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Capítulo 15

  En un templo se puede observar a varias mujeres ba?ándose en unas aguas termales que se encontraban en una sala de decorados dorados, allí dentro de las aguas varias mujeres jugaban entre ellas disfrutando el calor, una en específico era Astrid que estaba sentada en los escalones antes de entrar al agua, allí estaba ella vestida con túnicas blancas de delgada tela y observaba su mandoble con una expresión perdida acariciando su filo cortándose ligeramente cayendo unas gotas al suelo.

  -?Mi querida Astrid que te molesta como para cortarte así?- se escuchó preguntar a una voz masculina que estaba entrando a esa sala alertando a todas las mujeres.

  -Es el rey- se decían entre ellas empezando a arreglarse el cabello de manera rápida y muy nerviosa notando que el hombre rodeado de sombras había entrado al salón.

  Todas las chicas salieron rápidamente de las aguas y se arrodillaron al ver a aquel hombre, este venía acompa?ados por más mujeres parándose frente a Astrid apreciando la casta?a su apariencia, este era de enorme tama?o y de una constitución fornida con los músculos tonificados, tenía un cabello liso medianamente largo color casta?o rojizo y una barba corta del mismo color, portaba ojos penetrantes de color verde teniendo cierta belleza en su rostro, tiene una de sus orejas perforadas por una peque?a cadena de la que cuelga una esfera rojiza parecida a un rubí, este vestía una coraza plateada con una capa verde amarrada a esta y en su cuello llevaba un colgante de cadenas de oro, debajo de la coraza viste unas túnicas negras uniendo las túnicas y la coraza un cinturón dorado, además de calzar sandalias altas del mismo color de su coraza, en sus brazos porta dos brazaletes de un metal ennegrecido con unos rubíes en el centro de estos además de traer en sus manos una especie de jarrón antiguo que tenía dibujado en este la figura de un león, al pararse frente a la casta?a esta inmediatamente bajo su cabeza para reverenciarlo.

  -Está bien así mi peque?a Astrid, te vine a hacer un regalo por tan buen trabajo- le dijo este sorprendiendo a la chica, -Es cierto que el tridente parece inservible, pero lo siento en su interior, el poder de Poseidón, solo hay que averiguar la forma de extraer esa fuerza, toma- le dijo este nuevamente extendiéndole el jarrón tomándolo esta.

  -?Esto es...?- pregunto ella y el hombre asintió interrumpiéndola para hablar.

  -Si es la misma fuerza que poseen tus hermanas, el poder de los hijos de Tifón y Equidna, es una recompensa por tu buen trabajo, aunque veo que estás vestida, creo que ya conoces las reglas.

  -Lo raro es verlo a usted vestido mi rey- le respondió esta y este empezó a carcajearse.

  -Si lo es, pero he escuchado que en mi isla ha desembarcado un inmundo vampiro, aún falta para que amanezca así que planeo eliminarlo yo mismo, me voy de caza, ?te gustaría acompa?arme y probar el poder que puedes despertar... hija mía?- le pregunto este extendiéndole la mano y una sombra apareció en el rostro de Astrid correspondiéndolo al tomar su mano.

  Donde Jeno y sus compa?eros...

  -?Se terminó...?- pregunto débilmente Alysa mientras Jeno la cargaba en modo nupcial y este giro su rostro entristeciendo a la peque?a.

  -Esto ...no a... terminado...- hablo en un tono muy bajo la amazona destruida mientras los observaba totalmente ensangrentada rebosando en un cólera devastador...

  -?No puede ser verdad!- se decía exaltado el casta?o al ver de pie a la rubia amazona llena de heridas pero manteniéndose en pie abriendo los ojos como platos totalmente perplejos al verla.

  -Se arrepentirán de todo lo que me han hecho- les grito esa mujer notándose que ya no tenía rasgos de dragón sin embargo a sus espaldas, de su sombra emergió el poderoso dragón de escamas verdosas resplandeciendo sus ojos carmesís notándose como ella inflaba sus mejillas.

  -???Jeno!!!- grito Ezio y de pronto fue enviada contra el casta?o y la peque?a vampiresa una potente flama apuntando a calcinarlos, Jeno puso la espalda para proteger a la chica, el guerrero cobrizo hizo emerger a su sombra arremetiendo un poderoso pisotón en el suelo quebrando el que estaba bajo los pies de ellos empezando a rodar en el desprendimiento de tierra evitando recibir tanto da?o de las llamas quemándolos ligeramente, terminando de caer ellos entre el desprendimiento de tierra en la selva.

  -Portador de Heracles otra vez te luciste, pero es en vano pues los voy a matar a todos ustedes basuras...- exclamaba ella y de pronto esta sintió un enorme dolor siendo el causante el peque?o sátiro que le había tajado la espalda con su sable, -Maldita... basura...

  -Esta débil quizás podamos ganar- grito Delel intentando asestar otro corte en la mujer pero el poderoso dragón envió un pisotón lanzando este su sable antes de ser aplastado.

  -???Delel!!!- grito Joshua tomando el peque?o sable corriendo a atacar a la chica, pero el dragón se giró rápidamente enviando un golpe con su cola, pero este fue interceptado por varias patadas de Heracles causando que le arrancara la cola de cuajo arrodillándose la chica del dolor de las múltiples heridas.

  -Es cierto si queremos ganar este es el momento, pero nosotros también estamos muy heridos- decía para sí mismo Ezio corriendo de manera rápida hacia ella perdiendo el equilibrio en varios momentos por sus brazos rotos, -???Destrúyela Heracles!!!- exclamo este enviando a su sombra a aplastar el cráneo de ella con un fuerte pisotón, pero de inmediato el Dragón de la Cólquida lo intercepta enviando una enorme bola de fuego proveniente de su garganta esquivándola por muy poco este, pero causándole suficiente da?o como para caer al suelo inconsciente lleno de quemaduras leves.

  -Al fin cayó, he de admitir que no fue sencillo...- decía Heyla levantándose, pero de pronto vio como el azabache se le acercaba a gran velocidad y de un potente tajo le corto la zona del parpado expulsando esta gran cantidad de sangre por ahí agarrándose la zona donde había perdido la vista observando con su otro ojo eufórica de rabia a Joshua.

  -No creo que esta sea la forma de tratar a una mujer, pero no puedo dejar que los mates, son buenas personas, seguro que Deo y Jeno podrán resolver esto- le decía el azabache y noto como ella se levantaba molesta sorprendiendo a este.

  -?No opinas que así se deba tratar a una mujer?, ?acaso insinuás que soy más débil que tú por serlo?- le pregunto ella y por alguna razón el azabache se quedó callado con la mirada perdida solo pudiendo tragar saliva.

  A lo lejos se puede ver a una amazona de cabellos plateados volar con cierto rubio entre sus garras, este al ver ciertas edificaciones destrozadas a lo largo de un risco desértico abre su boca observándolo la chica, expulsando de su garganta tres flechas plateadas que apuntaban a una de las alas de la amazona, esta las logra esquivar, pero al hacerlo pierde el sentido del vuelo y se estrella contra varias paredes de esas edificaciones produciéndose una gran nube de polvo, al disiparse este se puede ver al rubio levantándose mientras se arreglaba el cuello quedando totalmente sano mientras que la mujer águila se levantaba llena de raspones y magulladuras.

  -???Maldito seas vampiro!!!- lo maldijo la amazona y este negó con la cabeza mientras sonreía.

  -Crees que puedes matarme con el sol, todavía falta para que amanezca y si te deje volar tanto tiempo conmigo fue porque buscaba un lugar donde protegerme del sol, esto será perfecto- decía el rubio mientras tocaba las paredes molestando aun más a la de cabellos plateados, -Pero primero debo matarte- le repitió este mientras que a sus espaldas aparecía la diosa portadora del arco de plata.

  -Conque la diosa Artemisa, pues que sepas que mi sombra puede causarle sufrimiento incluso a los divinos- le decía ella y a sus espaldas se formó la silueta de una enorme águila, -Uno de los hijos de Tifón y Equidna, Etón el águila encargada de hacer sufrir al titán Prometeo durante toda la eternidad- le dijo ella sorprendiendo al rubio en gran medida.

  Etón, águila gigante hija de Tifón y Equidna, esta bestia fue enviada por el dios crónida Zeus a atormentar al titán Prometeo por toda la eternidad por haber robado las brasas del Olimpo y dárselas a los humanos, esta ave tenía la misión de comerse el hígado del encadenado titán durante el día mientras que por la noche se le regeneraba, pero cada día debía volver a comer y así fue durante milenios hasta que el héroe Heracles la mato y libero al titan, ya que había sentido pena del sufrimiento de este.

  -Dime ahora la verdad, ?qué es lo que quieren?- le pregunto el rubio y la chica se echó a reír.

  -Acaso no es obvio, eliminarlos a ustedes, putrefactos vampiros, por eso necesitamos las armas divinas, ahora te obligaré a decirme donde demonios está el pergamino antiguo- le respondió ella.

  -No me creerías si te dijera donde esta- le dijo Deo soltando una ligera risa produciendo que la chica frunciera el ce?o.

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  -?Pensaba que estarías triste por la traición de vuestra amiga Astrid, como aquel estúpido que se echó a llorar?

  -No me compares con él, digamos que somos un tanto distintos- le respondió este cerrando los ojos sonriendo cruzándose de brazos.

  -???Maldito no me subestimes!!!- le grito la amazona abalanzándose sobre él, pero este no reacciono, solamente le respondió.

  -Deberías cuidar tu espalda- le dijo este y la de cabellos plateados noto a cierto licántropo detrás de ella que le había enviado un zarpazo, esta aleteo sus alas rápidamente logrando esquivarlo llevándose entre sus garras la bestia azabache solo unas pocas plumas.

  -?Alguien llamo a los refuerzos?- pregunto Yan bajándose del lomo de Calix observándolos con enojo la mujer, pero de pronto se escucharon unos aplausos atrayendo la atención de todos al causante de estos.

  Era aquel hombre de cabellos casta?os rojizos con Astrid a su lado vistiendo sus mallas de siempre, sus antiguos tres compa?eros la observaron empezando a correr Yan para acercarse a ella, pero paro en seco al ver como esta lo miraba de manera fría.

  -??Qué está pasando Astrid, dime, que demonios es esto?!- le pregunto exaltado el sátiro y ella giró su rostro.

  -Es mi trabajo solamente supérenlo- le respondió la casta?a dejando perplejo al sátiro.

  -Sabes que le has roto el corazón a Jeno- le dijo Deo observándola de manera cortante chocando ambos las miradas notándose sus rostros sombríos quedándose callada la casta?a escuchándose unas carcajadas.

  -Ja, ja, ja, ya basta de esas estupideces- dijo aquel hombre del cual provenían las risas, -Deo, el hombre que mato a la quimera uno de los hijos del vientre de dragona, será un honor poder exterminarte- hablo nuevamente este hombre acercándose al rubio mientras caminaba poco a poco.

  -?Padre no, él es mi presa ya sé por donde vas!- le grito la amazona de cabellos plateados y este la callo.

  -Por lo que veo tu también tienes un contrincante Vers, deberías centrarte en esa bolsa de pulgas- le respondió aquel hombre y ella suspiró molesta empezando a ver a Calix.

  -Espero que estés preparado- le dijo ella soltando una risa dentuda abalanzándose sobre ella el licántropo empezando esta a sobrevolarlo chocando ambos sus garras.

  -Parece que ellos dos se divertirán un rato, si quieres te puedes unir Astrid- le dijo ese hombre de armadura plateada y la casta?a giro el rostro, -Que hija tan difícil, bueno parece que tendré que apalear yo solo al asesino de la Quimera.

  -Por lo que veo estas obsesionado con los hijos de Tifón y Equidna, aquella Amazona también porta la sombra de uno de sus hijos, pero lo que me pregunto es, ?por qué hay un hombre que manda entre las amazonas?- pregunto el rubio y aquel hombre nada más pudo sonreír.

  -Soy su rey, soy el elegido para dominar desde el pináculo de los dioses, pero esas no deben ser respuestas para un hombre muerto- le respondió este y de pronto sus brazaletes azabaches se rompieron cayendo los pedazos al suelo, de inmediato sus brazos empezaron a mutar empezando a salirles un pelaje oscuro, sus dedos se rompieron y sus huesos empezaron a cambiar, sus manos parecían tener vida, Deo no podía creer lo que veía, ahora las dos manos de ese hombre eran dos enormes cabezas de dos perros de cabellos azabaches, estos portaban dientes como navajas mientras salivaban y sus ojos tenían un brillo escarlata.

  -?Esa forma?...- se preguntaba el rubio adoptando una posición en guardia respondiéndole la deidad en su sombra.

  -Es otro hijo de los titanes monstruosos, el perro que tenía dos cabezas el Ortro, esa manera que ha adoptado ese hombre me recuerda al antiguo due?o de ese animal, Gerion, un gigante que estaba conformado por tres personas, Heracles los mato a los dos para poder robar el ganado- le decía la diosa notando como las dos cabezas sonreían y se movían salivando, notando también que el cabello del hombre se había erizado como unas púas.

  -Me pregunto si ustedes podrán derrotarlos ahora, pero está claro que yo ganare, pues soy muy distinto de Gerión, soy hijo del dios de la guerra, mi padre es Ares y yo soy Arios el rey de las amazonas- les dijo este alzando una de las cabezas de los perros abriendo este la boca, el rubio se alarmó, pero no fue para menos, él animal vómito un chorro de magma ardiente apuntando a calcinar al rubio, pero este retrocedió hacia un lado pudiendo esquivarlo notando como el suelo que había sido rociado estaba derretido, -No seas tímido vamos toma mi regalo- le dijo Arios volviendo a enviar otra ola de lava pero el rubio salto en el aire apuntándole con sus dedos al semidiós.

  De pronto la punta de los dedos de Deo fueron agujereados por flechas que salieron de estos apuntando todas a herir de gravedad al rey, pero este con una de sus cabezas lanzo un golpe para interceptar las flechas destrozándolas todas sorprendiendo al rubio, este avanza en el aire a asestarle un golpe de lleno en la cara de Arios, pero este con la misma cabeza que rompió las flechas golpea con su cráneo fuertemente al rubio dejándolo con los ojos en blanco, la fuerza fue tanta que este estuvo a punto de salir volando pero ese mismo perro le mordió el brazo para impedirle alejarse.

  -Sientes el dolor, mis perros tienen en la mandíbula una fuerza suficiente como para masticar monta?as, debes estar sintiendo como se te desgarra cada músculo del brazo, pero calma eso cesara- le dijo este y el rubio observo como su brazo se estaba congelando, la mordida del perro le había enfriado el brazo al punto de volverlo hielo rompiéndose este en pedazos separándose el rubio del perro.

  Antes de caer al suelo el rubio, Arios le arremete una patada en el estómago enviándolo lejos, pero la diosa tras Deo le dispara una flecha directa en la rodilla produciendo que este gritara de dolor terminando por arrodillarse desapareciendo sus perros de las manos agarrándose con estas su rodilla herida cayendo al suelo también el rubio.

  En ese instante, el brazo del vampiro rubio se regeneró y apuntando sus dos manos con sus palmas al rey Arios, su carne fue removida para enviar dos flechas contra este, siendo incapaz de moverse el semidiós por el da?o en su rodilla, pero esas flechas fueron cortadas en dos por el mandoble empu?ado por Astrid parándose frente a su rey para defenderlo.

  -Apártate Astrid, no me obligues a hacerlo- le dijo el rubio mientras que la diosa tras su espalda empezaba a cargar una flecha.

  -No me moveré- le respondió esta y Deo frunció el ce?o apretando los pu?os.

  -???Maldita zorra, apártate, no van a ganar, no me importa que hayamos sido compa?eros, si tengo que acabar contigo!!!- le gritaba el rubio, pero fue interrumpido por alguien más.

  -Date cuenta vampiro, ustedes no pueden ganar- le dijo la amazona de cabellos plateados sentada en lo alto de las edificaciones notando el rubio que tanto el sátiro como el licántropo estaban derrotados en el suelo con varias magulladuras y cortes, inconscientes en su totalidad.

  -???Maldito seas, te voy a matar!!!- se escuchó un grito proveniente del rey Arios retumbando los suelos notándose que sus ojos estaban en blanco y empezaba a expulsar rayos de estos sorprendiendo al rubio.

  -Esos relámpagos, acaso...- decía Deo perplejo observando como aquel hombre empezaba a rodearse de rayos.

  -???Hace a?os le robé el rayo al dios Zeus, con el tridente, estoy solo a un paso de eliminarlos de la faz de la existencia, malditos cadáveres putrefactos, ahora entenderás la diferencia entre nosotros dos!!!- repitió Arios mostrando que en la palma de su mano se conformó un rayo centelleante mientras que el cielo empezaba a nublarse, empezando a caer rayos como muestras de la cólera del semidiós notando además el rubio que la herida de flecha en su rodilla había sanado.

  -Padre, no es necesario que destruya la isla, déjeme estrenar mis nuevas habilidades- le dijo la casta?a calmando al rey Arios desapareciendo los rayos a su alrededor y el que portaba en su mano exhalando este de manera fuerte.

  -Asegúrate de sacarle la información del pergamino antes de que el sol lo calcine, yo me iré al templo, estoy muy estresado, le pediré a las chicas que me den unos cari?itos- dijo el rey marchándose de allí de un poderoso salto desapareciendo de la vista de los presentes.

  -Para lo que han quedado las poderosas y valientes mujeres amazonas, ahora son sus putas, que decepción- les dijo el rubio y la amazona de cabellos plateados eufórica de ira apuntaba a atacarlo, pero Astrid la detuvo.

  -Hermana, creo que debes ocuparte de tu propio enemigo- le dijo la casta?a y la portadora de Etón observo como cierta bestia azabache se había puesto de pie molestándola aún más.

  -???Es que ya nadie se queda muerto cuando lo matan!!!- grito ella en un tono colérico volando a atacar al hombre lobo.

  -Muy bien Astrid no lo repetiré...- le decía el rubio, pero noto como la sombra de la chica cambiaba, y detrás de ella aparecía un enorme león, este tenía un pelaje albino y en su espalda tenía clavadas miles de lanzas y espadas rotas, de inmediato la melena de este león se volvió de fuego alertando a Deo.

  -Siento que esto tuviera que terminar así- le respondió la casta?a notándose como sus músculos se tonificaban aún más llenándose de venas y la trenza de su cabello se soltaba erizándose su pelo suelto, sus dientes tomaron más filo y una poderosa aura de flamas la rodeo.

  -Nunca me habría esperado tener que luchar contra ti- menciono el rubio adoptando una posición en guardia.

  Alejados de allí en la playa donde desembarcaron nuestros héroes, se encontraba una amazona rubia arrastrando por el pie a un azabache derrotado y golpeado lleno de heridas totalmente inconsciente.

  -Al fin pude encargarme estas pilas de mugre, pero no contaba con recibir tanto da?o, creo que perdí un ojo- decía ella manteniendo su ojo herido cerrado.

  Esta cargo en modo de costal a los tres hombres que se quedaron para enfrentarla empezando a alzar vuelo con sus alas draconianas dirigiéndose al centro de la isla, esta de pronto siente una ligera molestia que la perturbo.

  -Maldición, se me olvido capturar al terroncito y la renacuaja, bueno, debieron morir al caer por ese derrumbe de tierra- se dijo a sí misma continuando su travesía aérea.

  Lejos de allí donde el derrumbe se pueden ver a unos heridos Jeno y Alysa, debajo de varias piedras totalmente inconscientes, ella está recostada al pecho de este cubriéndola este en gran mayoría teniendo él más da?os que la chica, por la zona de pronto se escucha un tarareo, era una mujer que estaba caminando por ahí.

  Esta mujer era muy bella, pero a la vez feroz, vestía ropas de pieles que cubrían lo justo de su tonificado y bello cuerpo como para considerarse vestida, su cabello era largo y lacio de color ámbar, sus ojos eran filosos del mismo color, esta cargaba a modo de costal un jabalí muerto notándose una gran pu?alada en su costado y en la espalda de ella se resguardaba una lanza de madera con la punta de acero, atada a su cuerpo con una cadena de hierro, esta camino hasta que su vista capto a los dos heridos entre los escombros, ella dejó al jabalí en el suelo y camino hacia ellos rápidamente.

  -??Qué demonios paso aquí?!- se preguntó exaltada esta al ver el desprendimiento tierra y al acercarse pudo ver con claridad al casta?o, -?Un hombre?- se preguntó ella notando como fruncía el ce?o al verlo, pero su vista capto algo más, como este protegía entre sus brazos a una peque?a, calmando ligeramente a la mujer.

  Esta se agachó para tocar el cuello del casta?o sintiendo ligeros pálpitos, exhalando de manera tranquila empezando a sacarlos de debajo de las piedras, arrastrándolos lejos.

  -No puedo dejarlos aquí, esto va a ser un problema- se decía ella misma sonriendo de manera nerviosa mientras que los arrastraba a las profundidades del bosque.

  Continuara...

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