Pasó un mes de recuperación.
La potente emanación de magia que Kael había emitido desgarró los puntos nerviosos mágicos de cada parte de su cuerpo, y necesitaba guardar reposo absoluto. En base a la recuperación de información que logró obtener el sistema durante ese mes, se supo que Kael estuvo otro mes más en coma... un mes de total resentimiento e incertidumbre.
Lord Garbard mantuvo la estabilidad y el orden durante ese tiempo. Sin embargo, el odio desmedido que Caria sentía hacia Freya en aquellos días era incontenible... su amiga casi había llevado a la muerte a su hijo.
Las tensiones eran casi palpables.
Tana y Caria no se despegaban de la habitación, vigilando a un exhausto y maltrecho Kael en coma. Había días en que le subía la fiebre y su cuerpo se debilitaba de forma alarmante.
Tras el despertar de Kael y su pronta recuperación, los ánimos en la mansión comenzaron a cambiar para bien. Todos los días recibía una visita nueva: soldados, sirvientas, guardianes... pero las visitas más especiales eran, sin duda, las de los ni?os. Cada día recibía historias y juguetes de Lysandra, Ronan y Althea.
El paso más importante era reforjar lazos.
En una de esas semanas de recuperación, Kael logró participar del enfrentamiento más importante: Caria y Freya. Ambas se encontraban a un costado diferente de la cama: Caria enfurecida, y Freya completamente apagada.
—?AMAAAAAA! —gritó Kael—. ?Mírame!
Caria lo miró con cierto disgusto.
—Entiendo tu pesar y tu disgusto total por los resultados... —continuó Kael—, pero nadie sabía qué pasaría. Nunca nadie había hablado con un reencarnado que conservara parte de su antigua vida. Si yo no puedo culpar a mi maestra Freya, tú tampoco. Tú eres su amiga... se cuidaron las espaldas durante a?os en la guerra. Mi maestra nunca haría algo con la intención de hacerme da?o.
Caria bajó la mirada, perturbada, llena de impotencia y frustración. No pudo decir nada.
—?Maestra! —llamó Kael con fuerza.
Freya lo miró con un rostro triste y profundamente preocupado.
—Maestra... usted intentó buscar respuestas para tener una mejor perspectiva y hacerme un bien. Nadie sabía qué pasaría... y sí, yo no la culpo por lo que pasó. Nadie debería hacerlo, porque yo fui el afectado. Si no fuera por usted, quizá hasta ahí sí habría muerto intentando realizar pruebas que sí pondrían en riesgo mi vida, por no saber los fundamentos básicos ni el conocimiento general. Usted se preocupó en cada momento y me guió para que saliera adelante... y estoy eternamente agradecido. Estoy muy feliz de que usted sea mi maestra.
Al escuchar esas últimas palabras, Freya sufrió un verdadero shock emocional que la dejó profundamente marcada. No pudo contener las lágrimas; no podía dejar de sentirse culpable.
Al ver esto, Caria logró por fin encontrar la empatía necesaria para entender desde una perspectiva distinta lo que había ocurrido. Las cosas salieron mal... pero de manera involuntaria. Nadie quiso hacer da?o a nadie.
—Freya... —dijo Caria.
Freya la miró con el rostro completamente destruido.
—Kael tiene razón... no te puedo culpar por esto. Nadie sabía qué pasaría. Estoy dispuesta a olvidar lo que ocurrió... pero aplicaré la misma metodología que con Kael. Si vuelves a provocar un evento como este, ahí sí pagarás. Primero, cualquier cosa que tengas en mente, por favor háblala en detalle con nosotros y veremos qué pasará.
—Cuando vuelva a la capital... —respondió Freya con la voz quebrada— juro que me encerraré todos los días en la Biblioteca Nacional para estudiar posibles eventos como este, para no volver a cometer un error así nunca más. Eres mi primer discípulo... nunca pensé que ense?ar sería tan divertido...
Y así, las miradas y expresiones comenzaron a sanar nuevamente... poco a poco, pero recuperando la confianza que alguna vez perdieron.
—Bueno... —dijo Kael con una sonrisa traviesa—, ya que están en buenos términos, podrían celebrarlo con un besito, como la última vez, jejej...
—?Eres un peque?o demonio! —gritaron Caria y Freya al unísono.
Y así, por ambos costados de la cama, Kael fue tomado de cada cachete por su madre y su maestra, y besuqueado sin piedad.
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Pues bien, ese era el resumen de lo que ocurrió en los dos meses posteriores a la caída de Kael...
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Este nuevo día se sentía con un aire rebosante de energía, y la jornada comenzaba con los entrenamientos matutinos.
—?JEFE MONO! ?ESTá SEGURO DE ESTO? —gritaron varios soldados, alarmados.
—Así es, mis queridos changos, ya me siento bien... —respondió Kael con total seguridad.
Ken cruzó los brazos y alzó la voz con entusiasmo.
—Pues el jefe mono ha hablado. ?Que empiece el entrenamiento, se?oritas!
—?Sigan al jefe mono! —gritaron los soldados—. ?Vamos, peque?o Ronan, no te quedes atrás!
—?Yo también quiero ser un mono! —exclamó Ronan, saltando emocionado.
Y así, Kael terminó sus ejercicios y estudios del día.
Sin embargo, había algo que no podía seguir postergando. Durante su recuperación había perdido tiempo valioso, y el Plan de Higiene debía comenzar cuanto antes.
Mientras se recuperaba, Kael le había pedido a Enta que reuniera materiales específicos.
Ahora, varias carretas cargadas se acumulaban en el patio del castillo.
Enta, exhausto pero orgulloso, había logrado conseguir todo lo que él solicitó:
montones de arena,
arcilla húmeda,
y, sobre todo, grandes bloques de piedra caliza.
Con esto, Kael tenía por fin lo necesario para iniciar la siguiente etapa: mejorar su habilidad para sintetizar materiales y sentar las bases de un proyecto que nadie en ese mundo conocía.
Los soldados, siguiendo las órdenes del joven amo, comenzaron a romper la piedra caliza en fragmentos y a cargarla dentro de un horno improvisado. Freya observaba desde la sombra del patio, atenta a cualquier riesgo.
Kael alzó la voz con firmeza.
—?Prendan el fuego! ?Necesitamos la mayor temperatura que puedan lograr!
Durante horas, la caliza ardió hasta quedar blanca como hueso.
Cuando estuvo lista, Kael se acercó, colocó la mano sobre los fragmentos aún calientes y aplicó una fina capa de magia para purificarlos, separando impurezas que el fuego no había logrado quemar.
—Ahora sí... —murmuró—. Esto es cal viva de verdad.
Con los materiales preparados, comenzó el proceso.
Arena, arcilla, agua y cal purificada fueron mezcladas en el patio por manos de soldados que no entendían qué demonios estaban fabricando.
Kael se arrodilló, puso ambas manos sobre la mezcla húmeda y dejó que su magia fluyera con cuidado, bajo la mirada estricta de Freya.
No estaba creando el concreto con magia...
solo forzando a las partículas a unirse de manera uniforme, eliminando burbujas, impurezas y fallas microscópicas.
Poco a poco, la masa se volvió más densa, más homogénea y más resistente que cualquier mortero que el castillo hubiera visto.
—Perfecto... ahora vamos a moldearlo.
Con ayuda de los soldados, Kael utilizó moldes de madera para formar las primeras secciones de ductos de alcantarillado, gruesos y simétricos. Freya observaba sin palabras: era como si el ni?o estuviera moldeando piedra viva.
Horas después, las primeras piezas fueron colocadas a un lado, listas para curarse.
Por primera vez en la historia de Cautares, existían tubos de concreto creados a medida.
Y Kael apenas estaba comenzando.
—?Lo logramos, mis monos! —gritó Kael con euforia.
—?Sí, LO LOGRAMOS! —respondieron los soldados—. Ehhh... ?qué logramos, joven amo...?
—Denme tiempo, ya lo verán... —dijo Kael con una sonrisa confiada—. Les encantará a todos.
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Tras tres días de trabajo ininterrumpido, Kael irrumpió en la sala principal con una emoción imposible de contener.
—???TENEMOS INODORO!!!
Su grito retumbó por toda la mansion.
Los altos mandos y sirvientes acudieron de inmediato, alarmados.
Laret apareció con expresión tensa.
—Kael... ?qué estuviste haciendo? ?Y por qué está cerrado el ba?o principal?
Kael infló el pecho, orgulloso.
—Lo remodelé, apa. Ahora sí es higiénico... y funciona de verdad.
Todos se miraron entre sí, completamente confundidos.
Freya levantó la mano, como queriendo excusarlo.
—Soy testigo de todo el proceso... —dijo con calma—. No comprendo cómo lo hizo, pero construyó un sistema extra?o. No parece magia elemental... pero funciona.
Kael hizo se?as para que lo siguieran.
Los condujo al ba?o recién terminado.
Al entrar, todos quedaron completamente mudos.
Isadora frunció el ce?o.
—?Qué... es esa cosa?
Kael dio un salto hacia adelante y se?aló con orgullo.
—Esto, damas y caballeros... es un inodoro. Usa agua para eliminar los desechos y los envía directamente a la alcantarilla que construí. Sin olores, sin moscas y sin infecciones.
Ken levantó la mano como un ni?o en clase.
—A ver, a ver... entonces, si yo me siento ahí... ?puedo cagar en eso? ?Y qué pasa después?
Kael no perdió ni un segundo.
—Después de cagar, tiras agua dentro de la taza. Por la forma interna —que se llama sifón— el agua se traga todo y lo arrastra hacia el ducto. Y el flujo del riachuelo que pasa por debajo se lo lleva automáticamente. Limpio y rápido.
Todos intercambiaron miradas de absoluto shock.
Tana se tapó la boca con ambas manos.
Laret parecía preguntarse si aquello era una obra divina o una locura absoluta del infante.
Caria oscilaba entre el horror y la fascinación.
Kael dio unos golpecitos en el borde del inodoro.
—No se preocupen por la taza. Está hecha de cerámica bien cocida. Es impermeable y no absorbe nada. ?La pueden lavar solo con agua!
El silencio se alargó hasta que Ken volvió a alzar la voz.
—Joven amo... esto... esto va a cambiarlo todo.
Y la idea golpeó a todos al mismo tiempo.
Ese peque?o objeto blanco, extra?o y brillante... podía transformar la higiene de todo un reino.
Caria fue la primera en romper el mutismo.
—Kael... ?cuánta magia usaste para esto?
Kael sonrió con confianza.
—Mucha magia, ama... ?pero! No me sentí mal para nada. Después de todos los entrenamientos de sintetizar que hice, ya resisto muy bien la unión de materia especializada como esta.
Luego miró a todos los presentes, con los ojos llenos de determinación.
—Y este... es solo el proyecto de inicio, porque reformaré Cautares completamente. Mi magia no es para ejercer poder... sino para ayudar a la gente.
Ken soltó una carcajada incrédula.
—Esto es genial... ?así que para eso el joven amo nos tuvo trabajando!
Kael lo miró con una expresión seria y decidida.
—No, Ken... prepárense, porque ahora se viene el verdadero reto...
Ken lo miró perplejo, completamente confundido.
Kael alzó el pu?o con emoción.
—?Vamos a hacer ca?erías de cobre!
El silencio que siguió fue denso.
Ken abrió la boca, pero no encontró palabras de inmediato.
Los soldados intercambiaron miradas entre sí, algunos confundidos, otros intrigados, y unos pocos ya sonriendo ante la locura que, una vez más, prometía cambiar sus vidas.
Freya observó a Kael en silencio, con una mezcla de orgullo, asombro y un leve temor.
Caria, en cambio, sonrió con los brazos cruzados, reconociendo por fin que aquel ni?o ya no solo rompía límites mágicos... sino los del propio mundo.
Y así, sin saberlo aún, el peque?o demonio de Cautares acababa de dar el primer paso hacia una revolución que ningún reino estaba preparado para enfrentar.

