home

search

Capítulo 7: Complicaciones económicas.

  Al despertarme noto mi piel sudorosa y mi cuerpo pesado, cuando logro enfocar mi vista puedo observar una habitación con paredes de madera podrida; cuatro paredes que tendré que acostumbrarme a ver. Las partículas de polvo chocan contra la luz del sol que se cuela por el vidrio agrietado de mi ventana.

  Escucho balbuceos que provienen del exterior, con pereza y desgano, estiro mi espalda y bostezo con fuerza. Me siento al borde de la cama, con la mirada perdida. Pensamientos de mi día anterior inundan mi mente. Hice un avance significativo, estoy a pocos pasos de conseguir un empleo y tengo un techo sobre mi cabeza, eso es bueno. Pero me pregunto qué sigue. Apenas pasaron un par de días, pero siento que he avanzado muy lentamente. Vaya, tampoco me imaginaba llegar aquí y conseguir un trabajo que me haga millonario de un momento a otro, pero me preocupa quedarme estancado en ese restaurante. Si quiero tener la vida que quiero, necesito pensar en otras posibilidades, aunque todavía es muy temprano para ello.

  Mientras estaba perdido en mis pensamientos negativistas, de repente siento como mi corazón se paraliza dentro de mi pecho y mi sangre baja hasta mis pies. Salto de la cama con extrema preocupación y, al revisar la hora en mi viejo teléfono, salgo con prisa de la posada.

  Corro con todas mis fuerzas por las calles de esta ciudad, esquivando carros y teniendo tropezones con algunas personas que me insultan luego de, por descuido, haberlas empujado.

  Llego al restaurante, sin aliento y ba?ado en sudor. Luego de atravesar la entrada, quedo petrificado cuando observo al jefe ayudando a servir la comida en las mesas.

  — ?Patrón! ?Perdóneme por favor, se me hizo tarde! — Implorando con ojos de animal indefenso, empiezo a seguirlo. — ?Déjeme seguir trabajando, por favor! ?Le prometo que no volverá a suceder!

  Miradas curiosas se postran sobre nosotros. Puedo escuchar algunas risas susurrantes y uno que otro quejido silencioso debido al escándalo que estoy haciendo.

  Después de insistir por varios minutos, en voz baja esta vez, y de repetir disculpas como disco rayado, finalmente Eugine voltea a verme. Su mirada es inexpresiva y sus ojos, fijos en mí, parecen observar lo más profundo de mi alma.

  — Por favor… —Ruego por última vez.

  — Ponte a trabajar.

  Suspirando con ansiedad, me pongo manos a la obra. Las mesas están limpias, pero tallo de nuevo su superficie con ímpetu hasta ver mi reflejo en la madera. Agarrando la escoba, elimino hasta la última partícula de suciedad.

  Con cada cliente ingresando, vociferaba un saludo con energía. Incluso intenté llevar platos demás sobre mis manos. Temía que esta metida de pata sea el último clavo sobre mi ataúd. Si al final de esta semana era rechazado, maldeciría a todo ser vivo y, principalmente, a mí mismo por ser tan estúpido. Estoy al borde de la mendicidad y me doy la libertad de llegar tarde a mi segundo día de prueba. Increíble.

  Seguí atendiendo a comensales y aseando cada esquina del lugar cada pocos minutos. Todo para compensar mi incompetencia. Mi compa?era, al notar lo levemente enrojecidos de mis dedos, se compadecía de mí con palabras dulces. No detuve mi ritmo frenético hasta nuestra hora de descanso.

  Todos los clientes estaban atendidos y al ver que el flujo de personas disminuía, nos sentamos juntos en una esquina para disfrutar nuestro almuerzo; sopa de rabo de cerdo.

  — No deberías excederte. — Comenta Eleanor con voz suave. Sus labios brillan debido a la grasa del alimento.

  — Debo compensar que llegué tarde. — Llevo una cucharada de comida a mi boca. El caldo se siente salado en mi paladar.

  — Créeme que, si Eugine se hubiera molestado por eso, no te hubiera dejado entrar. — Ella coloca su mano sobre mi hombro. — No le des muchas vueltas y trata de no llegar tarde la próxima vez.

  Los minutos pasaban. Comíamos en silencio, disfrutando de la tranquilidad de nuestro entorno. Pronto, Eleanor me hace una pregunta.

  — Por cierto, ?tú caminas a oscuras por la calle?

  — ?A qué te refieres? — Levantando la mirada, arqueo una ceja.

  — O sea, ?no tienes nada para iluminar el camino por la noche?

  Aire fresco entraba por los ventanales. El último cliente se despide con una sonrisa y palabras de agradecimiento.

  — No… ?Debería tener algo?

  No entendía su pregunta. Es cierto que, cuando anochecía, era costumbre ver a personas caminando con antorchas o lámparas que llevaban en sus manos. Pero no creí necesitar una, así que, ignoré ese detalle.

  — Bueno, no es ilegal caminar a oscuras, pero un guardia podría molestarte por eso. ?No tienes una lámpara?

  Suspiro angustiado. No solo tengo que preocuparme por mantener un techo sobre mi cabeza o alimentarme con el poco dinero que tengo, sino que ahora debo comprar algo para alumbrar mi camino cuando está oscuro. Esta situación es muy desesperante.

  — No… no tengo mucho dinero. — Colocando la palma sobre mi rostro, aprieto mi piel con ansia.

  — No pensaba que te fuese tan mal.

  Esta situación me tiene al borde del desespero. Puedo simplemente tener cuidado con los guardias hasta ahorrar lo suficiente y comprarme esa dichosa lámpara, o quizás usar la linterna de mi teléfono como reemplazo. No, creo que llamaría más la atención.

  Eleanor se levanta de la mesa, interrumpiendo su comida y alegando que en el restaurante hay una de esas cosas en desuso. Tengo que agradecérselo de alguna forma. Quizás la invite a salir cuando me recupere económicamente. De verdad interesa conocerla más a fondo, pero mi situación actual no me lo permite.

  Seguimos charlando de temas banales. Pero descubrí que era torpe al inventar historias, ya que, era complicado seguir el ritmo de la conversación mientras disfrazaba anécdotas de mi vida pasada. Nuestra conversación se vio interrumpida cuando una mujer de figura atlética y melena escarlata entra al restaurante.

  — Buenas tardes. ?Cómo están? — Sonríe ella.

  — ?Rya! Qué gusto de verte. — Levantándose de su silla, Eleanor recibe a su amiga con un cálido abrazo.

  La invitamos a unirse a nosotros. Ella acomoda su vestido azabache para sentarse con comodidad.

  — Pensé que habías vuelto a las misiones.

  — No, me tomé un día libre para limpiar mi casa.

  — ?Ya terminaste de limpiarla?

  — No. — Ella estira su espalda. — He estado casi un mes afuera, así que se ha cubierto de mucho polvo.

  No pude evitar sentir celos si comparo mi situación con la suya. Rya parece tener mi edad y ya tiene un hogar propio, mientras que yo estoy con un pie metido en la zanja. Me pregunto si algún día podré gozar de algo así.

  — ?Después volverás a las excursiones?

  — No… — Suspira. — La verdad es que he estado pensando en dejarlo por un tiempo. Luego de lo que pasó con ese dragón, no me siento bien.

  Bueno, cualquiera se sentiría así luego de escapar de la muerte. Además, vio morir a casi todo su grupo a causa de esa bestia. Es entendible que quiere alejarse por un tiempo.

  Los ojos de Eleanor brillan como luciérnagas. En un intento de convencer a su amiga de dejar su oficio para dedicarse a trabajos más seguros, Eleanor le sugiere ser guardaespaldas o cualquier otra cosa en donde pueda aprovechar su fuerza. La pelirroja solo ríe ante sus recomendaciones, comentando que pensará en ello.

  — ?Y qué pasará con ese dragón? — Pregunto, dejando a un lado mi plato vacío y apoyando los brazos sobre la mesa.

  — Probablemente el gremio envíe a otro escuadrón para cazarlo.

  — ?Lo están buscando por una razón?

  — Bueno, — Rya mira al techo. — ese animal destruyó una aldea peque?a y lamentablemente no hubo sobrevivientes. También causó un incendio forestal.

  Trago saliva y mi cara palidece. Cuando la conocí por primera vez y nos contó su experiencia con aquel monstruo, temí que semejante criatura llegase una vez a la ciudad y destruyera todo a su paso. Eran pensamientos intrusivos a causa del miedo que me ocasionó escuchar su historia. Pero ahora, ese miedo se intensifica más al oír que esa posibilidad existe.

  — Tranquilo. — Dice entre risas. — Es raro que los dragones ataquen aldeas o ciudades. Casi nunca salen de Espinadragón.

  Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions.

  — ?Estás segura?

  — Bueno, este es raro. Cuando lo encontramos estaba lejos de su habitad. Pero aún es una cría, así que, tal vez se haya perdido. No estoy segura.

  — Pero igual da mucho miedo… — A?ade Eleanor.

  Un bebé de dragón que pudo acabar con un grupo entero de cazadores. Sí, definitivamente debo de estar tranquilo ante ese caso aislado.

  Decido retirarme de la conversación para seguir con el trabajo. Por supuesto, nada tiene que ver el miedo y los pensamientos paranoicos que estoy teniendo ahora. Es solo que soy una persona muy responsable.

  ?──────────────────???──────────────────?

  Mi jornada al fin acabó y luego de una breve despedida con el personal, me encuentro solo en medio de una calle adoquinada de piedra gris. Intento pensar cuál será mi próximo movimiento. Anteriormente me habría quedado en mi caravana para ver televisión todo el día o salía a las calles para robarles a inocentes, pero esos pasatiempos quedaron atrás. Ahora debo de encontrar una nueva distracción.

  Caminando, reflexionaba sobre qué hacer, pero un olor amargo y desagradable llega hasta mi nariz, recordándome uno de los tantos problemas que tengo que solucionar.

  Tal vez mi cuerpo esté limpio, relativamente, pero la ropa que llevo dice todo lo contrario. Necesito adquirir prendas nuevas si no quiero dejar un rastro de mal olor a mi paso, o peor aún, que esta peste quede impregnada en mi piel.

  Decido entonces buscar una tienda de ropa cuya calidad esté al alcance de mi escaso bolsillo. Después de deambular por varios minutos al fin logro hallar un almacén que parece prometedor y, al acceder, soy atendido por un se?or delgado y de mejillas caídas.

  — Buenas tardes. ?Qué se le ofrece?

  — ?Cuánto cuesta el conjunto de ropa más barato?

  Mis entra?as se retuercen y mi corazón baila en mi pecho. Al no poder costear el precio que pide, opto por pedir una camisa de la tela más barata. Al existir una que se ajusta a mi poco presupuesto, termino por comprarla. Igualmente me duele desprenderme de algunos cobres.

  Finalmente tengo algo que ponerme, pero tengo poco dinero en mis manos. Demasiado poco. La preocupación empieza a nublar mi mente al pensar que pronto dormiré en las calles de nuevo. Fui un idiota al pensar que trabajando de mesero sería suficiente para pagarme la vida. Aunque me contratasen, todavía tendría que esperar una semana o finales de mes para recibir mi sueldo y para cuando eso suceda estaré viviendo debajo de un puente.

  Ser pobre es una mierda. Es cansado y lo peor es que ni siquiera me pagan por ello. ?De verdad haber sobrevivido a ese tiroteo para despertar en este mundo fue buena idea? Tengo menos cosas que en mi vida anterior, y no puedo volver a robar porque me hice una maldita promesa. Pero empiezo a dudar de ese juramento.

  Podría aceptar la idea de Darel y vender mi teléfono. Pero, ?qué podría decirles a los interesados? ?Qué excusa me puedo inventar para que acepten comprar este artefacto que no pertenece a este mundo? Cuanto más lo pienso, más de duele la cabeza.

  Controlando mi respiración, me acaricio la sien. Quedarme de pie no resolverá nada.

  Tengo que encontrar otro trabajo… y uno que pague el mismo día.

  Me pongo en marcha.

  Luego de varias horas de caminata, me dolían los pies y las pantorrillas ardían. Estas botas industriales no son nada cómodas después de usarlas por bastante tiempo. Pregunté en varios negocios, pero todos parecían salir de la misma impresora, ya que, solo sabían darme una respuesta.

  No teniendo más opciones, me dirijo de al Gremio para ver si allí tengo suerte. El panorama era el mismo; cazadores de todos los aspectos paseando por el salón con sus armaduras relucientes y armas decoradas con extravagancia.

  Me acerco a la recepción y quedo sorprendido cuando me encuentro con la misma joven que me atendió la primera vez que vine. Ella sonríe al verme, recordándome todavía.

  — Hola, qué tal. ?Cómo le fue con ese anuncio?

  — Bien, —sonrío a duras penas. —pero necesito otro empleo.

  — Entiendo. Son tiempos difíciles.

  Tuve la idea de preguntar si el Gremio estaba contratando personal para cualquier área, pero otra vez recibo una respuesta que me desanima aún más.

  Estoy sentado con un pu?ado de panfletos en mano e investigando un empleo que tenga lo que busco. Por suerte logro encontrar uno que está a mi nivel entre tanta basura académica. La dama fortuna todavía está de mi lado.

  Pero mi ilusión se esfuma cuando veo de que se trata de un empleo a las afueras de la ciudad. Aunque sea interesante trabajar en un molino, mi situación actual no me permite viajar a Dios sabe dónde.

  Estoy a punto de colapsar… ?Quizás deba de romper mi promesa?

  Al regresar con la muchacha para devolverles las hojas, ella pregunta sobre mi sentir al ver mi expresión miserable. Decido contarle un poco sobre mi problema, pero usando un tono de voz que le reste importancia a mi situación. Pese a que se sienta bien hablar con otros para alivianar la carga, no necesito que ella sienta lástima por mí.

  Cuando escucha sobre lo que estoy tratando de hacer, un recuerdo ilumina su cabeza. Me comenta brevemente sobre un anuncio que dejó de promocionar hace tiempo. No está segura si ese trabajo siga vigente, pero de todas formas me se?ala la dirección.

  Es sospechoso por cómo me explica las cosas, pero no tengo demasiadas alternativas. De todas formas, si veo que las cosas que ponen feas, siempre puedo salir corriendo.

  ?──────────────────???──────────────────?

  Abro mis ojos con dificultad luego de silenciar la alarma de mi teléfono. Maldigo en voz baja y peino mi cabello enredado con mis dedos. El sol todavía no sale y el frío es tan tenaz que empa?a el cristal agrietado de mi ventana. Al salir de la posada, el viento helado me eriza la piel y mueve los mechones de mi frente.

  Fatigado y molesto, paseo por la ciudad con el brillo tenue de la luna sobre mi cabeza y con lámpara en mano. Aunque llamarla de esa forma es algo exagerado. Tan solo es una estructura de madera rodeada por una lámina traslúcida y con una vela en medio.

  Apenas ilumina, pero si usara la linterna de mi teléfono se me acabaría la batería en un abrir y cerrar de ojos.

  Que un grupo de tipos se reúnan en la plaza antes de que salga el sol hace que encienda todas mis alarmas. Espero que esa chica no me haya guiado a un lugar solitario solo para que puedan robarme. Juro por Dios que, si algo me pasa, no sé qué le haría a esa mujer.

  Finalmente llego al sitio acordado, observando a lo lejos a un hombre mayor y tres sujetos junto a él. Me escondo detrás de una casa, analizando sus movimientos.

  Al comprobar que se trata de gente decente, decido acercarme, pero sin dejar la cautela de lado.

  — Buenas noches.

  Volteando al unísono, me observan con intriga.

  — ?Quién eres? ?Qué haces aquí? — Me pregunta el se?or con canas en su cabeza.

  — Una recepcionista del Gremio me comentó sobre un empleo de… despertador ambulante. — Me aclaro la garganta.

  El grupo se miraba entre sí, dudosos de mi palabra.

  — Entonces, ?quieres trabajar?

  — Correcto. — Asiento. — Pero la chica me comentó que esto es un trabajo con pago inmediato.

  — Sí, así es.

  Luego de una presentación rápida hacia mis nuevos compa?eros, mi nuevo jefe, llamado Otto, me instruye brevemente sobre mi oficio. Pero mi nuevo empleo viene acompa?ado de nuevos problemas.

  — Disculpe, pero soy nuevo en la ciudad y no sé orientarme.

  — Oh, por Lha'el, pensaba que sabías en lo que te estabas metiendo. — Comenta Otto con leve molestia.

  — Lo sé, se?or. Pero necesito el trabajo. Aprendo rápido, solo póngame a prueba.

  Lha'el… Había escuchado ese nombre con anterioridad. Su importancia en estas tierras se asemeja a la de Dios en mi mundo. Dicha deidad tiene un equivalente cuyo nombre lamentablemente no recuerdo ahora.

  — Bien, pero hoy te pagaré menos, así veré cómo te desenvuelves ma?ana. Si es que decides regresar.

  — Entiendo.

  Me asignaron con un compa?ero, cuyo aspecto juvenil me hace creer que no llega a la mayoría de edad. Caminamos juntos por las calles oscuras, explorando cada avenida y distrito de esta ciudad. Conforme nos alejábamos de la zona céntrica, más podía notar lo decadente que son sus áreas urbanas. Las calles se desprenden de los adoquines de piedra, y los hogares son más humildes, por decirlo de alguna forma. Si colocara postes de luz y grafitis en las paredes, me sentiría en mi viejo hogar.

  Nick me comparte algunas de sus piedrecitas no mayores al tama?o de mi u?a para arrojarlas a las puertas o ventanas de los clientes. Por supuesto, no era suficiente solo con llenar su fachada de piedrillas, también teníamos que esperar que las personas nos confirmaran su despertar.

  — ?Cuánto tiempo llevas aquí?

  — Una semana, más o menos. — Contesta él desde el otro lado de la calle lodosa.

  Los párpados me pesaban y mis pies hinchados gritan con cada pisotón. Constantemente bostezaba con fuerza debido al cansancio.

  — ?Y tú por qué decidiste trabajar aquí?

  — Bueno, —al abrir la boca una niebla blanquecina sale de mi interior. —necesito más dinero, es todo. Empecé a trabajar en otro lado, pero…

  — ?La paga no es suficiente? — Interrumpe.

  — No. Ni siquiera sé cuánto pagan. — Río forzadamente. — Me están poniendo a prueba.

  Ambos soltamos una carcajada, deteniéndonos casi al instante para no despertar a las personas equivocadas. Volvimos nuestros pasos para irnos a otro lugar.

  — ?No tienes trabajo? ?Entonces cómo sobrevives?

  — Milagro de Dios, supongo.

  Por el rabillo del ojo pude notar una mirada confusa. Temiendo cualquier cosa, me dispongo a cambiar el tema de conversación.

  — También vi un anuncio para trabajar en un molino fuera de la ciudad, pero no pude ir al pueblo por falta de dinero.

  — ?Te refieres al molino de Pradera Verde? Nunca vayas ahí. — Sugiere Nick con mucho énfasis. — En ese lugar solo saben explotar a las personas y luego no les pagan. — Termina con furia.

  — ?Trabajabas ahí?

  — Sí, el desgraciado del molinero me debía varias semanas, pero decidí irme con el poco dinero que pude ahorrar.

  Qué mala suerte tuvo. Honestamente, no sé si hizo lo correcto. Por un lado, evitó un conflicto, pero por otro se fue con las manos vacías, regalando su trabajo. Si hubiera estado en su lugar, no sé qué habría hecho.

  — ?Y qué harás? ?Vas a dejarlo así?

  — Tranquilo, ya cobré de otra forma. — él me observa por encima del hombro. — El tipo también cría gallinas para luego venderlas. Antes de irme dejé la puerta del corral abierta.

  Bromeamos sobre lo sucedido. Me alegra que haya hecho justicia, pero en mi opinión, lo que le hizo a ese jefe abusivo no es suficiente.

  Como sea. Nuestra charla continuaba mientras deambulábamos por ahí. Entre calles cubiertas con niebla espesa y con un aire frío que congela pulmones, Nick me cuenta sobre su pasado. Aparentemente su padre lo obligó a irse la casa, amenazándolo de quitarle su herencia si no lograba algo por su propia mano. Desde entonces ha estado en una situación similar a la mía, saltando de empleo en empleo. Esperanzado de ahorrar lo suficiente para irse a otro lugar con mejores oportunidades. Pensar que hay personas en mí misma situación y que aún continúan luchando por su futuro me hace recobrar algo de esperanza en la vida, porque sinceramente ya la estaba perdiendo.

  — ?Vendrás ma?ana?

  — Tal vez.

  Al levantar la mirada, una franja amarilla comenzaba a asomar entre la muralla de la ciudad. Afortunadamente, Nick y yo terminamos con nuestro trabajo sin imprevistos. Incluso, convenció a Otto de darme el dinero completo de la jornada. Había hecho una buena amistad con él y por suerte podría completar el dinero del alquiler si volvía ma?ana.

  El sol estaba por salir, así que no veía necesario regresar a la posada. Con el cuerpo magullado y ojeras marcadas, decido esperar en un parque a que mi otro trabajo abra sus puertas. Algo me dice que tener dos empleos será mi nueva realidad, y que tenía que acostumbrarme a ello.

Recommended Popular Novels