11 flechas, pero como pago por adelantado el dios de los muertos le retiro el alma y se la devolvería cuando le trajera el arco, entonces el desalmado hombre partió a buscar la forma de robar el arco, sacrifico varios cisnes desperdiciando flechas y escribiéndole una poesía de amor a Selene con su sangre, pero al final pudo robar el arco.

  Al darse cuenta la diosa de la caza, maldigo a Ambrogio, ahora portaba otra maldición la cual consistía que el toque de la plata lo quemaría, este se vio obligado a abandonar el arco sin poder cumplir su misión con Hades y sin poder recuperar su alma, el hombre le pidió clemencia a la diosa y esta se compadeció del dándole el don de la inmortalidad, tanta como la de los dioses, solo que seguiría portando sus dos maldiciones sin poder tocar la plata o vivir bajo el sol, además le dio las habilidades de un cazador, fuerza, velocidad y resistencias sobrehumanas.

  A partir de hay la pareja viviría juntos durante a?os, pero la mortalidad empezó a caer sobre Selene, la vejez, Ambrosio nunca envejeció, pero no se podía decir lo mismo de Selene, Ambrosio sacrifico un cisne para poder hablar con Artemisa pidiéndole guía, ya que este sabía que su alma residía en el Hades por lo que no podría pasar la otra vida junto a su amada, la diosa de la caza le hizo un último favor, una leve mordida donde le trasmitiría este su sangre a Selene, mataría su cuerpo mortal, pero la volvería igual que el permitiéndole vivir juntos toda la eternidad, Ambrosio lo hizo y el cuerpo de Selene se iluminó volviéndose divina, a partir de ahora sería la diosa de la luna reuniéndose con Artemisa en esta y visitando todas las noches a su amado, desde entonces Ambrosio sería conocido como el primer vampiro y quien esparciría el virus por todo el mundo naciendo nuevos vampiros que compartían la sangre de Ambrosio y Selene.

  Aquí termina este relato y podemos volver con Jeno y Astrid, pero solo como dato desde que la casta?a empezó a narrar la historia han pasado dos horas, ahora ambos estaban sentados en el suelo y Yan creo que está muerto, sabía que era una despistada.

  -Y bueno así termina la historia Jeno, ?entendiste?- le pregunto ella y Jeno se notaba algo cansado mientras Yan permanecía inconsciente en el suelo.

  -Sí... más o menos- le respondió este tumbándose en el piso para descansar.

  -Que haces, no tenemos tiempo ayúdame- le decía esta parándose encima del casta?o, -Tu también- le dijo esta dándole una patada a Yan para despertarlo abriendo este los ojos como platos.

  -?En qué te tengo que ayudar?- le pregunto Jeno levantándose confundido mientras que Astrid se notaba pálida.

  -Que torpe, que torpe, que torpe, ahhhhh- decía esta agarrándose la cabeza dando vueltas, pero Jeno la atrapo y le puso la mano en los cachetes cruzando ambos la mirada.

  -Astrid concéntrate, ?qué pasa?- le volvió a preguntar este y ella empezó a calmarse.

  -Van a atacar tu tribu, un monstruo terrible, lo envió ese vampiro, quiere un sacrificio de sangre- le dijo ella y la mirada de Jeno se oscureció.

  Este la tomo de la mano y agarro por el cabello a Yan empezando este a correr dirección al asentamiento de la tribu.

  Mientras tanto en donde se encontraba la tribu de los centauros.

  Un grupo de jóvenes centauros se podría observar, todos estaban muy heridos, portaban lanzás y espadas, pero sus filos estaban agrietados.

  -??Qué le pasa a este monstruo, el acero no puede cortarlo?!- se preguntó uno de estos centauros y en un instante su cabeza fue separada de su cuerpo.

  Mormalkhan que se encontraba ahí vio eso insólito mientras que la sangre del joven que murió le empezaba a empapar las pesu?as.

  -Nononono, es inaceptable, por favor, de verdad tenían la esperanza de lograr herirme a mí un ser divino con esas meras armas- resonó una voz femenina en ese lugar dejando pálidos al resto de jóvenes centauros.

  (Maldito monstruo llego haciendo preguntas tontas junto con aquel sátiro y se llevaron a Eleira) pensaba Mormalkhan recordando la llegada de ambos seres, pero estos estaban cubiertos de sombras, el sátiro lanzo un tajo a la espalda de la centauride dejándola inconsciente atándole los pies, llevándosela mientras ellos se enfrentaban a semejante monstruo.

  -Mm, pero que suponía ese sátiro, me dejo aquí con estos meros centauros, bueno, alguien más quiere pelear, el camino más fácil era resolver mi acertijo, aunque es normal que seres tan estúpidos como vosotros os desesperéis tras haber fallado tres veces.

  La monstruosa criatura al fin dejaba ver su aspecto siendo algo insólito, su parte baja no era otra que la de una leona bien gruesa y enorme, bajo sus patas, concretamente sus garras estaban los restos de varios guerreros de esa tribu, pero en la parte delantera por encima de las patas se encontraba el torso de una mujer de tez blanca y hermosa, sus senos estaban al descubierto siendo enormes, su rostro era pálido y en su boca se podían observar dientes de gran filo, sus ojos son filosos y tan rojos como la sangre, su cabello es largo y de color claro, siendo esta rubia, es bastante lacio y se encontraba bien peinado, en su frente se forma un cerquillo de varios flecos, y donde deberían estar los brazos de la chica había alas de pájaro, concretamente de águila siendo sus plumas de tonalidad grisácea y se encontraban manchadas de sangre.

  -Aunque bueno, si así lo quiere el amo, cumpliré sus órdenes, después de todo me libero de muchos a?os de estar en ese jarrón- repitió la bestia ignorando a los demás guerreros.

  -Este monstruo es la Esfinge, hija de Tifón y Equidna, es peligrosa y según las leyendas murió hace mucho tiempo, que pasa, como, acaso las leyendas son falsas- se decía así mismo Mormalkhan frunciendo el ce?o y apretando sus pu?os.

  -Oh, muchas leyendas son falsas, pero algunas sí que son ciertas, aquel jovenzuelo, Edipo resolvió mi acertijo, pero eso no volverá a repetirse, lo puedo asegurar, yo en ese momento mate mi cuerpo físico, pero bestias como nosotros no podemos morir, aunque nuestro cuerpo sea destruido, siempre podemos volver, somos hijos de dioses, aunque sean monstruosos- le dijo la esfinge dejando perplejo al centauro.

  (Entonces aquel jarrón que dejo ese sátiro entre los cuerpos de mis compa?eros debe guardar la esencia de Equidna, ese monstruo es incluso más peligroso, ella dijo que se liberó al abrirse su jarrón, entonces debo tratar por todos los medios de que no se abra) reflexionaba desesperado el líder de la tribu mirando perplejo aquel jarrón que estaba entre varios centauros muertos.

  -Nononono, no puedes disimularlo peque?o centauro, se bien lo que piensas, ja, ja, ja, pero tranquilo, hagamos una pelea justa, ya vez que no pueden ganarme con sus armas, así que- le decía ella mientras caminaba hacia él sintiendo este como se le congelaba el cuerpo, esta camino hasta estar justo al frente del pegándole su rostro sacando su larga y enorme lengua mientras sonreía como una psicópata, -Resuelve mi acertijo...

  -???Yo resolveré ese acertijo!!!- se pudo ver como Jeno le gritaba a las espaldas de la esfinge girándose está con el ce?o fruncido.

  (????Jeno idiota, porque viniste te va a matar!!!!) Pensaba desesperado el centauro al ver al muchacho.

  -?Quién eres tu iluso que osas retarme?- pregunto la esfinge notándose su tono de enojo.

  -Que quien soy, por favor, que quien soy, ?Yan la escuchaste?- le preguntaba Jeno a su amigo mientras este lo miraba alzando los brazos y negando la cabeza.

  -Si lo escuche Jeno, ilusa, por favor- le respondió Yan enojando aun más a esa bestia.

  -???Quien eres!!!- le grito la esfinge desesperada.

  -Escucha vil monstruo- le dijo este atrayendo la atención de todos se?alando con su índice a la bestia, -Yo soy el hombre más fuerte del mundo...

  Continuara...

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