El nombre seguía pulsando en su pecho.
Aelian. Aelian. Aelian.
No en voz alta. En la sangre.
Syra caminó durante horas sin darse cuenta, guiado por un instinto que no sabía si era suyo o heredado. La marca de su mu?eca ardía a intervalos, como si algo la estuviera llamando desde debajo del suelo.
El bosque se volvió más oscuro. Las raíces más gruesas. Las sombras más densas.
Y cada vez que parpadeaba, veía destellos:
—un brazo marcado, —una rodilla hundiéndose en ceniza, —una mano extendida hacia nadie.
No sabía si eran sue?os, recuerdos… o advertencias.
Syra respiró hondo.
—Ashryel… ?estás ahí?
La voz tardó demasiado en responder. Demasiado.
—
—
—
El tono de ella no era firme.
Era temeroso.
Syra se detuvo.
—?Qué pasa?
La respuesta llegó entrecortada:
—
—
—
—
La advertencia llegó tarde.
El aire delante de él se quebró como vidrio bajo presión.
Un sonido salió de la grieta.
No era rugido. No era viento.
Era… un sollozo.
Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator.
Humano. Ahogado. Como si alguien llorara desde adentro de una pared invisible.
Syra dio un paso atrás.
—?Quién… está ahí?
Las raíces se movieron como serpientes. Los árboles se inclinaron hacia él. Y de entre las sombras emergió una silueta.
Un cuerpo humano. Flaco. Torcido. Cubierto de ceniza.
Su rostro, sin embargo…
No tenía ojos. Ni boca. Ni forma.
Solo una máscara de grietas de donde escapaba un brillo azul apagado.
Syra sintió el estómago caerle.
—No… —murmuró—. No puede ser…
El eco levantó lentamente la cabeza.
Y su voz— doble, rota, como dos gargantas hablando desde distintos tiempos— pronunció el error que lo congeló:
—
—
Syra retrocedió tambaleante.
Las piernas se le aflojaron.
Aquella voz no era monstruosa.
Era triste
Era exactamente igual al susurro que oyó en el sue?o del Capítulo 5.
Aelian.
Un fragmento de él. Perdido. Atrapado. Repitiendo el último segundo de su vida como un eco atrapado entre dos mundos.
—No… —Syra tembló—. Yo no soy él.
El eco se movió.
No caminaba. Deslizaba los pies sin sonido. Cada paso dejaba una huella de ceniza que ardía levemente.
La marca en el brazo de Syra respondió con un latido brusco.
Un latido ajeno.
—
La voz le heló los huesos.
Syra retrocedió.
—No soy él. ?No soy él!
El eco levantó una mano fracturada, como si intentara tocarle el rostro.
Y entonces el dolor llegó.
Como un cuchillo caliente desde la mu?eca al corazón.
Syra gritó, cayendo de rodillas.
Las venas de su brazo se ennegrecieron bajo la piel, subiendo como raíces envenenadas.
—Agh… ?Ashryel! ?Me está quemando!
La voz de ella estalló dentro de su mente:
—
—
Demasiado tarde.
El eco se inclinó. Las grietas de su rostro se abrieron. Y dentro de ellas, Syra vio un destello:
Un campo incendiado. Una mano extendida. Un nombre gritado demasiado tarde.
Aelian.
Una lágrima— que no era suya— rodó por su mejilla.
El eco habló por última vez, con una voz que ya no era doble, sino humana.
—
—
El mundo se quebró en un estruendo blanco.
Un destello. Un latido. Una fuerza caliente que no venía de Syra.
Ashryel llegó.
No caminando. No flotando.
Impactando.
Una ola de luz blanca atravesó el eco, deshaciéndolo en ceniza que se elevó como humo llorando.
El bosque quedó quieto.
Syra cayó hacia adelante, jadeando, agarrándose el pecho. La marca seguía ardiendo, pero la subida se detenía, temblando, retenida por un hilo invisible.
Ashryel apareció a su lado, apenas visible, su forma incompleta, como si su cuerpo estuviera hecho de recuerdos rotos.
Su voz era pura culpa.
—
Syra levantó la mirada, la respiración rota.
—?Qué… fue eso…?
Ashryel bajó la cabeza.
Una sola frase.
Una que ella había evitado desde el primer día.
—
—
Syra sintió un escalofrío recorrerle la columna.
Por primera vez, entendió algo:
Lo que venía no era solo su historia.
Era una deuda vieja.
Una herida anterior que todavía sangraba.
Y él… sin saber por qué…
Era el que había heredado el dolor.

