La noche habÃa caÃdo sobre las Tierras Libres. Kael patrullaba solo, con su lanza colgada en la espalda. El silencio era inquietante, demasiado incluso para esa zona infestada de ghouls.
De pronto, un escalofrÃo recorrió su columna. Sintió… que lo observaban.
—Deja de ocultarte —dijo, girando lentamente la vista hacia los árboles.
De entre las sombras, una figura emergió. Paso tras paso, la bruma reveló a un joven de mirada penetrante, ojos oscuros con un leve fulgor rojizo. Su piel mostraba cicatrices extra?as, como si hubiera sido cosido una y otra vez.
Kael apretó los pu?os.
—?Quién eres?
La figura inclinó la cabeza, con una sonrisa tenue, casi perturbadora.
—Algunos me llaman… un error. Otros, un experimento. Pero tú puedes llamarme Kaelion.
El corazón de Kael latió con fuerza. El aura que emanaba ese extra?o era distinta, pesada, casi animal. Y aun asÃ, habÃa en él algo humano… algo que lo confundÃa.
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Kael dio un paso adelante.
—?Qué es lo que quieres de m�
Kaelion lo observó de arriba abajo, sin perder la calma.
—No ahora. Aún no eres lo suficientemente fuerte. Pero cuando lo seas… volveré por ti. Y te destruiré.
La frialdad en sus palabras perforó a Kael como una espada invisible. No era una amenaza vacÃa: era una promesa.
—?Por qué yo? —preguntó Kael, con el ce?o fruncido.
Kaelion dio media vuelta, comenzando a alejarse hacia la neblina.
—Porque tu alma… brilla demasiado. Y las cosas que brillan… deben ser apagadas.
El silencio volvió a caer. Kael se quedó mirando fijamente la dirección en la que el extra?o desapareció, con la lanza temblando en su mano. No habÃa habido combate, pero aquella conversación lo habÃa marcado más que cualquier batalla.

