Tras una larga caminata, Kael y Noisi finalmente llegaron a la Ciudad Blanca.
A simple vista, el lugar parecÃa un refugio de luz. Calles limpias, muros claros que reflejaban la luna, faroles que te?Ãan la noche de un blanco cálido y enga?oso. Pero Kael lo sabÃa.
La Ciudad Blanca brillaba solo por fuera.
Por dentro… era un pozo.
Y esta vez, Kael no habÃa venido a observar.
HabÃa venido a poner fin a quien gobernaba aquel lugar.
Antes de adentrarse más, decidieron detenerse en un peque?o restaurante cercano a la plaza principal. El aroma de la comida contrastaba demasiado con el presentimiento pesado que Kael llevaba en el pecho. Se sentaron frente a frente, el murmullo de otros clientes llenando el aire.
Noisi dudó un instante… y luego habló.
—Kael… —dijo con cautela—. Puedo preguntarte algo?
Kael levantó la mirada.
—Adelante.
—?Qué te trajo hasta aquÃ… de verdad?
El silencio cayó como una sombra.
Kael bajó la vista, sus dedos rodeando el borde del vaso. Durante un segundo pareció buscar palabras que no querÃa encontrar.
—Estoy en un viaje —respondió al final—. Para recuperarme de… un incidente.
No dijo más.
Noisi lo entendió de inmediato.
—Lo siento —dijo rápido, bajando la cabeza—. No deb×
Una peque?a risa escapó de Kael. Breve. Frágil.
Desapareció tan rápido como habÃa nacido.
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—Tranquilo —dijo—. No pasa nada.
El ambiente se relajó apenas. Kael aprovechó el momento y cambió el rumbo de la conversación.
—Tú habilidad —dijo—. Dijiste que era regeneración… pero no es común, ?verdad?
Noisi parpadeó, sorprendido.
—Ah… eso.
Se quedó pensando un momento, y luego habló con una honestidad que pesaba.
—Cuando curo a otros… siento todo su dolor. Cada herida. Cada hueso roto. Cada desgarro. —Sonrió, aunque sus ojos no acompa?aron—. No es solo fÃsico. También emocional.
Kael no lo interrumpió.
—Mi alma tiene un exceso de energÃa —continuó Noisi—. Gracias a eso puedo regenerar partes perdidas, no solo cerrar heridas. Pero el precio… —apretó los dientes—. El dolor es insoportable.
Kael lo observó con atención. No vio debilidad.
Vio algo mucho más raro.
—Y aun asà sonrÃes —dijo Kael.
Noisi encogió los hombros.
—Si puedo salvar a alguien… vale la pena.
Kael asintió en silencio.
No lo dijo, pero en su mirada habÃa respeto.
Pagaron y salieron.
El centro de la ciudad estaba agitado. Una multitud rodeaba una confrontación. En medio, un joven de sonrisa arrogante descargaba golpes sobre otro chico caÃdo, mientras sus amigos intentaban protegerlo inútilmente.
—?MÃrenlo bien! —gritaba el agresor—. ?Asà termina cualquiera que se cruce conmigo!
—Kaisel… —murmuró alguien entre la multitud.
Noisi dio un paso al frente.
—Kael, yo—
—Ve —respondió Kael sin mirarlo.
QuerÃa verlo.
QuerÃa entender quién era Noisi cuando nadie lo protegÃa.
—?Oye! —gritó Noisi—. ?Detente!
Kaisel ni siquiera lo miró.
Siguió golpeando.
Noisi se acercó y apoyó una mano en su hombro.
Ese fue el error.
Kaisel giró con furia y le lanzó un golpe directo al rostro. Noisi salió despedido varios metros, cayendo con fuerza contra el suelo.
La multitud contuvo el aliento.
Kael avanzó.
Paso a paso, atravesó a la gente. Kaisel lo vio acercarse y sonrió con burla.
—?Y tú qué? ?Su ni?era?
Kael no respondió.
Se detuvo a dos metros.
—Detente —dijo.
Kaisel respondió pateando al chico caÃdo.
Algo se quebró.
El mundo cambió.
Kaisel sintió que el suelo desaparecÃa bajo sus pies.
Un cielo rojo ceniza lo envolvió. El aire ardÃa. El suelo, carmesÃ. Frente a él se alzaba un árbol seco gigantesco, retorcido… y en su centro en ka copa del arbol, un ojo rojo colosal que lo observaba.
La presión cayó como una monta?a.
Kaisel se desplomó, incapaz de respirar.
—no puedes respirar?—dijo Kael, caminando hacia él—. Aun te sientes capaz de amenazar a los demas.
Cada paso era una sentencia.
—Y ni siquiera estoy usando todo mi poder —continuó con calma aplastante—. ?No soportas esto?
Kaisel temblaba, jadeando, su corazón a punto de estallar.
—Eres débil —concluyó Kael—. Debes Mejorar.
La realidad se resquebrajó.
El mundo volvió.
Kaisel quedó tirado en el suelo, empapado en sudor, temblando, incapaz de levantarse.
Kael se dio la vuelta.
—Vamos, Noisi.
Sin mirar atrás, se alejó.
La Ciudad Blanca seguÃa brillando…
pero ahora, algo en ella habÃa aprendido a temer.

