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Capítulo 106: Batalla por una nueva era

  Madame Lothrim bajó su abanico. Una sonrisa sincera se dibujó en su rostro, pero su gesto no logró calmar la tensión en la sala. Los guardianes, con expresiones endurecidas, exigían respuestas.

  —Lamento que las cosas hayan escalado hasta este punto… —dijo con voz suave, pero firme —Pero el combate que se llevará a cabo no es una estrategia ni un método para elevar el estatus de mi organización.

  Sus ojos se entrecerraron con un brillo calculador.

  —Fue simplemente una apuesta que hice con un viejo amigo… el maestro herrero, el Martillo Negro.

  Un silencio pesado se instaló en la habitación. Edmund frunció el ce?o, conocía bien la fama del legendario herrero. Pero no entendía cómo se relacionaba con su se?ora. A su lado, Randa cruzó los brazos, su tono se afiló como una daga:

  —Si tiene una apuesta o no… ?Qué tiene que ver eso con nuestra se?ora? —gru?o Randa.

  —En efecto. —Edmund acarició su barba, observando a Madame Lothrim en busca de cualquier signo de enga?o —El hecho de que pase el tiempo con un viejo conocido no es motivo para involucrar a mi protegida en una batalla como esta.

  A su lado, Liviana permanecía en silencio.

  Esperaba una respuesta coherente. Alerion, habiendo partido para atender la llamada de refuerzos de la Gran Dama, no tuvo oportunidad de compartir la información sobre Astrid con ella.

  Por lo tanto, Liviana desconocía completamente la situación actual de la joven, o al menos, desde la última vez que hablaron.

  Madame Lothrim soltó una risa ligera.

  —?Ya veo! —Su abanico se cerró con un chasquido —Supongo que ustedes no están al tanto de la situación. —Su mirada recorrió la sala con un poco de diversión —Bueno… estoy segura de que todos conocen la Lista Diamante del Emporio Negro, ?No es así?

  Los guardianes asintieron al instante. La membresía más exclusiva del Emporio Negro era famosa en todos los reinos.

  Duvengard era la cuna de los minerales, un reino forjado en la roca y el fuego. Su vasta red de minas y excavaciones lo convertía en el mayor productor de minerales raros del continente.

  Era un territorio codiciado, y por eso, muchos reinos hacían todo lo posible por establecer relaciones amistosas con sus líderes. Los guardianes entendían perfectamente este hecho. Después de todo, sus propios reyes habían luchado para entrar en esa lista.

  Para acceder a la Lista Diamante del Emporio Negro, se debía hacer una donación significativa al Reino de las Llamas.

  Edmund pensó en las monta?as de Piedras de Sangre que su rey había tenido que entregar para asegurar su lugar en la lista.

  Randa recordó las bestias exóticas que se criaban en su isla y que fueron donadas a Duvengard como bestias de carga.

  Liviana reflexionó sobre los avances tecnológicos que el Reino de Orión había compartido con los enanos a lo largo de los a?os… todo, para que su último rey pudiera acceder a la exclusiva red de comercio de Duvengard. Porque los enanos no compartían su tecnología a menos que recibieran algo de igual valor. Y en contadas ocasiones, esto se cumplía.

  Los guardianes intercambiaron miradas, algo no encajaba y Madame Lothrim lo sabía. Su sonrisa se ensanchó.

  —Bien… ahora que hemos aclarado eso… —Su abanico se abrió con un movimiento elegante —Hablemos de lo que realmente importa. Déjenme compartir con ustedes unas cuantas noticias que se han perdido…

  Hizo una pausa dramática, asegurándose de que todos estuvieran atentos.

  —El maestro Bardrim ha tomado a las princesas Elizabeth, Juliana y Astrid bajo su mando… —Su mirada brilló con picardía —A?adiéndolas a la Lista Diamante del Emporio Negro.

  Un silencio absoluto cayó sobre la sala. Los guardianes se quedaron sin aliento. Era inaudito. Jóvenes que apenas estaban entrando en la adolescencia habían logrado algo que ni siquiera muchas casas nobles habían conseguido en generaciones.

  Edmund sonrió con satisfacción, acariciando su barba con alegría.

  ?Se?orita… realmente me ha sorprendido. No podría esperar menos de usted.?

  Por su lado, Randa soltó una carcajada poderosa, cruzando los brazos. Su agarre en la espada se relajó.

  —?Esa mocosa finalmente hace algo digno! —Su voz resonó con fuerza en la sala —?Como se esperaba de la sangre de las amazonas!

  Sus guardaespaldas asintieron con orgullo, aplaudiendo suavemente en se?al de respeto hacia su se?ora.

  Mientras tanto, Liviana trataba de contener las lágrimas, no solo ella. Sus guardias también reflejaban un orgullo inquebrantable. Sus armaduras temblaban ligeramente, sus pu?os se cerraban con fuerza, tratando de contener la emoción.

  ?Se?orita… usted logró algo impresionante… su madre estaría orgullosa…?

  Madame Lothrim observó con satisfacción la reacción de los guardianes. Todo iba según lo planeado.

  —Como verán… —continuó con calma —la lucha no es más que una apuesta entre mis guerreros y los suyos, para dar un espectáculo digno al público. Nada más.

  Mantuvo su tono ligero, asegurándose de que cada palabra fuera cuidadosamente medida.

  —Y como sus se?oras ahora forman parte del gremio al que Bardrim ha dado cabida en la lista… —Se inclinó levemente, con un brillo astuto en los ojos —No tuvieron más remedio que participar. —Acomodó su abanico entre los dedos —Puedo prometerles que no hay intenciones ocultas en esto.

  Hizo una pausa, dejando que el peso de sus palabras se asentara.

  —Incluso fueron invitados tres miembros más de la Casa para cumplir con los estándares.

  Y entonces, como el golpe final de su argumento, chasqueó los dedos. El anillo en su dedo brilló con una luz blanca. En un instante, una botella de cristal apareció flotando en su mano. El recipiente estaba finamente adornado, con filigranas de plata y un líquido dorado en su interior que bailaba como un peque?o lago de estrellas que danzaba en la botella.

  —Esta es solo una muestra de mi apoyo. —Su voz sonó melodiosa, casi hipnótica —Hablé con el director y, como muestra de agradecimiento por participar…

  Los ojos de los guardianes se fijaron en la botella.

  —Toda la Casa de los Especiales recibirá dotes exclusivos de elixires.

  Los susurros recorrieron la sala.

  —Pociones especiales que ayudarán a mejorar su constitución… —Hizo girar la botella en su mano, dejando que el reflejo de la luz diera un destello dorado en el aire —Independientemente de si ganan o pierden.

  El silencio volvió a instalarse. Los guardianes intercambiaron miradas. Había más ventajas que desventajas. La batalla ya no era una cuestión de honor o reputación… era una inversión. Una oportunidad.

  ?Bueno… la se?orita no necesita demostrar sus dotes en combate…? —pensó Liviana, soltando el mango de su espada ?Así que… incluso si pierde… esto podría ayudarle en la Academia.?

  Madame Lothrim sonrió con elegancia. Sabía que había ganado esta negociación. Ahora, todo lo que restaba… era esperar la respuesta de los guardianes. Los cuales se tomaron un momento para meditar la oferta. Randa, aún con los brazos cruzados, relajó su postura.

  ?Supongo que es una buena oferta…? —Sus ojos brillaron con expectación ?Después de todo, luchar contra un oponente más fuerte podría ser una buena experiencia para ella.? —Sus dedos golpearon levemente el pomo de su espada ?Saborear la derrota de vez en cuando no está mal…? —Su intención asesina se disipó lentamente.

  Por otro lado, Edmund mantuvo la mirada baja, pensativo.

  ?Si acepta, la se?orita podrá obtener un elixir hecho por la misma sabia… eso podría ayudarle con su condición… o incluso curarla.? —Su agarre en la barba se afianzó, maquinando algo en silencio ?Además, si se deprime por la derrota, podría volver a casa sin ningún problema… si todo sale como planeo… podría alejar a Elizabeth de este lugar.?

  La conversación fluyó con naturalidad. Loana y Sandra finalmente pudieron respirar tranquilas.

  —Muy bien. —dijo Madame Lothrim, entrelazando los dedos con elegancia —?Por qué no disfrutamos del evento por ahora? Estoy segura de que el enfrentamiento valdrá la pena.

  Con eso dicho, los guardianes volvieron a sus asientos en calma, y la arena aguardaba su próximo espectáculo.

  Pasaron quince minutos desde el inicio del evento. Uno a uno, los gremios cayeron en la competencia. Algunos fueron barridos completamente. Otros perdieron sus banderas. Y otros más no pudieron defender su posición, rindiéndose en cuanto se dieron cuenta de que no tenían oportunidad de ganar.

  Desde las gradas, una figura encubierta observaba el campo con resignación. El hombre de melena carmesí y marcas de guerra en la piel, exhaló pesadamente, apoyando un brazo en su rodilla.

  —Ah… —Sacudió la cabeza con fastidio —Otro a?o sin nada interesante… —Chasqueó la lengua —A este paso, el maestro me va a dar otra paliza…

  Su voz era grave y cargada de descontento. Pero entonces… alguien se sentó a su lado. Un hombre de facciones amables, con un bigote grueso y bien cuidado. Su figura regordeta contrastaba con su porte elegante y su mirada afable. El recién llegado esbozó una sonrisa cordial.

  —Joven Noah… —El bárbaro levantó la vista. —?Ya ha encontrado lo que busca?

  Noah reconoció de inmediato aquella voz. Se incorporó levemente y respondió con cortesía:

  —Lord Tyrion. —Inclinó la cabeza en un gesto de respeto —Me alegra verlo aquí. Una vez más, le agradezco por los asientos de este a?o.

  Lord Tyrion rió suavemente.

  —No te preocupes, mi muchacho. —Sus ojos recorrieron la arena con calma —Me pregunto… —Se inclinó ligeramente hacia Noah —?Este a?o encontrarás a alguien que cumpla con los requisitos de tu maestro?

  Noah exhaló con cansancio.

  —Eso espero. —Su tono era amargo —Pero este a?o… —Su mirada recorrió la arena con desilusión —No veo a ningún potencial. —Se cruzó de brazos, molesto —El espíritu de combate no habita en ninguno de ellos. Solo son peque?os cobardes… —Entrecerró los ojos, fulminando al resto de participantes con la mirada —Luchando por una fama y una gloria que no merecen.

  Lord Tyrion sonrió amargamente.

  —Sí… —Su voz fue un murmullo melancólico —Eso es lo que han convertido a la batalla en estos tiempos…

  Los dos hombres guardaron silencio, observando cómo la arena esperaba su siguiente combate.

  —?Entonces mirarás el evento final? —preguntó Lord Tyrion, con un tono casual mientras acomodaba su bigote. Noah soltó un gru?ido de disgusto.

  —Escuché que miembros de la organización de la sabia van a participar contra un gremio de primer a?o… —El noble sonrió con diversión —Muchos están emocionados por ello.

  Noah chasqueó la lengua, molesto.

  —Son solo ni?os idiotas que no saben lo que es el amor al combate. —dijo con su voz estaba cargada de desprecio —Retar a enemigos con una diferencia abrumadora… —Sus brazos se cruzaron con fuerza, su ce?o se frunció aún más —Espero que les den una paliza.

  Lord Tyrion rió suavemente, pero su mirada se mantuvo pensativa.

  —Bueno, según he oído en los comentarios de la gente, el líder del gremio tiene talento.

  Golpeó sus labios con los dedos, tratando de recordar un nombre. Noah ni siquiera le prestó atención. Pero entonces, el noble levantó el rostro con un destello de reconocimiento.

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  —?Ah! —Su expresión se iluminó —Creo que su nombre era… Mika'el Cáliban.

  El tiempo pareció detenerse. Las palabras golpearon a Noah como un pu?etazo directo a la nuca. Sus ojos se abrieron con incredulidad.

  —?Espera…! —Su voz sonó casi como un rugido —?Dijiste Cáliban?! ??Estás seguro?!

  Sin previo aviso, sujetó a Lord Tyrion por los hombros y lo sacudió con fuerza. El noble soltó un jadeo, tratando de mantenerse firme mientras su cabello quedaba completamente despeinado.

  —?Q-Qué haces! ?Suéltame, muchacho!

  —?Respóndeme, maldita sea!

  El rostro de Lord Tyrion estaba a centímetros del suyo.

  —Eh… sí… —logró balbucear, tratando de sofocar las ganas de vomitar.

  Se apartó de un empujón, sacudiéndose la ropa con molestia.

  —Según leí en el periódico de la academia, el gremio ávalon aceptó el reto de Madame Lothrim. —Su voz se detuvo al ver la expresión de Noah —?Por qué? ?Qué sucede?

  Pero Noah no respondió. Su mente estaba sumida en un torbellino de pensamientos.

  ?Eso no es posible… pero han pasado quince a?os desde ese momento… tal vez… si es él… ?Será una coincidencia…??

  Su corazón se aceleró. Su respiración se volvió errática. Pero antes de que pudiera procesarlo… un escalofrío recorrió la arena. Algo cambió, algo invadió el espacio. Noah sintió su piel erizarse y sus pensamientos fueron cortados de golpe. Sus ojos se dirigieron de inmediato a la arena.

  En el centro del coliseo, donde estaba a punto de comenzar la batalla final… una figura encapuchada se encontraba de pie, inmóvil.

  Nadie sabía de dónde había venido. nadie lo había visto entrar, pero ahí estaba. El director de la academia se inclinó en su asiento, su mirada se fijó en aquel intruso.

  Madame Lothrim frunció el ce?o. Un destello de inquietud cruzó su mirada. No solo ella, todos en la arena sintieron algo extra?o. Un murmullo se extendió entre la multitud. Las apuestas, las expectativas, las emociones.

  Todo quedó en suspenso.

  El profesor Aasmir, cumpliendo con su deber, dio un salto con fuerza. En un solo movimiento, aterrizó frente a la figura. Su postura era firme y su voz autoritaria.

  —Se?or, no puede estar aquí. —Le tendió una mano, con una expresión serena pero vigilante —Sígame por favor, vamos a…

  Pero nunca terminó la frase. Un impulso de energía divina explotó en el aire. Aasmir salió disparado como si su cuerpo no tuviera peso. Su espalda chocó violentamente contra la pared de la arena.

  El estruendo sacudió los cimientos. La multitud enmudeció. El director entreabrió los labios. Esto no era normal, esto no estaba planeado. La profesora Meeris se puso de pie de inmediato, su piel estaba pálida.

  —Esto no es bueno…

  La figura levantó las manos lentamente, su postura era un reflejo de adoración. Con un gesto solemne, se retiró la capucha.

  Un aura densa y opresiva se expandió a su alrededor, cubriendo la arena en un frío sobrenatural. Sus labios se curvaron en una sonrisa serena, pero sus ojos… sus ojos brillaban con un intenso fulgor violeta.

  —Oh, Gran Madre… —Su voz resonó con un eco anormal, distorsionado —El mundo, por fin, podrá sentir tu calor una vez más…

  El director de la academia se acercó lentamente con pasos firmes. A su lado, Madame Lothrim avanzó con la misma tranquilidad.

  No mostraban miedo ni preocupación. Sus presencias eran abrumadoras, como si pudieran aplastar a ese intruso en cualquier momento. Madame Lothrim entrecerró los ojos.

  —Tú… —Su abanico se cerró con un chasquido seco —?Quién eres?

  El director no dijo una palabra, pero su mirada afilada analizaba cada detalle del recién llegado. El intruso sonrió y alzó la vista, sus ojos violetas brillaron con intensidad.

  —Soy su perdición… —Su voz se tornó grave, solemne, cargada de una certeza incuestionable —Y el pionero de una nueva era.

  El director frunció el ce?o y la arena se sumió en un silencio mortal.

  Mientras tanto…

  El equipo de Cecilia avanzaba con rapidez por los pasillos oscuros, guiados por los ecos de la batalla de Cáliban. Cada golpe y estruendo retumbaba en las paredes, como una sinfonía de destrucción que les servía de guía.

  —?Lo escuché por aquí! —exclamó Nhun, sus agudos oídos captaban con precisión la dirección del combate.

  Corrieron sin descanso, la sangre latía en sus venas. Cada paso los acercaba a la sala del trono. Cuando llegaron al pasillo principal, el camino se abrió ante ellos.

  La sala del gran trono estaba a solo unos metros, pero no estaban solos. Las sombras se agitaron en los corredores adyacentes. Figuras encapuchadas emergieron de las entradas laterales.

  —?Ahí están! ?Matenlos!

  Un grito de guerra rompió el aire y con él, el enfrentamiento estalló.

  —?Levanten sus armas! —rugió Reinhard, su voz gritó como un trueno en la oscuridad.

  El grupo se movilizó con disciplina, formándose en un círculo defensivo perfecto. Frente a la gran puerta, bloquearon cada ataque enemigo con precisión letal.

  —?Tenemos que evitar que entren en la habitación con el líder! —gritó Dimerian, su espada cortó a los enemigos que se lanzaban hacia ellos con frenesí fanático.

  Astrid alzó su espada con fiereza, abatió a un enemigo con un corte brutal y siguió adelante sin dudar. Juliana expandió su aura, aplastando a los cultistas con golpes devastadores, su energía sacudía el aire con cada movimiento. Elizabeth alzó las manos, su magia envolvió el campo de batalla. Destellos cegaban a los enemigos, nubes irritaban sus ojos y hacían que sus ataques fallaran.

  Nhun bailaba en el centro de la formación. Sus hilos invisibles se movían como serpientes letales, cortando cabezas y extremidades sin piedad. Y en medio del caos, Reinhard se convirtió en el eje del combate. No solo atacaba con su lanza, sino que dirigía cada movimiento del grupo.

  Daba órdenes, coordinaba ataques, cubría puntos débiles. Su experiencia como guerrero de su tierra natal lo convirtió en un líder momentáneo, cuyas decisiones mantenían la formación de batalla intacta.

  Los gritos de guerra y el estruendo de las armas llenaban el pasillo, una sinfonía de caos y desesperación. Cecilia, con su bastón en alto, bloqueaba con todo su ser. Cada impacto hacía vibrar sus brazos, cada golpe que desviaba le recordaba que su resistencia estaba al límite.

  Y entonces… un estruendo ensordecedor resonó en la habitación detrás de ellos.

  ?BOOM!

  La gran puerta se derrumbó en mil pedazos. El polvo y los escombros cubrieron el pasillo, como si un titán invisible hubiera destrozado la entrada con un solo golpe.

  —??Qué mierda está pasando ahí?! —gru?ó Nhun, sin dejar de moverse con su danza letal.

  Su instinto le decía que algo terrible estaba ocurriendo en esa sala y Cecilia lo supo al instante. Su corazón latió con fuerza, sus ojos se fijaron en la entrada destruida. Sin pensarlo dos veces, dio un paso adelante.

  —?Tengo que ayudarlo!

  Pero antes de que pudiera moverse… Nhun la sujetó con fuerza del brazo.

  —??A dónde vas, idiota?! —rugió con furia, sus dedos apretaron la mu?eca de su amiga.

  No podía dejarla ir, no podía perderla. Cecilia se debatió, tratando de liberarse.

  —?Tengo que ayudarlo!

  —?No puedes! ?Tu-!

  —?Nhun! —La voz de Reinhard cortó el aire con urgencia. Su lanza atravesó el espacio, arremetiendo contra un enemigo con un golpe devastador —?Necesitamos tus hilos!

  Su mirada se cruzó con la de Nhun, llena de determinación.

  —?Si te vas, la formación se romperá!

  Nhun giró la cabeza rápidamente y vio el peligro. Los enemigos emergían en oleadas, atacando sin descanso. Si se distraía… si dejaba de usar sus hilos para proteger a sus amigos… morirían. Lo sabía perfectamente, pero si soltaba a Cecilia… tal vez la perdería para siempre.

  —Mierda… ?Mierda! —Apretó los dientes y con un rugido frustrado, soltó a Cecilia y volvió a la formación —?Más te vale volver con vida, tonta!

  Cecilia sonrió. Asintió con fuerza, y sin perder tiempo, corrió entre las ruinas de la puerta.

  Momentos antes… durante la gran batalla por la supervivencia del mundo…

  La habitación del trono estaba en llamas. Dos fuerzas colisionaban en el aire, como dos tormentas chocando sin control. Cáliban respiraba con dificultad, su cuerpo ardía por dentro.

  Su energía carmesí quemaba cada vena de su ser. Cada golpe que bloqueaba era un castigo, cada esquive le costaba más aire, cada estocada lo acercaba más al borde de la derrota. Frente a él, Alexa sonreía con confianza.

  Su espada brillaba con una luz violeta cegadora. Sus movimientos eran precisos, calculados, divinos. No había duda, su nivel de esgrima y dominio de la divinidad era demasiado alto.

  Solo los más grandes maestros podían alcanzar tal nivel. Alexa dio un paso al frente, con la espada en alto.

  —?Vamos, Asesino de Dioses! —Sus ojos relampaguearon con burla —?Dónde están los movimientos que extinguían soles y acababan con inmortales con tanta facilidad?

  Cáliban apretó los dientes. Su cuerpo le dolía, su respiración se volvía más errática. Sabía que su nivel era inferior. El cuerpo de Alexa contenía la energía de un Séptimo Nivel. Cáliban apenas había alcanzado la etapa ascendente del Tercer Nivel.

  —?Vamos! ?Estrella Carmesí!

  Alexa alzó su espada. Un destello cegador envolvió su filo, proyectando una luz abrasadora que parecía desgarrar el mismo aire. Con un tajo descendente, partió la habitación en dos

  Las paredes se agrietaron, el suelo se resquebrajó en líneas caóticas. Cáliban apenas logró esquivar. Rodó en el último instante, sintiendo el viento cortante rozar su piel mientras el impacto sacudía la sala con un estruendo ensordecedor.

  Su cuerpo protestó, su visión se nubló por un segundo, pero no hubo respiro. Alexa estaba sobre él. Sus filos chocaron en un destello de chispas, manteniéndose cara a cara.

  Sus miradas se encontraron en una guerra silenciosa. Alexa sonrió, pero no era una sonrisa humana. Sus labios se curvaron con una malicia perversa y en sus ojos violetas brilló una furia inhumana.

  —?Qué pasa? —Su voz fue un susurro venenoso —?Ya te quedaste sin fuerzas?

  Cáliban apretó la mandíbula. Con un rugido forzó su espada para apartarla.

  —?Voy a enterrarte de regreso en la dimensión oscura, maldita!

  Alexa rió con júbilo. Eso era lo que quería ver. Ese destello de ira, ese temblor de desesperación, esa peque?a fractura en su alma. Quería verlo romperse, quería verlo morir en sus manos.

  Cáliban ajustó su agarre en la empu?adura. Con un movimiento rápido y preciso, lanzó un tajo diagonal. El corte partió los pilares de la habitación como papel. Pero Alexa ya no estaba ahí.

  —?Vamos! —gritó con euforia —?Sigue luchando con tu vida!

  Se lanzó sobre él. Su espada se convirtió en una lanza de luz violenta, apuntando directamente a su brazo. Cáliban rechazó el golpe con una técnica rápida. El dolor explotó en su cuerpo, sus músculos gritaron y su piel ardió.

  Alexa chistó. Reconoció ese movimiento, era la misma técnica. La misma que se llevó las almas de sus aliados hacía tanto tiempo.

  —Agh… —Su sonrisa se torció en un gesto de irritación —Sigues siendo igual de problemático que en aquel entonces…

  Los filos danzaron con una velocidad imposible. Cada tajo, cada choque, cada movimiento resonaba en la gran sala del trono. Las paredes temblaban, el techo crujía, el aire era cortado en mil pedazos con cada ataque.

  Era un duelo de titanes.

  Pero entonces, Cáliban sintió una vibración, un leve temblor en el aire, una presencia acercándose.

  ?Mierda…?

  Su instinto gritó en dirección a la puerta. Energías desconocidas se arremolinaban en camino. Los refuerzos habían llegado, no podía prolongar esto. Tenía que encontrar una forma de matarla. Aquí y ahora.

  El calor en la cripta aumentó, el aire se volvió espeso.

  Cáliban apretó los dientes, cada músculo de su cuerpo dolía, cada herida quemaba su piel como brasas encendidas.

  Y Alexa lo sabía, esta sonrió con victoria. Con un movimiento ágil, saltó por encima de él. En el aire, alzó su espada con ambas manos. Un fulgor violeta envolvió la hoja y con un grito de guerra, descendió con un golpe demoledor.

  Cáliban levantó su espada con todas sus fuerzas. El choque lo empujó hacia abajo. El suelo se rompió bajo sus pies. Sus rodillas temblaron, su espalda se dobló por la presión pero no cedió.

  Alexa esbozó una sonrisa burlona, su voz respondía impregnada de arrogancia.

  —Oye… esa es una buena espada. —Sus ojos brillaron con una diversión perversa —Tal vez la conserve como recuerdo… ?Después de que te mate!

  Sin previo aviso, pateó con fuerza la empu?adura de Cáliban. La espada voló por el aire. Alexa no perdió tiempo. Se lanzó de inmediato hacia su corazón, con la certeza de un depredador a punto de matar a su presa.

  Pero entonces…

  ?CLANG!

  Una cadena carmesí emergió de la nada, atrapando la espada en el último segundo. Los ojos de Alexa se abrieron con sorpresa.

  —?Qué…?

  Antes de que pudiera reaccionar, Cáliban tiró de la cadena, envolviendo su propia mano con ella y le propinó un golpe brutal en la mandíbula.

  ?CRACK!

  Alexa retrocedió tambaleándose, un ardor se extendió por su boca. Su sangre quemaba sus labios como hielo gélido.

  Algo en ese golpe no era normal, algo en la energía de Cáliban la hacía sentir… mortal. Cáliban no se detuvo. Con un movimiento de su mano, su espada volvió a él, cayendo en su palma desde el aire.

  Alexa apenas logró esquivar. Cada tajo de Cáliban parecía destinado a partirla en dos. Pero ella era flexible. Con una gracia casi teatral, se movía entre los ataques como si estuviera danzando en la batalla.

  Golpes, filos, cadenas. Todo llovía sobre ella, pero Alexa solo reía.

  —Tienes todo un arsenal, ?Eh? —dijo mientras desviaba otro ataque con facilidad —?Pero eso no será suficiente!

  De pronto, su cuerpo vibró con energía antigua, la magia maldita se condensó a su alrededor.

  —Veamos si puedes con esto…

  Alexa extendió las manos y una luz oscura emergió de su piel. Desde su espalda, seis lanzas de energía ominosa se materializaron.

  Los proyectiles silbaron en el aire, buscando empalar a Cáliban. él esquivó la primera, desvió la segunda, pero la tercera le rozó el hombro. El dolor fue inmediato. Era como si la lanza drenara su fuerza vital, sabía que no podía sostener esta pelea por mucho más.

  Cáliban tomó aire, no tenía opción. Si no lo hacía ahora… perdería. Alexa corrió hacia él con su espada lista para atravesarlo. Pero Cáliban bajó la mano al suelo.

  —?No esta vez…!

  Cadenas de aprisionamiento emergieron del suelo, envolviendo el cuerpo de Alexa. Su movimiento se detuvo.

  —?Qué… qué es esto?

  Fue solo un instante, pero fue suficiente. Cáliban levantó su espada. La energía carmesí estalló en su filo.

  —?División!

  La Danza del Caos se desató con toda su furia. Alexa no podía moverse, no podía escapar, no podía esquivar y entonces… el tajo descendió. La luz carmesí consumió la sala.

  El impacto fue brutal, el estruendo sacudió toda la cripta. Las paredes temblaron, los cimientos crujieron, el suelo se partió en dos.

  El golpe rompió la puerta principal, lanzando escombros en todas direcciones, una nube de humo se elevó. Cáliban respiró con dificultad. Su cuerpo temblaba, su vista se nubló. Pero al escuchar el grito desgarrador de Alexa, supo que lo había logrado.

  ?Lo hice…?

  El eco del grito de Alexa aún resonaba en las paredes. La marca de su ataque dividía la sala en dos.

  No había forma de que hubiera sobrevivido. No esta vez. Pero entonces… desde los escombros… desde la niebla de polvo y ceniza… algo se movió.

  Cáliban levantó la mirada, con incredulidad. Alexa seguía de pie. Destrozada, pero viva. Su cuerpo marchito emergió de los escombros. Sus ropas estaban hechas jirones, su torso estaba marcado con una gran herida negra, su piel ardía con la energía del caos. Pero su mirada… aún brillaba con furia.

  Y con un último rugido, golpeó a Cáliban con todas sus fuerzas. Su cuerpo salió disparado como un mu?eco roto. Chocó contra una pared masiva, la piedra se rompió con el impacto.

  La sangre brotó de su boca, su vista se oscureció y en su mente, una última pregunta.

  ??Cómo… sigue viva…??

  Alexa sonrió con triunfo. Su espada resplandeció con una intensidad feroz, absorbiendo toda su energía en un solo punto. La luz se extendió por la habitación, cubriendo todo con un brillo violeta.

  —?Ese fue tu último truco, Cáliban!

  Su cuerpo se impulsó hacia adelante con una velocidad imposible de seguir. Se transformó en un rayo de muerte, una lanza de condenación. Su hoja buscó el corazón de Cáliban sin piedad. él intentó moverse, intentó levantar su espada, pero fue inútil.

  Su cuerpo no respondió, sus músculos se negaron a obedecer. El precio de su técnica final lo había dejado roto. Su mango tembló en su agarre, pero su mano no podía sostenerlo. Su mirada se llenó de horror al ver el filo de la espada acercarse.

  Era su fin. Y entonces… desde las sombras, una risa llenó el aire.

  Lenta, macabra, un eco maldito que resonó en la cripta. Cáliban la reconoció al instante. La voz susurró desde las profundidades del abismo:

  —Te lo dije, hermano… ahora arrepiéntete de tus decisiones…

  Un escalofrío recorrió su espalda. Pero antes de que pudiera reaccionar… el sonido de la carne siendo perforada llenó la sala, como el eco de un destino sellado.

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