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Restos de lo que fue una vez.

  El sol caĂ­a suavemente sobre la costa de Tierras Libres, ti?endo el mar de tonos dorados.

  En una playa oculta, las olas rompĂ­an con calma contra las rocas, donde alguna vez resonaban risas y gritos de alegrĂ­a.

  AllĂ­, entre los recuerdos del pasado, Nymeria permanecĂ­a en silencio.

  Recordaba aquellos dĂ­as con Kael y lyra, cuando la base era un hogar lleno de vida…

  Cuando el mayor peligro era aquel tiburĂłn que perseguĂ­a a Kael cada vez que intentaba nadar demasiado lejos.

  Por un instante, sonrió… hasta que un ruido en la cocina la sacĂł de sus pensamientos.

  â€”?Eh?... ?QuiĂ©n anda ahĂ­? —preguntĂł mientras se acercaba.

  Al abrir la puerta, encontrĂł a Lumenox y Elyos, rebuscando entre las alacenas.

  Ambos la miraron sorprendidos.

  â€”?Ah, Nymeria! Solo buscábamos algo de comer —dijo Lumenox, con una sonrisa inocente.

  Nymeria suspirĂł, llevándose una mano a la frente.

  HabĂ­a olvidado que esos dos solĂ­an quedarse con ella cuando no estaban con sus padres.

  â€”Está bien... Dejen eso. Yo cocinarĂ© —dijo con voz cansada, pero amable.

  Mientras encendĂ­a el fuego, mirĂł por la ventana.

  El reflejo del mar le devolviĂł el rostro de una mujer agotada, pero fuerte.

  Tal vez… si reunĂ­a a todos, podrĂ­an volver a sonreĂ­r como antes.

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  â€”Elyos, Lumenox —dijo de pronto—. Tengo una misiĂłn para ustedes.

  Quiero que busquen a todos los chicos… y los traigan aquĂ­.

  Los dos intercambiaron una mirada entusiasta.

  â€”?Una misiĂłn? ?Hecho! —respondieron al unĂ­sono.

  Nymeria sonriĂł levemente y extendiĂł su mano.

  Un brillo azulado envolviĂł a los jĂłvenes, y en un instante, desaparecieron.

  Ella los habĂ­a teletransportado a Tierras Libres.

  â€”Ya saben dĂłnde encontrarlos… ?verdad? —preguntĂł.

  Ambos, justo antes de desvanecerse, respondieron con una sonrisa traviesa:

  â€”Por supuesto.

  Nymeria los observĂł marchar, suspirando.

  â€śKael tambiĂ©n era así… incluso más hiperactivo”, pensĂł.

  Ă©l era esa energĂ­a que movĂ­a a todos.

  Ese caos hermoso que daba sentido al grupo.

  De regreso en la cocina, continuĂł preparando la comida, hasta que su comunicador comenzĂł a sonar.

  â€”?QuiĂ©n será ahora? —murmurĂł mientras respondĂ­a.

  Del otro lado, una voz grave y familiar.

  â€”zolat.

  â€”Nymeria, tenemos un problema —dijo, sin rodeos—. Han estado ocurriendo cosas extra?as.

  El Punto Infernal está inestable: tiembla, el calor aumenta, y paĂ­ses vecinos… han desaparecido.

  â€”?Desaparecido? —repitiĂł Nymeria, alarmada.

  â€”Destruidos desde adentro. La gente… fue asesinada con su propia sangre.

  Solo un ser puede hacer eso —dijo zolat con voz sombrĂ­a—.

  El Rey de Aetherion.

  El corazĂłn de Nymeria se detuvo por un segundo.

  â€”Eso es imposible. Está sellado...

  â€”Lo sĂ© —continuĂł zolat—. Pero si su poder se está manifestando… entonces alguien firmĂł un contrato con Ă©l.

  Hay un peĂłn del Rey moviĂ©ndose entre nosotros. Y tenemos que descubrir quiĂ©n es… antes de que sea tarde.

  Nymeria apretĂł el comunicador entre sus manos.

  â€”Entendido. Gracias, zolat. Hablaremos más tarde. —CortĂł la conexiĂłn.

  El silencio volvió… por unos segundos.

  Luego, otra llamada.

  â€”?Lumenox?

  â€”?Nymeria! Lo logramos. Todos aceptaron venir… incluso Zharet.

  â€”?Zharet? —Nymeria frunciĂł el ce?o—. ?QuĂ© hace Ă©l ahĂ­?

  â€”Se invitĂł solo —respondiĂł Lumenox con una risita nerviosa.

  Nymeria suspirĂł. SabĂ­a que los demás aĂşn estaban molestos con Zharet.

  No entendĂ­an por quĂ© no salvĂł a Lyra…

  Solo ella conocĂ­a la verdad.

  Una verdad que pesaba más de lo que podĂ­a confesar.

  De pronto, algo la sobresaltĂł.

  â€”?La comida! —gritĂł, mirando la olla a punto de desbordarse.

  Con rapidez, terminĂł de cocinar.

  Mientras colocaba los platos sobre la mesa, recibiĂł el Ăşltimo mensaje de Lumenox:

  â€śYa estamos todos reunidos. Te esperamos, Nymeria.”

  Ella se detuvo, observando el fuego apagarse lentamente.

  Una brisa del mar entrĂł por la ventana.

  â€śKael,lyra... si estuvieran aquĂ­, todo serĂ­a más fácil.”

  CerrĂł los ojos, respirĂł hondo, y saliĂł rumbo al encuentro.

  Fin del capĂ­tulo.

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