El cielo se te?Ãa de un dorado suave cuando Nymeria reunió el valor para hacer algo que llevaba tiempo postergando.
Con un leve movimiento de su mano, el aire se distorsionó, y uno a uno los chicos fueron teletransportados a la Base de la Playa Oculta.
El sonido del mar los recibió, pero ya no traÃa alegrÃa, solo nostalgia.
El lugar que antes rebosaba vida parecÃa un recuerdo detenido en el tiempo.
Todos saludaron a Nymeria con cortesÃa, pero sin el brillo de antes.
Desde aquel incidente… desde que Kael desapareció y Lyra murió… la esperanza se habÃa vuelto un lujo.
Noli y Eisvard quedaron sin palabras al ver el mar por primera vez, la espuma brillando bajo la luz del ocaso.
Kira, en cambio, apenas pesta?eó, observando el horizonte con calma.
—?No te impresiona? —preguntó Kaelion, extra?ado.
Ella sonrió, con ese tono entre dulce y burlón que la caracterizaba.
—Ya estuve aquà antes. Nymeria me invitó una vez para ayudarla con unas cosas… bobos.
Nadie respondió. La sonrisa de Kira se desvaneció en el aire.
Nymeria los miró, intentando sonreÃr.
—Solo querÃa pasar un rato con mi familia improvisada… nada más.
Las palabras, aunque suaves, calaron hondo.
Los chicos asintieron en silencio, y aun sin ánimo, aceptaron quedarse.
No lo hacÃan por ellos, lo hacÃan por Nymeria.
SabÃan que ella también estaba rota por dentro, igual que Kaelion, aunque lo disimularan mejor que nadie.
Se organizaron rápido: colocaron una mesa afuera, cerca de la orilla, y trajeron sillas y platos.
La brisa era frÃa, pero agradable.
Todo parecÃa tranquilo… hasta que salieron con la comida.
El aire cambió.
AllÃ, sentado frente al mar, con una bebida en la mano y la mirada perdida en las olas, estaba Zharet.
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Por un momento, nadie respiró.
La tensión era palpable.
Kaelion apretó la mandÃbula; Noli cerró los pu?os hasta que sus nudillos se tornaron blancos.
Kira bajó la mirada.
Nymeria sintió cómo el pecho se le encogÃa.
—?Qué hace él aqu� —soltó Kaelion con frialdad.
Antes de que Nymeria respondiera, Lumenox dio un paso al frente.
—Fue idea mÃa… bueno, en realidad, él se invitó solo.
Nadie más dijo nada.
Los chicos colocaron los platos y se sentaron, fingiendo que Zharet no existÃa.
él, por su parte, permaneció en silencio, sin defenderse, sin buscar justificar nada.
SabÃa que se merecÃa su desprecio.
Pero también sabÃa que habÃa cosas que necesitaban ser dichas.
El viento movÃa las olas suavemente cuando Zharet rompió el silencio.
—Tengo algo que decirles.
Kaelion lo miró con furia contenida.
—No hay nada que decir. Márchate.
Las palabras pesaron más que cualquier golpe.
Nymeria bajó la mirada, sintiendo cómo se le partÃa el alma.
Ella sabÃa que Zharet no era culpable.
SabÃa que él solo siguió las órdenes del Creador, que no pudo intervenir.
SabÃa que, detrás de esa frialdad, habÃa un hijo que sufrÃa en silencio.
Pero las palabras de Kaelion lo atravesaron de lleno.
Zharet tembló.
Su voz salió casi en un susurro.
—No podrÃan entenderlo…
Eso bastó para encender la rabia de todos.
—?Entender qué? —gritó Noli, levantándose de la mesa—. ?Que no hiciste nada! ?Lyra murió, Kael desapareció y tú solo miraste! ?Eres un monstruo!
Las olas rugieron con fuerza, como si el mar compartiera la ira.
Zharet cerró los ojos, apretando los pu?os, luchando por no quebrarse.
Hasta que su voz, temblorosa, se quebró por completo.
—Es verdad… —murmuró—. Pude interferir, pero… solo seguÃa órdenes.
Nunca quise que pasara.
Nunca… hubiera deseado algo asÃ.
Las lágrimas comenzaron a caer, silenciosas, verdaderas.
Los demás quedaron congelados.
Nunca lo habÃan visto llorar.
Zharet, el más sereno, el más consciente, se derrumbaba frente a ellos.
—Perdón… —susurró—. Perdón por todo. Por no haber podido protegerlos. Por no haber hecho más.
Cada palabra se hundÃa como un peso en sus corazones.
Ya no sonaba a excusa.
Era una herida abierta.
Zharet respiró hondo, intentando recuperar su voz.
—Sean fuertes —dijo al fin—. Ya no tendrán que preocuparse por mÃ.
Nadie alcanzó a responder.
Su cuerpo comenzó a brillar con una luz pálida, y en un instante, se desvaneció como ceniza arrastrada por el viento.
Solo quedaron las olas y el eco de su voz.
Kaelion apretó el pu?o con fuerza, Kira bajó la cabeza, y Noli se llevó una mano al pecho, sin entender qué sentÃa exactamente.
Culpa, tristeza… o tal vez ambas.
Y entonces notaron que Nymeria ya no estaba allÃ.
En la habitación de Nymeria, la luna empezaba a salir, reflejandoce en la ventana.
Ella estaba sentada en el borde de la cama, con las manos temblando y los ojos rojos de tanto llorar.
No soportó verlo asÃ.
Su hijo, el más consciente de todos, el que entendÃa la verdad detrás de todo…
Sufriendo en silencio, pidiendo perdón por obedecer.
Se sentÃa vacÃa.
Una madre impotente.
Una diosa que no pudo proteger a su propio hijo.
Cuando por fin levantó la vista, vio algo sobre la cama.
Una carta.
El papel doblado con cuidado, con su nombre escrito a mano y una mancha de lágrima seca en una esquina.
Nymeria la tomó con suavidad, con miedo de que se deshiciera entre sus dedos.
SabÃa de quién era.
SabÃa lo que significaba.
No dijo nada.
Solo la sostuvo contra el pecho mientras el sonido del mar llenaba la habitación.
El reflejo de la luna se mezclaba con las lágrimas que caÃan, una tras otra.
Y por primera vez en mucho tiempo, Nymeria deseó no ser tan consciente.
Deseó poder olvidar.

