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Capítulo 12: La Daga de Dagón (El Secreto, la Bofetada y la Ira del Rey)

  Habían pasado tres días desde la boda, tres días de pasión y agotamiento.

  —Buenos días, amor —saludó Hadram con voz ronca y dulce, estirándose a mi lado.

  —Buenos días —respondí, apenas abriendo los ojos.

  —Ya despertó, el día es hermoso, es hora de...

  —Ay, no. Estoy cansada. Hace tres días que pasó nuestra boda, me cansé mucho en ir al campo, voz dormilona.

  —Amor, tranquila, sí. Mira, yo...

  —Déjame dormir, sí —insistí, genuinamente agotada.

  —Está bien, te amo mucho, ?lo sabías?

  —Sí. Dime algo, ?soy mejor que esas mujeres?

  —Ah, ?estás celosa, dime?

  —?Yo celosa? No lo creo —dije, segura, mi tono inquebrantable.

  —Sé que lo estás, pero me gusta cómo lo dices: segura y sin mentir.

  —Yo, siendo Princesa, actúo de otra manera, ?lo sabías?

  —Así, entonces demuéstralo que no estás celosa.

  —Ja, será un placer. Esto será de por vida, que lo recordarás cuando no lo estoy diciendo de mentira.

  De repente, lo besé con una ferocidad que solo el orgullo podía otorgar. Luego, me acerqué a su oído y le susurré, mi voz convertida en una seda helada:

  —Yo tengo la Daga de Dagón. Quien osa mentir, lo mataría.

  —Ese es tu secreto...

  —Así es, amor.

  —Vaya, eso me gusta.

  —Pues bien, ahora debo descansar, sí.

  —Bien, pero voy a estar aquí hasta que despiertes bien, sí, amor. Lo haré.

  —Está bien.

  —Sabes que te amo mucho. Deseo estar contigo siempre, Lizarel, te amo y yo...

  Me quedé dormida, el cansancio venciéndome.

  Hadram me admiraba, su rostro inundado de una tranquilidad y un respeto genuinos. —Te quedaste dormida, te ves tan linda. Te amo.

  Mientras, en los aposentos de Ishtare...

  —Soberana, parece triste —murmuró Natif, la sierva.

  —La verdad que sí, estoy triste porque Lizarel no me ha perdonado, en serio.

  —Ay, Soberana, lo siento por usted, pero creo que su hija es mala y...

  —?CóMO OSAS HABLAR ASí DE LIZAREL, EH! ?Ella es mi hija, una Princesa! —gritó Ishtare, la rabia protegiendo a la hija que había da?ado.

  —Soberana, perdón, solo que es difícil saber de qué Lizarel es diferente. Usted sabe que me cacheteó y eso.

  —Escucha, si te dio una bofetada es porque tal vez la desafiaste. Te digo algo, debes tener cuidado con Lizarel. Ella es mi hija, pero es igual de su padre de temperamental. Por eso no te metas con ella, sí. Disculpa por haberte gritado, pero es mi hija y eso duele.

  —Sí, lo siento, Soberana, no debí decir eso, sí.

  —Claro, ?me podrías dejar a solas? Yo quiero reflexionar, sí, por favor.

  —Claro, la dejaré. Si me necesita, yo estaré aquí.

  —Gracias, tú eres buena amiga, gracias —dijo Ishtare, conmovida por el gesto.

  Natif salió, cerrando la puerta con calma.

  —?Idiota, ja! Si, mi hija es como un demonio, además es frágil. ?Qué idiota! —pensó Natif, con una mueca seria y maligna, mientras se alejaba.

  En los aposentos de Lizarel, la luz de la ma?ana se filtraba.

  —Hadram, ?estás dormido? Vaya, el mujeriego duerme tranquilamente, vaya.

  Hadram dormía profundamente, abrazando una almohada, acurrucado con un aire tierno. Al verlo así, mi corazón se sintió extra?o. ?Cómo podía no haberme enamorado al ver ese hombre "malo" mostrando su lado más vulnerable?

  —Vaya. Como sea, siervas.

  —Princesa, aquí estamos. Ya está su ba?o con pétalos rosas, aceite y aromática, Princesa.

  —Pues bien, lo necesito.

  Fui a la ba?era redonda. El agua estaba cubierta de pétalos y exhalaba un olor aromático, indescifrable y relajante.

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  —Mmm, huele muy bien.

  —Espero que le guste mucho, mi Princesa.

  La sierva usó una tela suave y redonda para limpiar delicadamente mi piel, tal como se ba?aban los nobles en esa época.

  —Lista, mi Princesa.

  —Pues bien, yo necesito cambiarme.

  Me levanté y me puse una bata para cubrirme. Después, ya estaba vestida: ropa negra y roja con bordes dorados, un peinado exótico, un adorno en la cabeza, y un maquillaje medianamente natural.

  —Me veo linda. Con estas joyas seré pronto una Reina...

  —Sí, mi Princesa.

  —?Lizarel, Lizarel, dónde está! ?Ah, mi amor! Vaya, tan linda te ves.

  —Anda, amor. Mandé que prepararan un ba?o para ti. No serán mis siervas, sino los siervos, lo harán.

  —Andas celosa, ?no? Por eso no quieres que las siervas me ba?en, ?eh? Dime, esposa mía.

  —Es lo que quiero. Dime, ?alguna vez alguien te complació tanto? No, ?verdad?

  —No, como tu actitud me enamoró más, no miento.

  —Pues bien, debo ir a un lugar, sí.

  —Sí, claro.

  —Siervas, descansen, sí.

  —Sí, mi Princesa.

  Lizarel y las siervas salieron, y los siervos entraron.

  —Pues, ?empecemos, no!

  Mientras yo caminaba segura, la sierva Natif apareció.

  —Sierva.

  —Princesa, perdón por mi forma, sí.

  —Ya veo. Además, no sé de qué hablas, pero no importa. Sigues siendo una idiota, ?lo sabías?

  —Sí, Princesa (miedo, nerviosa).

  —Jajaja. Hablas mal de mi madre y de mi familia.

  —No, claro que no, yo solo...

  Lizarel le dio una bofetada fuertemente que Natif cayó al piso, el sonido resonando en el pasillo.

  —?Idiota! ?Crees que no me doy cuenta de que hablas mal de mi madre? Ja, dices ser su amiga, pero a mí no me verás de idiota e imbécil. Cuando me vaya puedes hacer lo que quieras, mientras estoy aquí, ?entendido? Ah, se me olvidaba, siempre serás una sierva, nunca una dama. Jajaja.

  —Sí, Princesa (miedo).

  —Con tu permiso.

  Al dar intimidad me sentía más feliz, era algo especial.

  —Esa mujer... —murmuró Natif con furia, levantándose.

  En los aposentos...

  —Me veo guapo. ?Cómo estás, Príncipe de todos los tronos?

  Hadram se veía en el espejo y hablaba con confianza; a pesar de ser malo, él era guapo y tierno.

  Lizarel fue a los jardines y vio sus flores hasta que...

  —?Otra carta!

  Al ver la carta, solo quiso saber por qué le llegaban, pero esta vez traía una cajita de lapislázuli con oro. La abrí y era un anillo de oro puro, una flor hermosa de color rojo.

  


  Princesa,

  Yo sé que te he enviado cartas, pero quiero que sepas que estoy enamorado de ti. A pesar de que has leído mis cartas y sé que no las respondas, yo aún te enviaré, a pesar de que estás casada, lo haré, porque tú eres y siempre serás mi primer amor, Lizarel. Pero te regalo este anillo como muestra de mi amor. Pero quiero pedirte que seas feliz, sí, ese es mi regalo de bodas. Acéptalo.

  Tu Admirador Secreto

  Al leer la carta y ver el anillo, sentí mi corazón acelerar. Lo acepté; el anillo era muy lindo. Al ponérmelo, me sentí feliz pero curiosa: ?Quién será ese hombre que me ama? Siempre me pregunté.

  Mientras traía el anillo, yo solo pude verlo bien: era hermoso, un anillo de oro en forma de flor, una artesanía rara. A pesar de que lo traía en mi dedo, no sentía culpa, porque si me lo ponía, sería infiel, y el anillo de Hadram, un diamante en forma de flor lirio azul plateado y oro, era diferente y lo más lindo. Así que agarré la caja, me quité el anillo de mi admirador y lo puse en su caja, y el anillo de mi marido en mi dedo, como muestra de ser fiel y tener una reputación buena.

  —Hermana.

  —Hola.

  —?Y esa caja? Es de lapislázuli.

  —Sí, es muy bonito, ?no?

  —Sí, wow. He escuchado estas cajas, y más porque a los egipcios les gusta mucho el lapislázuli y con oro (sorprendida).

  —Sí.

  —Espera, wow, es un anillo en forma de flor, es muy linda.

  —Sí, pero...

  De repente, la carta se me cayó al piso, mientras Selene admiraba el anillo hasta que se dio cuenta.

  —?Qué es eso?

  —?Qué de qué? Ah, este papiro... Ah, es mío, en serio —dije, nerviosa, intentando disimular.

  —Déjame ver.

  —No, no, no, ?por qué debes saber?

  —Déjame ver, espera.

  Mi hermana, al leer el papiro, supo que alguien me amaba. Yo solo podía mantener la calma, pero parecía que algo iba a pasar.

  —??Qué es esto?! Tú, tú estás recibiendo esto... ?Está mal ser cortejada por otro hombre! Hermana, no debes aceptar cosas que no son tuyas, más ahora que estás casada. Dime, ?ya consumieron el matrimonio?

  —Claro, pero yo...

  —?Hermana, no debes aceptar eso, entendido! Te dirían infiel y sabes que a las mujeres que hacen eso, las ejecutan. Tú lo sabes.

  —Lo sé. No pretendo hacer eso. Yo soy fiel a mi marido —dije, segura, pero la caja estaba en mis manos.

  —Entonces, dame para que lo queme. Nadie...

  —?Cómo voy a hacer eso? No estoy loca, es un regalo caro, no puedo hacer eso. Sabes que es falta de respeto, te lo digo en serio.

  —Aun así, yo sé que está mal, pero mal sería si tú hicieras infidelidad, así que dámelo.

  —No, no, lo haré.

  —?Que me lo des, dámelo!

  —?No, no!

  Selene y Lizarel forcejearon la caja. De pronto, accidentalmente empujé a Selene con fuerza, y ella cayó sobre los arbustos de rosas. Yo no me di cuenta hasta que...

  —?Selene!

  Dejé la caja en el pasto, sin que se viera.

  —?Selene!

  —?LIZAREL! —dijo Yusuf, con voz fuerte y enfurecida, apareciendo de la nada.

  —Papá...

  —?Auch! —se quejó Selene de dolor.

  —?Papá, no fue mi culpa, fue accidental y...!

  Yusuf, sin remordimiento, me dio una bofetada tan fuerte que caí al piso, raspándome el brazo contra las piedras del camino.

  —?IDIOTA! Selene, hija, ?estás bien?

  —Sí, pero me duele aquí, Padre, mi tobillo.

  —Tranquila. Lizarel, ?fue verdad, dime, hija mía?

  —No, no fue accidental.

  —No lo creo. Vámonos. Lizarel, después tú y yo hablamos. Vámonos.

  Al estar en el piso, mi corazón se volvió más odioso. Mis lágrimas caían de ira, hasta que...

  —?Lizarel! ?Qué te pasó, amor?

  —Nada, solo me...

  —?Ven aquí, amor, no te pares! Te voy a llevar, vamos.

  Hadram me cargó en sus brazos, preocupado. Mientras Yusuf se alejaba con Selene, yo solo sentía ira por culpa de mi padre, pero al estar con Hadram, me sentía protegida y amada.

  —?Estás bien, amor? Dime.

  —Sí, pero solo fue un raspón. Esa peque?a sangre no me matará.

  —Ay, tranquila, amor, sí. Pareces fuerte, y por eso me enamoras más, ?lo sabías?

  —Lo sé, y te amo mucho, amor.

  —Sabes que eres la primera mujer que me domina y no al contrario.

  —?En serio? Yo te amo mucho, mucho, ?lo sabes?

  —Yo sé que sí, mi futura Reina, te amo.

  Hadram solo tenía una mirada dulce y enamorada, y yo, Lizarel, sentía felicidad. Lo besé y lo abracé, y él también me abrazó, mostrando que el amor puede ser diferente y que un carácter fuerte o pasado oscuro no es un impedimento. ?Tú lo crees?

  —Papá, papá...

  —No debiste juntarte con ella, hija. Es mala, una maldita.

  —Papá, papá, escúchame. Ella no me empujó, yo me caí.

  —?En serio? Yo vi que se jaloneaban de algo.

  —Sí, pero perdí el equilibrio, papá. Créeme, no hizo nada malo mi hermana, por favor. Ella no me ha hecho nada, ella es buena.

  —No, hija. Lizarel es una VILLANA. Perdón por gritar así, es que es difícil contenerme por Lizarel, pero no te preocupes, la perdonaré por ti, sí, hija.

  —Sí, Padre.

  —Ve con tu madre para que te cure, sí.

  —Sí, Padre.

  Selene se fue y Yusuf parecía furioso, mirando el lugar donde estaba el jardín.

  Dime, ?Crees que el Rey tiene un problema de ira o él es así?

  La Daga de Dagón!

  El comienzo de la ira de Lizarel

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  ?Nos vemos en la próxima actualización de 'La Reina Lirazel'! ??

  


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