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Capítulo 66 - La visita inesperada

  Desde la proa bajo un sol generoso y envuelto en una cálida brisa, Jasper “El Aguila” Gloom contemplaba las imponentes paredes del acantilado que rodeaban la bahía mientras por primera vez en su historia El Heraldo Vagabundo hacía su entrada en el puerto de Abrazo de Tormenta.

  Se llevó una mano al corazón que bombeaba con fuerza ante la abrumadora sensación de reverencia que inspiraban aquellos muelles que habían visto a los primeros piratas zarpar hacia las islas. Una y otra vez desde que era ni?o había escuchado las historias de hombres y mujeres que habían tenido la loca idea de rebelarse contra el poder dominante de los magos. Nunca había creído que viviría para ser partícipe de tal osadía pero ahora, cien a?os después, la historia volvía a repetirse.

  Qué día más glorioso.

  Como siempre que abandonaba su camerino, llevaba puesta su máscara de oro con forma de águila aunque aquella vez hubiera deseado quitársela y sentir en su piel la calidez de aquella espléndida ma?ana. Pero se contentó con recorrer con los ojos el laberinto de casas de piedras, puentes y escaleras que se aferraban orgullosas al acantilado. En algún lugar de aquel inmenso puerto se había parado su bisabuelo, mirando quizás en la misma dirección en donde él se encontraba ahora, sin sospechar que el destino le tenía preparado un encuentro con una joven prisionera que lo estaba esperando en Nemertya y con quien iniciaria una rama familiar muy especial.

  Pero era demasiado pronto para quitarse la máscara. No podía faltar a su promesa.

  Un silbido interrumpió sus pensamientos y su contramaestre, Warwick “Jolly Rogue” Torman, se ubicó a su lado.

  – Nunca nos habíamos acercado tanto.

  Su voz, usualmente risue?a, sonaba esta vez rasposa, imbuida de gravedad. Al contrario, Jasper se sentía más energético que nunca y sintió que era su momento de mostrarse optimista.

  – Pues quizás ya iba siendo la maldita hora.

  Los ojos de Warwick reflejaban preocupación, algo muy inusual en alguien de espíritu tan ligero como él.

  – ?Está seguro que quiere hacer esto, capitán?

  El contramaestre se refería a la prohibición que tenía todo barco pirata de visitar cualquier puerto del continente, sobre todo si este se trataba de Abrazo de Tormenta. El Heraldo Vagabundo, por más que cumplía una mera función de emisario, no era ninguna excepción.

  Jasper entrecerró los ojos.

  – Si lo que nos han dicho es cierto, a esta altura ya no importa que rompamos una regla más. ?No te parece?

  El otro se rascó el mentón nervioso.

  – No me digas que estás asustado, Warwick – la burla de Jasper hizo que su subalterno comenzara a toser.

  El contramaestre se golpeó el pecho indignado.

  – Incluso para alguien como yo, la guerra es cosa seria.

  – Confío en que Rovenna nos dé más tiempo para prepararnos. ?Cómo se encuentra Bronto?

  – Débil pero dice que el dolor ha cesado.

  – Eso es bueno.

  – El resto de la tripulación sigue preocupada de que sea contagioso.

  Jasper no estaba de acuerdo pero tampoco quería sembrar nerviosismo en sus subalternos.

  – Se mantendrá aislado hasta que se recupere – ordenó.

  Warwick asintió expresando su acuerdo.

  – ?Qué cosa podría haber sido para dejar a un sirenio incapaz de utilizar su poder de sanación?

  – Muchas cosas raras están sucediendo y una aún mayor nos está esperando aquí.

  – Entonces... piensa que será verdad...

  – Un puerto entero ha emprendido la retirada, Warwick. Algo ha encendido la vieja llama y quiero verlo con mis propios ojos.

  La distancia entre el barco y los muelles se fue acortando. Una peque?a multitud se había amontonado allí como si los estuvieran esperando. No era para menos. La presencia de El Heraldo Vagabundo era un hecho sin precedentes. Warwick le tendió un catalejo que Jasper utilizó para buscar entre aquellos curiosos rostros a la persona con la que necesitaba hablar con mayor urgencia. Para su alivio, no tardó mucho en toparse con la robusta figura de Dhabeos Myrkan que se iba abriendo paso entre los espectadores.

  Una vez que el barco realizó las debidas maniobras y se posicionó junto al muelle, los tripulantes sacaron la plancha de madera para comenzar a descender. Dhabeos, en cambio, dio un paso sobre la pasarela listo para subir pero Jasper le hizo un gesto para que se detuviera.

  – Vamos, Dhabeos, ?me vas a negar el placer de pisar la tierra de mis ancestros?

  El capitán del puerto le hizo una mueca mientras retrocedía para darle paso. No era la primera vez que se veían pero como el Heraldo Vagabundo tenía prohibido la entrada al puerto era siempre Dhabeos quien debía acercarse en bote.

  Con gran placer, Jasper sintió como la madera del muelle crujía bajo el peso de sus botas. Si alguien pudiera haberle visto la cara habría notado un ancha sonrisa de satisfacción cruzando sus labios.

  Pero no pudo evitar notar que su ánimo contrastaba con las miradas temerosas de los testigos que lo observaban, entre ellos marineros y habitantes del puerto. Tanto Dhabeos como los oficiales que se encontraban cerca lucían profundas ojeras producto del agotamiento. Jasper supuso que con el puerto cada vez más vacío no debía de ser fácil mantener la ciudad en funcionamiento y era muy probable que hubieran comenzado a racionar la comida.

  Dhabeos le estrechó la mano.

  – Así que te llegó la noticia.

  – Nos cruzamos con varios barcos en el camino. Los capitanes me fueron poniendo al tanto...

  – ?Qué sabes de la armada?

  Jasper suspiró, pese al placer que había sentido instantes atrás, el tiempo apremiaba.

  – Mientras los barcos se mantengan lejos de la costa y se dirijan directo a Rebelión no tendrán problemas. La armada no se alejará más allá de la isla Centinela, de lo contrario se las veran con nuestros barcos guardianes. En cualquier momento la noticia llegará a la Liga y enviarán ayuda.

  Jasper observó como los ojos de Dhabeos se cerraban del alivio mientras él inspiraba hondo.

  – ?Alguna noticia de Rovenna? – preguntó el pirata.

  – Solamente que debemos apurarnos porque ya no puede seguir posponiendo el mensaje que debe enviar a la capital.

  Jasper asintió.

  – Hay lugar en mi barco, si no les importa viajar con un sirenio enfermo.

  Dhabeos lo miró sorprendido.

  – ?Tu timonel se ha enfermado? Pero ellos pueden...

  – Su magia de sanación no funciona. No sabemos lo que le ocurre. Hace unos días colapsó de dolor y fiebre y debimos aislarlo. Lo peor ha pasado pero creo que llevará unos días más recuperarse.

  – Muchas cosas extra?as están sucediendo de repente.

  –Y no sólo eso. Cuando Bronto enfermó, intentamos comunicarnos con los sirenios que habitan el Mar Libre pero ninguno de ellos respondió a nuestro llamado... Eso nunca había pasado... Dhabeos... – lo miró directo a los ojos, no podía esperar más –. ?Es verdad lo que me han contado los capitanes?

  Dhabeos giró su cabeza en dirección a la multitud del otro lado del muelle.

  – ?Silas!

  Ante el vozarrón del Capitán del Puerto, la multitud no se dejó esperar para dejar pasar a un muchacho de una cabellera larga y desgre?ada. Vestía una camisa y pantalones gastados. No había nada de raro en él, parecía un pescador más, pero a medida que se acercaba la curiosidad de Jasper lo hizo acortar la distancia entre ambos. Sus ojos se encontraban a la misma altura aunque el muchacho era incapaz de ver los suyos.

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  Pero Jasper podía verlo perfectamente y no le bastó más que un instante para confirmar la extraordinaria historia que acababa de suceder en Abrazo de Tormenta.

  Ojos dorados. Ardientes y desafiantes.

  Jasper tragó saliva y estiró la mano hacia el muchacho. Sintió una sensación extra?a y cuando bajó la vista vio que estaba temblando.

  – Mi nombre es Jasper Bloom. Capitán del Heraldo Vagabundo.

  El muchacho lo observó con suspicacia pero finalmente correspondió el saludo. Al estrechar su mano, una peque?a corriente pareció nacer de sus dedos y le erizó la piel. La quimera también pareció haberla sentido porque retrocedió enseguida y lo estudió de arriba abajo. Lejos de sentirse ofendido, Jasper se vio invadido por una ola de emoción que el otro era incapaz de ver a través de la máscara.

  – Yo soy Silas – dijo por fin el muchacho con expresión confundida. Parecía que quería preguntarle algo pero por más que Jasper ansiaba contarle todo lo que sabía aquel no era el momento adecuado.

  – ?Cómo has llegado hasta aquí, Silas?

  Dhabeos, visiblemente impaciente, intervino.

  – Ya tendrán tiempo de hablar. El muchacho está aquí porque quiere llegar a la Hermanda de la Isla. Rovenna también lo ha ordenado.

  La mirada de Jasper osciló entre Dhabeos y Silas.

  – ?La Hermandad? ?Y qué buscas allí?

  Silas le digirió una mirada decidida.

  – Necesito ver al Archimago.

  Jasper se llevó una mano hacia atrás para rascarse una parte del cuello en donde la máscara solía molestarle más. Aquel día la sentía más sofocante que nunca.

  – No sé si el Archimago estará dispuesto a recibir una quimera...

  – Y una humana – agregó Dhabeos y le se?aló con la cabeza a una muchacha de pelo negro, corto y ojos azules que se había ido aproximando rodeada de un grupo de seis ni?os que no tardaron en realizar una demanda aún más rídícula.

  – ?Nosotros también queremos ir! – exclamaron a coro.

  – ?De ninguna manera! – les respondió Dhabeos –. ?Tienen idea de lo peligroso que es este viaje? ?Ustedes nunca han salido del puerto!

  Los más peque?os hicieron pucheros para dejar en claro su desilusión. Los mayores levantaron los brazos para protestar. Se entablaron en una ardida discusión con Dhabeos sobre que él no tenía derecho a decidir por ellos.

  – ?Somos piratas! – vociferó uno de los ni?os alzando el pu?o como si estuviera a punto de salir al campo de batalla.

  – ?No, no lo son! ?Estamos hablando de cruzar nada menos que el Mar Libre! ?Sin contar la trampa de niebla que rodea a la isla! Todos ustedes irán directo a Rebelión y no se diga más.

  – ?No podemos dejar solos a Olivia y Silas! – protestó uno de los mayores.

  – ?Estarán mejor sin ustedes!

  – ?Nos discriminas por ser ni?os! – una de las chica le lanzó un dedo acusatorio.

  – ?Pero son ni?os!

  – ?Leila nos dejaría ir! – dijo otro.

  – ?Leila no está aquí!

  – ?No eres para nada divertido, Dabheos!

  – ?Nada de esto es divertido! ?Intento mantenerlos a salvo!

  – ?Después de todo lo que hicimos por ti!

  – ?Querrás decir lo que me obligaron a hacer, peque?os rufianes! ?Son ustedes las mentes maestras de todo este gigante lío!

  Aquel desacuerdo podía hacerles perder mucho tiempo del poco que tenían así que Jasper alzó la voz para hacerse escuchar por arriba del griterío infantil.

  – ?Todavía no dije que sí a nada! – luego se dirigió a Silas y a la muchacha que se había ubicado al lado de él –. Entiendo que una quimera quiera buscar refugio allí... ?pero qué tienes que ver tú?

  La chica dudó antes de responder y Dhabeos cruzó el muelle para dispersar a la multitud de curiosos y ordenarles que siguieran con las reparaciones de los barcos. Varios protestaron porque querían saber cuándo podrían marcharse del puerto y si Jasper estaba dispuesto a llevarlos pero la autoridad del capitán del puerto se impuso.

  En cuanto se alejaron, la chica comenzó a hablar.

  – Mi nombre es Olivia de Rocasombra.

  En cuanto pronunció el nombre, a Jasper le vino la imagen del Conde de Rocasombra. La muchacha era el vivo retrato de su padre. Se giró hacia Dhabeos quien le hizo un gesto de confirmación.

  – Pero tú... fuiste raptada...

  – No, eso es lo que el Consejo quiere que la gente piense.

  Ella entonces pasó a contarle todo lo que había sucedido desde el ataque el lago, la transformación de Silas con la ayuda de los sirenios y su viaje frustrado a través del golfo de Las Luces Danzantes que los había obligado a seguir su viaje por tierra.

  Para entonces la piel de Jasper hervía bajo la máscara hasta el punto de sentir que su cabeza estaba a punto de derretirse bajo su peso pero no tenía más remedio que esperar a volver al barco.

  – Capitán... – le llamó Warwick desde la pasarela –. ?Podrían ser ellos?

  Jasper se dio la vuelta para mirarlo. Toda la tripulación se había reunido en la borda y escuchaba toda la conversación. Tardó un momento en entender a qué se refería su contramaestre pero entonces recordó su misión fallida en Sue?o de Bruma.

  Hacía unas semanas, Bronto, timonel del barco, había recibido un mensaje a través de las aguas. La fuente del mismo no se había identificado pero sospechaban de que debía de ser alguien que habitaba en el lago. Según el mensaje, debían mantenerse cerca del estrecho y vigilar cualquier movimiento sospechoso, sobre todo por parte de la armada, y de ser necesario ayudar a dos viajeros que podrían requerir su ayuda. El remitente afirmaba que no necesitaban nombres y que Bronto sería capaz de reconocer su presencia.

  Sin embargo, nunca encontraron a nadie en Sue?o de Bruma por más que se mantuvieron varios días recorriendo el estrecho. Alcanzaron a escuchar un rumor acerca de extra?as fluctuaciones que habían ocurrido en los alrededores pero les era imposible cruzar más allá de los límites del estrecho, por lo que al final debieron desistir, confiando en que los viajeros se habían adelantado y había continuado su viaje a salvo.

  Y ahora los tenía aquí justo delante de sus narices.

  – Eran ustedes... los hemos estado buscando por semanas.

  – ?Los ayudarás entonces? – preguntó Dhabeos.

  Antes de que pudiera pensar una respuesta, Warwick volvió a interrumpirlos.

  – ?Capitán, la tripulación ha votado! – exclamó Warwick.

  – ?De qué hablas?

  – Estamos todos de acuerdo en llevarlos, incluidos a los ni?os. Será un honor para tener en nuestros barco a tales estimados alborotadores.

  Al decir esto, los últimos comenzaron a festejar y abrazarse.

  – ?Este no es viaje para ni?os!

  – ?Vamos, capitán! Podemos atracar en la bahía del Kraken para aprovisionarnos y luego dirigirnos hacia las islas del norte una vez que ellos sean recibidos por el Archimago.

  – No sabemos si serán recibidos... Silas... no es necesario que recurras a la Hermandad. Los piratas te recibirán con los brazos abiertos si eliges ir con nosotros.

  El muchacho pareció pensarlo por un momento. Jasper observó cómo apretaba los pu?os y luego miraba en dirección a Olivia.

  – Es tu decisión – le dijo ella.

  – También tuya – le respondió él.

  Ella bajó la mirada hacia el suelo.

  – Después de todo lo que ha pasado ya no sé si quiero ir a la isla... Mi poder... – sacudió la cabeza –. Eres tú quien necesita la ayuda del Archimago. Yo... debería mantenerme al margen.

  – Cobarde – le escupió la quimera.

  Ella lo miró con un dejo de indignación en la mirada.

  – ?Qué dices?

  – Me arrastraste todo el camino hasta aquí y sólo porque un par de ojos te asustaron vas a abandonarme.

  – Por culpa mía sufriste.

  – Eso no fue nada – Silas se cruzó de brazos e infló el pecho.

  El chico rubio que parecía ser el líder del grupo lanzó un sonoro bufido y comenzó a increpar a ambos.

  – ?Pueden parar con las estupideces? ?He estado esperando toda mi vida para subirme a un barco pirata y un par de tontos enamorados no me lo va a impedir! – el muchacho se agarró de los pelos –. ?Maldición, este es El Heraldo Vagabundo!

  – ?Venga, muchacho, súbase! – Warwick bajó por la plancha y le ofreció su mano al muchacho –. ?Cómo es su nombre, compa?ero?

  – ?Rufus!

  – Bienvenido, Rufus. Te presentaré al resto de la tripulación. Necesitamos nuevos miembros con la sangre ardiente como tú. ?Suban, chicos! Cuanto antes aprendan el oficio, mejor. Este será un viaje bastante movido.

  – ?Warwick! – exclamó Jasper.

  – La tripulación ha votado, capitán – le recordó el contramaestre.

  Jasper debería tener una charla con la Asamblea de Piratas y presentar argumentos sobre por qué ciertas cosas nunca deberían ser votadas.

  – ?Gracias por nada, Dhabeos! – exclamó Rufus.

  – ?Te queremos de todas formas! – exclamó una de las ni?as.

  – ?No, nada de eso!

  Para entonces Dhabeos observaba la escena derrotado y con los hombros caídos.

  – ?Cuida de todos ellos, Rufus!

  – ?Claro que lo haré, estúpido! ?Ocúpate de salir con vida de este barco o me convertiré en el próximo esposo de Leila!

  – ?Maldito sabandija!

  Los ni?os continuaron su ascenso por la pasarela a las carcajadas, dejando atrás a Silas y Olivia.

  – ?Qué chances tenemos de que el Archimago nos reciba? – pregunto ella.

  Jasper se tomó un momento para responder. Su relación con Bhoriax no era tan estrecha como para responder con seguridad aunque era gracias a él que ahora portaba aquella máscara que lo protegía. Pero al igual que Jasper, cuya autoridad estaba subordinada a la Asamblea de Capitanes, Bhoriax, incluso con todo su poder, debía responder ante el Senado.

  La Hermandad mantenía una buena relación con la Liga hasta el punto de haberles cedido un peque?o puerto en la isla donde atracar los barcos en caso de necesidad siempre y cuando no se adentraran más allá de los límites permitidos. Sin embargo, los híbridos eran muy reservados y, descontando al Archimago, el pirata sólo había tenido la oportunidad de conocer a unos pocos.

  – Podemos intentarlo – respondió finalmente –. En el caso que no los acepten siempre podemos ir hasta la bahía del Kraken y luego retornar a las islas.

  – ?Así que robándome las ideas, eh! – exclamó Warwick –. Debería ser yo el capitán.

  – Si no te pasaras la mitad del tiempo borracho, tendría miedo de que me quitaras el puesto.

  Tras llegar a un acuerdo con Dhabeos, Jasper aceptó que a cambio de provisiones para el viaje permitiría a otro peque?o grupo de ciudadanos abordar el barco. Sería un viaje bastante apretado pero tenía fe en la pericia de su tripulación para cruzar sin problemar el Mar Libre. Hubiera sido preferible esperar a que Bronto terminara de recuperarse pero por el momento tendrían que arreglárselas sin él.

  El bullicio en el puerto aumentaba a medida que la noticia se esparcía entre los desesperados que aún buscaban una vía de escape. No podían permitir que la situación se descontrolara. Mientras la tripulación cargaba barriles de agua y sacos de provisiones, Jasper se dedicó a supervisar la distribución de los pasajeros. No le quedaría más remedio que compartir su cabina, por lo que no tendría ningún momentos a solas para darse un descanso de la máscara.

  Cuando el último barril fue asegurado y la pasarela retirada, Jasper subió a cubierta, se ubicó junto al timón y alzó la voz:

  – ?Leven anclas! ?Suelten amarras!

  Las velas se desplegaron con un crujido y El Heraldo Vagabundo se sacudió con un movimiento casi imperceptible antes de comenzar su lento avance. El puerto con sus muelles abarrotados pronto quedó reducido a una mancha en la distancia y los gritos de quienes habían quedado atrás fueron reemplazados por el incesante rugido de las olas. Una brisa salobre recorrió la cubierta haciendo aletear la bandera azul y plateada.

  Jasper le dedicó una última mirada de despedida al puerto mientras El Heraldo Vagabundo dejaba atrás el abrazo seguro de la bahía y se adentraba en el vasto y temido Mar Libre.

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