Abrí los ojos lentamente. Durante unos segundos no recordaba dónde estaba. El techo blanco sobre mí parecía demasiado limpio, demasiado perfecto para ser el de mi antigua habitación en casa.
Entonces recordé dónde estaba.
Japón.
El cansancio regresó a mi cuerpo como si alguien hubiera activado un interruptor. Me quedé acostado mirando el techo un momento más, intentando reunir energía para levantarme.
—Creo que solo dormiré cinco minutos más...
Cerré los ojos.
…
Los abrí de golpe.
—?Mierda!
Me levanté de la cama tan rápido que casi me caigo al suelo. Tomé mi celular, que estaba bajo mi almohada, y miré la hora.
6:58 a. m.
—Las clases empiezan a las siete y media. Puedo llegar.
Salté de la cama y corrí al ba?o. Me lavé la cara con agua fría intentando despertarme del todo. El reflejo en el espejo me mostró mi cabello despeinado y una cara que parecía haber perdido una pelea contra una almohada.
—Genial.
Me peiné como pude con las manos, me lavé los dientes y me cambié rápidamente al uniforme.
Todavía no me acostumbraba a verlo puesto en mí. La camisa blanca, el saco oscuro y los pantalones del mismo color me hacían parecer más formal de lo que realmente era.
Salí del ba?o y me dirigí a la cocina.
Abrí el refrigerador y solo había agua. Solté un suspiro.
—Parece que otra vez serán fideos instantáneos.
Tomé uno del gabinete, herví agua y los preparé lo más rápido que pude. Mientras esperaba que estuvieran listos, miré por la ventana.
La ma?ana aquí era tranquila. No había autos pasando con altavoces en la parte de atrás a todo volumen.
El cielo estaba ligeramente nublado y algunas personas caminaban por la calle rumbo al trabajo o a la escuela. Todo parecía tan ordenado comparado con mi ciudad.
Comí los fideos en menos de cinco minutos.
—Definitivamente tengo que aprender a cocinar algo más.
Agarré mi mochila, revisé que tuviera el celular, las llaves y el dinero, y salí del apartamento.
Cerré la puerta detrás de mí.
—Todavía me produce una sensación extra?a vivir solo. Realmente no estoy acostumbrado a esto.
Todavía no podía creer que esto era real.
Salí del edificio y recordé las instrucciones del conductor.
Izquierda.
Recto.
Cafetería.
Derecha.
Puente.
Instituto.
—No parece tan difícil.
Empecé a caminar.
El aire de la ma?ana era fresco y agradable. La calle estaba llena de estudiantes con uniformes similares al mío.
Algunos caminaban solos, otros en grupos.
Varias personas me miraban al pasar.
Ya me estaba acostumbrando un poco a eso.
Mi altura destacaba demasiado.
Después de unos minutos encontré la cafetería que el conductor había mencionado. Era peque?a, pero se veía acogedora.
El aroma a café llegó hasta la acera.
Mi estómago reaccionó inmediatamente.
—No... ya comí.
Seguí caminando.
Poco después apareció el puente.
Era más grande de lo que recordaba. Desde arriba se podía ver una peque?a carretera con bastante tráfico.
Crucé el puente y giré a la izquierda.
Y ahí estaba.
El instituto Meitoku.
Incluso después de haberlo visto ayer, seguía impresionando.
El edificio principal se alzaba frente a mí con sus cuatro pisos y sus amplias ventanas. El patio ya estaba lleno de estudiantes.
Tragué saliva.
—Otro día.
Caminé hacia la entrada.
Algunos estudiantes hablaban animadamente mientras otros caminaban mirando sus celulares.
Escuchaba japonés por todos lados.
Todavía tenía que concentrarme mucho para entender conversaciones ajenas.
Entré al edificio y me dirigí a mi casillero. Saqué los libros que necesitaba para las primeras clases.
Ayer le tomé foto al horario y vi que ahora me tocaba:
—Anatomía esta vez...
Suspiré.
Cerré el casillero y empecé a caminar hacia las escaleras.
Cuando llegué al tercer piso, vi algo que hizo que me detuviera.
Frente al aula 3-B estaba ella.
Saki Nakamura.
Tenía puesto el uniforme del instituto, pero aun así se veía distinta a las demás estudiantes.
Quizás era su postura.
Quizás su expresión.
Estaba apoyada contra la pared con los brazos cruzados, mirando su celular.
Su cabello rojo destacaba incluso más bajo la luz del pasillo.
Por alguna razón, cuando levantó la mirada, nuestros ojos se encontraron.
Sentí que me había atrapado haciendo algo que no debía.
—Eh... buenos días.
Mi japonés salió un poco torpe.
Ella me miró durante unos segundos.
—Buenos días.
Su voz era tranquila, pero directa.
Sin decir nada más, guardó su celular y entró a su aula.
—Bueno... eso fue menos intimidante de lo que esperaba.
Entré a mi clase.
Algunos estudiantes ya estaban sentados. La profesora todavía no había llegado.
Emiko Yamada me vio casi inmediatamente.
—?Gael!
Levantó la mano con entusiasmo.
Caminé hasta mi asiento.
—Buenos días.
—Buenos días —dijo ella sonriendo—. Llegaste temprano hoy.
—Casi se me hace tarde.
Ella rio un poco.
—Eso sería muy malo, especialmente hoy. El profesor de anatomía odia la impuntualidad.
Sacó su cuaderno y lo colocó sobre el escritorio.
—?Dormiste bien?
—Sí... aunque sigo cansado.
—?Has hecho algo cansado últimamente?
Emiko se me acercó más, como el día anterior.
—Solo estudiar.
Parece que Emiko quiso dejar ese tema ahí. Luego se inclinó un poco más hacia mí.
—Hoy tendremos matemáticas después del recreo.
Sentí un escalofrío.
—Eso suena peor que anatomía.
—?No te gustan?
—Nunca me gustaron.
Ella volvió a reír.
—No te preocupes. Si no entiendes algo puedo ayudarte.
—Gracias.
El profesor entró en ese momento.
La clase comenzó.
Anatomía fue tan complicada como en mi anterior instituto. Podía entender algunas partes, pero muchas palabras todavía se me escapaban.
Tomaba notas como podía.
De vez en cuando Emiko me susurraba una explicación rápida.
Eso ayudaba bastante.
Después de dos horas finalmente llegó el recreo.
Emiko se levantó de su asiento.
This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there.
—Vamos a la cafetería.
—?La cafetería del instituto?
—Sí.
La seguí fuera del aula.
El pasillo estaba lleno de estudiantes. Caminamos entre la multitud hasta bajar al primer piso.
La cafetería era enorme.
Había varias filas de comida y muchas mesas ocupadas por estudiantes.
—Wow.
Emiko sonrió.
—?Primera vez?
—Sí.
—?Qué quieres comer?
Miré las opciones.
Había ramen, arroz con curry, sándwiches, yakisoba...
—Creo que probaré el curry.
—Buena elección.
Compré mi comida y nos sentamos en una mesa cerca de la ventana.
El curry estaba increíble.
—Esto es mil veces mejor que los fideos instantáneos —dije.
Emiko levantó la cabeza.
—?Comes muchos?
—Demasiados.
—Eso no es saludable.
—Lo sé.
Ella pensó un momento.
—Si quieres puedo ense?arte a cocinar.
—?En serio?
—Sí. No es difícil.
—Eso sería genial.
Seguimos conversando mientras comíamos.
En algún momento miré hacia el patio.
Y vi algo interesante.
Un grupo de estudiantes estaba reunido alrededor de alguien.
Entre ellos, claramente visible por su cabello rojo, estaba Saki Nakamura.
Tenía un shinai de bambú en las manos.
—?Están entrenando? —pregunté.
Emiko miró hacia afuera.
—Ah... es el club de kendo.
Saki adoptó una postura firme.
Otro estudiante frente a ella levantó su shinai.
Un segundo después ambos se movieron.
El sonido del bambú chocando resonó incluso desde dentro del edificio.
Fue rápido.
Saki golpeó primero.
El otro estudiante retrocedió.
—Es fuerte —dijo Emiko.
Observé el entrenamiento unos segundos más.
Había algo impresionante en la forma en que se movía.
Precisión.
Velocidad.
Control.
—?Te interesa el kendo? —preguntó Emiko.
—No lo sé.
—También hay muchos otros clubes.
—Tal vez debería unirme a uno.
Ella sonrió.
—Sí. Es la mejor manera de hacer amigos aquí.
El recreo terminó poco después.
Volvimos al salón.
Las clases continuaron hasta la tarde.
Matemáticas fue tan terrible como esperaba.
Pero sobreviví.
Cuando finalmente terminó el día escolar, guardé mis cosas en el casillero.
Estaba listo para irme cuando escuché una voz detrás de mí.
—Gael.
Me giré.
Era Emiko.
—?Vas directo a casa?
—Sí.
—?Quieres caminar un poco antes?
Pensé un momento.
—Está bien.
Salimos juntos del instituto.
El sol de la tarde iluminaba las calles.
Caminamos sin rumbo fijo durante varios minutos, hablando de cosas simples.
Videojuegos, Comida, etc...
Emiko me contó también sobre unas bandas musicales que le gustaban mucho.
Por primera vez desde que llegué a Japón, sentí que el lugar empezaba a ser un poco menos extra?o.
Cuando nos despedimos cerca del puente, continué el camino hacia mi apartamento.
Subí las escaleras lentamente.
Cuando abrí la puerta y entré, el silencio me recibió.
Dejé mi mochila en el suelo y me tiré en la cama.
Miré el techo.
—Hoy fue... un buen día.
Pero justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, algo cruzó por mi mente.
La chica del avión.
Hannah Ward.
—Me pregunto si también estudia aquí...
No sabía por qué, pero tenía la sensación de que tarde o temprano volvería a verla.
Y cuando eso pasara...
Seguramente no sería una conversación tranquila.
Parecía ese tipo de personas que gritan mucho.
Solté un peque?o suspiro.
—Bueno... eso no es problema mío.
Giré mi cabeza hacia un lado de la almohada y cerré los ojos.
El silencio del apartamento era extra?o.
En mi casa siempre había ruido. Mi madre cocinando, la televisión encendida, algún vecino hablando fuerte desde la calle... siempre había algo.
Aquí no.
Solo silencio.
Abrí los ojos otra vez.
—Debería estudiar un poco más.
No tenía muchas ganas, pero tampoco tenía nada mejor que hacer. Me levanté de la cama lentamente y fui hasta la mochila que había dejado en el suelo. Saqué uno de los cuadernos y el libro de japonés que había estado usando durante esas dos semanas.
Me senté en el suelo apoyando la espalda contra la cama.
Abrí el libro.
"わたしは ___ です"
—Watashi wa...
Repetí la frase varias veces.
El problema ya no era tanto leerlo, sino decirlo con naturalidad.
—Watashi wa Gael desu.
Lo dije en voz baja.
Luego otra vez.
—Watashi wa Gael desu.
Sonaba menos forzado que antes. Me acuerdo de las primeras veces que lo practiqué; ahora me salía casi perfecto.
—He mejorado bastante desde el primer día.
Pasé la página del libro y empecé a practicar algunas frases nuevas. Algunas eran simples saludos y otras eran formas de pedir cosas en una tienda o en un restaurante.
Después de unos veinte minutos mi cabeza empezó a doler un poco.
—Creo que ya fue suficiente por hoy.
Cerré el libro y lo dejé a un lado. Me levanté del suelo y estiré un poco los brazos.
Miré la ventana.
El cielo ya estaba oscuro.
Las luces de las casas y de algunos edificios iluminaban la calle. Era una vista bastante bonita.
—Tal vez debería salir un rato.
No tenía hambre todavía, pero caminar un poco podría ayudarme a despejar la cabeza.
Tomé mi chaqueta y las llaves, y salí del apartamento.
Cuando salí respiré el aire frío de la noche.
El vecindario estaba bastante tranquilo.
Algunas personas caminaban por la acera y se podía escuchar el sonido lejano de algunos autos pasando por las avenidas principales.
Empecé a caminar sin un rumbo claro.
Después de unos minutos llegué a la tienda de conveniencia donde había estado los días anteriores.
Entré.
El sonido automático de la puerta anunció mi llegada.
El chico que atendía en la caja me miró.
—Irasshaimase.
—Buenas noches —respondí en japonés.
Todavía me sentía un poco orgulloso cada vez que lograba decir algo correctamente.
Tomé una canasta peque?a y empecé a caminar por los pasillos.
Compré lo de siempre.
Agua, fideos instantáneos, un par de bebidas y algunos dulces.
Cuando llegué a la caja, el chico escaneó todo rápidamente.
—Ochocientos cuarenta yenes.
Le pagué y tomé la bolsa.
—Gracias.
—Arigatou gozaimasu— Dijo amablemente el encargado.
Salí de la tienda y empecé a caminar de regreso.
Pero cuando doblé la esquina de la calle que llevaba hacia mi edificio, vi algo que me hizo detenerme.
Al final de la calle, cerca de la casa grande, había alguien practicando.
La luz de un farol cerca del patio iluminaba la figura.
Cabello rojo.
Un shinai en las manos.
Saki Nakamura.
Estaba sola.
Vestía ropa deportiva en lugar del uniforme escolar.
Su postura era firme.
Levantó el shinai sobre su cabeza y lo bajó con rapidez.
El sonido del aire cortado se escuchó claramente.
Volvió a hacerlo.
Una y otra vez.
Cada movimiento era preciso.
Me quedé mirando unos segundos más de lo que debería.
En ese momento ella se detuvo.
Giró la cabeza.
Sus ojos se encontraron con los míos otra vez.
—…
Genial.
Había vuelto a hacer lo mismo que en el instituto.
—Eh...
Levanté una mano de forma torpe.
—Buenas noches.
Ella bajó el shinai lentamente.
Me miró durante unos segundos.
—Buenas noches.
Su voz sonaba igual de tranquila que en la ma?ana.
Me acerqué un poco más, aunque manteniendo cierta distancia.
—?Entrenas todos los días?
Saki miró el shinai en sus manos.
—Casi todos.
—Se nota.
Hubo unos segundos de silencio.
—?Vives por aquí? —preguntó ella.
—Sí. En esos apartamentos.
Se?alé el edificio detrás de mí.
Ella asintió ligeramente.
—Ya veo.
Volvió a levantar el shinai.
Pensé que la conversación había terminado, así que di medio paso hacia atrás.
Pero antes de que me fuera, ella habló otra vez.
—?Estabas observando mi entrenamiento?
Me quedé quieto.
—Un poco.
—?Te interesa el kendo?
Pensé en la pregunta.
—No lo sé.
Ella inclinó ligeramente la cabeza.
—Respuesta extra?a.
—Es que nunca he practicado algo similar.
Saki guardó silencio unos segundos.
Luego bajó el shinai.
—Si te interesa, puedes venir al dojo del instituto.
—?En serio?
—Sí.
Se giró ligeramente, preparándose para continuar su práctica.
—El club siempre acepta miembros nuevos.
—Lo pensaré.
Ella asintió una vez más.
Me despedí y me alejé caminando hacia mi edificio.
Mientras subía las escaleras, no podía dejar de pensar en esa conversación.
—He hablado mucho con mujeres este mes. Puede ser que mi mala racha por fin terminó; antes ni una me dirigía la palabra.
Entré al apartamento y dejé la bolsa de la tienda en la mesa.
—Hablé con más gente de lo que esperaba en un mes.
Me tiré en la cama otra vez.
Miré el techo.
—Japón está resultando más interesante de lo que pensaba.
Cerré los ojos.
Esta vez el sue?o llegó rápido.
…
Me desperté antes de que sonara la alarma.
Eso ya empezaba a ser normal como cuando estaba con mis padres.
Durante unos segundos me quedé mirando el techo blanco del apartamento, tratando de entender por qué mi cuerpo había decidido despertarse solo.
Entonces escuché algo.
Un sonido fuerte que venía desde afuera.
—?Qué...?
Me levanté de la cama y caminé hasta la ventana.
Abajo, en la calle, había varios estudiantes caminando en la misma dirección.
Pero lo extra?o era que muchos llevaban bolsas deportivas, mochilas grandes o uniformes distintos al normal.
Fruncí el ce?o.
—Algo está pasando.
Miré el celular.
6:20 a. m.
—Ni siquiera son las siete.
Me rasqué la cabeza.
—Bueno... ya estoy despierto.
Fui al ba?o, me lavé la cara y me vestí con el uniforme.
Mientras me abrochaba la camisa, recordé algo que Emiko había mencionado el día anterior.
Algo sobre actividades del instituto.
—?Será eso?
Tomé mi mochila y salí del apartamento.
Cuando salí a la calle confirmé lo que había visto desde la ventana.
Muchos estudiantes caminaban hacia el instituto.
Más de lo normal.
Incluso algunos llevaban banderas o pancartas enrolladas.
—Definitivamente algo pasa hoy.
Empecé a caminar también.
El aire de la ma?ana estaba más fresco que de costumbre.
Cuando llegué al puente noté algo más.
Se escuchaba música.
No muy fuerte, pero sí lo suficiente como para distinguir tambores.
—Eso sí es nuevo.
Seguí caminando hasta llegar al instituto Meitoku.
Pero cuando vi la entrada me detuve.
—Wow.
El patio estaba completamente distinto.
Habían colocado carpas blancas por todo el lugar. También había mesas largas, carteles y banderas de diferentes colores.
Parecía más un festival que una escuela.
—?Qué demonios...?
—Gael.
Giré la cabeza.
Emiko caminaba hacia mí.
Pero hoy no llevaba el uniforme normal.
Tenía una camiseta deportiva del instituto y una banda azul en el brazo.
—Buenos días —dijo sonriendo.
—Buenos días... ?Qué está pasando?
Emiko parecía sorprendida.
—?No te dijeron?
—No.
—Hoy es el día de exhibición de clubes.
Parpadeé.
—?Qué?
—Todos los clubes del instituto hacen demostraciones para que los estudiantes nuevos se unan.
Miré el patio otra vez.
Ahora todo tenía sentido.
—Entonces... ?esto es como una feria?
—Exactamente.
—Eso explica las pancartas.
Emiko rio un poco.
—Sí.
Empezamos a caminar hacia el interior del patio.
Había demasiada gente.
Algunos estudiantes estaban armando puestos con comida y otros preparaban equipos deportivos.
También había un peque?o escenario.
—Esto parece un festival escolar de anime —murmuré.
—?Anime?
—Nada.
Seguimos caminando entre la multitud.
Emiko se?aló hacia un lado.
—Ese es el club de música.
Un grupo de estudiantes estaba afinando guitarras.
Luego se?aló otro.
—Ese es el club de fotografía.
Habían colgado varias fotos grandes en un panel.
Seguí observando todo.
Era bastante impresionante.
—?Todos los institutos en Japón hacen esto?
—Muchos sí.
—Entonces supongo que hoy no habrá clases normales.
—Solo por la ma?ana igualmente la primera semana solo dan un repaso de los temas del a?o pasado y después ya empiezan con los temas de este a?o.
—Perfecto.
Mientras caminábamos, algo llamó mi atención.
Un grupo grande de estudiantes estaba reunido cerca del gimnasio.
Se escuchaban gritos.
—?Qué pasa ahí? —pregunté.
Emiko miró.
—Ah... eso.
—?Qué es?
—El club de kendo.
—Oh, ya veo.
Los gritos aumentaron.
Curioso, caminé un poco más cerca.
Habían colocado una especie de área de combate en el patio.
Varios estudiantes con armaduras estaban peleando con shinai.
El sonido del bambú chocando resonaba fuerte.
Y en el centro de todo estaba ella.
Saki Nakamura.
Su cabello rojo era imposible de no notar.
Incluso con la armadura puesta, su presencia destacaba.
En ese momento levantó el shinai.
Su oponente atacó primero.
Pero Saki se movió más rápido.
Un golpe limpio.
El tipo soltó un quejido bastante fuerte y el otro estudiante se detuvo.
Los espectadores aplaudieron.
—Es buena —dije.
—Ya lo dije yo ayer, no me copies —respondió Emiko.
Emiko me dio un peque?o golpe en la cabeza
Saki se quitó el casco.
Su cabello rojo cayó sobre sus hombros.
Respiraba con calma.
Como si el combate hubiera sido fácil.
Uno de los estudiantes del club dijo algo en voz alta.
Parece que anunciaba demostraciones para estudiantes interesados.
Emiko me miró.
—Podrías intentar.
—Ni siquiera sé sostener esa cosa.
—Para eso son las demostraciones.
Miré el shinai en las manos de Saki.
Luego la miré a ella.
Justo en ese momento levantó la cabeza.
Nuestros ojos se encontraron.
Otra vez.
—…
Ya estaba empezando a ser una costumbre incómoda.
Saki inclinó ligeramente la cabeza.
Luego dijo algo a uno de los miembros del club.
Después caminó directamente hacia nosotros.
—Oh oh—dijo Emiko en voz baja.
—?Qué?
—Creo que viene hacia ti.
—?Qué?
Saki se detuvo frente a nosotros.
Primero miró a Emiko.
—Yamada.
—Nakamura— respondió Emiko.
Luego me miró a mí.
—Gael.
—Hola.
Hubo un segundo de silencio.
Saki levantó ligeramente el shinai.
—Hoy puedes probar.
—?Probar?
—Sí, Kendo.
Se?aló el área de combate detrás de ella.
Varias personas estaban observando.
—No sé si sea buena idea —dije.
—No necesitas ser bueno.
—Eso suena como si fuera a ser humillante.
Emiko estaba claramente disfrutando la situación.
—Yo quiero verlo.
—Tú no ayudas.
Saki me miró con calma.
—Solo es una práctica.
Pensé unos segundos.
Miré el área de combate.
Miré a Saki.
Miré a Emiko.
Suspiré.
—Está bien.
Emiko sonrió como si acabara de ganar algo.
—?Esto será divertido!
Saki giró sin decir nada más.
—Ven.
Empecé a caminar detrás de ella.
—Creo que acabo de tomar una decisión terrible.
Emiko caminaba a mi lado.
—No te preocupes.
—?Por qué?
—Porque si te golpean muy fuerte, al menos será una buena historia.
—Gracias por el apoyo moral.
Nos acercamos al área del club.
Varios estudiantes miraron cuando llegamos, muchos hombres me miraban con ojos celosos casi sentía que los podían materializar
Uno de ellos trajo una armadura básica.
La puso frente a mí y la observé detenidamente.
—Esto parece equipo de guerra.
Saki habló con uno de los miembros del club.
Luego me miró otra vez.
—Primero aprenderás a sostener el shinai.
Tomó uno y me lo entregó.
Era más ligero de lo que esperaba.
—Pon tus manos aquí.
Se acercó y ajustó mi agarre.
Sus manos tenían algunos cayos pero igualmente eran suaves
Lo que no eran suaves eran las miradas que me lanzaban los del club de Kendo.
—No tan fuerte.
Su voz era tranquila.
—Relaja los hombros.
Intenté copiar su postura.
Probablemente me veía ridículo.
Algunos estudiantes miraban con curiosidad y la mayoría con mas enojo y ganas de que me golpeen.
Emiko estaba grabando con su celular.
—?Emiko!
—Esto será histórico— dijo sonriendo.
Saki levantó su propio shinai.
—Ataca.
Parpadeé.
—?Qué?
—Ataca.
—?Así sin más?
—Sí.
Suspiré.
—Bueno...
Levanté el shinai y di un paso adelante.
Ataqué.
Fue lento.
Saki se movió apenas.
Un segundo después sentí un golpe ligero en mi hombro.
—?Au!
Los estudiantes alrededor se rieron.
Saki bajó su shinai.
—Muy lento.
—Lo noté.
Emiko casi se estaba muriendo de risa.
—?Esto es increíble!
La miré.
—Voy a borrar ese video.
Emiko sonrió burlonamente y me saco la lengua
Saki volvió a adoptar su postura.
—Otra vez.
Respiré hondo.
—Está bien.
Tal vez no sería bueno en esto.
Tal vez me golpearían mucho.
Pero por alguna razón...
No me estaba molestando tanto como esperaba.

