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El fuego negro

  Un a?o había pasado desde aquel encuentro en la bruma. Kael ya no era el mismo muchacho que apenas aprendía a blandir un arma: su cuerpo estaba endurecido, sus reflejos afilados y su corazón… aún más firme. Durante doce meses se había preparado sin descanso, como si cada día lo acercara a ese instante inevitable.

  Esa noche, bajo el cielo apagado de las Tierras Libres, Kael realizaba una misión de espionaje. Silencioso, se deslizaba entre ruinas, observando los movimientos de criaturas y drones del Nexo. Todo estaba en calma, demasiado en calma.

  Entonces lo sintió otra vez.

  Esa presión en el aire. Esa mirada que quemaba en la oscuridad.

  Kael bajó la lanza, clavando la punta contra el suelo, y avanzó sin prisa hacia las sombras. Allí estaba él. Kaelion, sentado sobre los restos de una pared, observándolo como un depredador que había esperado demasiado tiempo.

  Kael no dudó. Dio un paso firme, sus ojos ardiendo en determinación.

  â€”Te estuve esperando.

  na sonrisa torcida se dibujó en el rostro de Kaelion. Su piel comenzó a resquebrajarse en líneas oscuras, y de su frente brotaron dos cuernos envueltos en llamas negras que se agitaban como humo vivo. Su voz resonó como un trueno grave:

  â€”No me aburras.

  Y dio un paso.

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  El suelo tembló.

  Kael reaccionó de inmediato, levantando su lanza. El arma vibró, resonando con su alma. En un destello, la hoja se endureció con energía luminosa, lista para enfrentarse al fuego negro.

  El choque fue inmediato:

  ?? Lanza contra garras.

  ? Luz contra oscuridad.

  Cada golpe hacía retumbar el aire, y cada movimiento dejaba cicatrices en el terreno. Kael bloqueaba y contraatacaba, sus músculos tensos, su mente concentrada. Kaelion, en cambio, parecía disfrutar la pelea, sonriendo con cada colisión como si se alimentara del desafío.

  â€”Has crecido… —gru?ó Kaelion mientras empujaba con una fuerza brutal—. ?Pero aún no eres suficiente!

  Kael, jadeante, respondió con una mirada feroz.

  â€”No pienso caer ante ti.

  La batalla alcanzó su clímax cuando Kaelion envolvió sus pu?os en un torbellino de fuego negro y Kael, en respuesta, canalizó su alma en la lanza hasta volverla un resplandor cegador. Iban a chocar de frente, con todo lo que tenían.

  Pero entonces…

  Un rugido quebró la noche.

  De entre los escombros emergió un Ghoul Colosal, de tama?o descomunal, su cuerpo deformado por múltiples mutaciones. El monstruo golpeó el suelo, separando a los dos combatientes con una ola de escombros y polvo.

  Kaelion retrocedió unos pasos, gru?endo con molestia.

  â€”Tch… no es nuestro momento aún.

  Kael, con la respiración agitada, sujetó su lanza con fuerza, aún listo para luchar.

  Kaelion sonrió una última vez, sus cuernos apagándose lentamente.

  â€”Entrena más, Kael. Cuando vuelvas a mirarme de frente… será el final.

  Y desapareció entre las sombras, dejando a Kael frente al rugido de la bestia.

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