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Capítulo 23: El Vientre del Desierto y la Furia del Príncipe

  Pasaron unos días desde el rescate. El palacio de Jericó intentaba recuperar su ritmo, pero la paz era una manta delgada que apenas cubría la tensión. Hadram caminaba de un lado a otro en sus aposentos, con los pu?os cerrados.

  —Amor, ?qué pasa? ?Por qué andas tan nervioso? —preguntó Lizarel, observándolo desde el diván.

  —No es nada... —respondió él, aunque su mirada decía lo contrario.

  —Estos últimos días apenas duermes. Ven aquí, amor, ven... te daré un masaje.

  —No, gracias... eso no me ayudará —dijo Hadram con terquedad, pero tras la insistencia de Lizarel, terminó cediendo.

  —Calma, amor... —susurró ella, mientras sus dedos expertos trabajaban la tensión en los hombros del príncipe.

  —Vaya... tienes manos de diosa. Sabes cómo relajarme.

  —Lo hago por ti. Creo que cuando seas el Rey y yo la Reina, me necesitarás mucho para mantener la calma.

  Lizarel se inclinó y besó a Hadram con dulzura. —Esta intensidad te dejará cicatrices si no te relajas.

  —Aja... sabes que te amo, ?verdad? —preguntó Hadram, girándose para verla a los ojos.

  —Lo sé.

  —Ven aquí... tú eres mi amada y... —Hadram fue interrumpido cuando Lizarel le susurró algo al oído. Los ojos del príncipe se abrieron de par en par—. ?En serio?

  —?Por qué no? —sonrió ella.

  Hadram la abrazó con una pasión renovada, robándole un beso que selló su promesa de amor y el deseo de un futuro compartido.

  Mientras tanto, en la Sala del Trono, el Rey Zekeriel conversaba con su mano derecha.

  —?Siguen entrenando los soldados?

  —Sí, soberano. Lo hacen con más empe?o que nunca —informó Tibar.

  —Perfecto. Sabes... creo que pronto seré abuelo. Si es un varón, le daré todo. Mi hijo está cumpliendo su obligación como marido, y eso me alegra.

  —últimamente Hadram pasa mucho tiempo con la princesa —comentó Tibar con una sonrisa—. Parece que el amor le ha sentado bien.

  —Es la mejor noticia que he recibido en lunas —asintió el Rey.

  Pero la felicidad es un blanco fácil para la envidia. En el Harem, la Segunda y la Tercera esposa vigilaban a Lizarel como buitres.

  —Vaya... parece que en estos tres meses no veo que estés embarazada —soltó la Segunda Esposa mientras Lizarel pasaba por el corredor—. Supe que tuviste otra "noche apasionada", como estos tres meses no.

  —Parece que no puede tener hijos, ?verdad? —se burló la Tercera.

  —Yo le daré hijos a mi marido cuando los dioses lo decidan —respondió Lizarel, manteniendo la barbilla en alto.

  —?Segura? Han pasado tres meses y nada. ?Sabes por qué? Porque eres estéril. Ser bonita no sirve para dar herederos. Eres como una flor seca; nunca serás la favorita por mucho tiempo, solo quedarás en el olvido. Lo siento, querida.

  Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  Lizarel mantuvo su postura hasta que salió del Harem, pero al llegar al jardín, la máscara se rompió. Se sentó bajo un sauce y comenzó a llorar, tocándose el vientre con desesperación.

  —Princesa... la busqué. ?Está llorando? —Kesi apareció entre los arbustos y la abrazó con fuerza.

  —La gente es mala, Kesi... saben cómo humillarte donde más duele. No he quedado embarazada en tres meses... tal vez tengan razón. Tal vez soy estéril.

  —No diga eso —le rogó la ni?a—. Es solo cuestión de tiempo.

  —No lo sé... —sollozó Lizarel—. Ellas me odian y quieren verme caer.

  —?Pues no se deje! —exclamó Kesi con valentía—. Usted las derrotó antes y lo hará de nuevo. Demuestre que es una reina y que puede con ellas.

  —Tienes razón... debo ser fuerte. Pero ahora quiero descansar. Gracias, Kesi.

  Kesi llevó a Lizarel a sus aposentos y, al salir, se encontró con Amreh, quien caminaba con dificultad y se tocaba la cabeza.

  —?Amreh! ?Dónde estuviste estos cuatro días? —preguntó la ni?a.

  —Eres una metiche... —gru?ó él, pero luego suspiró—. No lo sé muy bien. Recuerdo que la Tercera Esposa me pidió ayuda y luego... solo sentí un dolor fuerte en la cabeza. Desperté amarrado de pies y manos, con la boca tapada, en un clóset oscuro.

  —?Tibar te estuvo buscando por cuatro días! —le contó Kesi—. Fue un plan de esas víboras para usar a Lizarel como moneda de cambio con el Rey Herzor.

  —Lo imagino. ?Y cómo está ella hoy?

  —Mal. La humillaron de nuevo. Le dijeron que era estéril y ahora está deprimida.

  —?Malditas! Ellas nunca tuvieron hijos y se atreven a se?alarla —Amreh se puso serio—. Vamos a buscar a Hadram, pero antes, preparémosle su comida favorita para animarla.

  Hadram estaba con Tibar cuando Amreh lo interceptó.

  —Príncipe... su esposa está mal.

  —?Qué? —Hadram empezó a correr hacia los aposentos, pero Amreh lo detuvo para explicarle—. ?Qué pasó ahora?

  —Las esposas de su padre la humillaron. Le dijeron que era estéril y la hicieron llorar.

  Hadram se detuvo en seco. Sus ojos se volvieron dos carbones encendidos. —?Cómo osan decir eso de la futura reina? Me encargaré de ellas. Gracias por avisarme.

  Hadram entró en la habitación y encontró a Lizarel llorando en silencio.

  —?Por qué lloras, amor? —preguntó él, sentándose a su lado.

  —Hadram... ?tú me amas? ?O te casaste con una mujer infértil?

  —?Lizarel, óyeme! —la sujetó por los hombros—. No me casé contigo por política, sino por amor. Te amo más de lo que nadie imagina. Lo intentaremos mil veces si es necesario, pero no te desanimes.

  —Pero mi madre me tuvo pronto y yo...

  —Shhh... —la interrumpió Hadram con un abrazo delicado—. Te daré todo mi amor. Estás segura conmigo.

  Lizarel se quedó dormida en sus brazos, pero Hadram no buscó el sue?o. Buscó su espada.

  Hadram irrumpió en el Harem como un vendaval. Una sierva intentó detenerlo.

  —?Príncipe, no puede entrar!

  —?A Mí NO ME DICES QUé HACER! ?SERé EL REY! ?DóNDE ESTáN? —rugió él.

  Llegó a los aposentos de las esposas de su padre, donde ellas se probaban joyas de Egipto y telas finas.

  —?AQUí ESTáN! —gritó Hadram.

  La Tercera Esposa tiró sus joyas al suelo por el susto y la Segunda dejó caer su tela.

  —Príncipe... qué raro verlo por aquí —dijo la Segunda, tratando de recuperar la compostura.

  —No te hagas la inocente.

  —?Por qué lo di...?

  Hadram no la dejó terminar. De un movimiento rápido, le propinó una bofetada que la mandó directamente al suelo.

  —?Príncipe, yo le dije que...! —intentó intervenir la Tercera, pero Hadram también la golpeó a ella.

  —?Sé QUE USTEDES HUMILLARON A MI MUJER! ?A LA FUTURA REINA! —les gritó mientras ellas temblaban en el piso—. Pero ahora yo te diré tus verdades, bruja. Tú llamas estéril a Lizarel para ocultar tu propia miseria. Tú eres la que nunca pudo tener hijos cuando te casaste con mi padre. Tu vientre es un eco del desierto, ?un vacío seco! ?Qué se siente que te lo digan a la cara?

  —Solo pasó porque... —sollozó la Segunda Esposa.

  —No hay excusas. Los dioses te maldijeron a ti, no a ella. Pero no te preocupes... mi padre se enterará de vuestra traición y de cómo tratáis a su nuera. ?OS EXPULSARá!

  Al día siguiente, Lizarel despertó con los ojos hinchados y rojizos, pero su belleza, lejos de marchitarse, parecía más deslumbrante y madura. Se lavó el rostro con agua fría, tratando de calmar su corazón.

  Tocaron a la puerta.

  —Adelante.

  —Princesa... —Kesi entró con semblante serio.

  —Dime, ?qué pasa?

  —Su suegro, el Rey Zekeriel, quiere verla en la Sala del Trono de inmediato.

  Lizarel suspiró. —?Qué habrá pasado ahora?.....

  'El Vientre del Desierto y la Furia del Príncipe'

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