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Capitulo 5

  Mi sue?o se ve interrumpido por el ruido de pasos y el abrir de la puerta de la habitación. A través de la luz de la luna que entra por la ventana de mi habitación, vislumbro una figura que se acerca a mi cuna. Mis ojos, aún nublados por el sue?o, se abren poco a poco para ver como mi padre, el Emperador, se acerca a mi cuna y se queda de pie a su lado mientras me contempla en silencio.

  “Majestad, no deberíais estar aquí, si se descubre que habéis venido, junto a la escena que montasteis en la ceremonia, solo le traerá problemas a su hija”, escucho que le dice alguien al emperador, aunque desde donde estoy y con mi padre tapando la vista, no veo quien es.

  “Lo sé, pero ahora que todo el mundo está en la celebración, es el mejor momento que voy a tener en mucho tiempo. ?Has comprobado los alrededores?”, contesta mi padre mientras me sigue mirando.

  “Si, todo el mundo o esta dormido o lo hemos hecho dormir, nadie sabrá que alguien ha entrado”, contesta el desconocido.

  “Bien, ahora sal y patrulla, quiero estar a solas con mi hija”, responde mi padre, apartando la mirada hacia un lado de la habitación, supongo que mirando al desconocido.

  Escucho como se cierra la puerta y mi padre se vuelve para mirarme de nuevo. Al cabo de un momento veo que alarga los brazos y me coje de la cuna con cuidado,

  Me quedo mirándolo cuando empieza a hablarme “Me lo habían dicho y a pesar de que lo vi en la ceremonia, todavía creía que era una exageración. Realmente eres él bebe más tranquilo que he conocido.”

  Mierda, pienso. A pesar de haber intentado actuar como un bebe quejándome y llorando un poco de vez en cuando, se ve que me he quedado corta, y encima ya es tarde para corregirlo, si ahora empezara a alborotar con más frecuencia, sería aún más raro.

  Conmigo en brazos, mi padre se acerca a una silla cercana y se sienta mientras me acuna con suavidad.

  "Mi peque?a Wen," comienza él, hablándome con un tono suave. "Desde que supe de tu nacimiento, he esperado con ansias el momento de tenerte entre mis brazos. Tengo muchos hijos, sí, pero tú eres mi única hija. Y los cielos saben que lo he intentado, veintidós hijos en cuarenta a?os y solo una hija."

  Lo que dice me sorprende. ?Cuarenta a?os, que edad tiene? Aparenta estar en la treintena, pero si lo que dice es cierto y su primer hijo nació cuando tenía, por ejemplo, quince a?os, considerando que épocas antiguas se suelen casar jóvenes, tendría como poco cincuenta y cinco a?os. O eso, o incluso teniendo una docena de concubinas, ha estado más ocupado que un conejo en plena época de celo.

  Mientras me acuna, su conversación fluye como una melodía tranquila en la oscuridad de la estancia.

  "Aunque los Cielos nos han jugado una mala pasada, tanto a mi como a ti", continúa, imagino que refiriéndose a mi discapacidad.

  "Sobre todo para ti”, suspira finalmente. “Sobre todo para ti.”

  La habitación, iluminada apenas por la luz de la luna que se filtra a través de la ventana, se convierte en nuestro peque?o mundo. Un mundo donde las responsabilidades de un emperador parecen desvanecerse y solo deja a un padre que parece preocuparse sinceramente por su hija.

  En un intento de descargar la tensión que hay en el ambiente, estiro las manos y tiro de la barba de mi padre mientras empiezo a hacer balbucear. Solo espero que no le parezca demasiado raro.

  Se sorprende de mi acto y sonríe un poco agarra mi mano, con la clara intención de que deje de agarrar su barba y coja su mano, así que lo hago fácil y agarro uno de sus dedos.

  "Sé que el camino adelante será difícil", admite con un suspiro, como si las palabras le pesaran, aunque mientras continua veo que un destello de ira cruza sus ojos. "Ya hay gente que se ha pronunciado en tu contra, incluso algunos han sugerido que eras una mancha en la reputación de la familia y era mejor que sufrieras un accidente."

  Al escuchar eso, la sorpresa de esas palabras hace que me quede congelada un momento, pero recordando que se supone que no puedo comprender lo que me está diciendo, continuo como si nada agarrada a su dedo mientras un rastro de miedo empieza a crecer en mi interior, recordando la crueldad con la que algunas familias chinas de la antigüedad o incluso modernas son capaces de ejercer, sobre todo para reparar su reputación si creen que ha sido mancillada.

  “El título que te he dado y el nuevo sitio donde vas a vivir te protegerán de momento”, continua. “Y otra cosa que puede protegerte es que consideraran que una discapacitada no es una amenaza para nadie, tal vez la única cosa buena que se puede sacar de algo tan malo.”

  De repente, escucho un par de golpes a la puerta y me padre vuelve la cabeza hacia ella.

  “Supongo que es el momento de irme”, dice mientras se levanta y se acerca a la cuna. Una vez llega a ella me da un beso en la frente y suelta su dedo de mi mano. Yo empiezo a quejarme y lloriquear por ello, después de todo hay que mantener el acto.

  "Ahora, duerme, peque?a Wen. Ma?ana es otro día y te despertaran pronto para llevarte a tu nuevo hogar", con esas palabras me deposita de nuevo en mi cuna y me arropa, esquivando mis intentos de agarrar sus manos, sin saber muy bien que hacer para mantener el acto, ya que ponerme a llorar en voz alta casi me parecería un sacrilegio considerando la atmosfera y la situación.

  Se levanta tras arroparme y se gira hacia la puerta para irse. Mientras se aleja, la luz de la luna cae sobre su figura a través de la ventana, delineando los contornos de un hombre que lleva el peso de un imperio sobre sus hombros, pero que, en este momento, se siente más como un padre que como un emperador. Y aunque sus palabras sobre que hay gente que desea mi muerte todavía me aterran, supongo que el tener un padre amoroso con el poder de un emperador puede ser un escudo bastante efectivo por el momento.

  Escucho como se cierra la puerta tras salir de la habitación y en la quietud de la noche, contemplando los contornos de esta iluminada por la luz de la luna que entra por la ventana, empiezo a darle vueltas a la cabeza pensando una y otra vez en lo que ha dicho, en mi situación y en lo que puedo hacer, sin llegar a ninguna conclusión. Y así continuo hasta que mi cuerpo de bebe decide que es suficiente y me quedo dormida.

  This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there.

  Me despierta un revuelo inusual en la habitación y, cuando termino de despertarme, noto que ya es de día. Mientras recuerdo con incomodidad la conversación de anoche de un padre desahogándose con su hija creyendo que no puede entender lo que esta le está diciendo, miro lo poco que puedo ver a través del hueco de mi cuna.

  A través de él puedo ver a RuNu Lianhua dirigiendo a un par de doncellas para que recojan todo lo que hay en mi habitación. Una de ellas, al pasar al lado de mi cuna se fija en que estoy despierta y mirándola.

  “RuNu, Zhāohuán Wen se ha despertado”, le dice la criada a RuNu Lianhua.

  Notando que mi peque?o cuerpo me ha traicionado mientras estaba dormida, empiezo a lloriquear mientras RuNu Lianhua se acerca a la cuna y me cóje mientras continuo con el teatro.

  “Continuad recogiendo las cosas, incluida la cuna. Si no podéis con ella, indicad a una de las Nei Wei de fuera que la cargue. Si ponen pegas, decid que Zhāohuán Wen solo puede dormir si la acostamos en ella”, les dice a las criadas tras comprobar la razón por la que me quejo. Quiero quejarme por la evidente mentira que está diciendo y que mancilla mi honor, pero mis balbuceos dudo que puedan llegar a expresar lo que siento.

  Tras cambiarme de ropa encima de una mesa cercana que de momento parece que se está librando del claro expolio que están haciendo de la habitación, sale conmigo en brazos de la sala y se dirige hacia la de mi madre.

  Por el camino, veo los pasillos llenos de doncellas, todas cargando baúles que tienen que llevar entre dos debido a su abultado tama?o, aunque por la facilidad con la que los llevan no parece que pesen mucho.

  Al final llegamos a la habitación de mi madre, que está hablando con Fei Yi Lingxi. Con sorpresa veo que ya está completamente vacía y no queda ni la cama.

  “Está segura de esto, Furen. Si vaciamos todo el palacio, el resto de las consortes se va a quejar”, le está diciendo Fei Yi Lingxi a mi madre.

  “Que se quejen lo que quieran, llevan a?os molestándome desde que su majestad me eligió su favorita”, contesta mi madre con una expresión de ferocidad. “Y desde que se enteraron del problema de Wen, no han parado de conspirar para que nos repudien tanto a mi como a ella diciendo que esta maldita y traerá la desgracia al imperio. No pienso dejar ni el polvo para que puedan saquearlo después de que nos marchemos.”

  Al escuchar a mi madre, y recordando lo que mi padre decía sobre que había gente pidiendo que tuviera un accidente, el miedo de anoche vuelve, recordándome que estoy en una corte imperial, y que las historias de crueldad que se cuentan en la historia de china puede que no estén tan lejos de la realidad en este mundo.

  RuNu Lianhua se acerca a mi madre, que se vuelve hacia nosotras.

  “Dámela, hoy la llevare yo”, dice mi madre mientras me recoge de sus brazos. Vuelve a mirar a Fei Yi Lingxi y le dice “El sequito mandado por el emperador está esperando hace rato, así que nos vamos. Lingxi, quedas al cargo. Si alguien intenta molestar, díselo a la Nei Shiwei. Ya está lo suficientemente estresada por la situación como para permitir que alguien haga más difícil su trabajo. Se ocupará de cualquiera que cause problemas.”

  Tras esas palabras, sale sin dudar por la puerta conmigo en brazos, seguida apresuradamente por RuNu Lianhua. Al llegar al patio exterior me sorprendo por la vista. Una docena de guardias femeninas, las Nei Wei como supongo que se llaman por la conversación tanto de RuNu Lianhua como la de mi madre, están esperando como cuando salimos para ir a la ceremonia del Man Yue.

  Pero hay aún más rodeando el patio y haciendo un pasillo hacia la puerta de salida, impidiendo que nadie se pueda acercar o estorbar nuestra salida. Y falta hace. Hay una autentica muchedumbre llenado el patio, todos para observar nuestra salida, y no puedo dejar de notar que parecemos unas celebridades en la alfombra roja de un evento. O tal vez, con un pensamiento más morboso fruto de las conversaciones sobre librarse de mí, unos criminales que van al cadalso.

  Tras bajar las escaleras de la casa, las Nei Wei se posicionan alrededor de mi madre y de RuNu Lianhua, que continúan andando hacia la salida escoltadas por ellas. Mientras avanzamos por el pasillo de guardias miro alrededor y noto que entre la masa de mujeres del patio hay varios ni?os y jóvenes. Considerando donde estamos, no puedo dejar de pensar que probablemente los que tienen las ropas más lujosas serán mis hermanastros. Teniendo veintidós hermanastros, según dijo mi padre, es inevitable que alguno de ellos este aquí.

  Afortunadamente salimos por la puerta sin que nadie intente asesinarme, o más probablemente, gritar que soy la perdición del imperio o la fuente de todos los males del mundo. Supongo que la visión de tantos guardias es suficiente para que a nadie se le pase por la cabeza hacer algo raro, no siendo que la pierdan.

  Al salir por la puerta principal del patio interior, otros doce guardias masculinos se juntan con el sequito, a?adiendo aún más protección al viaje.

  Y eso hace que empiece a asustarme un poco.

  Vale que después de la visita de anoche está claro que mi padre está en plan sobreprotector conmigo, pero veinticuatro soldados que claramente no están para una ceremonia como en el Man Yue, si no armados y preparados para el combate, puede que sea un poco exagerando, sobre todo considerando que estamos en el palacio y en pleno día.

  Recorremos los mismos caminos que la noche anterior entre miradas de curiosidad y sorpresa de la gente que nos cruzamos, funcionarios imperiales casi todos ellos sí puedo guiarme por el tipo de traje que llevan, para llegar al cabo de un rato a la entrada del palacio interior. Esta vez la puerta no está cerrada y los guardias nos dejan pasar sin más que un gesto de sus cabezas.

  Enfrente de nosotros veo la escalinata que lleva a la sala del trono, pero esta vez giramos hacia la derecha y entramos en un camino que cruza una especie de parque. Mientras lo cruzamos, noto que parque es digno de aparecer en una superproducción de una película de época. No falta nada de la estética china. Pagodas, riachuelos y jardines cuidadosamente colocados nos rodean y suspiro con lastima, si mi situación actual no fuera la que es, me encantaría perderme en ellos.

  Cruzamos el parque y llegamos a lo que claramente es un palacio. Cruzamos las puertas al patio interior y noto que los guardias masculinos no pasan de la puerta. Supongo que hemos llegado al Pabellón del Aroma de las Nubes, que es como llamo mi padre a la residencia que nos dio en la ceremonia.

  Mi madre se para en el centro del patio y suspira, como si se librara de un nerviosismo que no se había reflejado hasta ahora. Cruzamos el patio y tanto mi madre como RuNu Lianhua entran en la casa y notamos que ya está amueblada. Y si la casa anterior ya me parecía lujosa, esta se sale de todos los gráficos.

  “Guifei Xiang, creo que no hacía falta que trajéramos todo lo que había en la otra casa”, dice RuNu Lianhua.

  “Me da lo mismo, no pienso dejar nada para esas hienas”, contesta mi madre, lo cual hace que RuNu Lianhua de un respingo al escuchar cómo se refiere a las otras consortes.

  “Busca la habitación de Wen”, le dice a RuNu Lianhua mientras me tiende para que me coja. “Tengo que hablar con la Nei Shiwei de este pabellón para que me diga cómo van a funcionar las cosas por aquí.”

  RuNu Lianhua me coje sin decir nada más y empieza a recorrer la casa mirando en todas las habitaciones y el lujo que hay en todas ellas deja en ridículo lo que vi en su día en aquel programa de televisión sobre las casas más lujosas del mundo hasta que, al final, llegamos a una habitación con una cuna tama?o XXL con tantos adornos y joyas que me da escalofríos. Cuando nos acercamos y RuNu Lianhua hace el gesto de querer meterme en ella, hago realidad la mentira que dijo sobre mi otra cuna y empiezo a quejarme y llorar para que no me meta en esa monstruosidad.

  Sorprendida, RuNu Lianhua se aparta de la cuna y cuando ve que al apartarse dejo de quejarme, se ríe entre dientes y se sienta en una silla cercana mientras me acuna.

  “El Karma a veces es extra?o, eh, Zhāohuán Wen”, me dice mientras me acuna. “Supongo que realmente tendremos que esperar a que traigan su cuna.”

  Me alivia que RuNu Lianhua parece haber vuelve a ser la de antes una vez pasado todo el tema de la ceremonia del Man Yue. Y mientras me acuna, dejo que el sue?o me invada. La mudanza tiene pinta de ir para largo y prefiero no estar despierta y aburrida esperando.

  Como ya pensé una vez, quien dijo que la ni?ez es la mejor época de la vida no era un bebe.

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