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Capitulo 4 Interludio 1

  Sun Hao, emperador del Imperio Taijin, se dirige a su despacho tras abandonar el salón del trono después del Man Yue de su hija y tras abrir la puerta se sienta pesadamente en la silla de su escritorio mientras mira fijamente una carta que hay encima del mismo.

  La figura de Jiangjun Han Xin, principal general del ejército izquierdo del imperio, alto y delgado, con un gran bigote que enmarca su rostro, entra riendo en el despacho cerrando la puerta tras él.

  "?Qué clase de locura ha sido esa, viejo amigo?" pregunta Han Xin mientras se dirige a una mesita llena de botellas de licor. "Te has saltado el guion de la ceremonia, has concedido títulos inesperados y casi haces que Taijian Li Ming sufra un ataque al corazón."

  Sun Hao, sin dejar de mirar la carta, responde con un tono que denota cansancio "He recibido una carta de mi padre esta ma?ana."

  Han Xin, con una expresión curiosa, se sirve una taza de licor y se acerca al escritorio.

  "?Y qué quiere el viejo entrometido esta vez?" pregunta mientras toma un sorbo de su bebida.

  Sun Hao suspira profundamente antes de contestar.

  "Me ha ordenado que mate a mi hija", dice con una voz llena de amargura. "Considera que su condición es una vergüenza para la familia Sun y una mancha en nuestra reputación."

  La sonrisa de Han Xin se desvanece de inmediato y se queda en silencio, procesando lo que acababa de escuchar.

  "?Cree que aún es el emperador y puede ordenar lo que quiera?”, pregunta finalmente. "Ni siquiera es el líder de la secta, solo un anciano honorario."

  Sun Hao resopla, con su expresión endureciéndose.

  "Por mí, puede ordenar lo que quiera. No voy a matar a mi hija solo por lo que crea un viejo cascarrabias. Ahora que por fin he podido tener una hija, no la perderé por caprichos de alguien que ya no tiene poder en el palacio”, contesta Sun Hao. “Pero debido a eso he tenido que meterla en el palacio interior, donde la seguridad es más estricta y no le resultara fácil hacer algo drástico en caso de que se canse de esperar a que le obedezca.”

  Han Xin suspira y se sienta, aun sosteniendo su taza.

  "Nunca he entendido tu obsesión por tener hijas. Las mías solo han servido para gastar dinero", comenta con cierto humor.

  Sun Hao lo mira fijamente antes de responderle "Alguien que solo piensa con la vaina de su espada no puede comprender mi ideal de la felicidad."

  Con un gesto de la mano, Sun Hao indica a Han Xin que se marche mientras le dice "Quiero estar solo el resto de la noche."

  Han Xin se levanta, termina el licor de su taza de un trago y la deja sobre la mesa mientras le contesta "Ten cuidado, Hao. El viejo es totalmente irracional y nadie sabe de lo que es capaz."

  "Lo sé", responde Sun Hao. “Ya sé lo que tengo que hacer."

  Han Xin se despide con una inclinación de cabeza y sale del despacho, dejando a Sun Hao en la penumbra. El emperador permanece en silencio, repiqueteando con los dedos en el escritorio mientras reflexiona sobre los eventos recientes. Al cabo de un rato, tras haber alcanzado algún tipo de decisión, se levanta de la silla y sale del despacho.

  El Salón de la Armonía Suprema resplandece con opulencia y majestuosidad. Las paredes, adornadas con tapices de seda bordados con escenas de paisajes y leyendas antiguas, reflejan el poder y la riqueza del Imperio Tianjing. Grandes candelabros dorados cuelgan del techo, iluminando el salón con una luz cálida y resplandeciente que se refleja en los pisos de mármol pulido. Las mesas, dispuestas en un semicírculo alrededor de un espacio central, están cubiertas con manteles de brocado y decoradas con exquisitos arreglos florales.

  Los criados, vestidos con túnicas de seda bordadas con detalles dorados, se mueven con gracia y precisión, sirviendo platos tradicionales en este tipo de celebración. Entre los manjares se encuentran el pato laqueado, el abulón en salsa de ostras y dumplings de cerdo al vapor. La fragancia de especias y hierbas llena el aire, despertando los sentidos de todos los presentes.

  Guifei Xiang, antes conocida como Fei Xiang, observa el esplendor del salón con una mezcla de perplejidad e inquietud debido los hechos ocurridos poco antes durante la ceremonia del Man Yue de su hija. Aunque ha sido ascendida al título de Guifei, no puede comprender la razón detrás de este honor. Siempre pensó que su posición de consorte favorita del emperador se debía a ser la más reciente, no por sus propios méritos.

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  Y no solo eso, Guifei Xiang sabe que llego al puesto de consorte por una maniobra política destinada a avergonzar al Taijian Li Ming, y por si no fuera lo suficientemente mala su posición debido a eso, solo le ha dado una hija al emperador y esa hija encima es minusválida. No entiende la razón real tras su ascenso.

  Las otras consortes del emperador, once en total, ocupan sus asientos en el salón. Fei Zhi, la antigua consorte favorecida y conocida por su lengua afilada, dirige una mirada maliciosa y llena de envidia hacia Guifei Xiang.

  “Guifei Xiang, qué sorpresa lo sucedido en la ceremonia. Supongo que no esperabas verte con un título tan... elevado”, dice Fei Zhi con una sonrisa falsa.

  Guifei Xiang sonríe educadamente “Gracias, Fei Zhi. Tampoco esperaba este honor.”

  Fei Lan interviene con una voz cargada de sarcasmo “Al menos eso facilitara la situación de tu hija, ?no? Tiene que ser difícil criar a una hija en su situación.”

  Antes de que Guifei Xiang pueda contestar otra voz se une a la discusión.

  “Pero al menos tienes talento artístico, ?verdad? Eso siempre es útil para entretener al emperador. Me pregunto sobre el tipo de obra que has pintado para ganarte el título”, agrega Fei Ming, su tono igualmente venenoso.

  Guifei Xiang mantiene la compostura, aunque cada comentario la hiere profundamente “Siempre he encontrado consuelo en mi arte, y no me atrevo a intentar adivinar los pensamiento de su majestad.”

  Mientras los criados continúan sirviendo los platos, la conversación se vuelve aún más tensa.

  “Lástima que haya sido una hija, debe ser una carga. Más aún con su condición”, dice Fei Nuo con una sonrisa condescendiente. “Si al menos hubiera sido un ni?o, su futuro no habría sido tan complicado.”

  “Es un milagro que el emperador te haya elevado a Guifei con tan pocos méritos”, a?ade Fei Xi con una voz llena de envidia.

  Guifei Xiang siente el peso de sus palabras, pero responde con serenidad “Como he dicho antes, no me atrevo a intentar adivinar los pensamientos de su majestad. Si queréis saber la razón, supongo que tendréis que preguntarle por sus razones.”

  Estas palabras parecen acallar momentáneamente al resto de consortes, que rápidamente comienzan a discutir los últimos cotilleos del palacio entre ellas mientras deliberadamente hacen el vacío a Guifei Xiang.

  El banquete continúa, pero para Guifei Xiang, cada minuto se siente como una eternidad. Finalmente, cuando el banquete termina, se levanta con dignidad y se dirige a su residencia, agotada de soportar la malicia de las otras consortes.

  Para su sorpresa, cuando sale del Salón, un par de Nei Wei se acercan junto a Fei Yi Lingxi para escoltarla por los pasillos del palacio, con sus pasos resonando suavemente en el mármol. Mientras caminan, su doncella le dice que Taijian Li Ming ha ordenado que la mudanza se tiene que hacer por la ma?ana.

  Preguntándose la razón por tanta urgencia y resignándose a no poder pegar ojo en toda la noche, llegan a su pabellón. Suspirando aliviada, se dirige a su despacho seguida de Fei Yi Lingxi, donde van a tener que planear una mudanza en el poco tiempo que queda para el amanecer.

  A la ma?ana siguiente, en un opulento pabellón del Palacio Exterior, los primeros rayos del sol iluminan una amplia sala decorada con elegancia. La atmósfera está cargada de resentimientos apenas disimulados. Una consorte, vestida con un lujoso traje bordado, se queja amargamente al eunuco que esta con ella en la sala.

  "No puedo creer que la hayan hecho Guifei a pesar de tener únicamente una hija, y que además es desperdicio inútil", comienza la consorte, su tono lleno de indignación. "He dado al emperador cuatro hijos, y sin embargo mírame, todavía relegada a esta posición."

  El eunuco, un hombre de mediana edad con una cara impasible, inclina ligeramente la cabeza, mostrando respeto pero sin emoción aparente.

  "Las decisiones del emperador son incuestionables, mi se?ora, por más irracionales que nos parezcan", responde con voz suave pero firme a la mujer.

  La consorte frunce el ce?o con una evidente frustración "No es justo. Guifei Xiang ha sido promovida mientras yo sigo aquí, a pesar de todo lo que he sacrificado y conseguido."

  El eunuco sigue mirando impasible a la consorte mientras espera a que continúe.

  Los ojos de la consorte de repente brillan con un destello de malicia mientras baja la voz "Hablando de otra cosa, ?cómo va la... situación con el hijo menor de Fei Zhi?"

  El eunuco vacila un momento antes de responder, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie escucha "Todo marcha según lo planeado, mi se?ora. El joven ha comenzado a cultivar, a pesar de tener seis a?os. Es solo cuestión de tiempo antes de que Fei Zhi descubra lo que está pasando, pero para entonces, podría ser demasiado tarde."

  La consorte sonríe, satisfecha con la respuesta "Perfecto. Con un poco de suerte, este incidente se encargará de uno de los rivales de mis hijos. Un descendiente de la familia Fu, a pesar de ser joven, podría competir por el trono. La competencia en esta corte es feroz y debemos asegurarnos de que nuestros intereses prevalezcan."

  El eunuco asiente, manteniendo su postura servil mientras pregunta "?Hay algo más que desee, mi se?ora?"

  La consorte suspira, con su expresión cambiando a una de contemplación "Sí, necesito encontrar una manera de librarme tanto de la madre como de la hija. No pueden quedarse aquí disfrutando de un rango que tendría que pertenecerme, y más con un desperdicio como es esa ni?a."

  El eunuco mantiene su mirada baja, sin atreverse a ofrecer sugerencias en un asunto tan delicado "Haré lo que esté en mi poder para asistirla, mi se?ora. Pero residiendo en el Palacio Interior, será complicado poder hacer algo."

  La consorte mira al eunuco con una sonrisa fría "Pues espero algún resultado. Recuerda, tu posición depende de tu eficacia en estos asuntos."

  Con esas palabras, la consorte se vuelve hacia la ventana de la sala, observando a las criadas trasladar muebles y a la muchedumbre que se ha reunido para cotillear siendo contenida por las Nei Wei. Mientras mira, piensa en cómo hacer más eficiente el traslado cuando finalmente ocupe el puesto que se merece.

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