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Refugio en cenizas

  El camino hacia el asentamiento fue largo. Kael y Lyra caminaban tras Tharion, siguiendo sus pasos como sombras que se adaptaban a la luz rojiza de la ceniza.

  A cada paso, Kael sentĂ­a el peso de su propia inquietud: habĂ­a algo en aquel guerrero que no solo imponĂ­a respeto, sino que parecĂ­a leerlos a ambos.

  El asentamiento surgiĂł ante ellos como un oasis de madera, piedra y magia antigua. Torres de vigilancia improvisadas, hogueras protegidas por campos de energĂ­a rudimentaria y aldeanos con armas de todos los tama?os y formas. Cada Soul estaba en uso, cada objeto tenĂ­a historia y fuerza.

  Tharion se detuvo en el centro, frente a una hoguera grande. MirĂł a los dos jĂłvenes y luego a los aldeanos que los observaban con cautela.

  â€”AquĂ­ viven los Herederos —dijo—. Cada uno ha pagado un precio por esta tierra. Cada arma, cada objeto, es un recordatorio de eso.

  Lyra estudiĂł todo con rapidez, tomando nota de cada dispositivo, de cada Soul y su vĂ­nculo con su portador. Kael, en cambio, sentĂ­a que algo latĂ­a en su pecho con más fuerza.

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  El silencio se rompiĂł cuando Tharion se sentĂł frente al fuego, apoyando su hacha a un lado. Sus ojos miraban las llamas, como si buscaran memorias entre el humo.

  â€”Hace tiempo… —dijo en voz baja, más para sĂ­ mismo que para ellos—… alguien caminaba a mi lado en estas tierras. Una vez tuve… alguien que confiaba en mĂ­ hasta el final.

  Kael y Lyra intercambiaron una mirada, notando que la voz del Indomable temblaba apenas un instante. No dijo más, pero el gesto fue suficiente: algo lo habĂ­a marcado. Una pĂ©rdida tan profunda que incluso el fuego parecĂ­a temer tocarla.

  â€”Pero eso ya no importa —continuĂł, volviendo su atenciĂłn hacia los dos—. Ahora ustedes están aquĂ­. Kael, Lyra, escuchad bien: no somos enemigos… todavĂ­a. Pero cada paso que den desde hoy determinará si sobreviven a lo que se avecina.

  Kael sintiĂł un escalofrĂ­o recorrer su espalda. Algo en su corazĂłn latĂ­a con fuerza, como si reconociera en ese lugar y en ese hombre un camino que aĂşn no comprendĂ­a.

  Lyra, por su parte, mantuvo la calma habitual, aunque por un instante sus ojos brillaron ante la fuerza y la autoridad de Tharion.

  El asentamiento respiraba, vigilante, como si cada piedra, cada arma, cada Soul supiera que algo grande estaba por suceder.

  Y en algĂşn lugar, más allá del horizonte de ceniza, el Nexo observaba.

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