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Capítulo 74: Cadenas de sangre y acero

  Poderosos pasos resonaron en el césped mientras una figura robusta y de baja estatura irrumpía en el campo de batalla. Con un rugido feroz, Bardrim alzó su martillo y descargó un golpe devastador sobre la criatura, liberando a Reinhard de su mortal aprieto. Reinhard, aún jadeante, miró al enano con gratitud y alivio.

  —?Maestro Bardrim!

  —?No hay tiempo para saludos, muchacho! ?Levántate y pelea! —ordenó Bardrim, sin desviar su atención del monstruo.

  Reinhard reaccionó rápidamente, retirándose para unirse a sus compa?eros.

  —?Estás bien? —preguntó Joseph, visiblemente preocupado.

  —Sí… el maestro Bardrim llegó justo a tiempo. —respondió Reinhard, tomando aire profundamente.

  Bardrim se lanzó contra la criatura, pero la lucha era ardua y cada movimiento exigía más fuerza. Al ver el esfuerzo del enano, los jóvenes decidieron ayudar. Reinhard concentró toda su potencia en su lanza, arrojándola repetidamente y recuperándola tras cada impacto. Joseph y Astrid cortaban con sus espadas cualquier tentáculo que intentara acercarse al grupo. Mientras tanto, Juliana y Elizabeth intentaban inmovilizar a la bestia; Elizabeth lanzó su látigo para atrapar las piernas de la criatura, pero esta se movía con una velocidad abrumadora, esquivando cada intento.

  —?Fortalecimiento! —gritó Juliana, usando un Dote, un hechizo espiritual que impulsaba las habilidades físicas del portador.

  Con su fuerza y velocidad aumentadas, Juliana avanzó empu?ando su enorme hacha, intentando alcanzar a la criatura. Sin embargo, incluso con su aceleración, el monstruo era demasiado rápido. Frustrada, Juliana golpeó el suelo con su hacha en un intento de bloquear el camino de la bestia, pero la criatura esquivó con agilidad y contraatacó. Con una de sus potentes patas traseras, golpeó a Juliana en el abdomen, lanzándola a varios metros mientras un hilo de sangre escapaba de sus labios.

  —?Juliana! —gritó Joseph, corriendo para ayudarla.

  La criatura aprovechó el momento de vulnerabilidad y envolvió el cuello de Juliana con su asquerosa lengua, levantándola del suelo. Pero antes de que pudiera apretar, Astrid apareció y lanzó un tajo preciso, cortando la lengua de la bestia y liberando a Juliana.

  —?Estás bien? —preguntó Astrid, mirando las profundas marcas de las pezu?as en su abdomen.

  —Creo… creo que sí… —respondió Juliana con voz entrecortada, luchando por recuperar el aliento.

  La criatura, furiosa, se preparó para embestir a sus enemigos nuevamente. Justo cuando estaba por atacar, Bardrim invocó un muro de lava que surgió del suelo, bloqueando temporalmente el avance del monstruo. La bestia retrocedió con un gru?ido, desapareciendo nuevamente en las sombras de la llanura.

  —?Vuelve aquí, maldito engendro! —rugió Bardrim, enfurecido.

  Pero mientras la batalla continuaba, el cuerpo de Bardrim comenzó a fallarle, sentía su visión nublarse, y una peque?a corriente de sangre empezó a fluir de su nariz.

  —No… no ahora… —susurró, luchando por mantener el control.

  La criatura percibió la debilidad del enano y, con una sed de sangre evidente, se lanzó hacia él, sabiendo que era el mayor obstáculo en su camino. Bardrim, apoyándose en su martillo, trató de mantenerse firme, pero su cuerpo ya no respondía como antes. Podía sentir la fuerza letal de la bestia acercándose, y un escalofrío recorrió su columna.

  En ese instante, el relincho de un corcel rompió el silencio.

  —?Un caballo…? —murmuró Bardrim, confundido.

  Justo cuando el Bullrath estaba por arremeter contra el agotado herrero, un imponente corcel negro irrumpió en el campo, interponiéndose entre la criatura y Bardrim. Cáliban, montado sobre Ocelotl, lanzó una cadena que se enganchó en las patas traseras del monstruo, frenándolo y haciéndolo tambalear.

  —?Cáliban! —exclamó Elizabeth, viendo a su líder regresar al campo de batalla.

  Con una habilidad asombrosa, Cáliban utilizó la fuerza de sus cadenas para lanzarse sobre el lomo de la bestia, clavando su espada en la carne de la criatura para sostenerse. Sujetándose firmemente, Cáliban y el Bullrath comenzaron una violenta lucha, un rodeo de fuerza y furia. La criatura, en su desesperación, intentó arrojarlo, pero Cáliban se mantenía firme, controlando cada movimiento con la ayuda de sus cadenas.

  —?Cae, maldita bestia! —gru?ó Cáliban, alzando su espada para asestar el golpe final.

  Con una precisión letal, Cáliban clavó su espada profundamente en el vientre de la bestia, su único punto débil. Un desgarrador grito de dolor resonó por toda la pradera, haciendo que otras criaturas huyeran aterrorizadas. La espada de Cáliban descendió hasta el pecho de la bestia, dejando expuesto su brillante y palpitante corazón.

  Usando toda su fuerza restante, Cáliban extendió su mano, arrancó el corazón de la criatura, sujetándolo firmemente mientras la bestia dejaba de moverse. El cuerpo del Bullrath cayó al suelo en un último estremecimiento, finalmente vencido.

  Los jóvenes, aún en posición de defensa, respiraron con alivio al ver que la batalla había terminado. Bardrim se apoyó en su martillo, mirando a Cáliban con una mezcla de admiración y cansancio.

  —Te demoraste, muchacho… pero llegaste en el mejor momento. —dijo el enano, con una sonrisa agotada.

  Cáliban asintió, intentando recuperar el aliento mientras observaba el cuerpo inerte de la criatura.

  —Lamento haber tardado… —respondió, todavía con los pu?os apretados.

  Mientras el grupo se reunía y atendía sus heridas, Cáliban lanzó una última mirada al corazón del Bullrath en su mano. Sentía el poder oscuro que emanaba de él, y aunque sabía que absorberlo le traería dolor, no dudó en guardarlo para después, asignándole un espacio en su anillo.

  Más tarde, todos los integrantes del grupo se dirigieron al campamento central. Bardrim observaba con júbilo los alrededores de la mazmorra.

  —?Mocoso! ?Por qué no me dijiste que tu mazmorra era así? ?Mira esa monta?a! ?Qué clase de materiales tendrá?

  Cáliban arqueó una ceja, extra?ado.

  —?Es tan raro ver una mazmorra así?

  Bardrim se acarició la barba, pensativo.

  —No es que sea raro... más bien, no es común en absoluto. No sabía que esta mazmorra podía adoptar esta forma desde el principio… aunque... ahora que lo pienso, hubo un incidente similar al tuyo…

  Cáliban movió su mirada hacia el enano, con un interés renovado en los ojos.

  —?Qué sucedió?

  Bardrim trató de recordar.

  —Fue hace unos quince o diecisiete a?os… o tal vez más… no recuerdo la fecha exacta, pero sé que un estudiante de segundo a?o fue testigo de una transformación similar en una mazmorra, creando un paisaje hermoso lleno de recursos. Claro, no era nada comparado con este lugar y sus biomas… ?Dices que encontraste el mapa en el cuerpo de un caballero muerto?

  —Un Dullahan, sí. Nos topamos con el espectro justo afuera del Bosque Marchito. Gracias a que estaba debilitado, pudimos vencerlo, pero... no estamos seguros de qué criaturas habitan en áreas más profundas. —explicó Cáliban con tono preocupado.

  —Bueno, echemos un vistazo a esa criatura…

  Al llegar al campamento principal, lord Xander apareció justo a tiempo para recibirlos.

  —?Chicos! —exclamó Cecilia, con evidente preocupación.

  —?Qué pasó? —preguntó Nhun, ansiosa.

  Cáliban intercambió una mirada rápida con lord Xander, a quien le habló telepáticamente.

  ??Cómo está Dimerian??

  ?Ya está fuera de peligro… mi esposa se quedó a cuidarlo y, por lo que vi, sus heridas se están cerrando. Solo es cuestión de tiempo para que se recupere…?

  —Bien... Joseph, cuida de ellas y asegúrate de que no se metan en problemas, tengo asuntos que discutir con lord Xander y el maestro Bardrim.

  Joseph asintió, pero Astrid, indignada, protestó.

  —?Qué? ?Espera! ?No nos vas a explicar qué pasó?

  —No. —respondió Cáliban con seriedad —Además, les advertí que no se adentraran en zonas sin explorar, pero hicieron caso omiso. Se quedarán aquí hasta que se recuperen y puedan retomar sus entrenamientos…

  —Pero-

  —No hay peros. —la interrumpió, con un tono firme y autoritario.

  Joseph escoltó a sus compa?eras hacia el estanque, donde podrían curar las heridas de Juliana vertiendo pociones al agua, mientras Cáliban, Reinhard, Bardrim y lord Xander entraban en la carpa. Cáliban extendió su mano y sacó dos cuerpos de su anillo, colocándolos en el suelo, Bardrim los observó con fascinación.

  —?Por qué uno es más grande que el otro? —preguntó mientras examinaba ambos cuerpos.

  —Las hembras suelen ser más grandes y fuertes, ya que son las líderes de la manada cuando tienen crías…

  Reinhard, inquieto, observó los cadáveres.

  —?Qué son estas cosas, líder?

  Lord Xander y Bardrim miraron a Cáliban, esperando su respuesta.

  —Son Bullraths, criaturas dimensionales que se alimentan de otras formas de vida. Normalmente viajan en pareja o en manadas, pero rara vez están solas. No estoy seguro de que estos dos sean los únicos... —Cáliban se volvió hacia Reinhard —cuéntame qué sucedió.

  Reinhard suspiró hondo y explicó la situación.

  —?Por qué las llevaste?... te dije que no las llevarás bajo ninguna circunstancia.

  Reinhard se rascó la nuca, algo avergonzado.

  —Lo intenté, pero no importaba cuánto tratara de perderla; Astrid siempre lograba seguirnos. Al final, nos cansamos de sus quejas y la dejamos venir a las exploraciones, aunque nunca nos alejamos demasiado, sólo buscábamos la criatura para curar a Dimerian; no pensamos que terminaría así…

  Cáliban suspiró, comprendiendo la situación. él mismo había cedido ante las insistencias de Astrid en otras ocasiones.

  —De acuerdo… pero no las vuelvas a llevar, por ahora, dejarán de explorar y céntrense en su entrenamiento. Nos queda poco tiempo para la competición…

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  —Como ordenes…

  Bardrim, intrigado, observó la relación entre Cáliban y Reinhard. Le sorprendía ver a alguien tan sumiso hacia un líder que no pertenecía a la nobleza, y más siendo Reinhard un príncipe. Incluso lord Xander parecía adoptar una actitud amistosa y serena con Cáliban, algo que le resultaba insólito.

  —Mocoso…

  Cáliban frunció el ce?o.

  —Bueno, cliente... ?Cómo conoces a estas criaturas?

  Cáliban desvió la mirada.

  —Eso no puedo decírtelo, lo siento…

  Bardrim frunció el ce?o.

  —Vamos, ni?o, puedes confiar en mí… no se lo diré a nadie…

  Cáliban negó con la cabeza.

  —No es eso, Bardrim… lo digo porque ni siquiera yo sé cómo lo sé, es la primera vez que veo a esta criatura, pero, por alguna razón, sabía qué era…

  Bardrim sospechó que era una excusa, pero, al ver la sinceridad en los ojos de Cáliban, decidió creerle, por ahora.

  Cáliban recibió una se?al de lord Xander.

  ??Estás seguro de que no quieres reclutarlo? tenerlo como aliado sería ventajoso…? —comento, pensando que intentaba enga?ar al enano.

  ?Te repito, no es por eso, no es que desconfíe de Bardrim, que ha demostrado ser útil. El problema es este, estas tierras eran desconocidas para mí, y sin embargo, conforme avanzó en ellas, fragmentos de una vida olvidada surgen en mi mente… ni siquiera reconocí la criatura hasta que toque la marca en el pecho de Dimeria.n?

  ?Si lo pones así… supongo que tienes razón, ser cautelosos es lo mejor de momento.?

  Reinhard, consciente de que intercambiaban palabras telepáticamente, aprovechó para plantear una duda que lo atormentaba.

  —Líder, esta bestia es… diferente. Mis ataques no lograban atravesar su piel…

  —Eso es porque no puede ser herida con aura ni con magia elemental. Su piel es resistente a todos los elementos… —Cáliban levantó su pulsera —son vulnerables solo en el abdomen, el único punto expuesto, pero son extremadamente rápidas, lo que las hace difíciles de atrapar. Por eso forjé esta cadena, que puede rastrear cualquier objetivo. Es una de mis armas favoritas…

  Bardrim examinó los duros huesos de la criatura.

  —Ni?o, ?Qué puedes decirme de estas criaturas? te las compraré…

  Cáliban sonrió.

  —No creo que puedas manejarlas…

  Bardrim arqueó una ceja.

  —?Ja! ?Te burlas de mí?

  —No lo digo por eso… —Cáliban se agachó para observar los cadáveres —su piel es resistente a la magia y sus huesos absorben la densidad de cualquier material. Incluso con un cuchillo de mithril apenas lograrías hacerle rasgu?os, además, sus colas absorben la vitalidad de sus víctimas, incluso con guantes, el contacto prolongado podría matarte.

  Bardrim se acarició la barba, evaluando la situación.

  —Mi instinto dice que sabes algo más… ?No es así?

  Cáliban sonrió apenas.

  —De hecho, tenía algo que mostrarte. —se acercó a un cofre y sacó varios pergaminos con notas y dise?os, que entregó a Bardrim

  —Esto es... oh… interesante… —Bardrim bajó los planos con entusiasmo —?Ni?o! ?No me digas que esto hace lo que creo que hace!

  Cáliban asintió, dejando que el enano se quedará con los planos.

  —?Cuánto tiempo te tomaría construirlo?

  Bardrim se rascó la nuca.

  —Los preparativos no son problema, pero los materiales tardarán un par de meses en llegar desde Duvengard. Deberían estar aquí a mitad de las vacaciones del siguiente a?o…

  —Perfecto… —respondió Cáliban, mirando su pulsera y sintiéndose agradecido por los metales preciosos que le cedió Bardrim para crearla —gracias por los materiales, Bardrim.

  Bardrim, sintiendo la sinceridad de Cáliban, asintió.

  —Ni?o… espero que tu arma haya valido la pena, porque ese metal estaba reservado para un cliente importante…

  Lord Xander, al notar la inquietud de Bardrim, preguntó.

  —?Tan importante? ?Para quién era el metal?

  —Para... La Bruja del Norte…

  Lord Xander sintió la gravedad de las palabras, si ese material era para la emperatriz de Kindratt, entonces el asunto era serio.

  —Maldita sea… esto no es bueno…

  —?Por qué? —preguntó Cáliban, algo confundido.

  Reinhard decidió intervenir, consciente de la seriedad de la situación.

  —Zefira Winters, una de los Seis Héroes y reina de Kindratt, la ciudad helada... no es precisamente conocida por su paciencia, pero es una fanática de las artesanías. Dicen que una vez, un noble compró una joya que le había llamado la atención, y durante un a?o, una feroz tormenta de nieve asoló las tierras de ese hombre, créeme, no es alguien que perdone a quienes toman lo que considera suyo.

  —Qué infantil… —refunfu?ó Cáliban, visiblemente irritado.

  —Infantil o no, podría enfurecerse mucho… haré lo posible por hablar con ella… solo espero que esta vez no haga un berrinche. —dijo el enano, suspirando.

  Cáliban soltó un suspiro, cansado de que los problemas se le amontonarán. Entonces, lord Xander intervino, con otro asunto que no mejoraba la situación.

  —No quiero ser aguafiestas… pero también hay un problema. últimamente, madame Lothrim no me ha dejado en paz, insiste en que te convenza de hablar con ella… me ha estado siguiendo todos estos días…

  Cáliban rodó los ojos, fastidiado.

  —?Qué le hiciste? No es nada común que esa anciana muestre tanto interés en hablar con alguien… —comentó Bardrim, intrigado.

  —?La conoces? —preguntó Cáliban, levantando una ceja.

  —Sí, bueno... viajamos juntos hace mucho tiempo, pero no viene al caso. —respondió Bardrim sin despegar la vista de los planos.

  Cáliban no le dio demasiada importancia, pero Reinhard, viendo la situación, dio su opinión.

  —?Por qué no hablas con ella? Sí, cometió actos horribles… pero si lo único que quiere es hablar, ?Por qué no intentarlo? Quizá así te deje en paz de una vez por todas…

  Cáliban suspiró, resignado. No quería tener nada que ver con madame Lothrim, pero Reinhard tenía razón. Cuanto más postergara esa conversación, más se inmiscuirá ella en sus asuntos.

  —Lord Xander… agenda una cita con ella, por favor. Quiero terminar con esto cuanto antes… —dijo, con un tono de agotamiento.

  Lord Xander soltó una leve risa y asintió a las órdenes de su se?or.

  Mientras tanto. En el centro del distrito Wallace, los pasillos resonaban con las pisadas firmes y apresuradas de una mujer imponente. Madame Lothrim se adentró en su despacho, cerrando la puerta con un gesto decidido, como si quisiera aislarse de todo, no deseaba interrupciones, pero pronto percibió una presencia conocida. Una joven mujer, de rostro pálido y expresión preocupada, tocó la puerta.

  —Maestra… ?Puedo pasar? —preguntó Loana, con voz suave.

  —Sí… entra de una vez. —respondió Lothrim, sin ocultar su impaciencia.

  Loana entró en la oficina con varios documentos en las manos, que sujetaba con cuidado.

  —Maestra, encontré algo…

  —?Conseguiste información sobre él? —preguntó madame Lothrim, su voz revelaba una mezcla de ansiedad y desánimo.

  —Sí, pero no fue sencillo… buscamos en los registros de Villa Reidell y, aunque no hallamos mucho sobre Cáliban, al final logré obtener algunos documentos de nacimiento… parece que nació en Orión. Es extra?o; sus padres lo registraron ahí y después se mudaron a Villa Reidell poco después de su nacimiento.

  Loana le entregó los documentos a su tía. Madame Lothrim tomó el papel con manos temblorosas y comenzó a leer con detenimiento. A medida que avanzaba, un ligero temblor se apoderó de sus ojos, y sus manos, frías, sudaban de puro nerviosismo.

  —Loana… ?Conseguiste alguna foto? ?Algo que confirme su identidad? —preguntó, casi en un susurro, tratando de controlar la conmoción en su voz.

  Loana, sorprendida de ver a su maestra tan exaltada, sacó con cautela un sobre peque?o y desgastado.

  —Aquí tienes… es una foto del día de su nacimiento… aunque está rota, espero que sirva de algo…

  Madame Lothrim extrajo la fotografía con cuidado. En la imagen, una hermosa mujer sostenía a un bebé en sus brazos, mirándolo con una expresión de infinita felicidad y lágrimas en los ojos. Al costado de la foto, se vislumbraban unas manos masculinas que sujetaban la cabeza del ni?o, pero el resto de la figura del padre había quedado en el olvido, rasgada y oculta.

  —No puede ser… es ella… —murmuró Lothrim, con la voz quebrada.

  Sin poder contenerse, lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Loana la miró, horrorizada y confundida.

  —?Tía! ?Qué sucede? ?Por qué estás llorando? —preguntó, con un tono de preocupación cada vez más evidente.

  Madame Lothrim se levantó rápidamente y fue hacia su estantería personal, después de unos segundos, sacó un libro algo antiguo y descolorido. En él guardaba recuerdos de su familia. Pasó las páginas con manos temblorosas hasta detenerse en una foto de una ni?a peque?a, junto a una versión un poco más joven de ella misma, abrazándola con ternura.

  —Loana, dime… ?Reconoces a esta ni?a?

  Loana observó la imagen con atención, y de pronto, algo en el rostro de la ni?a le resultó familiar. Finalmente, lo comprendió y miró a su maestra con asombro.

  —?Es…?

  Madame Lothrim asintió lentamente, mirando con tristeza la fotografía.

  —Hace mucho tiempo tuve una hija… nuestras ideas eran… diferentes, y poco a poco, ella dejó de confiar en mí… un día desapareció... durante a?os, no tuve noticias de ella; llegué a pensar que había abandonado el continente. Busqué por todas partes, usé toda la magia y los recursos posibles, pero era como si se la hubiera tragado la tierra… con el tiempo perdí la esperanza… hasta ahora.

  Loana, incrédula, trataba de asimilar lo que escuchaba. La voz de madame Lothrim era apenas un murmullo.

  —Maestra… ?Me está diciendo que…?

  —Sí…

  Mientras tanto, Lendar caminaba hacia la sala de entrenamiento privada de Alec junto a una compa?era de escuadrón. Una mujer alta, de porte atlético y cabello corto rojizo que destacaba con su uniforme.

  —Sandra, te dije que no era necesario que me acompa?aras.

  —?Por qué no? Quiero que el capitán nos aclare los detalles. Además, necesito saber más sobre esos oponentes.

  —No son oponentes, Sandra, solo son un obstáculo que debemos eliminar. —contestó Lendar, con una mirada fría.

  Sandra soltó una carcajada al ver su reacción.

  —?Obstáculos? No decías eso cuando te quebraron las articulaciones en aquella pelea…

  —?No fueron ellos! —protestó Lendar, indignado —fue su líder…

  Sandra estalló en risas nuevamente, recordando la escena.

  —?Así que dejaste que un mocoso de primer a?o te diera una paliza! ?Es casi increíble! —dijo, sin poder contenerse.

  Molesto, Lendar le dio un golpe en la nuca.

  —No te atrevas a mencionarlo… el capitán no ha sido el mismo desde entonces. No ha dejado de entrenar ni un solo día desde esa derrota.

  —Pero no perdió, ?Verdad? Estoy segura de que podría derrotar a ese ni?o si luchara en serio…

  Lendar suspiró, cansado de los comentarios de Sandra.

  —Tal vez… pero el capitán no abandonará su objetivo por ahora, especialmente después de lo que pasó el a?o pasado…

  Sandra asintió, de repente, su expresión se volvió sombría.

  —Tienes razón… si vuelve a perder así, podría volverse loco…

  En la sala privada, Alec levantaba pesas para entrenar, pero sus pensamientos estaban lejos. La imagen de Cáliban durante su enfrentamiento no dejaba de atormentarlo. Exasperado, dejó caer las pesas y se llevó la mano al rostro, limpiando el sudor mientras sus pensamientos regresaban a otra batalla, una que había tenido hacía un a?o.

  En su mente, una figura se repetía. Un adolescente de cabello plateado y largo que lo miraba con desprecio desde el suelo. En aquella ocasión, el joven había bajado su espada con evidente aburrimiento.

  —“Pensé que me darías algo de pelea… qué decepción.”

  Las palabras del joven resonaban en su mente con crueldad, al igual que su mirada indiferente al retirarse del campo de entrenamiento. Era la misma mirada que Cáliban había tenido al pelear con él.

  —?Malditos! ?Voy a derrotarlos a ambos! —gru?ó Alec, apretando los pu?os.

  Tras cambiarse de ropa, salió de la sala y se topó con Sandra y Lendar en el pasillo.

  —?Capitán! ?Qué coincidencia! —lo saludó Sandra, animada.

  —Capitán… espero que su entrenamiento haya sido productivo. —dijo Lendar, más formal

  Alec suspiró, agotado.

  —Sí, algo así… ?Trajeron lo que pedí?

  Lendar negó con la cabeza, algo avergonzado.

  —Interrogamos a todos sus compa?eros de clase, pero ninguno sabe nada sobre Cáliban. Sus amigos tampoco quisieron hablar, y lord Hilloy nos prohibió acercarnos a ellos…

  —?Intentaron con el maestro herrero? —preguntó Alec, frunciendo el ce?o.

  —Lo hicimos, pero en cuanto mencionamos su nombre, nos expulsó con aura antes de que pudiéramos decir nada… no nos dio ni una mínima oportunidad. —respondió Lendar, disculpándose.

  —No importa, no es culpa de ustedes. Hablaré con mi abuela; tal vez pueda revocar el castigo y permitirles retomar sus tareas…

  —A mí no me molesta trabajar menos. —dijo Sandra con una sonrisa divertida.

  Lendar fulminó a Sandra con la mirada, quien se encogió de hombros y volvió por donde había venido. Mientras Alec avanzaba hacia el despacho de madame Lothrim, pensamientos de venganza hacia Cáliban y aquel joven desconocido nublaban su mente. Deseaba enfrentarlos de nuevo y borrar la humillación que ambos le habían hecho sentir.

  Al acercarse a la oficina, unas voces detrás de la puerta llamaron su atención. Se detuvo y agudizó el oído, escuchando claramente a Loana y a su abuela.

  —?Loana? —susurró, intrigado.

  Se acercó un poco más y, con cuidado, escuchó las palabras que provenían del interior de la oficina.

  —Sí… la razón por la que quiero hablar con él desesperadamente… es porque creo que él es mi nieto…

  Loana guardó silencio, pero su rostro mostraba una mezcla de sorpresa y temor. Alec, al otro lado de la puerta, quedó paralizado y sin aliento. La revelación lo dejó atónito, había escuchado todo con total claridad.

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