Los chicos llegaron a la mansión, buscando a su compa?ero Dimerian. Decidido a buscar algo de comida, Cáliban se topó con Catherine, quien regresaba de su clase, justo para entrenar. Argos y Similia se habían saltado sus clases para entrenar juntos.
—Ahora que los veo, necesito que-
Argos interrumpió.
—No lo creo, debo ir a entrenar para vencer al equipo de Alec.
—Por eso, puedo asignarles-
Similia interrumpió con un tono arrogante.
—Creo que te confundes “Líder”, nosotros lucharemos a su lado, pero no seguiremos tus entrenamientos, no te preocupes, te aseguro que para el festival barreremos con la competencia… ?Nos vemos!
Ambos se alejaron por la puerta hacia el patio trasero en dirección a la mazmorra, haciendo caso omiso a sus intenciones. Pero para su sorpresa, Catherine se acercó con amabilidad.
—Perdónalos, líder… pueden ser algo… bueno, orgullosos.
—Está bien, no es mi problema de todos modos, y en cuanto a ti…
—Lo siento, yo entrenaré con ellos, podrían matarse si no voy con ellos… pero…
Catherine recordó la escena de la clase, el perfecto control de la energía para generar un peque?o sol llamó su atención, nunca había presenciado tal tipo de magia.
—Líder, si llego a tener alguna duda… ?Podría consultarlo contigo?
Cáliban asintió, deseándole un buen día, para después proceder a subir a la habitación de Dimerian. Ahí se encontraba entablando lo que para él era una conversación, pero Joseph y Reinhard solo veían como movía sus labios, sin generar sonido alguno.
—Bueno, estoy aquí, dime los detalles…
Dimerian comenzó a hablar, Cáliban tradujo los labios para que pudieran escuchar su versión de la historia.
—“Mientras estabas herido, pensé que sería buen momento para entrenar, así que me dirigí hacia la Llanura Afónica, en la mazmorra. Ahí me encontré con una criatura rara, se movía rápido, muy rápido, mis sentidos no podían seguirlo en absoluto. Después de ser rasgu?ado por la criatura, gradualmente fui perdiendo mi voz, puedo hablar un poco si me esfuerzo, pero hace que me duela mucho la garganta. Tampoco puedo escuchar, se siente raro…”, es lo que dijo…
—?Qué clase de criatura haría eso? —preguntó Joseph.
Cáliban pensó por varios segundos, ?Qué clase de criatura podía influir en el sonido a tal punto de arrebatarle la capacidad de interactuar con él?, la verdad, se le ocurrían varias ideas, cada una menos probable que la anterior.
—Supongo que no queda de otra, tendremos que ver qué clase de criatura es, si no puedo identificarla, no podré saber si tiene cura…
—?Qué haremos entonces? —preguntó Reinhard, preocupado por el estado de su compa?ero.
—Preparen sus cosas, partiremos hacia el Emporio, tengo que hablar con Bardrim. Luego de eso, montaremos un campamento para seguir explorando la mazmorra en busca de una cura para Dimerian.
—?Qué hay del culto? —le susurró Joseph.
—Dudo mucho que hagan algún movimiento por algún tiempo. Con la organización aquí, no creo que pueden intervenir abiertamente como lo hacían antes. Deberemos esperar una oportunidad, solo mantengan sus ojos abiertos a cualquier cambio extra?o.
Con todo incluido, Joseph y Dimerian empacaron lo necesario, más tarde, los cuatro tomaron un carruaje rumbo al Emporio. Al llegar, se encontraron con el resto de sus compa?eras de casa, quienes miraban entre las estanterías con curiosidad.
—Líder, estamos aquí como nos solicitó, pero… —comentó Elizabeth.
—?A dónde iremos? —irrumpió Nhun.
—Necesito atender unos asuntos con el maestro herrero. Joseph, por favor, llévalas a comprar todo lo necesario, mochilas, herramientas, tiendas de acampar, todo lo que necesiten.
Juliana se emocionó al escuchar sus planes.
— ??Iremos a acampar?! ??Dónde?!
—Tranquila, ya lo verán después…
—Pero… líder, lamento la molestia, pero… me temo que no tengo suficientes fondos para comprar todo eso… yo… —comentó Elizabeth, con la mirada baja.
—Ya veo, acércate entonces.
Elizabeth se acercó con cautela, Cáliban tomó su brazo, tocando su marca para transferir la cantidad de dinero equivalente a 500 000 Oloruns, Elizabeth se sorprendió, su mirada se abrió como dos grandes soles rojos.
—??De dónde sacaste tanto dinero?! Líder, no podré devolvérselo, yo…
—No me lo devuelvas, págame volviéndote fuerte, además, no me importa en lo absoluto…
—Claro, es fácil decirlo cuando lord Hilloy paga todo… —refutó Nhun, con una ligera mueca de envidia.
—Me temo que no es así. A pesar de tener tal gesto, mi dinero es algo que yo me gané. Pueden preguntarles a ellos tres, quizás tengan la misma cantidad de dinero que yo, o incluso un poco más…
Cáliban no mentía, debido a sus actividades como líder, a veces no tenía tiempo para acudir a la mazmorra a entrenar, pero gracias a ello, Reinhard, Joseph y Dimerian entraban juntos.
Aún recordaba la primera vez que trajo a una bestia desconocida al Emporio.
Después de matar al Lavarrum y compartir el método secreto para crear los anillos, el equipo logró llevar los objetos al Emporio, donde esperaban los precios para las ventas. Bardrim, que en ese momento estaba aburrido, decidió atender al grupo por sí mismo.
—Buenos días, maestro herrero… ?Qué te sucede? —pregunto Cáliban, ligeramente interesado en el estrés de Bardrim.
—Nada… es solo que el libro que me diste es interesante pero… hay algunas cosas que no logro entender…
—Bueno, no es para que lo entiendas todo, solo para que vayas a lo que necesitas… ?Esperabas entender todo en pocos días?
Bardrim gru?ó como si estuvieran insultando su inteligencia. Pero no tenía los argumentos para refutarlo.
—Como sea, ?A que han venido? —dijo mientras tomaba un sorbo de su cerveza favorita.
—Trajimos unas cosas para vender, espero que puedas ayudarnos…
—Bueno, dejen las cosas en la mesa…
Bardrim se dio media vuelta para reunir unos papeles para llenarlos con los precios de los objetos. él esperaba objetos ordinarios y de precio económico, entonces, una luz que irradio desde su espalda llamó su atención. Se volteó, solo para darse cuenta de que la mitad de su despacho había sido ocupado por cientos de armaduras de plata.
—??Qué es esto?! ??De dónde sacaron toda esta mierda?!
—Bueno, objetos de la mazmorra. —contestó Joseph, como si fuera algo obvio.
Bardrim vio emocionado las armaduras amontonadas. Podía ver que cada una había sido forjada con esmero y dedicación, así como con delicadeza.
—Este estilo de forja es de otra tierra… ?Están seguros de que consiguieron esto en la mazmorra?
Cáliban asintió.
—También conseguí esto…
El anillo de Cáliban se iluminó para sacar un peque?o núcleo de lava en su mano. Los ojos de Bardrim se iluminaron como dos grandes lunas.
—??Un núcleo de lava?! ??De dónde lo sacaste?!
—Nos lo dio el jefe de la mazmorra cuando lo matamos… honestamente, no se que hacer con el, asi que… pense que tal vez-
—?Si! —contestó Bardrim, tomando el núcleo en sus manos para examinarlo rápidamente. —Oh… esta cosa es nueva… oh, me he topado con un tesoro…
—?Es valioso?
—??Bromeas?! ?Claro que sí! —exclamó como si no pudiera creerlo. —Lo segundo más difícil de conseguir son los núcleos. Aunque son muy caros, son muy útiles. Sí proporcionas suficiente energía, puede generar un flujo mágica que emula un elemento. Este por ejemplo, puede crear un río de lava útil… el mío ya se estaba rompiendo. ?Qué maravilla!
—Bueno y ?Cuanto seria el precio de venta por todo?
Bardrim volvió su mirada hacia las armaduras, luego al núcleo en su mano. Tardó alrededor de veinte minutos para poder procesar todos los materiales. Cada vez que descubría las pieles, cristales o materiales, se sorprendía. Pues eran piezas que nunca había visto, pero que eran perfectas para sus proyectos.
—Bueno… contando todo, en total serían… 1,600,000 Oloruns… ?Quieren que lo divida o se lo depositó al gremio?
En cuanto escucharon la cantidad, Dimerian, Joseph y Reinhard casi se desmayaban. Era una cantidad absurda.
—Maestro… ?Está seguro que esa es la cantidad correcta? —preguntó Reinhard, algo escéptico.
—Ni?o, este núcleo de energía por sí solo vale un millón… incluso un núcleo viejo está entre 500 a 600 mil Oloruns. Así que si, ese es el precio…
—?Estás seguro de que no estás timandonos? —pregunto Cáliban con la ceja alzada.
—?Ja! nunca bromeó con los precios. Te pago lo que vale, ni una moneda menos ni una moneda más.
—Bueno, siendo ese el caso, divide la cantidad y depositalo por separado.
Desde entonces, los chicos participaron en batallas, repartiendo siempre las ganancias de los monstruos cazados. A ellos realmente no les importaban las ganancias ni los materiales, después de todo, su meta era el entrenamiento en sí, por lo que no les prestaron mucha atención a sus cuentas bancarias. Para ellos, era suficiente tener lo necesario para no morir de hambre.
—Bueno, vuelvo en unos momentos… —cuando Cáliban intentó irse, pero pudo sentir de cerca la presencia de Astrid, quien lo seguía desde atrás —?Por qué me sigues? —preguntó irritado.
—Tengo muchas preguntas que hacerte…
—Y yo, ninguna respuesta que darte…
—?No seas mala persona! ?Ninguno ha querido decirme nada!
Cáliban ignoró sus lloriqueos mientras se dirigía al taller personal de Bardrim.
—?No me ignores! —replicó Astrid.
Mientras se alejaban por el pasillo, Joseph y Reinhard guiaron a sus compa?eras por la tienda.
—Bueno, síganme por aquí… —apuntó Reinhard hacia un pasillo más lejano de la sala.
—Espera, ?No compraremos aquí? —preguntó Cecilia.
—Hmm, no, las mejores cosas están en la sección VIP, vamos.
Reinhard los guió hacia la tienda VIP, donde las estanterías tenían materiales de gran calidad, herramientas de alta gama, sobre todo, equipamiento que usualmente no se vende en la tienda principal. Nhun vio la buena calidad de las cosas, pero también observó la cantidad exorbitante del costo.
—Tendría que trabajar por un a?o, sin comer, solo para pagar eso…
Elizabeth se dirigió a Reinhard.
—?Realmente es necesario todo esto?
Reinhard asintió con tranquilidad.
—Si el líder dice que lo necesitaran, es mejor hacerle caso, puedo asegurarte que no se equivoca.
—Pero, ?Por qué necesitaríamos equipo para acampar? ?No iremos solo a la mazmorra? ?O acaso nos llevará a otro lugar?
—Lo entiendo, pero como él dijo, es mejor esperar a que ustedes lo vean antes de explicarles todo…
—Bueno —hablo Juliana —yo no me quejo, ?Qué deberíamos comprar?
Joseph habló con sus compa?eras, quienes se sintieron fuera de lugar al ver sus facciones demacradas. Con una voz rota y cansada, respondió:
—Compren una tienda para acampar, también una bolsa espacial, un cofre para que puedan guardar sus cosas, lonas, platos, vasos desechables, herramientas como picos, cuchillos, cualquier utensilio de cocina que crean necesitar, carbón…
—Espera, espera, espera… ?Es necesario todo eso? —pregunto Nhun, extra?ada por la gran cantidad de objetos a necesitar.
Dimerian, Joseph y Reinhard asintieron al mismo tiempo.
—Como dijo el líder, lo que no puedan pagar, nosotros les ayudaremos, pero lo esencial, es llevar todo lo que se está pidiendo… pero si creen que no será necesario, pueden hacer caso omiso, pero les advierto, que podrían arrepentirse después…
Dicho esto, comenzaron a realizar las compras necesarias, atendiendo las advertencias que les dio Reinhard. Al otro lado de los pasillos del Emporio, Cáliban se encontraba caminando hacia el despacho de Bardrim, ahí, un enano salió de su estudio, portando carpetas con documentos.
—Ah, eres Cáliban, ?Cierto?, el maestro está en su taller privado, te está esperando ahí…
—Gracias…
Mientras caminaban hacia el taller del maestro herrero, Astrid no dejaba de picar a Cáliban con su dedo, esperando alguna respuesta. Con un suspiro de agotamiento, este le preguntó:
—?Qué quieres?...
—?Que me respondas! ?Háblame!
Cáliban suspiro, irritado por su comportamiento.
If you encounter this story on Amazon, note that it's taken without permission from the author. Report it.
—?Qué? —pregunto cansado.
Astrid comenzó a bombardear con preguntas innecesarias, casi se quedó sin aliento por hablar sin respirar. Cáliban tomó sus labios para que guardara silencio.
—Escucha, sé que tienes muchas preguntas, pero ahora mismo no puedo responderlas ?Sí?, así que, te recomiendo que esperes hasta que tenga algún tiempo libre…
—?Cuándo? —pronunció desde sus labios sellados.
—Pronto, probablemente… no lo sé con certeza, pero no tienes otra opción más que esperar. Lo único que pido, es que no me fastidies, tengo muchas cosas que hacer como para perder el tiempo, ?Entendiste?
Astrid asintió, aunque a rega?adientes, decidió quedarse callada el resto de la caminata. Cuando continuaron con el pasillo, lograron ver grandes puertas de metal, resguardando un calor abrasador detrás de ellas. Desde el fondo, se escuchaban martilleos intensos que hacían resonar el pasillo, Cáliban abrió las puertas en par, dejando salir un aire caliente que se filtraba por su rostro. Bardrim, quien portaba equipamiento para forjar, bajó sus lentes en cuanto vio a los dos adolescentes.
—Ah, ya llegaste…
—Uff, hace mucho calor aquí… —respondió Astrid, quien se limpiaba el sudor de su cuello.
—Bueno, estas en una forja, ?Qué esperabas?
Cáliban dirigió su mirada hacia el inmenso caldero de lava, un río de magma fluía hacia el gigantesco horno que fundía metales.
—Tienes un buen taller. —comentó Cáliban.
—?Ja! ?Así es! ?El nuevo núcleo está trabajando! ?Pero dejémonos de cháchara! No te he llamado para eso… —Bardrim los guió hacia su mesa de trabajo, ahí, se encontraban partes de un conjunto para un anillo púrpura —quería que vieras el prototipo, después de todo, no tengo a nadie a más a quien preguntarle...
Cáliban observó el cuerpo del anillo, lo tomó con suma delicadeza. Con su Mirada Celestial, analizo todas las imperfecciones a nivel mágico, físico y molecular. Con un leve suspiro, dijo:
—No está mal, aunque no es perfecto…
Bardrim alzó una ceja, lleno de curiosidad, le preguntó.
—?Cuánto porcentaje le darías?
—Un 50% a lo mucho…
—??Qué?! ??Tan poco?! —exclamó el maestro herrero, quien no creía en el juicio de su joven cliente.
—Bueno, observa…
Cáliban cambió su ropa por un delantal de herrería, comenzando a forjar un nuevo anillo con su propia experiencia. Bardrim comenzó a observar con sumo detenimiento el método de forja de su cliente. Al principio, pensó que no vería nada diferente, pero conforme sus dedos forjaban las marcas, el cuerpo, las runas, todo lo relacionado al anillo en sí, terminó quedándose en completo silencio, analizando cada movimiento mostrado. Bardrim recordaba esa nitidez en los golpes y la precisión del esculpido. Le recordaban a su maestro.
Momentos después, el grupo llegó con todos los objetos que compraron.
—Woah… qué grande. —dijo Nhun, asombrada por la inmensa forja en la que se encontraban.
—Líder, ya hemos…
Astrid hizo se?as para que guardaran silencio mientras su líder forjaba. A un lado, el maestro herrero imitaba cada uno de sus movimientos con suma precisión y poderío. Los sonidos del martillo eran incesantes, resonaban con fuerza por toda la habitación, pero a la vez, el ritmo era calmado, haciendo que la lava que burbujeaba con fuego se calmara. Al terminar, ambos colocaron el anillo en la mesa de trabajo.
—Bueno, eso dejaría el cuerpo, ahora solo faltaría el núcleo…
—Supongo que sí, sin embargo, he revisado los mercados en busca de uno que cumpla con los requerimientos que me diste, pero me temo que no lo he encontrado…
Cáliban pensó por unos minutos.
—Creo que puedo conseguir algunos, pero necesitaré ayuda para conseguir los materiales necesarios.
Bardrim alzó una ceja, intrigado.
—?Qué clase de materiales?
Cáliban comenzó a recitar una gran cantidad de nombres, desgraciadamente, Bardrim no pudo identificar ninguno, pues en el continente, se conocían por nombres muy diferentes.
—Tengo una idea, pero tendrás que hablar con Xander más tarde, discutiré con él algunos detalles más tarde…
Cáliban frunció el ce?o.
—?Lord Xander? ?Qué tiene que ver con esto?
—él te lo dirá más tarde, ahora mismo ibas con tu grupo a otro lado, ?No?, apúrate y lárgate de una vez, no los hagas esperar…
—Esa boca tuya… por cierto, hablando de mi grupo, necesitare más pesas, ?Podrías ayudarme?
—Si, lo que sea, nos veremos después…
Cáliban notó el extra?o comportamiento del maestro herrero. Desde su espalda, podía sentir vagas intenciones que no alcanzaban a salir. Entonces, intentó usar sus ojos para observar el cuerpo del maestro herrero, sin embargo, este se dio cuenta de lo que intentaba hacer.
—Ni?o… no fastidies y vete de una vez, yo también tengo cosas que hacer… —dijo con un tono sombrío.
Cáliban hizo caso a su actitud evasiva, sabía que algo andaba mal con el herrero, pero decidió no indagar en ello, no ahora al menos. Dio media vuelta para retirarse con sus compa?eros. Al salir de la habitación, el maestro herrero se desplomó sobre el suelo, mientras su mano temblaba, tomó un frasco de pastillas que guardaba en su delantal. Su cuerpo logró estabilizarse después de consumirlas, dando bocanadas de aire, se susurró a sí mismo.
—No… aun no… todavía no…
El enano se sumergió en absoluta oscuridad mientras reposaba en el suelo, aun lado de su amado yunque.
Mientras caminaban hacia las puertas que resguardaban la gran mazmorra, Cáliban y su grupo charlaban plácidamente sobre los objetivos a cumplir, así como las tareas y deberes que cumplirán en la semana, entonces, uno de los guardias que permanecían custodiando la entrada día y noche, se acercó.
—?Asunto? —pregunto sin ninguna emoción en el rostro.
—He venido para entrar en la mazmorra, mis compa?eros van a acompa?arme…
El guardia sostuvo su mirada junto a Cáliban, ninguno mostraba signos de miedo, solo una profunda tranquilidad, esperando el momento de una respuesta.
—Has traído más miembros de los permitidos para el primer piso…
—La mazmorra es muy diferente a un primer piso, por eso debo llevar ayuda…
El guardia no contestó su reclamo, simplemente alzó su mano para dejarlos pasar, registrando sus marcas en cada uno. Las miradas de las chicas fueron sorprendidas al ver la primera puerta en la recepción, pues solo había dos puertas iluminadas hasta el momento, Nhun carcajeo al pensar que solo habían llegado al décimo piso.
—Líder, ?No has podido pasar del primer piso?
—No se sienta mal… puede llegar a ser muy difícil con solo tres personas… —comentó Elizabeth, sintiendo lástima por el grupo.
—?No se preocupe líder! ?Yo lo ayudaré a limpiar los primeros treinta pisos fácilmente! —exclamó Juliana.
—Líder… ?Ha tenido problemas con los pisos? —preguntó Cecilia, con una inocencia palpable en su mirada.
Dimerian bajo su mirada, pensando con vergüenza, la vez que llegó por primera vez junto a su equipo. Astrid se quedó en silencio, pensando sobre las puertas. Al analizar la sala, se dio cuenta que la recepción no era como otras mazmorras, o la suya propia. Había menos puertas en comparación, pero cada una irradiaba un dise?o muy diferente, cuando por lo general, era que todas las puertas se parecieran.
Reinhard se acercó a su líder, susurrándole.
—?Iremos al campamento?...
—No, pasaremos primero por el Bosque Neblinoso, ellas tendrán que ser amaestradas desde lo más bajo.
Dimerian sintió un ligero escalofrío al escuchar sus órdenes, este miró con lástima al grupo de compa?eras con el que caminaba. Astrid noto su mirada. Extra?ada, se adelantó para preguntarle.
—Dimerian… ?Qué planea el líder?
Pero este respondió dándole unas palmadas en la cabeza mientras negaba con la suya. Astrid quedó aún más confundida. Al dirigirse a la puerta del Bosque Neblinoso, sin perder el tiempo, se dirigieron al puesto donde colocaron el campamento por primera vez. Todos comenzaron a montar sus tiendas de acampar. Al caer la noche, lograron cenar y disfrutar del suave ambiente del bosque.
—Bueno, esto no está tan mal… —susurró Nhun mientras cerraba sus ojos lentamente para dormir.
La elfa oscura quedó en profundo sue?o minutos después, disfrutando de su primer campamento con amigos. Al menos hasta que escucho un sonido proveniente desde la cercanía. La luna estaba en su punto máximo. Nhun salió de su sue?o al escuchar un grito familiar.
—?Nhun! ?Nhun! ?Levántate!
Escuchó una voz que le hablaba desde lejos. Recuperando la conciencia, Nhun se levantó inmediatamente.
—??Qué?! ??Qué pasa?!
—No lo sé, no sé dónde estamos… —contestó Astrid.
Aun lado, se encontraban Cecilia y Juliana, todavía dormidas. Pero lo que más les llamó la atención, era Elizabeth, quien estaba amordazada y vendada sobre el suelo. Todas se encontraban en un punto diferente, ya no había rastro del campamento.
—?Qué sucede?... —preguntó Elizabeth cuando finalmente fue libre.
—No lo sabemos, íbamos a preguntarte lo mismo… ?Recuerdas algo? —le pregunto Nhun.
—Yo…
Al fondo, mientras Astrid despertaba a Cecilia y Juliana, los bosques tronaron al escuchar los gru?idos de una gran bestia. Algo en la niebla se movía, era grande y veloz. Se desplazaba de un lugar a otro, evaluando a sus presas.
—?Qué fue eso? —preguntó Cecilia, sosteniendo su bastón, atemorizada.
—Reconozco ese gru?ido apestoso, debe ser un Ferrum. —respondió Juliana.
Junto a su respuesta, los grandes árboles que crecían desde el suelo fueron arrancados por los enormes cuernos de una gran bestia. El Ferrum encontró a las jóvenes, siguiendo su aroma. Juliana alzó el pecho, devolviéndole el rugido a la gran bestia.
—?No se preocupen chicas! ?Solo es un enorme cerdo! ?Yo-!
En menos de un segundo, Juliana fue disparada por la potente embestida del Ferrum, este dirigió su mirada salvaje llena de ira hacia las demás.
—?Corran! —exclamó Astrid.
Todas comenzaron a correr despavoridas, su corazón latía rápidamente, incluso el de Elizabeth, aun cuando sus ritmos cardíacos deberían estar cerca de ser nulos.
—?Mierda! ??Qué hacemos?! —exclamó Nhun, tratando de no tropezar con sus propios pies.
—?No lo sé! ?No tenemos nuestras armas! —exclamó Astrid con la respiración agitada, mirando hacia atrás para asegurarse de estar a buena distancia.
—Podríamos ir al campamento, ?Alguien recuerda dónde está? —exclamó Cecilia, corriendo por su vida.
Las cuatro intercambiaron miradas, rápidamente suspiraron, pues ninguna recordaba con exactitud las ubicaciones del campamento. Entonces, dirigieron su mirada a sus espaldas, el Ferrum logró alcanzarlas con su robusto cuerpo. En uno de sus cuernos tenía a Juliana colgada de su cinturón, desmayada por el golpe. Los gritos femeninos y el sudor resonaron por el bosque mientras corrían a gran velocidad. Desde las alturas, saltando de rama en rama, cuatro jóvenes observaban a las figuras femeninas correr por su vida mientras discutían entre ellos.
—No importa cuantas veces lo vea… siento que está mal… —comentó Reinhard.
—?Eso crees? ?No te gustaría volver a intentarlo? —respondió Joseph.
—No lo digas ni de broma…
—No importa, ellas tienen que volverse fuertes, y para ello, no hay método amable ni seguro… —comentó Cáliban —sigámoslas por el momento, veremos cuanto tiempo resisten…
Tiempo después, las fuerzas de las chicas comenzaron a mermar, poco a poco, su velocidad iba disminuyendo, los cuernos de la gran bestia se acercaban para atravesarlas. Fue ahí cuando cuatro figuras cayeron desde el cielo. Con su pu?o envuelto en aura rojiza, Cáliban golpeó el animal, haciendo que se estampara contra el suelo con fuerza. Joseph y Reinhard atacaron las patas del gigantesco animal, Dimerian usó la parte roma de su espada para noquearlo.
—?Cáliban! ?Qué bueno que está aquí! ?Nosotras-!
Astrid interrumpió a Cecilia. Atemorizada, dirigió su mirada hacia Cáliban.
—?Por qué hiciste esto, líder…?
Las cuatro dirigieron su mirada, llena de confusión hacia su líder, este respondió con un suspiro.
—Parece que eres más intuitiva de lo que creía… bueno, tienes razón, fui yo…
Nhun se enfado con creces. La vena se sobresaltó de su cuello mientras grito:
—??Qué?! ??Fuiste tú?! ?Malnacido!...
Cáliban frunció el ce?o. Una intensa sed de sangre cubrió el área, haciendo que el Ferrum y Juliana despertaran. La enorme bestia corrió lo más rápido que pudo hacia la niebla, perdiéndose entre los árboles, Juliana comenzó a temblar.
—Qué… qué… ?Qué sucede?
Cáliban dirigió sus ojos con un brillo intenso.
—Ustedes son débiles, muy débiles… por lo tanto, requerirán de un entrenamiento estricto para dejar de serlo… como les dije, a partir de ahora, tendrán un régimen implementado por mi…
A partir de ese momento, las cinco tomaron el entrenamiento que pasó Reinhard, Joseph, Dimerian y hasta el mismo Cáliban, sin descanso ni demora. Su primer día comenzó como jamás lo imaginaron. Fueron perseguidas por el bosque por bestias que no alcanzaban a entender por qué habitaban ahí.
Fueron lanzadas, perseguidas, golpeadas y azotadas por todo el bosque. No hubo piedad ni amabilidad para ninguna de ellas.
Cuando faltaba poco para la medianoche, todas volvieron al campamento a rastras. Sus cuerpos estaban llenos de sudor, sangre y suciedad.
—Tú… bastardo… —intentó decir Nhun, con poco aliento, pero ya no tenía la fuerza para hablar.
Astrid y Cecilia eran cargadas por Joseph, pues terminaron desmayándose en el camino al campamento. Elizabeth, por otro lado, gracias a su rápida regeneración por ser vampiro, su cuerpo estaba en buena forma, pero su fatiga no había sido reducida, por lo que caminaba arrastras. Juliana se desplomó sobre el suelo, dirigiendo su mirada hacia Dimerian, quien aún realizaba el entrenamiento al igual que ellas.
—Hey, se?or mudo… ?Cuánto tiempo deberemos hacer esto?...
Dimerian alzó un dedo.
—?Un mes?...
Dimerian negó.
—?Un… un a?o?...
Dimerian asintió con lástima en su mirada.
—??Un a?o?! ?No me jodas!
Juliana dirigió su mirada nuevamente hacia Reinhard, quien estaba afilando una gruesa rama de roble mientras Joseph revisaba la sopa puesta sobre la fogata. A su lado, Dimerian camino para comenzar a tallar utensilios de madera con un cuchillo.
—?Y ustedes? ?Por qué no hacen el entrenamiento?...
Reinhard dejó su cuchillo por un momento.
—Por que ya hemos pasado esa etapa, ahora mismo, nuestros entrenamientos son más intensos que los de ustedes, pero no por eso-
—Muestrales… va a ser difícil que mantenga su obediencia sin respuestas, además, tal vez así no estén de boca floja… —respondió Joseph, quien no apartó su mirada del caldo, meneando la cuchara de lado a lado.
—Si, puede que tengas razón…
—?Mostrarnos qué?... —preguntó Juliana, mientras veía a Reinhard levantarse con rama en mano.
Joseph se acercó a Elizabeth, que cuidaba a sus compa?eras, con una cubeta de agua fría en mano. Con un movimiento de su mano, dejó caer la helada sobre Cecilia y Astrid, quienes se levantaron rápidamente.
—?Ah! ?Está fría!
—?Qué? ?Por qué? ?Como? ?Qué sucede?...
Elizabeth se?aló a Reinhard, ambas observaron al joven lagarto acomodarse sus mu?ecas. Astrid lo recordó al instante, el motivo por el cual usaban dichos accesorios. Reinhard desactivó momentáneamente sus pesas, sostuvo la rama en lo alto, una energía azul vibrante recorrió aquella rama. Los músculos de Reinhard se tensaron, dejando ir toda su fuerza. Un roce de su movimiento hizo que el robusto árbol cayera hacia atrás, todas se quedaron sin aliento al presenciar tal acto, en ese momento Reinhard no era diferente de un maestro de leyenda.
Sin embargo, el movimiento había sido más extenuante de lo que imaginaba. Reinhard suspiro, agotado.
—Este es el poder que el líder nos ostenta, pero el camino está lleno de espinas. Si quieres renunciar ahora, aun estás a tiempo, pero si te quedas, hazlo en silencio y sigue sus ense?anzas, la decisión es tuya…
Reinhard se sentó para volver a lo suyo. Juliana, quien recuperó el aliento rápidamente, preguntó una vez más.
—Entonces… ?Dónde está el líder?...
—Salió un par de horas, fue a hablar con el profesor Yannes para avisarle sobre nuestra decisión de quedarnos en la mazmorra…
—?Creen que nos dé permiso? —pregunto Nhun.
—Debe hacerlo, después de todo, uno de los motivos por los que la apuesta se hizo en primer lugar fue su culpa… no creo que diga que no…
A la par, en el despacho del profesor Yannes, se encontraba Cáliban, sentado de frente al escritorio. Curiosamente, otra figura ocupaba su puesto actualmente. La profesora Rain habló con voz clara.
—?Qué te trae esta noche, joven Cáliban?
—No quiero ser grosero, profesora, pero quería hablar con el profesor Yannes…
—?Oh! No te preocupes, recuerda que yo también soy tu cuidadora, así que puedes hablar plenamente conmigo.
Cáliban sintió una incomodidad al ver la sonrisa sincera de la profesora. Sabía que ocultaba algo, ambos, pero no podía sacarles información, aún si pudiera hablar con ambos.
—Bueno, solo quería avisarle al profesor que estaremos pasando tiempo en la mazmorra…
—Bueno, mientras sigan asistiendo a sus clases sin falta, está bien. Claro, siempre y cuando la mazmorra lo permita, creo que el profesor ya te habló de ello anteriormente.
—Si, ya ha sido aprobado por ella… o él… lo que sea.
La profesora acarició su mentón con los dedos. No podía recordar la última vez que la mazmorra había sido tan permisiva con alguien.
—Interesante.
—Bueno, me retiraré por hoy. Buenas noches, profesora Rain…
Cuando Cáliban se dirigía a la puerta, la profesora Rain habló francamente con su alumno.
—Tienes suerte, ?Sabes?
Cáliban se detuvo de golpe, mirando de reojo a la profesora sin saber de lo que estaba hablando.
—?Disculpe?
—Tienes suerte de tener al profesor Yannes. No es perfecto, eso es claro, pero no hay profesor que se preocupe por ustedes más que él, de hecho, incluso ha sido bastante permisivo con todos, sobre todo contigo…
—?Acaso quiere que se lo agradezca?
—No… no… solo… no seas tan duro con él. Hace lo que puede… él no tenía malas intenciones, solo-
—Se que no tenía malas intenciones, pero las intenciones no importan profesora, solo las acciones. Si uno de ellos hubiera muerto o salido herido, entonces hubiera sido su culpa, por no haber hecho nada. —Cáliban bajo la mirada, tratando de contener la ira en su interior. —También mía, por no haber estado ahí… le repito, no importa las intenciones… cuando te quitan algo o alguien, solo puedes culparte a ti mismo por no haber hecho algo, da igual las intenciones que tenías, eso no cambiará nada…
Cáliban sostuvo su mirada un momento, esperando una respuesta por parte de la profesora, pero esta se quedó sin palabras.
—Ten buena noche, joven Cáliban…
—Lo mismo sigo, profesora Rain…
Al mismo tiempo, justo en un templo abandonado, oculto entre la maleza y el denso bosque, el profesor Yannes se acercó a una peque?a columna. Al bajar la palanca que resguardaba, se abrió una puerta oculta en las paredes del antiguo recinto, el profesor caminó escalera abajo hasta llegar al punto más profundo del lugar. Ahí, se encontró con una marioneta hecha de metal, una figura construida por varias piezas que se conectaban a gigantescos tubos.
—?Qué… noticias… has… traído? —la voz mecánica del robot hacía hincapié en un fuerte dolor con cada sílaba expresada.
—Si, he traído noticias sobre el joven Cáliban…
Las luces de los ojos de la marioneta se iluminaron. Con la luz, surgió un enorme mural a sus espaldas que contaba la historia de un gran mal que se avecinaba. Una batalla sin precedentes, el fin de su mundo como lo conocieron, así como un guerrero, un heraldo de energía oscura que exterminará toda vida existente. El profesor Yannes alzó su mirada, observando con horror las imágenes plasmadas en el mural.

