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Un café ordinario

  Nunca me di cuenta de que mis días fueron siempre tan reservados; tan inmóviles y monotonos. Desde que entré a la universidad mis días han sido lo mismo — día tras día cometo el cruel acto de no salirme de mi camino. Misma calle, mismo desayuno, misma interacción, mismo compromiso, mismo interés... Mi vida se ha vuelto gris. Diferente de como pensé que sería la vida, honestamente.

  Me vine a vivir a esta peque?a región de una peque?a ciudad alejada. Mis padres entendieron mi decisión de irme, mi carrera y mi comodidad fue lo que más me importó en ese momento; no quería separarme de todos... Pero aún así, se muy bien que no había mucho que dejar detrás — ellos nunca se preocuparon de más por mi, siempre fue ella, mi hermana, que se llevaba toda la atención y los bienes.

  Pero nunca me importó realmente; siempre tuvimos buena relación, así como tenemos muy buenos recuerdos juntos. Megan y yo siempre fuimos unidos — incluso fue conmigo a la terminal para intentar convencerme de no ir a estudiar tan lejos. Pero necesitaba ese cambio de aire, necesitaba tomar las riendas de mi vida, no seguir estando debajo de todo eso.

  —"Que miserable vida tengo"— me dije, mirando mis ojos verdes en el espejo, mientras peinaba mi pelo casta?o con mis manos.

  —"?Que debería ponerme hoy?"— pensé en voz alta, quizás algún cambio en mi ropa me lleve a mi desarrollo de personaje, o algo así —"Para que intentar... Al final volveré a ir al mismo lugar, con las mismas personas que están tan concentradas en si mismas... Que ni siquiera notarán si falta su compa?ero de asiento en todo lo que queda de a?o".

  No puedo dejar de pensar en lo pesimista que me he vuelto — solía so?ar con ser libre, con tener mi propia vida y avanzar los grandes pasos de la adultez... Y ahora a mis veintitrés a?os estoy atascado en esa universidad y en esa tienda para conseguir lo suficiente para este piso, mis comidas y mis materiales, y a veces tengo que sacrificar una de esas últimas dos cosas... Todo por estas cuatro paredes delgadas — pero bueno, al menos no tengo vecinos en este piso aún, puedo disfrutar de este silencio tan acogedor.

  Comencé a cantar, agarré mi camisa verde y mis pantalones oscuros y me vestí mientras pensaba en si podía hacerme para almorzar o comprar algo de camino al trabajo... Pero no pude decidirme, y eso significó que comprar comida era la decisión ganadora, ya no había tiempo para preparar algo.

  Agarré mis zapatos negros de cuero, por suerte los compré sin cordones y solo los tiré, preparados en la puerta, mientras me ponía mis medias blancas y metía cuidadosamente mis pies dentro de cada uno, cuidando de no arruinarlos.

  —"Aquí vamos"— eso dije, mientras salía de mi habitación, la 505, y me dirigía al ascensor. Pero algo captó mi atención, una habitación en el fondo del pasillo, parece ser la 510, tiene la puerta entreabierta y la luz encendida — quizás llegó el día de tener vecinos en este piso... Joder.

  Mientras caminaba a la parada del bus, un pensamiento recorría mi cabeza — ?por qué soy tan poco sociable? — realmente no se la razón... ?Por qué alguien que no ha sido dado de razones para ser introvertido, aún así puede serlo?

  Lo pienso una y otra vez, pero no avanzo, no encuentro la razón del por qué me alejo tanto de las personas, del por qué me siento más cómodo en soledad.

  Llegado a la parada algo llamó mi atención, un grupo de palomas en la línea de luz. Habían seis de ellas acomodadas en una región del largo cable y una séptima se colocó encima del poste, aún teniendo espacio con el resto —"?por qué estás ahí?"— pregunté en voz alta, más para mí mismo que para el exterior... Y entonces me di cuenta — la paloma se debe sentir cómoda — podría estar en ese poste porque balancearse sobre el cable ha de ser complicado para ella... ?Eso quiere decir que así me siento yo también? ?Me siento más cómodo en esta situación? Estando solo, estando tranquilo... ?Quizás así sea como me es más cómoda la vida y ya está?

  Miré al grupo de palomas de nuevo, que después de una fuerte ráfaga proveniente del viento de oto?o, salieron despegadas al cielo con un fuerte aleteo, dejando detrás a la paloma recostada en el poste, sola —"O quizás estoy equivocado"— dije, resignado a encontrar una respuesta a mi situación, o a la de la paloma.

  Y así como así, llegó el bus que me llevará a la universidad. Tantas caras conocidas, y aún así, no se quién es ninguno de ellos — ?por qué lo sabría? — realmente no he hablado directamente con alguno de ellos y ni se si po—"Hola ?Tomás, no? Puedo preguntarte algo?"— una voz se alzó de uno de los asientos, mientras sentía una mano pellizcando mi pantalón, evitando que siguiera avanzando.

  —"Eh... ?Si? ?Cómo no?"— le dije al chico, su cabello era rubio, tenía una sonrisa preocupada y sus ojos cerrados, como si algo le tuviera incómodo.

  —"Ven, siéntate"— dijo, mientras daba palmadas en el asiento con la misma mano que justo había soltado mi pantalón.

  Mientras me sentaba miré detenidamente al chico, parece ser alto, sus ropas están llenas de colores y patrones sin sentido, casi son ilusiones ópticas. Y sus ojos... Sus ojos son celestes, este chico parece un modelo.

  —"?Qué pasó?"— le dije, algo incómodo por la repentina familiaridad —"Verás, Tomás, me siento detrás tuyo en el salón de artes, y quería pedirte un favor"— mientras decía eso sus ojos miraban a todos lados menos a mi, la situación lo estaba dejando incómodo incluso a él.

  —"Lo siento, realmente no te había visto"— le dije, fui honesto, aunque pensándolo bien, quizás debí fingir saber de él.

  —"Oh, está bien, se que eres reservado"— espera ?Qué? ?Reservado? Se que no hablo con mucha gente, pero realmente no tengo problema si me hablan, la cosa es que nadie me ha hablado... ?Por qué no me hablan? —"...y nada ?Podrías ayudarme con eso?"— terminó, pero no escuché nada de lo que dijo.

  —"Lo siento... ?Qué? ?Puedes repetirlo?"— trágame tierra...—"Ah, si... Junto a tí se sienta la chica que me gusta... Quería pedir tu permiso, quisiera acercarme a ella y quizás si hablo contigo puedo llamar más su atención".

  —"?Disculpa? Acabas de admitir que me quieres usar"— le cuestioné, arqueando mi ceja y poniendo mi espalda más recta.

  —"Bueno, algo así... Aunque realmente no quería solo abusar de tu confianza y hacerlo así cómo así... ?Puedes ayudarme con esto?".

  —"?Oh! Está bien, ehh~ ?Cómo decías que te llamabas?".

  —"Soy Adrián, mucho gusto... Y muchas gracias Tomás".

  —"Si, si~ Adrián, escúchame un momento"— me puse serio y agarré su hombro derecho, mirándolo directamente a los ojos —"no conozco a esa chica, ?sabes? No sé en qué te conviene, pero espero poder ayudarte".

  —"Hombre... No sabía que eras tan amigable".

  —"?Qué te dió esa idea?"— le pregunté, algo contrariado.

  —"Oh, es que en clase siempre tienes esta mirada tan seria, estaba tan asustado de preguntarte...".

  —"Ah..."— nunca lo había pensado así, es verdad que estoy siempre dentro de mi cabeza...

  —"A ver, Adrián... Que esté haciendo ésto no quiere decir que me parezca que estés haciendo lo correcto. Usar mi posición así, preguntándome, no lo hace mejor".

  —"Ya, ya... Perdón. Pero prefiero decírtelo que solo molestarte en clase para conseguir lo que quiero".

  —"Oye, oye... ?No eres demasiado noble?".

  —"?Tú crees? La verdad me siento bastante egoísta".

  Hice contacto visual por unos momentos, sin decir nada — es demasiado noble...

  —"?Tomás?".

  —"Ah, ?si! Vemos que hacemos en clase, cuando llegue el momento".

  —"?Claro! Nos vemos brother".

  —"Nos vemos..."— no puedo evitar pensar que tiene demasiada confianza también...

  Y así como apareció, saltó mis piernas hacia el pasillo del bus y esperó al lado de la puerta a qué se abriesen, sonriendo con un gesto de victoria en su cara... Es el típico chico guapo, y a su vez, es un idiota...

  Así que entré a la universidad, tuve una aburrida clase de literatura clásica y ópera, casi me quedo dormido por completo — pero son créditos, supongo... Al salir de las interminables 3 horas de reloj que duró, fui detecto al pasillo del primer piso, donde hay una máquina de café en la que siempre suelo pedir lo mismo — un Capuchino simple y le echo tres bolsitas de azúcar.... Todo por el módico precio de 25 pesos, una ganga. Pero mis ojos me enga?aron, en frente de la máquina había una vista que no podía pasar desapercibida — esas ropas coloridas y ese pelo rubio... Adrian.

  —"Que onda"— le dije, en voz baja mientras me acercaba a la máquina.

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  —"?Hombre! ?También usas esta máquina?".

  —"Si, casi siempre... Nunca te vi cerca".

  —"Cierto, no es el horario en el que suelo venir... ?Pero oye! Es una ganga".

  —"Ahí llevas razón...".

  —"Hoy quise probar algo nuevo ?sabes? Pero realmente no estoy para este sabor hoy... ?Quieres?".

  —"Seguro... ?Pero qué es?".

  —"Ni idea, creo que decía algo con 'chocolate', o así".

  —"A ver..."— tomé un sorbo y mis ojos se abrieron de par en par —"Oye a esto le falta azúcar".

  —"?Ves? Es muy raro, una bebida así debería de ser dulce".

  —"Adrián... ?Cuál es el que llevas normalmente?"

  —"Oh, el americano dulce".

  —"Adrián..."— pegué un suspiro mientras me acercaba a la máquina y abrí una compuerta a la derecha de esta, dónde están guardados los sobrecitos de azúcar —"No todas tienen el azúcar incluído, por eso aquí guardan el azúcar".

  —"?En serio?"— acerca su cabeza a la compuerta para revisar —"?No jodas! ?No debería de haber un cartel o algo diciendo eso? ?Cómo iba a saber?".

  —"Lo hay, en el tablero de anuncios de la administración. Hay un cartel que dice dónde está la máquina y dice como usarla, y también dónde guarda el azúcar".

  —"Creo que acabas de mejorar mi experiencia en esta universidad en un doscientos por ciento".

  —"Si tú lo ves así, ahora no quiero volver a ver quejas tuyas sobre una bebida amarga... Está máquina es tan buena que hasta quiero una para mí casa".

  —"Sería una buena adición, seguramente".

  —"?Obviamente! La pondría junto a la nevera, seguramente quede perfecta ahí".

  —"Seguro que si... Oye Tomás. ?Vamos juntos a artes?".

  —"Em... ?Si?"— me tomó por sorpresa... No esperé que pasara así.

  —"?Te sigo capitán!".

  —"Si, si..."— y así, fuimos directo al salón de artes en el segundo piso.

  Mientras caminamos miré a través de la ventana del pasillo, mientras Adrián parloteaba sobre anatomía y perspectiva — como si la siguiente clase de artes no fuera a mencionarlo de nuevo.

  Este muchacho está encima de mí como si me conociera de toda la vida... Y me está contagiando ese sentimiento... Es como si fuera un amigo de ver—"?Qué hiciste para el trabajo de la clase pasada?"— me dijo Adrián, sacándome de mi cabeza.

  —"Am...".

  —"?Estás bien Tomás? Estás algo ausente".

  —"Si... Si, no te preocupes. ?Qué era lo de la clase pasada?".

  —"?Tú olvidaste de un trabajo? No creí que fuera así"— agregó, mostrando una sonrisa juguetona.

  —"?Era lo de planear una 'story board' para un corto?".

  —"?Nah! No me dejas ser feliz".

  —"Y bueno, ya sabes con quién no te debes meter".

  —"Ya estamos aquí".

  —"Ah si... Entonces, ?qué hacemos?".

  —"?A qué te refieres?".

  —"?Qué vas a hacer con la chica?".

  —"Ah, no pasa nada, solo se tu mismo, de todas formas me divierto hablando contigo".

  —"?Seguro? ?No quieres que te ceda el asiento por hoy?".

  —"No sería capaz, ya te pedí demasiado".

  —"No te preocupes Adrián"— puse mi mano en su hombro una vez más, mirando por la ventana detrás suyo, había una paloma en la saliente del bloque de al lado. Mientras otra paloma voló hacia ahí y se sentó al lado suyo.

  —"?Sabes algo? Solo hagamos esto".

  —"Obvio si, no te preocupes por mí".

  Dentro del salón estuvimos juntos todo el rato, compartimos analisis sobre nuestros trabajos, hablamos de las mejores formas de mostrar mensaje en un encuadre... Adrián decía que poner objetos en primera plana que parecen no transmitir nada, pero ocultan un mensaje para la historia.

  Yo le dije que no hay mejor forma de transmitir mensajes que usando metáforas visuales, mostrar como se hacen las cosas en primer plano, en un cambio de escena.

  Y así avanzó el día, Adrián no le habló en ningún momento a la chica — parece que se olvidó totalmente estando en nuestras charlas... O quizás no le di ninguna apertura para que fuera con ella. Luego de algunos minutos salimos de la clase juntos hacia la entrada del campus. él luce algo serio...

  —"Al final no pudiste hablar con ella".

  —"?Eh? ?De qué hablas? Nunca intenté hablar con ella".

  —"Ya... Lo siento".

  —"?Por qué pides perdón?".

  —"Ah... Pensé que no habías interactuado con ella por hablar conmigo".

  —"?De qué hablas? Estaba hablando contigo porque quería hablar contigo".

  Hubo un silencio, no sabía si creer lo que dice, o pensar que lo dice por lástima... No quiero saber la respuesta realmente — pero quiero confiar en él.

  —"Bueno... Ya habrá otro momento".

  —"?Claro! Además, ella nos miró varias veces".

  —"?Si? Me alegra que hayas hecho ese avance".

  —"Seguro pensó que domestiqué a un animal legendario o algo así".

  —"Oye, ?qué te pasa?"— le di un golpe suave en el hombro, soltando un suspiro, y sonreí —"Sigue avanzando con ella".

  —"Sabes que lo haré".

  —"Bueno... Me tengo que ir, no llegaré al trabajo sino".

  —"?Dónde trabajas? ?Está lejos?".

  —"Trabajo en un super cerca de aquí. Seguro lo conoces, es el Hito-mo que está a unas cuadras".

  —"Creo que lo he visto, algún día te iré a trabajar, amigo".

  —"No lo hagas a menos de que compres algo".

  —"No prometo nada"— dijo entre risas y me extendió su mano, correspondí apretando su mano —"Nos vemos Adrián".

  Fui solo al trabajo, quedaba algo de tiempo todavía, una parte de mi quería escapar de esta interacción tan rara de hoy y dijo que llegaría tarde... Pero no es así. Creo que mi turno empieza en 30 minutos.

  Camino, dando paso tras paso, mirando lo vacía que se ve la calle, son las 12:15 — todos están en su lugar haciendo lo que deben hacer... Cómo debe ser — y como me toca a mí.

  Veo al doblar la esquina la dichosa tienda en la que paso parte de mi día, y empiezo a recordar los apuntes de la clase mientras me acerco.

  —"Ya estoy aquí"— dije en voz alta al entrar al Hito-mo, anunciando mi llegada.

  —"Justo a tiempo Tomás, me alegra. Estoy algo atrasada, puedes cubrirme desde ahora?".

  —"Como no érica, solo echa el spray en la caja, desde aquí huelo que estuviste fumando".

  —"Ya cállate, el spray está debajo de la caja, en las gavetas".

  —"Avisa que te fuiste más temprano. Adiós"— esta mujer me pone de los nervios, siempre de un lado para otro y dejando este horrible olor a cigarro... Al menos me pagan por el tiempo que hago cuando entro en su turno.

  Me cambié la camisa por el característico polo azul de la tienda con mi nombre grabado en el pecho. Y fui a las neveras a reponer algunos congelados.

  El día pasó tranquilo, lo que eran las 12:45 se transformó en las 20:45 — con unos treinta y nueve clientes atendidos y largas jornadas de reponer estantes yo solo se acabó el día. Esperé a que el siguiente compa?ero llegase, ya con mi ropa normal encima y mi mochila en el hombro.

  No tardó mucho en llegar, y así como llegó, salí del local directo a la parada.

  Caía el sol en el horizonte pintando los edificios de un naranja vibrante y cálido. Abrazando la calle en un último saludo de despedida. Estoy solo en la parada del bus, con una lámpara sobre mi cabeza que parpadea cada 57 segundos exactos, y un grillo lejano en un callejón oscuro.

  Me quedé embobado por la quietud hasta que el sonido del bus frenando al verme me despertó, y entré sin pensarlo en el transporte. Pagué el viaje y me senté.

  Avanzaba el ómnibus por las calles, ví la universidad por la ventana, el edificio del hospital regional y la torre del reloj... Una hermosa edificación que ha sido revitalizada hace poco, un equipo de estudiantes de arquitectura hicieron una renovación junto al gobierno y quedó así, llena de luces y con materiales más resistentes... Honestamente es una hermosa obra... Pero... Joder este no es el camino a casa.

  Me levanté y me acerqué al chófer, toqué su hombro para llamar su atención y le dije —"Disculpa ?qué número de línea es este bus?".

  —"La 2-B, jóven".

  —"Mierda, este no es mi bus... Me bajo por aquí".

  —"Oh, claro, espera la siguiente parada".

  —"Claro, gracias".

  Al llegar a la parada me bajé, era una calle larga, iluminada por carteles de neón por todos lados — creo que nunca estuve aquí.

  Puse la mochila en mis dos hombros y apreté las asas, solo por si acaso, es una ciudad segura, pero nunca hay que pecar de confiado.

  Caminé por la calle un poco y de la nada empezó a llover — no traje paraguas para hoy — así que miré a los locales alrededor. Hay un lugar brillante que parece un teatro, sus luces amarillas me ciegan de solo mirarlo; en frente hay una lavandería, está llena de personas haciendo la colada y esperando su turno; metros más arriba hay un bar, tiene un cartel que recita "Diner" — está mal escrito o es el nombre del local — está muy poblado, personas bastante mayores y jóvenes conviviendo y riendo... Miro un poco más y en frente de un súper japonés había un Café,"Big?Boots" eso dice un cartel de neón rojo que sobresale del lugar, se ve tranquilo, con pocas personas — creo que entraré ahí.

  Algo empapado por lluvia que me cayó encima mientras escaneaba la zona, me acerqué a la puerta del lugar y miré al callejón entre los edificios — una moto negra está aparcada con un candado en cada rueda, su color negro brilla con la luz rojiza del cartel, tiene unos stickers coloridos pegados en el costado y está en muy buena condición, su due?o debe tenerle mucho cari?o.

  Sin más dilación entro al local, veo a tres personas a parte del hombre detrás del mostrador a quien le pongo el ojo encima. Asumo que está en sus treinta por su cara, viste con ropa de camarero — una camisa blanca, una servilleta roja doblada en el bolsillo del pecho y un delantal negro — tiene ojos marrones oscuros y su pelo casta?o está te?ido de amarillo, dejando ver su color natural solo en sus raíces. Su expresión es serena y dirige su mirada hacia mí al darse cuenta de que estaba parado sin hacer nada, mirándolo.

  —"Adelante, pasa nomás".

  —"Ah, si... Gracias"— dije con voz boba y mirando hacia abajo, me acerqué a la barra y miré a los ojos al hombre —"Hola, me darías un Capuchino por favor...".

  —"Andando... Serían $140".

  —"Ah... Claro, aquí tienes"— joder que caro que es fuera de la universidad...

  —"No te había visto por aquí antes"— dijo el hombre —"?eres nuevo en la ciudad o algo así?".

  —"Eh~ no, no soy nuevo, ya son cuatro a?os aquí".

  —"?Cuatro a?os y nunca ví tu cara? Donde estabas metido?"— me preguntó dándome la espalda mientras preparaba la máquina de expreso.

  —"Solo estuve muy ocupado en... la rutina... ya sabes".

  —"Se nota, siento que estás algo cansado... Tranquilo este es el mejor café de la ciudad, seguro te ayuda".

  —"Gracias, gracias... Oye, em... ?Sabes cómo ir al edificio Ludgbell desde aquí?.

  —"Si me hubieras preguntado hace 2 días no lo hubiera sabido. Justo un cliente habitual se mudó ahí".

  —"Es cierto... Alguien nuevo estaba llegando hoy".

  —"Pero si, me contó que iba en moto, pero con lo perdido que estás supongo que prefieres la indicación de los buses, ?no?".

  —"Si, algo así".

  —"Mira, tienes que cruzar cinco calles luego de la lavandería. Una vez allá vas a ver un restaurante haciendo esquina, giras ahí y a una cuadra está la avenida por la que pasa el 1-B, ese mismo pasa por el Ludgbell".

  —"Te lo agradezco muchísimo, em...".

  —"No tienes que hacer el silencio incómodo, me llamo Henry... Si, lo sé, mis padres quisieron sonar estadounidenses".

  —"Es buen nombre, eres el único Henry que conozco además".

  —"Si tú lo dices"— se dio media vuelta, tomó una copa de cartón y vertió la leche recién presurizada luego del expreso —"Aquí está tu capuchino, jóven sin nombre".

  —"Tomás, me llamo Tomás".

  —"Un gusto en conocerte Tomás, si aprendes la dirección del lugar ya sabes que puedes venir cuando quieras".

  —"Algún día lo intentaré. Muchas gracias".

  —"No olvides echarle azúcar a eso".

  —"Tranquilo, tengo experiencia con estas cosas".

  Tomé tres sobres de azúcar y me dirigí a la mesa más separada que pudiera encontrar, en este caso supuse que estaba al doblar de la esquina donde no parecía haber nadie, caminé despacio cuidando de no tirar el café recién hecho de mi vaso y giré la esquina. Habían dos mesas de cuatro, estaban tan juntas que el due?o decidió separarlas con una pared; uno de los "cubículos" estaba ocupado así que tomé el de al lado, ni siquiera pude ver a la persona que estaba ahí, todo por concentrarme en no tirar mi café de 140 pesos.

  Agarré mis tres sobres de azúcar y vertí uno por uno... Hasta que me di cuenta que no tenía nada para removerlo, así que me levanté de mi silla, dejando mi mochila empapada en el piso y salí a la barra a pedir una.

  —"Henry, ?tendrás algo para remover el café?".

  —"Cómo no, justo aquella chica entregó está cuchara, déjame la lavo y ya te la paso".

  —"Cuanta honestidad".

  —"Ser honesto es una virtud, siempre que puedas decir la verdad, hazlo. Un consejito mío".

  —"Intento vivir con eso en mente".

  —"Seguro que sí, no te ves un mal chico... Oye, te ves joven, ?cuántos tienes?".

  —"Tengo veintitrés, ?y tú?".

  —"Tengo treinta y cuatro, ya me hago mayor".

  —"No los aparentas, hombre".

  —"Lo sé, intento todos los días no verme tan viejo"— pausó y me dió la cuchara —"Tome usted".

  —"Te lo agradezco"— tomé la cuchara y volví a mi asiento, pero la chica que estaba sentada ahí ya no estaba. Al pasar por al lado de su mesa miré y ví las marcas de su vaso de café en su superficie, recién hechas. Una mancha que quedará para la historia de este local... Es un lugar acogedor, creo que vendré alguna otra vez.

  —"Ahora... La prueba de la verdad"— agarré mi café recién mezclado y lo tomé, su sabor era excepcional, el café marcaba presencia — seguramente sea recién molido. La leche está cremosa y dulce, la hizo con mucho cari?o... Incluso el azúcar, era azúcar rubia, eso le dió un sabor tan diferente... Tengo que probar todo su menú.

  Pero por ahora debo irme — tengo una casa que alojar.

  Me levanté de mi asiento y llevé el vaso de cartón conmigo, no sin antes devolver la cuchara y decirle un "hasta luego" a Henry — que buen tipo...

  Camino siguiendo las instrucciones que se me dieron, las calles perpendiculares a la avenida suelen ser muy oscuras, esta no es la excepción... Apuro el paso, escuchando el agua debajo de mis pies salpicando mis zapatos.

  Después de caminar un rato llegué a la parada, conseguí no mucho después un bus que en unos minutos me llevó de regreso al Ludgbell, entrando por la puerta principal miré al costado, al aparcamiento, la misma moto negra con stickers coloridos está ahí — es cierto — Henry dijo que el due?o de la moto era quien se mudó al edificio... Por dios... Solo espero que no sea muy ruidoso.

  Entré al edificio, saludé con la mano al portero y subí las escaleras despacio. Luego de un rato llegué al quinto piso y caminé hasta mi puerta, no sin antes mirar la 510, su puerta ya está cerrada, no hay música, no hay ruidos... Pero no puedo cantar victoria, quizás está cansado del día y durmió de golpe, no puedo estar seguro todavía de si mi nuevo vecino es una molestia.

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