—?Entonces? ?Dime! ?Cómo vas a curarme, eh? —Adelina exigió respuestas con el ce?o fruncido, llena de impaciencia.
Cáliban retorció los labios con disgusto, claramente irritado. Desde las sombras, decidió que era momento de intervenir. Con un movimiento calculado, dejó caer su manto de oscuridad, revelando su figura al tiempo que aclaraba su voz para hablar con normalidad. Este gesto, lejos de apaciguar a Adelina, la incomodó aún más.
—Tú eres… te recuerdo. Eres el que mató al wyvern durante la prueba… eras… tu nombre era… —Adelina vacilaba, buscando el recuerdo como si estuviera a punto de encontrar una joya perdida. Entonces, sus ojos se iluminaron con sorpresa —?Eres Michelle!
—?Mika'el! —corrigió él, visiblemente molesto —Pero tampoco te atrevas a llamarme así. Dime Cáliban. —Exhaló profundamente antes de continuar, fijando su mirada en ella —En la ceremonia de bienvenida parecías más… decente.
—Como profesora, tengo que mantener las apariencias, querido. —Adelina dejó escapar una sonrisa ladeada mientras lo observaba de pies a cabeza, como si evaluara cada centímetro de su presencia —Aunque debo admitir que no eres lo que esperaba.
Cáliban avanzó hacia la cama, sus ojos brillaron con intensidad mientras examinaban cada detalle de su cuerpo, buscando algún indicio que explicara su malestar.
—Envenenamiento progresivo con efectos de corta duración. —diagnosticó con calma.
Adelina, sorprendida, intentó recostarse nuevamente, pero la marca roja que se acentuaba en su pecho parecía contradecir cualquier sensación de alivio. Ahora que el vínculo estaba hecho, no había marcha atrás; Cáliban tendría que ayudarla a salir adelante.
—Según dijo Mirella… el veneno ya ha abandonado mi sistema… —murmuró Adelina, aunque su voz reflejaba más dudas que certezas.
—Por supuesto, porque fui yo quien eliminó el 90% de ese veneno de tu cuerpo. —respondió él, cruzando los brazos —Joseph no pudo seguir consumiéndolo, y yo-
—??Joseph tomó el veneno?! ??Está bien?! —interrumpió ella, te?ida de genuina preocupación.
Cáliban arqueó una ceja, sorprendido por la intensidad de su reacción.
—Cálmate. —dijo con tono autoritario mientras alzaba las palmas para tranquilizarla —Tanto él como yo somos inmunes a muchos venenos. Está perfectamente bien. Por otro lado, lo importante ahora eres tú.
—Si es así, ?Por qué no decidiste succionar el veneno tú mismo? —preguntó ella, intentando recuperar la compostura, aunque la inquietud seguía presente en su mirada.
—Oh, lo siento. —respondió Cáliban con un sarcasmo cortante —Es solo que estaba un poquito ocupado evitando que el veneno se extendiera por tu cuerpo. —Remarcó cada palabra con severidad, fulminándola con sus ojos —Ahora, no te muevas. Aún debo continuar examinándote.
Adelina no opuso resistencia, pero mientras Cáliban revisaba cada rincón de su sistema, no podía evitar bombardearlo con preguntas. Desde qué era exactamente hasta cómo planeaba tratarla. Sin embargo, Cáliban, con su habitual hermetismo, se negó a ofrecer explicaciones detalladas. Su concentración no vaciló mientras continuaba examinándola hasta que algo en la actividad cerebral de Adelina captó su atención. Su rostro se tensó, reflejando una preocupación inusual.
—?Qué sucede? ?Encontraste algo? —preguntó Adelina, inquieta al notar el cambio en su expresión.
—Tu cerebro ha sido contaminado por magia arcana de manipulación… —respondió con gravedad.
—Magia memorial… —susurró ella, sus ojos se abrieron en comprensión y temor.
—Alguien modificó tu memoria. Quizás intentaban borrar recuerdos en caso de que sobrevivieras… aunque está claro que lo hicieron de manera apresurada. El hechizo no fue bien anclado al tejido cerebral. Déjame ver más de cerca.
Cáliban colocó con cuidado los dedos sobre la frente de Adelina, buscando el "nudo" que bloqueaba sus memorias. El aura o ánima eran energías caóticas y celosas, que solían resistirse cuando interactuaban con otro ser. Esto las hacía ideales para fines médicos o combates, mientras que el maná, en cambio, era más dócil y propicio para romper o tejer maleficios.
Con precisión, el maná de Cáliban envolvió el cerebro de Adelina, deshaciendo las trabas mágicas y liberando los recuerdos atrapados. Sin embargo, el proceso no fue fácil. El desbloqueo le provocó un dolor de cabeza agudo y punzante durante varios minutos.
—?Te encuentras bien? —preguntó Cáliban mientras la observaba con atención.
—Sí… sí, pero… duele mucho. —respondió ella, aún intentando estabilizarse.
Cáliban esbozó una sonrisa irónica.
—Tienes suerte. La mayoría sufre algo mucho peor al deshacer este tipo de hechizos.
Adelina suspiró, todavía mareada por la experiencia.
—No soy experta, pero tenía entendido que era necesario un proceso más elaborado para romper maleficios como este… —comentó con un ligero temblor en su voz.
—Tienes razón. —asintió Cáliban, revisándola una vez más para asegurarse de que no hubiera efectos secundarios —Pero el nudo no estaba completo. Fue un trabajo mal hecho. Por eso fue tan sencillo. Parece que todo está en orden ahora… ?Has recordado algo?
Adelina asintió lentamente mientras se frotaba la frente, intentando disipar el dolor residual. Las memorias empezaron a regresar como un torrente desbordado, aunque cada fragmento traía consigo punzadas de dolor.
—Creo que sí… poco a poco. —Tomó aire antes de comenzar a relatar lo que recordaba de aquella noche fatídica.
Cáliban la escuchaba en silencio, analizando cada palabra, mientras su mente ya anticipaba los posibles pasos a seguir. Había más nudos por desatar, pero sabía que este era solo el comienzo.
Mientras hablaba, imágenes fragmentadas de su vida antes del hechizo tomaron forma. Recordó estar en su despacho, revisando su expediente personal en busca de opciones laborales que le permitieran permanecer en la academia. No deseaba regresar a la isla de las hadas, pero tampoco quería depender del dinero que Joseph generaba, incluso si él insistía en que no le importaba. Su orgullo como adulta no le permitiría caer aún más.
Adelina suspiró con impotencia, intentando contener las lágrimas que amenazaban con brotar. Era un sentimiento recurrente, una mezcla de tristeza y furia que surgía cada vez que recordaba lo que había perdido. Su mirada se fijó en un rincón vacío de la habitación, un espacio que parecía simbolizar el vacío absurdo que se había apoderado de su vida en cuestión de meses.
De repente, un presentimiento extra?o recorrió su cuerpo, como una corazonada perforando su conciencia. Sus oídos se agudizaron al instante. Se enderezó en la silla, alerta, intentando descifrar lo que la rodeaba. Fue entonces cuando se dio cuenta de un detalle perturbador. El ruido habitual del entorno había menguado, hasta desaparecer por completo.
Por un instante, pensó en salir rápidamente de la casa, pero no tuvo oportunidad. Figuras del culto ya la esperaban en la entrada.
—?No! ?Suéltenme! —gritó Adelina con desesperación, luchando con todas sus fuerzas.
Los encapuchados no mostraron piedad. La tomaron con firmeza y, pese a su resistencia, la arrastraron hacia el segundo piso. Sin acceso a su magia, era imposible que pudiera zafarse con su fuerza actual. Los secuaces forcejearon con ella, ignorando completamente su estado. Finalmente, la arrojaron sobre la cama como si fuera un objeto inservible y la inmovilizaron con un hechizo.
—Líder, ?Qué hacemos con ella? —preguntó uno de los secuaces, sin ocultar su impaciencia.
La figura que lideraba al grupo inclinó la cabeza, rebuscando algo dentro de su manto oscuro. Finalmente, sacó un peque?o artefacto. Un cristal brillante de forma irregular que irradiaba una energía inquietante.
—Con esto, eliminaremos sus recuerdos antes de que pueda hablar de más. —anunció con frialdad.
—?Por qué no simplemente matarla? —refutó uno de los subordinados, cruzando los brazos.
—Si lo hacemos, el director investigará. No podemos permitirnos ese tipo de atención. —respondió el líder, cortante.
El artefacto comenzó a brillar con intensidad, liberando hilos de energía que se movían con vida propia. Estos se aproximaron al rostro de Adelina, quien forcejeaba inútilmente, su cuerpo débil era incapaz de resistir. Los hilos finalmente se posaron sobre su frente, y un dolor insoportable atravesó su cabeza como mil agujas perforando su cerebro.
—Ahora solo debemos esperar a que… —el líder hizo una pausa, su mirada se desvió hacia la ventana del condominio. Algo en el exterior llamó su atención, haciéndolo congelarse por un instante.
Desde la ventana, podía ver a Joseph cruzando la calle con su andar despreocupado, dirigiéndose hacia la casa de Adelina como hacía habitualmente.
—Mierda… —murmuró, su tono tenso llenó de inquietud a los demás.
—?Qué sucede? —preguntó uno de los secuaces, alarmado.
—Es Sephir… está acercándose aquí. No debería estar aquí. —respondió, traicionando un nerviosismo creciente.
—?No podemos simplemente matarlo? Tal vez…
El líder lo interrumpió con una mirada helada.
—No… según la información de la se?ora, si nos metemos con Sephir o Cáliban, lord Hilloy posiblemente se dará cuenta… y eso es un dolor en el culo que no podemos permitirnos ahora… sin embargo… —El tono de la líder se volvió sombrío mientras recorría sus bolsillos con los dedos, buscando algo. Finalmente, sacó un peque?o frasco con un líquido verde fosforescente que brillaba en la penumbra.
—Tampoco podemos permitirnos fallar ahora… —susurró, observando el veneno como si este fuera la clave de todo.
Tiempo después, cuando Adelina relató lo ocurrido, el panorama se volvió más claro para Cáliban. Era evidente que no había sido un intento de suicidio, sino un ataque premeditado.
—Intentaron evitar que hablaras. —dijo Cáliban con tono seco, analizando la situación mientras se cruzaba de brazos —Administraron veneno y, por las prisas, interrumpieron el proceso de borrado de memoria… ja… —rió con amargura, aunque sin dejar de observarla fijamente —Tienes una extra?a suerte.
—?Sabes quién me hizo esto? —preguntó Adelina, con un tono que denotaba intenciones ocultas tras sus palabras.
Cáliban se sentó a su lado en la cama, mirándola con una franqueza inquietante.
—Como seguramente ya se habrá dado cuenta, profesora, la academia está infestada de partidarios del culto.
—Lo sé. Hablas de esos bastardos del culto al dios que llaman "El Padre", ?No? —respondió Adelina, apretando los pu?os con rabia contenida.
Cáliban asintió lentamente.
—Lamentablemente, no es el único. Hay más sectas infiltradas. Por ejemplo, el profesor Cunim era un agente de otro culto. El de "La Madre de la Mirada Triste".
Mientras hablaba, Cáliban resumió los eventos más relevantes que ocurrieron durante el tiempo en que Adelina estuvo desaparecida, rellenando los vacíos que nadie más se había atrevido a contarle.
—Esas desapariciones y los experimentos… —murmuró Adelina para sí misma, intentando conectar las piezas que Cáliban le había dado.
—?Sabes por qué el director no ha hecho nada? —preguntó Cáliban, con una mirada fija que parecía penetrar sus pensamientos.
Adelina desvió la mirada, incómoda. Sabía la respuesta, pero dudaba si debía compartirla. Después de todo, ya no era profesora, pero su juramento aún pesaba sobre ella. Aun así, al final soltó un suspiro resignado.
—Bueno, ya no soy profesora, así que supongo que no habrá problema con contártelo… —dijo en un tono cansado, dejando entrever el peso de todo lo que llevaba dentro.
La información que Adelina compartió dejó a Cáliban en un estado de incredulidad contenida. La academia Grand Delion, conocida como la cúspide de todas las instituciones, ocultaba en sus cimientos más problemas de los que cualquiera podría imaginar. Era evidente que pocos profesores se involucraban realmente con los alumnos, pero ahora la razón quedaba clara. La academia estaba dividida en dos mundos completamente diferentes.
Durante el primer a?o, a los estudiantes de tercer a?o se les prohibía estrictamente interactuar con los de primer a?o, gracias a un campo mágico que los mantenía separados. Dichos espacios, denominados "Distritos Rojos", estaban bajo la administración directa del director, y su función era mucho más siniestra de lo que parecía. Cada distrito poseía su propio sector rojo, lugares reservados para asuntos de índole más adulta, a los que solo podían acceder los estudiantes de cierta edad y madurez.
—?Tienen más distritos? —preguntó Cáliban, sorprendido, intentando procesar lo que acababa de escuchar.
—En efecto. —respondió Adelina con un tono seco —El director es quien los controla. Créeme, son muy distintos a los distritos comunes. Los profesores que trabajan allí son verdaderos monstruos. A diferencia de nosotros, ellos tienen permitido eliminar estudiantes si resultan ser problemáticos. Las materias son mucho más peligrosas, y constantemente se obliga a los alumnos a participar en misiones suicidas.
Adelina suspiró profundamente, resignada ante las verdades que estaba revelando.
—Durante a?os, le pedí al director que me asignará a uno de esos distritos. La paga y las oportunidades de crecimiento son mucho mejores. Pero el riesgo también es mucho mayor. Todos los profesores que trabajan allí son de al menos Octavo Rango. Yo, que nunca pude romper el Octavo, no tuve ninguna posibilidad cuando intenté el examen de docente.
Cáliban llevó una mano a su barbilla, reflexionando sobre lo que acababa de escuchar.
—?Todos los profesores tienen prohibido hablar de esto?
Adelina asintió con firmeza.
—Sin el permiso del director, nadie puede mencionarlo. Los estudiantes no se enteran hasta que alcanzan la mitad de su segundo a?o.
Cáliban meditó en silencio. ?Supongo que Xander no me lo dijo por eso…? —pensó, tratando de encajar las piezas del complejo sistema en el que ahora estaba inmerso.
Mientras tanto, Adelina, con un movimiento ágil, logró zafarse de las ataduras que aún la mantenían limitada. Una vez libre, se giró hacia Cáliban, sus ojos brillaron con una mezcla de desafío y curiosidad.
—Entonces… ?Quién eres realmente? Si crees que voy a tragarme el cuento de que eres un joven de 15 a?os, estás muy equivocado.
Cáliban arqueó una ceja, impasible ante la acusación.
—?Acaso importa? —respondió con frialdad —Mi objetivo es erradicar a los cultos que acechan este continente. Soy alguien con el poder para hacerlo. Créeme o no, actualmente soy Cáliban, un joven de 15 a?os. Eso es todo lo que necesitas saber.
Adelina soltó una amarga carcajada, resignada.
—Bueno, ya te vendí mi alma. Es demasiado tarde para arrepentirme. —Suspiró, aceptando lo inevitable —Entonces, dime, jefe, ?Qué debo hacer?
Cáliban alzó el brazo con determinación, con su mirada fija en Adelina.
—Primero, te sacaremos de aquí.
Gracias a los poderes de Cáliban, el camuflaje fue impecable, permitiéndoles pasar desapercibidos hasta llegar al gremio. Adelina, siendo llevada en los brazos de Cáliban, observaba a cada paso con una mezcla de curiosidad y asombro.
—Eres algo pesa- —comenzó a decir Cáliban, pero antes de terminar la frase, un pellizco en su espalda lo hizo callar.
—No te atrevas a terminar esa frase, ni?o… —Adelina lo fulminó con la mirada, aunque su tono tenía un poco de diversión.
Cáliban dejó escapar una ligera risa, pero no dijo más. Por su parte, Adelina guardó silencio durante gran parte del trayecto, sorprendida por el mundo escondido que Cáliban parecía dominar. El cielo cambiaba de colores, desplegándose en tonos vivos como un tapiz multicolor que iluminaba su rostro. En un momento, algo llamó su atención, un árbol púrpura, cuyas ramas estaban adornadas con peque?os hilos de luz que parecían respirar vida propia.
—Ese árbol… lo conozco… en Annwyn hay de esos… —susurró, llena de asombro y nostalgia.
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Cáliban no respondió, su paso firme y constante los llevó hasta el castillo, cuya entrada estaba flanqueada por escaleras desplegables que ascendían a su paso. Al llegar al interior, ambos se encontraron con una figura esperándolos. Era Lady Lidia, quien los recibía con una sonrisa enorme y un aire de regocijo.
—Quita esa sonrisa, no me agrada… —gru?ó Cáliban, frunciendo los labios.
Pero, pese a su comentario, no pudo evitar esbozar una peque?a risa. Adelina, en cambio, se quedó paralizada al verla. Su voz tembló al tratar de articular palabras.
—Usted… se?ora Lidia… usted… —los recuerdos la golpearon de repente, y su incredulidad era palpable.
—Hola, mi ni?a… ha pasado tiempo… —respondió Lady Lidia con una voz suave y tranquilizadora —Me alegra que estés bien. Tranquila, vamos a ayudarte… bueno, él te ayudará.
Adelina sintió el impulso de llorar de felicidad, pero la urgencia de la situación no le daba tiempo para ello. Cáliban no perdió tiempo en dar órdenes claras y directas a Lady Lidia, quien, sin cuestionar, comenzó a reunir los materiales necesarios. Mientras tanto, se dirigieron al taller privado para una revisión más profunda.
—Muy bien. —dijo Cáliban mientras colocaba a Adelina con cuidado sobre la mesa de piedra —Necesitaré que te quites toda la ropa.
Adelina alzó una ceja y, con una sonrisa traviesa, comentó:
—Ni?o, espera al menos diez a?os antes de intentar coquetear conmigo…
Cáliban la miró fijamente, su expresión seria y determinada dejó en claro que no tenía tiempo para bromas. Adelina suspiró, resignada, y comenzó a desvestirse lentamente, mientras Cáliban apartaba la mirada para respetar su privacidad.
Lady Lidia entró al taller poco después, con los materiales en mano. Aunque la escena la sorprendió brevemente, su atención pronto se centró en el estado físico de Adelina. Al observar de cerca a quien alguna vez había sido su amiga, su rostro reflejó una mezcla de dolor y compasión.
—Lamento lo que pasaste, querida… —murmuró, acercándose con suavidad para colocar una mano en su hombro.
A Lady Lidia le costaba contener la respiración por momentos. Ver a una amiga del pasado en aquel estado le quebraba el alma. Adelina, pese a su vulnerabilidad, intentó sonreír, aunque el gesto era débil y apenas sostenido.
—Está bien, ya estoy mejor… —murmuró Adelina, esforzándose por mantener la compostura.
Lady Lidia le entregó a Cáliban los materiales recolectados, y él comenzó a triturarlos con precisión en un peque?o recipiente de piedra. Los cristales, bajo la presión de sus manos, se mezclaban con un catalizador de oro, transformándose en una pasta brillante con destellos dorados que parecían contener vida propia.
—?Hay algo más en lo que pueda ayudarte? —preguntó Lidia, observándolo con curiosidad.
Cáliban asintió y, con un chasquido de dedos, envió una se?al hacia la biblioteca abisal. Desde las sombras del pasillo, un libro antiguo emergió, flotando lentamente hasta aterrizar en sus manos.
—Bueno, Abisal me mencionó que te gusta dibujar en la biblioteca mientras estudias. Dice que eres muy talentosa…
Lidia parpadeó, entrecerrando los ojos con confusión.
??En qué momento? Ah, olvidalo…? —pensó, echando un vistazo a su alrededor como si las paredes pudieran ofrecerle respuestas.
—Eh… sí, siempre me ha gustado el dibujo, pero… ?Por qué?
Cáliban no respondió de inmediato. Las páginas del libro comenzaron a moverse solas, hasta detenerse en un dibujo arcano de una formación mágica compleja y antigua. Era una figura intrincada, con líneas y símbolos que parecían fluir como ríos sobre un mapa. Cáliban inclinó el libro hacia Lidia para que pudiera examinarlo mejor.
—?Crees que puedas replicar esto?
—Yo… no sé si debería… —respondió Lidia con nerviosismo, sintiendo que algo tan importante no debería estar en sus manos.
Cáliban vio la duda en su rostro, pero confiaba plenamente en su habilidad. Le entregó el libro en silencio, asintiendo como se?al de confianza. Lidia lo tomó con manos temblorosas y salió del taller, estudiando cada detalle de los trazos mientras caminaba.
Cáliban, por su parte, se giró hacia Adelina, sus manos aún estaban cubiertas con la pasta dorada que acababa de crear.
—Muy bien, ahora solo estamos los dos. Acuéstate boca arriba.
Adelina lo miró con desconfianza mientras se cubría el pecho con el brazo, su mirada entrecerrada reflejó su escepticismo.
—Escucha, ?Quieres que te ayude o no?
Con un gru?ido de resignación, Adelina obedeció. Para evitar cualquier incomodidad, Cáliban hizo aparecer un par de toallas con un movimiento de su mano, cubriendo las partes más íntimas de su cuerpo. Luego, comenzó a trabajar con delicadeza, dibujando canales dorados en su piel con sus dedos, utilizando la pasta brillante como tinta.
El toque, aunque firme, era lo suficientemente suave para provocar un leve temblor en Adelina.
—?Para qué es esto? ?Esto me curará? —preguntó, cargada de duda, aunque con una pizca de esperanza.
Cáliban mantuvo la concentración en su trabajo, dibujando patrones precisos y detallados.
—Casi, pero no del todo. —contestó, sin apartar la vista de los trazos que realizaba en la piel de Adelina —Lo más importante para un guerrero es su núcleo. Sin él, es inútil intentar aprender magia o manejar cualquier otro tipo de energía.
Adelina frunció el ce?o. Esa parte ya la sabía demasiado bien, y la forma en que Cáliban lo decía le resultaba condescendiente.
—Sin embargo. —continuó él, ignorando su expresión —regenerar un núcleo no es algo sencillo. Los canales que regulan la energía son destruidos… bueno, más bien “quemados”, lo que impide que el núcleo pueda curarse por sí mismo. Estas marcas que estoy trazando servirán de forma temporal. Ayudarán a regular la energía hacia tu núcleo.
—Entiendo… son como unos meridianos temporales, ?No es así? —preguntó ella, ahora con un poco más de interés.
Cáliban asintió, esbozando una leve sonrisa.
—Exacto. Sin los meridianos, la energía no puede entrar a tu núcleo. Y si no lo hace, no podremos repararlo. Por eso las técnicas de sanación, bendiciones, hechizos, incluso la meditación, fallan cuando los canales están da?ados.
Mientras continuaba dibujando los intrincados patrones dorados, decidió romper un poco el silencio con una pregunta casual, aunque evitó mirarla directamente.
—Tu y Lidia… ?Ya se conocían antes?
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Adelina al recordar su pasado.
—Cuando cumplí la edad, vine a estudiar aquí. Como habrás notado, no muchas hadas dejan Annwyn, pero yo quería ver qué había más allá de la isla. En aquel entonces, Lady Lidia me tendió la mano. Me apoyó no solo emocionalmente, sino también económicamente. Ella, junto con lord Hilloy, me apadrinaron… —La sonrisa de Adelina se fue desvaneciendo lentamente —Pero cuando cayó enferma, no pude hacer nada. Después de graduarme, rogué muchas veces a los nobles de mi hogar, pero ninguno quiso ayudar, simplemente porque ella era humana.
Cáliban la escuchó en silencio, su rostro permaneció neutral mientras continuaba con su trabajo.
—Su razonamiento cerrado y su miedo a cambiar sus tradiciones los cegaron. Desde entonces, no he vuelto a mi hogar…
—Ya veo… —respondió Cáliban seriamente, sin expresar demasiado en su rostro.
—Parece que no eres de los que disfrutan platicar… —comentó Adelina, arqueando una ceja.
—Soy más de los que escuchan que de los que hablan. —respondió sin dudar.
La conversación continuó de manera pausada. Ambos compartieron peque?as reflexiones, como dos académicos intercambiando ideas y teorías sobre la magia. En algún punto, Adelina recordó algo que Cáliban había mencionado antes.
—Dijiste que había personas que querían ayudarme. Entiendo que una de ellas era la se?ora Hilloy, pero… ?Quién más te lo pidió?
Cáliban le indicó que se volteara para poder marcar su espalda mientras respondía con un tono ligeramente cargado de humor.
—?Tú quién crees? El “perrito” que ha estado cuidándote no dejó de rogarme toda la ma?ana para hacer algo. Fue realmente molesto.
Adelina rio ligeramente, aunque no pudo evitar sentir calidez en su pecho.
—Desde que ha estado cuidándome, no se despega de mí en ningún momento… es realmente molesto… —murmuró Adelina con un tono que intentaba sonar indiferente, aunque no lo logró del todo.
Cáliban, siempre observador, detectó un matiz diferente en su voz. Su interés se despertó.
—Vaya, vaya… parece que el ni?o tiene talento para atrapar mariposas… —comentó con una leve sonrisa, claramente divertido.
Adelina guardó silencio de inmediato, desviando la mirada y ocultando su rostro tras su cabello, como si intentara esconder algo más. Intentó refutar, pero su silencio fue más revelador de lo que esperaba.
—Tranquila, no te juzgo. Solo tendrás que esperar diez a?os para poder coquetearle… —agregó Cáliban, manteniendo su tono ligero, aunque la burla implícita la hizo arrugar los labios con fastidio.
—Bueno, dejando esas cosas de lado, volvamos al tema importante. Primero, tendremos que acceder a tu núcleo, lo cual, en tu caso, será imposible…
—?Por qué? Mi núcleo está roto, pero sigue entero… —replicó ella, siguiéndolo con la mirada. Su confusión era evidente; no entendía nada de lo que Cáliban estaba insinuando.
—A eso me refiero. —respondió, levantando las manos y haciéndole una se?a para que se incorporara —Aunque los casos como el tuyo son raros, al menos los que están documentados legalmente, puedo decirte algo…
Cáliban se acercó y comenzó a dibujar símbolos alrededor de su rostro con extrema precisión, su mirada se fijó en la suya, aunque el toque era delicado y meticuloso.
—Estuve investigando sobre núcleos rotos…
Adelina frunció el ce?o, intrigada por su comentario.
—?Vas a curar a alguien más aparte de mí?
Antes de que Cáliban pudiera responder, las puertas del pasillo se abrieron en par, y Lord Xander irrumpió en la sala sin ningún tipo de aviso ni consideración.
—?Se?or! ?Tengo un asunto-!
En menos de un segundo, un silencio incómodo inundó el ambiente. Cáliban y Adelina dirigieron su mirada simultáneamente hacia el invitado no deseado. Xander, dándose cuenta de la situación, tartamudeó, intentando balbucear alguna disculpa, pero antes de que pudiera continuar, una figura conocida apareció en la entrada.
Lady Lidia avanzó con una sonrisa que, aunque encantadora en apariencia, tenía un matiz macabro que hizo a Xander retroceder ligeramente.
—?Mi amor! ?Yo…! Yo no… —intentó justificarse con nerviosismo —?Te juro que no vi mucho! Solo fue un segundo… además, tú eres más hermosa…
Lidia no dijo nada, pero lentamente comenzó a levantarse la manga de su vestido, un gesto que Xander reconoció al instante y que lo llenó de terror.
—Tú… tú… ?Tú eres la única para mí! ?Ni siquiera aparentas tu edad! No parece que tuvieras cuaren…
Las palabras de Xander fueron interrumpidas abruptamente cuando el brazo de Lidia se iluminó con un aura azul intenso, el maná fluyó como ríos visibles en sus venas. Con un movimiento rápido y certero, le propinó un gancho al hígado que lo dejó sin aire, escupiendo de dolor mientras se encorvaba.
—Mi esposo y yo tendremos una peque?a charla. Sigan con lo suyo… —anunció Lidia, mientras arrastraba a un quejumbroso Xander por el suelo, como si fuera un saco de papas.
Las puertas se cerraron de golpe tras ellos, dejando a Cáliban y Adelina en un silencio absoluto.
—Sí, ese es el "feliz" casado que tengo que curar… —comentó Cáliban con sarcasmo mientras continuaba trazando símbolos en el rostro de Adelina. Su concentración no se desvió ni un momento mientras a?adía: —Algo que muchos… ?Cómo llaman aquí a sus investigadores?
—Eruditos… —respondió Adelina, arqueando una ceja.
—Eruditos. Sí. Según lo que he leído, muchos de ellos consideran esto un castigo divino. Los que son lo suficientemente maduros para investigarlo, por otro lado, tienden a sacar teorías equivocadas. La mayoría cree que un mismo tratamiento sirve para todos los casos, y eso es un error fatal…
—?Ah, sí? —dijo Adelina en un tono claramente sarcástico —Entonces, se?or erudito, ?Qué es lo que debería hacerse?
Cáliban la miró fijamente a los ojos, pero decidió no engancharse en su tono. Guardó sus comentarios para no desviarse en pláticas innecesarias.
—La mayoría de los humanoides tienen una cantidad específica de núcleos. Dígame, profesora, ?Cuántos tienen los humanos? —preguntó con un tono desafiante.
Adelina sonrió, como si la pregunta fuera demasiado básica. Alzó ligeramente el mentón antes de responder con burla.
—Tres.
—Bien. Entonces, ?Cuántos tienen las hadas? —continuó Cáliban, cambiando de tono y mirando atentamente sus reacciones.
Adelina frunció el ce?o, dudando por un momento de su respuesta. Esta vez, contestó con una mezcla de molestia y determinación.
—Obviamente, los mismos que los demás, tre…
Antes de que pudiera terminar, Cáliban la interrumpió con un ligero golpe de su dedo en la frente, haciendo que ella diera un peque?o respingo.
—Error. Son cuatro.
Adelina sonrió, preparándose para refutar con argumentos de estudios básicos. Sin embargo, a medida que Cáliban continuaba explicando, sus palabras comenzaron a resonar.
—?Sabes por qué es más difícil curar tu núcleo? —dijo, sin darle tiempo a responder —Porque perdiste tus alas. Es cierto que las hadas tienen tres núcleos principales, pero con el tiempo y el uso prolongado de energía, su cuerpo genera una batería adicional. Un núcleo de respaldo, por así decirlo.
Adelina lo observó, su expresión comenzó a cambiar mientras procesaba sus palabras.
—Tu cuerpo, al no tener un lugar al cual dirigir esa energía…
—Hace que las alas las regulen… —murmuró Adelina, completando la idea, aunque su voz temblaba ligeramente.
—Exacto. Con el tiempo, eso termina generando un núcleo de respaldo en tus alas. Por eso no pueden curarte. Porque te las extirparon mientras te torturaban.
El rostro de Adelina palideció. Su mirada se perdió en la distancia mientras intentaba asimilar la información. Apenas podía respirar con normalidad.
—Leí los documentos del profesor Cunim… —continuó Cáliban, observándola con cuidado —?Sabías que hizo una pasantía en Annwyn?
Adelina lo miró con un terror palpable, tartamudeando mientras intentaba responder.
—No me dirás que…
—Así fue como descubrió el poder de las alas de las hadas. —confirmó Cáliban, con su tono cargado de gravedad —Por eso las usaba como catalizador para mantener con vida el cuerpo de su hija. Las alas de una profesora de séptimo rango como tú debieron ser una batería ideal para sus experimentos.
Adelina sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Su rostro se llenó de una mezcla de horror y rabia al darse cuenta de hasta dónde había llegado el profesor Cunim con sus atrocidades.
—Por favor, no sigas… —suplicó Adelina, su voz estaba ligeramente temblorosa y cargada de enojo contenido. A pesar de su esfuerzo por ocultar sus emociones, Cáliban pudo notar el leve temblor en sus manos. Suspiró con resignación, comprendiendo su límite, y decidió cambiar de tema.
—Temo que no puedo regenerar tu brazo y pierna… pero sí puedo hacerlo con tus alas.
Antes de que Adelina pudiera responder, la puerta del taller se abrió de golpe, y Lord Xander apareció cojeando, visiblemente afectado por su reciente "charla" con Lady Lidia.
—?Ya regresé! —anunció, intentando mantener la compostura.
Con un rápido movimiento de su mano, Cáliban conjuró una manta que cubrió a Adelina para preservar su dignidad.
—Lamento esto, profesora Sill… —dijo Xander con una mueca de disculpa.
—Está bien, Lord Hilloy. Me tranquiliza ver que Lady Lidia sigue siendo la misma mujer que conocí… —respondió Adelina, esbozando una sonrisa débil.
Cáliban interrumpió la conversación para explicarles los pasos que seguirían a continuación. Después de un intercambio de ideas sobre el proceso, permitió que Adelina se vistiera mientras preparaban el siguiente paso.
—Entonces… retomando la plática, ?Cómo da?aste tu núcleo? —preguntó Cáliban de repente, dirigiendo su mirada hacia Xander.
La pregunta lo tomó por sorpresa. Su expresión se ensombreció ligeramente mientras las memorias del pasado regresaban a su mente. No obstante, mantuvo su compostura y respondió con voz pausada.
—Cuando era joven, intenté ascender al octavo rango… pero algo salió mal.
—?Por qué? —insistió Cáliban.
Xander apretó los labios, sintiendo cómo la pregunta abría un viejo vacío en su interior. Finalmente, susurró con un dolor evidente:
—Lidia…
Cáliban lo escuchó en silencio mientras él continuaba.
—Cuando éramos jóvenes, ella estaba embarazada mientras yo intentaba ascender. Era un momento… delicado. Mi esposa estaba en parto justo cuando llegó el momento de realizar el ascenso. Al final, no pude salvarme a mí mismo… ni a mi hijo.
El silencio que siguió fue pesado, cargado de una tristeza que no necesitaba más palabras.
—Ese embarazo… la dejó estéril. Ascender durante un embarazo… qué mala suerte… —murmuró Cáliban, dejando que su voz flotara en el aire como un eco.
—Sí… luego de eso, su familia intentó que me casara con Berenice, que para ese entonces ya estaba viuda. Hubiera sido horrible… lo demás, ya conoces la historia.
Cáliban, con una mirada seria, asintió.
—Te salvaste por poco…
En el jardín superior, Lady Lidia estaba completamente concentrada, trazando cada detalle del engrama de la formación mágica. Su dedicación era impecable, y cada línea parecía una réplica exacta del dibujo del libro.
De pronto, Cáliban sintió una suave vibración en su mente.
?Por favor, no hagas menos a Lidia por lo que te dije.? —la voz de Xander resonó a través de una conexión telepática.
Cáliban respondió sin dudar:
??Una mujer capaz de incapacitar a un octavo rango con un solo golpe bajo? Jamás.?
Ambos intercambiaron miradas y sonrisas discretas mientras avanzaban hacia la formación.
—?Qué se supone que hace esta formación? —preguntó, observando los intrincados símbolos con mezcla de curiosidad y aprensión.
—?Ves todos esos rayos que cruzan el horizonte? —respondió Cáliban, se?alando hacia los relámpagos que iluminaban el cielo estrellado, cuyos colores cambiaban violentamente como un tapiz vivo de caos.
Lord Xander siguió su dedo, observando los relámpagos que cortaban la oscuridad con fuerza devastadora.
—El más débil de esos rayos podría dividir el continente a la mitad, claro, si no destruye el planeta por error antes… —comentó con tono serio, aunque con un matiz irónico —Lo que hará esta formación será reducir la potencia del rayo en un 97%. Con eso, ustedes podrán usar su energía para rellenar sus núcleos nuevamente.
—?Eso nos curará? —preguntó Lord Xander, con una mezcla de duda y esperanza.
—Hmm, no exactamente. Lo que hará será llevarlos a una fase de ascensión. Cuando entren al siguiente rango, sus núcleos se repararán solos. Piensen en esto como una segunda oportunidad. Lo único que tienen que hacer es sentarse a meditar, como si estuvieran pasando por un proceso de ascensión normal. Eso es todo.
Xander asintió, aunque percibió una cierta tensión en el aire.
—Te noto algo apresurado. ?Qué sucede?
Cáliban, visiblemente inquieto, suspiró antes de responder.
—El portal de gusano… no sé dónde está, pero es muy probable que ya lo hayan encontrado…
Sacó las notas del fallecido profesor Cunim y las extendió hacia Xander, se?alándole una página en particular.
—Lea eso.
Xander tomó las notas y comenzó a revisarlas.
—Es un mapa de la academia con notas de sucesos históricos. ?Qué pasa con esto?
—Este continente está lleno de historia. De hecho, esta academia tiene más de lo que parece, como las ruinas que se encuentran debajo de ella. —dijo Cáliban con un tono que oscilaba entre hilaridad y preocupación —Pero también han ocurrido sucesos inesperados. ?Nota algo en particular?
Xander recorrió el mapa con la mirada, analizando cada trazo y anotación. Todas parecían importantes, pero una en especial llamó su atención.
—Esto… es una estrella. ?Cayó una roca en la academia?
—Sí, pero eso no es lo más curioso. Adivine dónde cayó.
Xander leyó con detenimiento la ubicación indicada. Aunque el mapa era antiguo, los trazos de Cunim lo guiaron hacia la verdad con una claridad inquietante. Al identificar el lugar exacto, sintió que un frío gélido recorría su espalda.
—El Gorrión Dorado…
—Así es. —afirmó Cáliban con un suspiro preocupado —Si lo que dice el mapa es cierto, el portal cayó en ese meteorito. Tal vez la diosa malvada hizo caer esa estrella, esperando que sus seguidores la encontraran.
Xander tragó saliva, horrorizado.
—Si está en su poder… y han esperado tanto tiempo…
—Exactamente. Tal vez planean iniciar la invasión desde dentro de la academia, la única institución con el poder y el derecho de ocultar su influencia sin levantar sospechas entre los reinos…
Lord Xander frunció el ce?o, captando la gravedad del asunto.
—?Qué es lo que te inquieta más? —preguntó, con un tono que no podía ocultar su urgencia.
Cáliban cerró los ojos brevemente, como si calculase cada palabra.
—Lo que más me preocupa… es que la única fecha próxima en la que tendrían una ventaja táctica sería…
—En el Festival de Oto?o… —continuó Lord Xander en un susurro, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
Cáliban asintió lentamente, con su mirada fija en el horizonte, como si ya pudiera ver las piezas del plan enemigo cayendo en su lugar.
—Es por eso que me apresuro. Necesito aliados si quiero detener esto antes de que su plan se lleve a cabo. —había una pizca de frustración en sus palabras —Y, desgraciadamente, solo me queda una última persona en la que podría confiar…
Xander arqueó una ceja, intrigado por la insinuación.

