Lyra no dudó un instante.
El recuerdo de aquella vez que el Ghoul la habÃa humillado le quemaba por dentro más que el propio fuego. Con un grito ahogado, desató un torrente de llamas desde su espada, avanzando a toda velocidad contra el ser envuelto en brasas negras.
El impacto resonó como un trueno. El fuego de Lyra iluminó la estancia, envolviendo al enemigo en un torbellino incandescente.
Pero no…
No era suficiente.
Entre el rugido de las llamas, surgió una carcajada.
La figura del Ghoul emergió intacta, sus ojos brillando como carbones al rojo vivo.
—?Eso es todo, ni?a? —murmuró con desdén.
Antes de que Lyra pudiera reaccionar, su silueta desapareció de su campo de visión. El aire se quebró a sus espaldas, un filo ardiente descendiendo con brutal precisión.
Instinto.
Solo instinto la salvó
Lyra giró sobre sà misma, levantando la espada justo a tiempo. El golpe resonó como hierro al rojo golpeando contra el acero frÃo. Las chispas volaron, el suelo se resquebrajó bajo sus pies.
La presión del ataque la lanzó varios metros hacia atrás, rodando por el suelo antes de detenerse, jadeando
—?Tsk…! —se limpió la sangre que brotaba de su frente con el dorso de la mano.
El Ghoul se acercó lentamente, cada paso dejando marcas ardientes en las piedras.
—Sigues viva… eso ya es un progreso.
La rabia de Lyra estalló. Volvió a cargar, esta vez encadenando golpes veloces, buscando abrir cualquier espacio. Espadazos de fuego, estocadas envueltas en llamas, explosiones controladas que llenaban el aire de humo y calor.
El Ghoul retrocedÃa, pero no con dificultad, sino con diversión. Bloqueaba con un solo brazo, desviaba con giros de mu?eca, dejaba que las brasas lamieran su piel sin inmutarse.
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—Más… —susurró, con esa sonrisa maldita grabada en su rostro—. ?Muéstrame más!
Un intercambio feroz se estalló.
La sala se convirtió en un campo de fuego, columnas de piedra se establecÃan bajo el choque de energÃas. Lyra rugÃa, cada ataque más desesperado, cada movimiento buscando demostrar que habÃa cambiado, que ya no era la misma que habÃa perdido contra él.
Pero el Ghoul…
El Ghoul no hacÃa más que crecer.
Su fuego oscuro devoraba el de ella, expandiéndose como un incendio imposible de apagar.
En un instante, se deslizó por su guardia. Su garra ardiente rozó el costado de Lyra, arrancándole un grito. El olor a carne quemada llenó el aire, y ella apenas logró apartarse, tambaleando.
Cayó de rodillas, apretando el suelo con una mano. El sudor y la sangre le nublaban la vista.
El Ghoul la miró desde arriba, con una sombra de satisfacción en su expresión incandescente.
—Eres tenaz, Lyra. Pero aún no basta.
Ella aprieta los dientes, levantando su espada otra vez.
Aunque el dolor la consumÃa, en sus ojos ardÃa una llama que no se dejaba extinguir.
—No… —jadeó, poniéndose de pie con esfuerzo—. No voy a caer ante ti…
El Ghoul miró con un brillo de interés en sus ojos.
—Bien. Muéstrame hasta donde llegan tus llamas.
El choque estaba lejos de terminar.
Lo que habÃa comenzado como un simple duelo estaba por convertirse en un combate que marcarÃa el destino de ambos.

