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Capitulo 2: Nacimiento

  Yui despertó con el suave murmullo de voces y el aroma reconfortante del humo de le?a. Parpadeó lentamente, tratando de reconocer dónde estaba. A su alrededor había una casa peque?a y sencilla, pero sus paredes parecían irradiar una calidez que le resultaba extra?amente familiar… una sensación de pertenencia que no había conocido en a?os.

  — ?Estás despierta, peque?a? —preguntó una voz suave.

  Una mujer de rostro amable se inclinó junto a ella. Sus manos, aunque callosas, tenían un tacto sorprendentemente delicado. A su lado estaba un hombre robusto, con vestimentas de cuero envejecidas por el tiempo: el anciano de la aldea. Detrás de ellos asomaban dos muchachas, preocupadas, con rasgos que mezclaban humanidad y algo sutilmente mágico.

  —La encontramos al borde del bosque… apenas respiraba —dijo el hombre, cruzándose de brazos—. Tuvimos suerte de llegar a tiempo.

  Yui abrió la boca, pero su voz falló. La mujer le ofreció un cuenco de agua.

  —Bebe despacio, cari?o —susurró la mujer.

  El agua tibia recorrió su garganta como una caricia. Por primera vez en lo que se sentía como una eternidad, una brasa de calidez se encendió en su interior gracias a la inesperada bondad de desconocidos.

  El descanso de medio día fue un bálsamo que le permitió recuperar fuerzas. Cuando la familia Heart preguntó por su estado, Yui respiró hondo y, con la voz quebrándose en cada frase, comenzó a relatar su historia.

  —Yo… perdí todo —admitió, con lágrimas silenciosas manchando sus mejillas—. No sabía si… si quería seguir adelante.

  Las hijas, Elara y Lyra, se acercaron sin dudarlo. Elara, la mayor, le tomó la mano con delicadeza.

  —Nadie debería cargar sola con un dolor así —dijo suavemente.

  Lyra, de espíritu inquieto, la abrazó con fuerza.

  —Aquí estás a salvo. Te lo prometemos.

  Los padres asintieron en silencio.

  —Puedes quedarte todo el tiempo que necesites —a?adió la mujer Heart.

  Justo cuando la conversación empezaba a calmarse, el se?or Heart comentó:

  —En esta aldea vive un mago elfo. Un hombre sabio. Nos protege de las bestias y de cualquiera que venga con malas intenciones. Quizá… pueda ayudarte a encontrar tu camino.

  La mención de un elfo despertó algo en Yui: curiosidad, esperanza… y un leve miedo.

  El paso de los días fue amable con ella. La recuperación fue lenta, pero constante. La vida tranquila en la aldea y la compa?ía de la familia Heart obraban como un bálsamo que la alejaba de las sombras que aún la perseguían.

  Elara, serena e inteligente, la llevaba al huerto de hierbas.

  —Tómalas, huélelas… tus sentidos élficos regresarán. Sólo necesitan tiempo —le decía con una sonrisa tranquila.

  Lyra, en cambio, era un torbellino.

  — ?Vamos, Yui! ?Quiero mostrarte el río! ?Y el viejo puente! ?Y la colina de las luciérnagas! —arrastrándola de la mano sin esperar respuesta.

  Poco a poco, Yui comenzaba a reencontrarse consigo misma… con su naturaleza élfica.

  Pero la figura del misterioso mago elfo no dejaba de rondar sus pensamientos.

  “Quizás él pueda ense?arme… quizás pueda explicarme por qué sobreviví.”

  Finalmente, decidió buscarlo. La familia Heart le dio su bendición, y Lyra insistió en acompa?arla.

  — ?No acepto un no como respuesta! —dijo con un dedo alzado y mirada desafiante.

  La morada del mago era una peque?a caba?a cubierta de musgo, enclavada entre robles jóvenes y rodeados de un aura tranquila. Yui sintió cómo el aire cambiaba, más denso, más vivo.

  Lyra tocó la puerta con energía.

  — ?Maestro Aerion! ?Traje a alguien especial!

  La puerta se abrió con un suave chirrido. Un elfo de larga y plateada cabellera los observó. Sus ojos—profundos, antiguos—contenían la sabiduría de siglos. Su porte irradiaba calma.

  —Así que tú eres la joven que encontraron en el bosque… —dijo Aerion, evaluándola con una mirada que parecía capaz de ver más allá de la piel y los huesos—. Entra. Tu espíritu tiene muchas historias que contar

  El corazón de Yui dio un vuelco.

  El destino volvía a moverse

  Yui le habló del peso insoportable que cargaba, de la noche que destruyó su hogar y de la sombra que aún la seguía. Aerion escuchó en absoluto silencio, sin interrumpir, sin juzgar; pero no era un silencio hueco, sino uno profundo, cargado de empatía. Cada palabra de la joven parecía resonar en él con una familiaridad dolorosa.

  Cuando Yui terminó, Aerion cerró los ojos un instante. Su voz, al hablar, tenía un matiz distinto, como si abriera una puerta que llevaba a?os cerrada.

  —Tu dolor… no me es ajeno —dijo con una calma que apenas lograba ocultar algo más hondo—. Hace mucho tiempo, yo también conocí esa aldea. Tu hogar. Fui criado entre sus árboles y sus festivales de luz. Pero partí… porque mi corazón anhelaba ser más, entender mejor lo que significa ser elfo. Creí que, al crecer lejos, podría protegerlos mejor algún día.

  Sus ojos, cargados de sabiduría, brillaron con una chispa melancólica.

  —Pero aun aqui tengo un objetivo pendiente que me tomará mucho tiempo y por eso no e podido regresar pero ya es tarde para mi... —

  Yui lo observó con sorpresa. Era la primera vez que veía una grieta en la serenidad del maestro.

  —Eres la segunda superviviente de la aldea, seré tu mentor no permitiré que el sacrificio de tus padres sea en vano aunque... —respondió él, con un leve suspiro—

  —Yui el poder sin control es solo caos disfrazado.

  Entonces Aerion extendió la mano, dejando que una tenue capa de luz azulada —su aura— se manifestara alrededor de sus dedos.

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  —El aura —explicó— es la energía vital que recorre todo ser vivo… incluso objetos que han marcado profundamente nuestra existencia. Cuando esta energía se canaliza, se concentra y se solidifica, se vuelve visible. Ese es el primer umbral hacia la magia… y hacia algo aún mayor.

  Las emociones la afectan. La agitan. La deforman. Si tu aura se desborda, te dominará antes de que puedas usarla.

  Se acercó un paso a ella.

  —Por eso, antes de aceptar ser tu maestro, debes cumplir una condición: aprender a controlarla.

  Yui tragó saliva.

  — ?Cómo… cómo comienzo?

  Aerion se sentó frente a ella, apoyando ambas manos sobre las suyas, activa su aura para que Yui sienta el correr del mismo, esa energía llena de vida.

  —Quiero que intentes concentrar tu aura por tu cuenta. No te daré más guía de la necesaria. Necesito ver si puedes formar aunque sea una capa mínima. Hasta que no logres manifestarla—ni aunque sea una leve bruma que mis ojos puedan percibir—no aceptaré ense?arte magia.

  Sus palabras eran firmes, pero no frías.

  —Porque si no aprendes a gobernarte a ti misma —continuó—, lo único que haré al ense?arte magia… será ponerte en peligro.

  Yui cerró los ojos, respiró hondo y comenzó.

  Por primera vez en mucho tiempo, no sentía miedo.

  Sentía propósito.

  Las primeras semanas fueron un tormento. Yui no lograba recrear aquella sensación brutal e instintiva que había expulsado a los lobos con un estallido de aura.

  Para entrenar sin arriesgar a nadie, se retiró a un bosque apartado, donde la luz moteada del sol apenas lograba atravesar las copas. Allí, rodeada por árboles silenciosos, luchaba con las enigmáticas instrucciones de Aerion.

  Sus intentos por canalizar su aura eran caóticos.

  A veces, la energía brotaba como un géiser descontrolado, abrasando la tierra a su alrededor y espantando a las criaturas del bosque.

  Otras veces, simplemente… desaparecía, dejándola vacía, temblorosa y con una sensación de derrota abrumadora.

  Pronto comprendió que su aura reaccionaba a sus emociones con una sensibilidad feroz.

  La ira ardía como fuego en sus venas.

  La tristeza era una escarcha que le entumecía la piel.

  El miedo se manifestaba como una niebla fría y opresiva.

  La definición que Aerion le había dado —un conducto emocional, un reflejo del alma— se convirtió en su maldición y en su mapa.

  Comenzó a observar los sutiles cambios dentro de sí, intentando descifrar los susurros de su propio corazón.

  Hubo días en los que cayó de rodillas, frustrada, con los ojos llenos de lágrimas.

  Horas enteras de meditación que terminaban bruscamente por un destello involuntario de luz o un escalofrío mágico descontrolado.

  Aerion, siempre a cierta distancia, observaba como una sombra silenciosa, sin intervenir.

  Solo le ofrecía una única frase cada vez que sus emociones la dominaban:

  —Controla esas emociones distorsionadas. Todas deben marchar en una misma dirección… hasta atraparlas juntas en ese mismo cauce.

  Esas palabras se convirtieron en su mantra.

  Con el tiempo, Yui comenzó a percibir peque?os cambios.

  No era una transformación repentina, sino un refinamiento lento, casi imperceptible.

  Al centrarse en su respiración y en el ritmo constante de su corazón, descubrió que podía amortiguar sus reacciones emocionales.

  La ira se reducía a una tibieza controlada.

  La tristeza se volvía una brisa fría pero pasajera.

  El miedo se disipaba hasta ser solo un murmullo lejano.

  Visualizar su aura como una brisa cálida y suave se volvió su herramienta: podía empujarla, moldearla, convencerla.

  Era una danza delicada entre su voluntad y su esencia más profunda.

  Una ma?ana fresca, sentada junto a un arroyo que brillaba con el rocío del amanecer —acompa?ada por Elara y Lyra— sintió una paz nueva instalarse en su interior.

  Cerró los ojos. Respiró.

  Deseó, con calma, que su aura respondiera.

  Entonces ocurrió.

  Un brillo tenue, verde esmeralda, comenzó a envolver su cuerpo.

  Era suave como la luz atrapada entre las hojas, pero estaba controlado, contenido, obediente.

  — ?Yui! ?Lo lograste! —gritó Lyra, saltando de emoción.

  —Es… precioso —susurró Elara, con una sonrisa que le iluminaba los ojos.

  Yui abrió los suyos. No podía dejar de sonreír; la calidez del brillo abrazaba su piel como si al fin estuviera en armonía consigo misma.

  En una cresta cercana, Aerion observaba.

  Sus labios formaron un leve, casi imperceptible asentimiento.

  Lo había visto.

  La condición estaba cumplida.

  Yui había dado su primer paso verdadero para convertirse en portadora de magia.

  Su arduo entrenamiento recién comenzaba… bajo la antigua y vigilante mirada de su nuevo maestro

  Esa noche, el se?or y la se?ora Heart celebraron el logro con un peque?o festín.

  El hogar rebosaba alegría, risas y la calidez de una familia que había decidido hacerla parte de su mundo.

  A la ma?ana siguiente, Yui se presentó frente a la morada de Aerion, lista para empezar su aprendizaje formal.

  El maestro abrió la puerta con una expresión extra?amente traviesa, casi juvenil.

  —Estaba esperando a mi aprendiz.

  La primera ense?anza estaba cumplida. Ahora Aerion quería comprobar la estabilidad de su nueva aprendiz.

  —Yui, muéstrame tu aura.

  La joven elfa inhaló con suavidad.

  Su respiración se transformó en un hilo de concentración pura… y en un instante, el brillo esmeralda apareció rodeando su cuerpo con una facilidad casi natural. Yui sonrió, orgullosa, como si aquel acto que antes la torturaba ahora fuera tan sencillo como parpadear.

  Aerion asintió, satisfecho.

  —Bien. Entonces pasemos a tu segunda ense?anza.

  Era momento de descubrir el elemento que gobernaba su magia. Para ello, Yui necesitaba canalizar su aura de manera más profunda. La prueba ancestral se llamaba “Gota Primordial”.

  El maestro colocó un jarrón mediano sobre una mesa de roble, lo llenó de agua y luego agregó peque?as dosis de pociones elementales. Cada líquido brillaba un instante antes de disolverse, coloreando el jarrón con matices misteriosos.

  Con un gesto solemne, Aerion tomó la mano de Yui.

  —Extiende tu dedo. Será solo un momento.

  Pinchó su dedo índice, extrayendo una sola gota de sangre. Aquella gota carmesí, impregnada de su aura naciente, vibró en el aire como si reconociera la importancia del ritual.

  La dejó caer en el agua.

  La respiración de Yui se detuvo.

  El corazón le latía tan fuerte que sintió que podía oírlo con los oídos.

  Una extra?a atracción emanaba del jarrón, un zumbido suave, como un eco del poder que dormía en lo más profundo de su ser. La mezcla comenzó a reaccionar.

  Al instante, el agua se tornó verde esmeralda intenso, remolinándose con una fuerza etérea.

  Aerion abrió los ojos con aprobación.

  —Elemento viento.

  — ?Es… es bueno? —preguntó Yui, incapaz de contener la curiosidad.

  —Uno de muy alto nivel —respondió él, con una sonrisa orgullosa.

  Pero antes de que pudiera continuar su explicación, el agua empezó a evaporarse súbitamente, como si hubiera sido tocada por fuego vivo.

  Aerion dio un paso atrás, sorprendido.

  — ?Un segundo elemento!

  — ?Qué… qué significa eso? —balbuceó Yui.

  —??FUEGO!! —proclamó con una mezcla de sabiduría y asombro.

  La elfa parpadeó, confundida por la reacción exagerada.

  —Maestro, ?por qué está tan sorprendido?

  Aerion apoyó una mano en su hombro.

  —Porque las probabilidades de manifestar un segundo elemento son de apenas un 5%… y tú has despertado dos.

  Además —a?adió se?alando el color del agua— tu viento no es un viento común. Ese tono esmeralda indica afinidad mayor, una forma superior del elemento.

  —Entonces… ?soy especial? —susurró Yui.

  —Elemento viento y fuego. Una combinación sofocante y peligrosa. Con el tiempo, si logras dominarlos a la perfección, serán tus armas más fieles. ?Vaya combinación!

  Ahora —continuó— pasemos a tu tercera ense?anza.

  Era el momento de abrirle los ojos al mundo. Yui había crecido dentro de los límites de su aldea natal, sin conocer nada más allá de Eldoria. Pero antes de hablarle sobre reinos, bestias y civilizaciones, Aerion levantó un dedo.

  —Antes, debes saber esto: tu segundo elemento, el fuego, puede no manifestarse de inmediato. Está ligado a tu crecimiento interior. Solo despertará cuando tú lo hagas.

  Yui asintió lentamente, absorbiendo cada palabra.

  —Maestro… —habló en un susurro tímido— dijiste que mi magia proviene del viento. Pero… ?qué puedo hacer exactamente con ella? ?Puedo crear solo peque?as brisas?

  Aerion soltó una leve risa, cálida, casi paternal.

  —Yui, tu habilidad no consiste simplemente en provocar una corriente de aire.

  Tu magia controla la esencia misma del movimiento, aquello que desplaza, impulsa, susurra y envuelve.

  Con imaginación, el cielo es tu único límite.

  Se acercó, se?alando el horizonte.

  —En su forma más básica, podrás impulsarte, casi volar. Pero con práctica… ascenderás.

  Podrás tejer los vientos en escudos capaces de desviar golpes, moldearlos en lanzas invisibles, o desatar ráfagas devastadoras que arrasen un campo entero.

  Luego, bajó la voz.

  —Imagina una tempestad.

  Un torbellino capaz de arrancar árboles, de quebrar la tierra.

  Y ahora imagina lo opuesto:

  El viento sutil… el mensajero del mundo.

  El viento trae ecos lejanos, pasos distantes, incluso el más leve latido del corazón.

  Con maestría avanzada, podrás sentir quién camina sobre tus corrientes, rastrear presencias a grandes distancias… escuchar los secretos que la brisa decide llevarte.

  Aerion dio un paso atrás, orgulloso.

  —Tu magia elemental es un mundo infinito, Yui. Una sinfonía que responde a tu voluntad… si aprendes a escucharla.

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