Poco después, tres adultos y un lobezno caminaban hacia el salón de misiones, conocido como Aventuras. Cada pico tenía su propio pabellón, así que no tuvieron que desplazarse mucho.
—Así que… ?quieren morir? —preguntó un anciano de la secta, mirándolos con incredulidad al escuchar su solicitud.
—Claro que no —replicó Richard con calma—. No iremos solos. Buscamos a un anciano o a un discípulo mayor que nos guíe.
El viejo los observó en silencio.
?Dos mujeres, un hombre y un semihumano. En condiciones normales no habría problema, pero ese ni?o… es el rumoreado peque?o que cultiva cuando nadie de su edad podría hacerlo. El secreto entre voces conocido solo por los ancianos.?
El anciano se llevó las manos al rostro con desesperación.
?Además, dos de los jóvenes son considerados talentos prometedores. Desde que los cielos abandonaron a los mortales de este mundo, no aparecieron grandes genios regularmente. Si algo les pasaba, ni cien vidas pagarían mi deuda con la secta.?
Entonces, una voz tranquila interrumpió sus pensamientos.
—Déjalos ir —dijo un hombre de cabello gris y barba corta. El anciano lo miró, confundido. No lo reconocía, pero Maribel sí.
—Yo los acompa?aré —a?adió el recién llegado—. Hace tiempo que no salgo de la secta, y… la verdad, tengo algunas cosas que investigar fuera.
—?Con qué autoridad dice eso? —preguntó el recepcionista, frunciendo el ce?o. El hombre parecía tener poco más de treinta a?os.
El anciano sonrió.
—Con la autoridad del maestro del Pico Espiritual de la Luna Reflejada.
El recepcionista casi se atraganta con su propia saliva.
—?E–el maestro del Pico Espiritual de la Luna Reflejada? —repitió el anciano, tartamudeando.
—El mismo —respondió el hombre, sonriendo con calma—. Y tengo autoridad suficiente para sacar a estos cuatro a entrenar fuera de la secta.
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El recepcionista tragó saliva y asintió rápidamente. —C-claro, maestro… por supuesto.
—Maestro soberano de las hierbas secas… —susurró Maribel, reconociéndolo —. No sabía que usted rondaba aquí.
—No suelo aparecer mucho en estos lugares —respondió él con serenidad—. Pero escuché tu nombre en el viento, peque?a. Y cuando el viento me habla, suelo escucharlo. Llámame Nadir.
Amara le dijo directamente:
—Qué forma tan rara de decir “me dio curiosidad y quise ver qué tramaban”.
Richard se quedó frío con esa osadía, incluso Amara.
Nadir no pareció ofenderse.
—Tienen buen espíritu. Eso me gusta. Partiremos ma?ana al amanecer volando en un ave.
—?Tan pronto? —preguntó Maribel, sorprendida.
—Las oportunidades no esperan —respondió él, dándose la vuelta—. Y tampoco las bestias.
El amanecer siguiente trajo consigo un cielo te?ido de dorado. El aire era fresco, y el murmullo de los discípulos matinales llenaba los patios. Frente al grupo, una enorme bestia alada esperaba impaciente. Sus plumas tenían un brillo metálico, y cada vez que movía las alas, una ráfaga de viento sacudía el polvo del suelo.
—?Vamos a volar en eso? —preguntó Amara, retrocediendo un paso.
—?Tienes miedo? —bromeó Richard.
—No. Solo… respeto. Bastante respeto. —Amara tragó saliva mientras observaba el tama?o de las garras.
Aether, en cambio, estaba encantado.
—?Quiero subir adelante!
El ave giró la cabeza, como si entendiera, y soltó un graznido profundo que hizo eco por todo el valle.
—Tranquilo, peque?o —dijo Nadir, posando una mano sobre el pico del ave—. No lo molestes, o podrías convertirte en su desayuno.
Aether sonrió nervioso, pero no se movió ni un paso atrás.
—Maestro Nadir, ?a dónde iremos exactamente? —preguntó Maribel mientras el viento agitaba su capa prestada.
—Hacia el sur —respondió él, con la vista puesta en el horizonte—. Donde los rumores nacen y los demonios no duermen.
El ave extendió sus alas con un estruendo. Maribel sintió cómo el corazón le latía más rápido. No estaba segura de esto, en su corazón solo se preguntaba si esa ave volaría realmente.
—Prepárense —ordenó Nadir, subiendo de un salto sobre la bestia.
Richard ayudó a Amara a subir, mientras Maribel levantaba a Aether y lo acomodaba frente a ella.
El ave dio un salto poderoso y se elevó entre corrientes de aire dorado. Debajo de ellos, la secta se hacía peque?a, envuelta en neblina y luz.
Amara gritó, mitad por miedo, mitad por emoción. Richard reía a carcajadas. Aether agitaba los brazos, encantado. Y Maribel... bueno, Maribel sentía que iba a desmayarse.
Si la turbulencia de un avión ya le aterraba solo de imaginarla, ahora prefería mil veces un vuelo con aire acondicionado antes que esto.
??Por qué...? ?Por qué una avestruz? ?Estas cosas no se supone que vuelen!?
[El mundo está desviado, anfitriona. Muchas cosas que no deberían estar en un lugar... están ahí.]
La voz del sistema resonó en su mente, una sensación que no se mostraba en su voz se le compartió: El sistema se divertía. Maribel cerró los ojos, apretó los dientes y se agarró más fuerte del plumaje brillante.
Definitivamente, no estaba preparada para volar.

