Al día siguiente, Maribel seguía en la villa, pero se veía extra?a; la mirada perdida, el semblante ausente.
—Sistema, ?qué fue lo que vi ayer?
[La anfitriona observó la rutina de vida que llevan las formas de vida en el nivel hum—]
—?Eso no! ?El ni?o!
[…]
El sistema guardó silencio un momento. La sensación de tranquilidad que percibía Maribel, sin embargo, la llevó a recapacitar.
?Lo siento, no debí gritarte así?.
La paciencia que el sistema mostraba hacia ella resultaba, cuando menos, extra?a; sus emociones no cambiaron ni lo más mínimo, mientras que Maribel seguía profundamente perturbada. Desde la noche anterior, el sistema no había dejado de compartir sus emociones.
?En respuesta a tu pregunta, el ni?o es un semihumano de un linaje conocido popularmente en este mundo como linaje inferior; sin embargo, siguiendo los rastros de historia marcados en las dimensiones de distanciamiento temporal, detecto que es descendiente directo de un hombre lobo de linaje puro?.
—?Qué?… ?Estás diciendo que ese desnutrido es un verdadero hombre lobo?
?No exactamente. El significado del término “hombre lobo” que manejas es distinto al que yo manejo; pero, tomando la perspectiva humana, es correcto afirmar que ese ni?o es un hombre lobo mestizo. Del mismo modo que cuando una familia se mudaba de un continente a otro en tu mundo anterior, la sangre se diluía con las generaciones siguientes. En su caso, es un híbrido mitad humano?.
—… Es decir, ese ni?o sí es un hombre lobo, ?pero qué hace aquí?
[El sistema se niega a compartir secretos respecto a la privacidad de otros, salvo que sean de suma importancia.]
—Eh… ?Así que tienes códigos de conducta?
?Si los dioses tienen códigos de conducta, ?qué razón habría para que el sistema no los tuviera??
—Oye, no sé si hablas así porque es tu naturaleza o porque te estás distanciando a propósito; podrías ser más… no sé… cercano.
?No existe la naturaleza, Maribel. Todo tiene un porqué?.
—… —Maribel decidió ignorar ese comentario tan descarado sobre la naturaleza—. Otra pregunta, ?acabas de decir “dimensiones de distanciamiento temporal”?
El sistema guardó silencio y no volvió a hablar. No importaba cuánto intentara preguntar Maribel, incluso cosas al azar, no obtuvo respuesta alguna.
?Debo ir a hablar con el líder de la villa Puerta de Sal?, pensó, preocupada por el ni?o.
No había visto a ningún otro hombre lobo… semihumano, en este caso. Desafortunadamente, no pudo encontrar al líder en su casa; tras algunas preguntas, decidió quedarse y esperar a que regresara de inspeccionar las armas de caza y atender ciertos problemas maritales entre vecinos.
Para no perder el tiempo, buscó la sombra de un árbol y comenzó a realizar los ejercicios que el sistema le había ense?ado. Apenas iniciaba cuando escuchó animales correr cerca, lo que la distrajo un poco; aun así, decidió ignorarlo y cerrar sus sentidos tanto como pudo, con la esperanza de sentir lo mismo que aquella noche en el estanque —el cual, por cierto, ahora estaba seco—.?
Su mente divagó al principio:
??Por qué se secó el estanque?? ??Qué tan pronto aparecerá de nuevo?? ??Estaba ahí cuando llegué por primera vez??
Sin embargo, recordando las palabras de su otro yo, vació su mente de pensamientos. Aseguraba que esa era la forma más eficiente, y Maribel confiaba plenamente en su reflejo.
Los momentos siguientes fueron distintos.
Personas comenzaban a acercarse y alejarse. No las veía, pero sentía con claridad sus miradas. Sus pensamientos casi se desviaron hacia ello, pero pronto se relajó y consiguió entrar en la calma.
—… Esto es… —dijo William, con suspicacia.
Clara escuchó un fuerte ruido cuando William se puso de pie y, sin querer, tumbó una pieza de madera en la que estaba trabajando.
—Tengo que verlo.
Clara no podía creerlo. Normalmente, solo su hermano era sensible a estas cosas; pero esta vez ella también podía sentirlo. Era como una fuerza que le ordenaba suavemente retroceder, proveniente de la casa del líder de la villa, como si una corriente de aire amable intentara empujarla.
—Yo… no pude refinar ni un solo hilo, así que no sé qué tan bueno sea esto; pero si mi hermano está emocionado, significa que lo es.
La gente de los alrededores miraba con asombro y luego seguía su camino, en silencio y de puntillas, casi como si el día fuera eterno y no hubiera prisa alguna, procurando hacer el menor ruido posible.
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Maribel movía los párpados cerrados de forma rítmica, tensándolos y relajándolos, mientras una expresión de esfuerzo se filtraba ocasionalmente en su rostro. A este paso, tendría que abandonar aquel estado tan reconfortante.
?Ya no puedo mantener la concentración?, pensó justo antes de dejar de meditar.
[Progreso de la circulación celestial menor al 2%.]
Maribel quiso preguntar qué implicaba eso, pero sentía la incómoda mirada de todos.
—… H-hola… ?Por qué me miran así?
La multitud se dispersó de inmediato, caminando como si se tratara de una maratón. Aun así, tres personas se quedaron.?
—Buen día, líder de Puerta de Sal —saludó Maribel al viejo.
Incapaz de soportar la incomodidad y pensando que sería descortés, decidió saludar también a la familia frente a ella.
—Mh… hola, Clara.
Prefería saludar a la hermana antes que al hermano, pero la intensidad de la mirada de William la obligó a hacerlo por instinto.
—Wi… William, hola… —?Me mira como si hubiera matado a sus padres?.
—Maribel —dijo el líder de Puerta de Sal—. Hay algo de lo que debemos hablar. Preferiría no involucrarte, y seré claro: no es porque sienta que no te debemos nada, sino todo lo contrario; creo que tú nos debes algo. Es más bien por las implicaciones de que alguien como tú se involucre.
Maribel se sintió en parte ofendida y en parte confundida, aunque predominaba lo segundo, al punto de casi no sentir ofensa alguna.
—Entremos todos a mi casa.
Maribel, William y Clara lo siguieron.
—Así que dime —preguntó William—, ?en qué etapa te encuentras?
—Soy una adulta joven… Bueno, ya no tanto; salí de esa edad recientemente. Técnicamente sigo siendo joven, aunque… por tu expresión, parece que no era eso lo que preguntabas, ?verdad?
—Uff —suspiró el anciano—. ?Sabes? Yo también fui joven. Entiendo si te avergüenzas de tu pasado. No sé qué te trajo a esta humilde aldea ni bajo qué condiciones llegaste. Si ofendiste a alguien poderoso, dímelo ahora; así podré pedirte que no te involucres en esto.
Maribel reflexionó.
?Tengo que salir de este problema, sea cual sea. Volver a la ciudad es prioritario… Aunque, pensándolo bien, el ni?o en sí es una prueba de que estoy en otro mundo. Entonces no tengo antecedentes aquí y, por tanto, no pude haber ofendido a nadie… Aun así, él tiene razón: le debo algo a la aldea. Me dieron hospitalidad… a mí, que soy médica?.?
—Fui atacada por sorpresa, en el lugar y momento incorrectos. No ofendí a nadie poderoso, hasta donde yo sé, y puedo decirlo con seguridad. Ni siquiera sé quién me atacó; solo sé que yo no era el objetivo.
Intentó sonar tranquila, pero el tono oscuro en su voz se filtró al recordar lo vivido. Sentía su corazón oscurecer cada vez que pensaba en ello.
—Ya veo… —el viejo suspiró, agotado—. Cuando llegaste, ensangrentada y de repente, me preguntaba qué había pasado y si traerías problemas a este peque?o distrito —que apenas puede llamarse así—. Me preocupé mucho. Ahora sé que, si aparecen problemas, no será por tu elección; tú también eres una víctima. Aun así, me alegra ver que tu recuperación está completa… No podría haber ocurrido en mejor momento.
—…
?Mencionan problemas y pensaban que estaba enferma… Es decir, sí me tendieron la mano. Aun así, no termino de entenderlo. Mejor seguirles la corriente?.
—Dígame, ?qué tipo de problemas enfrenta Puerta de Sal?
El líder sonrió.
—Realmente me das mucho prestigio al permitirme llegar a estas deducciones en la conversación, te lo agradezco.
Clara casi creyó que el líder se inclinaría ante Maribel, pero el viejo se aclaró la garganta.
—Verás… El dragón rojo está descontento con la presencia de semihumanos en la provincia. Como distrito de esta, nos afecta directamente. Recientemente se reportó la destrucción de tres aldeas por albergar semihumanos en secreto…
—…
?Un semihumano está en esta aldea?, pensó Maribel, a punto de decirlo en voz alta, pero se contuvo sin saber por qué.
—Como sabrás —continuó el anciano—, un cultivador fue enviado a cazar semihumanos y aniquilar los asentamientos que los oculten. Desconocemos las razones del rey. En la capital circulan rumores: que un semihumano ofendió al rey y robó la castidad de su segunda hija; otros dicen que fue una concubina semihumana que profanó a la princesa… Incluso hay versiones más absurdas. Estamos demasiado lejos para conocer la verdad. —Hace un mes, además, se informó la caída de una bestia espiritual en las Monta?as Verdes, donde nace el Río Silencioso. Los alrededores podrían volverse inseguros. Por eso, el se?or de la provincia envió exploradores a investigar pueblos y distritos. Vendrán aquí. —El problema es que las tribus de hombres bestia están alteradas. No aceptan el decreto. Así que…
—Déjame adivinar… ?Quieren ganar posición estratégica?
—No —negó el anciano—. Quieren ganar cualquier territorio posible. Sus asentamientos fueron marcados desde antes del reinado del actual dragón rojo, así que solo pueden desplazarse. Además, los territorios humanos son mejores: el ecosistema ya está establecido. Aunque su posición quedaría expuesta, estamos cerca de las monta?as; podrían huir si algo sale mal. No sabemos si planean rebelarse o desaparecer.
—Supongo que lo más lógico sería huir —dijo Maribel—, aunque eso signifique abandonar toda su vida anterior.
La calma del sistema contrastaba de forma cruel con el peso en el corazón de Maribel.
—Sin mencionar su cultura de territorialidad —a?adió William—. La tensión ha ido escalando. Es probable que intenten atacarnos, pero con un cultivador entre nosotros podrían reconsiderarlo.
?Sistema?, llamó Maribel mentalmente. ??Ese dragón rojo es un rey humano o un dragón??
?Un humano. Gobierna desde la Ciudad Dragón. Su estandarte es rojo y se cree que posee linaje dracónico?.
—?Sabes qué, William? —dijo Maribel, alzando ligeramente la voz—. El poder de un gobernante se mide por la lealtad, cantidad y calidad de sus subordinados. Eso me hace preguntarme… ?Qué tan tonto es este rey dragón rojo?
Tres personas tragaron saliva al mismo tiempo. El silencio se apoderó de la sala. Maribel percibió, de manera fugaz, una ligera diversión por parte del sistema.
—Oh… ah… Tú no estarás insinuando que irás contra el rey, ?verdad? —balbuceó William.
—?Qué? No soy tan tonta. No quiero morir joven. Solo doy mi opinión; no refleja mi accionar político. Lo único que sé es que debo irme de aquí.
—…
La miraron con estupefacción.
—?Dices que no haces lo que piensas… y aun así te marchas?
Maribel sintió las miradas clavarse en ella.
?Acaso eso no era lo más normal?

