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Travesía a un lugar seguro (V): Inscripción a la Primavera Eterna.

  Maribel podía escuchar los vítores de los jóvenes que habían llegado antes que su grupo; le resultaba realmente molesta la forma en que gritaban.

  Finalmente llegó su turno.

  —Nombre.

  El hombre adulto frente a ella no la miraba y solo preguntó su nombre.

  —Nombre.

  El hombre adulto frente a ella no la miró siquiera mientras hablaba.

  —?Tu nombre? —insistió con prisa, sin levantar la vista.

  Parecía no querer estar ahí; Maribel podía entenderlo.

  —Maribel— decidió dar su nombre real.

  —?Tienes algún apellido? ?O dos? —preguntó, frunciendo el ce?o—. ?O no tienes ninguno?

  ?Mis apellidos… si acaso existieran en este mundo, ya no me pertenecen. Además, usarlos podría vincularme con personas que causen problemas.?

  —Los abandoné.

  El hombre la miró y levantó una ceja, pero pronto volvió al papel.

  —Como sea, ?Vienes de otra secta?

  —Soy una cultivadora errante.

  —Entiendo ?Te hiciste alguna prueba de afinidad antes?

  Maribel levantó una ceja y arrugó un poco el rostro.

  —?Por qué me tratas así?

  La preguntas eran no eran fastidiosas, la persona si.

  —Tú... eres un dolor en el trasero ?Verdad?— Dijo el hombre con mala cara.

  Maribel se encogió de hombros

  —Supongo que si...

  El hombre la miró largamente.

  Suspiró y negó. Simplemente tomó unas piedras, exponiéndolas.

  Tomó varias piedras y las dispuso frente a ella.

  —Estas piedras están conectadas a una formación de detección. Reaccionan al qi que filtras: cada elemento hace que cambien de color. Si una afinidad predomina, el color es intenso; si no, apenas se nota.

  —?Y si todas reaccionan igual?—Entonces no hay afinidad elemental clara.—?Y si la reacción es débil en todas?—Raíz espiritual inmadura. Potencial bajo… o tardío.

  El hombre la miró un poco impaciente, aún así decidió esperar la próxima pregunta.

  Maribel digirió la información.

  —Entonces las afinidades se suprimen entre sí si están equilibradas. No es ausencia, es bloqueo.

  El hombre la miró por primera vez con algo de interés.

  —No eres lenta, muchacha.

  Maribel levantó una ceja, abrió la boca.

  El hombre se adelantó.

  —Y antes de que protestes, para mí sigues siendo una muchacha. Vamos, haz la prueba.

  Maribel asintió, sin buscar peleas.

  —Toma, solo debo poner esto sobre tu abdomen, así que sujeta el resto por mi.

  Tras examinar las piedras, el hombre chasqueó la lengua.

  —Nada. Ninguna afinidad elemental clara. Mala suerte… casos así aparecen cada dos siglos.

  Alzó los hombros.

  —No me mires así. No es culpa mía.

  Maribel levantó una ceja. No era realmente enfado.

  Pronto siguieron al último test.

  ??Qué importa mi afinidad elemental?, al final las afinidades forman parte de una ilusión más; las raíces espirituales, en cambio, creo que son interesantes.?

  Maribel fue dirigida a sentarse sobre una silla sin apoyo.

  El hombre colocó las manos sobre su espalda y guardó silencio.

  Pasó un minuto. Luego otro.

  Luego otro más.

  Maribel empezaba a cansarse, había estado sentada así por casi media hora, ningún examinador se había tardado tanto.

  Finalmente, respiró con dificultad y escribió algo en su hoja.

  —Re… refinamiento de qi —murmuró—. Eso creo.

  Parecía funcionar en automático.

  —Espera aquí.

  Casi diez minutos después otra persona entró a la sala, esta vez se veía más anciano, el proceso se repitió.

  Maribel no quería saber lo que estas personas sentían, pero a la vez la curiosidad le estaba empezando a ganar terreno en su batalla mental.

  [La habilidad Intercepción de Campos ha sido bloqueada.]

  ?Maribel, invadir la mente de otra persona es una violación a la privacidad. Es más peligroso si es un cultivador.?

  Maribel se quedó estupefacta.

  ??Quién eres para hablar??

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  Una exclamación ahogada la distrajo.

  —??Qué es esto?!

  Maribel miró al segundo examinador, impaciente.

  Ella tomó un respiro y controló sus emociones.

  —Disculpen, si deben tomar su tiempo está bien; ?Pero no están tardando mucho?

  —Ah... si... tienes razón; te aceptaremos de inmediato.

  —Que bueno —Maribel suspiró— antes de seguir tengo una pregunta.

  Los examinadores le prestaron atención.

  Ella se reclinó un poco.

  —?Puedo traer a alguien conmigo?.

  El primer examinador pensó un momento.

  El segundo preguntó

  —?A quién quieres traer?

  —Se trata de un ni?o, es un semi humano; así que esperaba saber si es posible que lo tenga conmigo en la secta.

  Esta vez ambos guardaron silencio.

  Los examinadores parecieron elegir sus palabras.

  —La situación actual con los semi humanos es un tanto problemática... pero si, podemos aceptarlo, el problema es que es un ni?o: normalmente los ni?os no se cultivan porque sus raíces espirituales no están formadas, así que como cultivador es inútil hasta que cumpla los 15 a?os.

  —?Hay alguna manera de traerlo conmigo? No quiero dejarlo.

  —?Qué tan importante puede ser un ni?o?

  —Bastante, si él no va yo no entro a la secta.

  El segundo examinador sacó un libro.

  El primer examinador en cambio se burló.

  —?Piensas marcharte ahora? —bufó el primer examinador—. Buscamos abundancia, como flores en primavera.

  Su voz se volvió fría.

  —Ya tenemos tus registros. Si quisiéramos, podríamos inscribirte y luego marcarte como desertora.

  Maribel levantó una ceja

  —?Me intentas amenazar?

  Un aire hostil se formó.

  *Splash*

  El segundo examinador golpeó la cara del primero.

  —Tus tonterías a otro lado, así no se hacen las cosas.

  Maribel se sorprendió, pero lo agradeció en el corazón.

  Aunque no esperaba que se bofetearan unos a otros frente a un posible nuevo integrante.

  Cada vez empezaba a decepcionarse más y más de este lugar.

  ?Se siente más como una empresa que como un monasterio.?

  Percibió una emoción ajena.

  ?Incluso el sistema está incómodo.?

  Maribel negó para si misma.

  El segundo examinador volteó a verla.

  —No te preocupes por el ni?o, puede ingresar como miembro no cultivador. Mientras tú estés, él puede quedarse.

  —Entonces ?Pueden protegernos del rey?

  El examinador asintió.

  —Podemos, pero con algo en mente: que el rey no tenga poder político aquí no significa que no tenga influencia.

  Maribel contrajo el ce?o.

  —?A qué te refieres?

  El examinador desvió la mirada por la ventana.

  Allá adentro, los semi humanos vivían tras las paredes de la secta.

  —Este lugar... está hecho con gente del reino del espejo, así que todos en algún momento fueron civiles del dragón rojo.

  Maribel volteó en dirección a donde veía el instructor.

  El hombre apretó los pu?os detrás de su espalda.

  —Para serte sincero, podemos decir que no les perseguirán acá, pero decir que no habrá hostigamiento...

  Maribel suspiró y se masajeó la cabeza.

  —Dime... ?Qué condiciones de vida tienen los semi humanos?

  El hombre la miró con firmeza.

  —La única ley de la secta con respecto a los semi humanos, es que no pueden salir del territorio de la Primavera Eterna. Es un protocolo de protección. Las condiciones desfavorables provienen de la gente.

  Maribel reclinó su rostro sobre su palma.

  —Eso es paradójico, pero es mejor que morir afuera.

  Ella desvió la mirada.

  —?Sabes algo? Cuando escuchaba las leyendas de cultivadores poderosos y capaces de destruir naciones enteras, esperaba que las sectas fueran la hegemonía militar del mundo.

  El primer examinador se burló.

  —Desafortunadamente, parece ser que cada cierto tiempo hay cultivadores que, deseosos de una vida privilegiada, decidieron desertar a los poderes administrativos del rey. Ahora son una de las más grandes ejércitos, sirviendo a la monarquía por generaciones.

  —Y ayudando al avance mágico. —agregó el segundo.— pues los cultivadores contamos con reservas enormes de qi.

  ?Atenta a ese detalle Maribel, aquellos son lo más alejado de un cultivador: son políticos y científicos humanos.?

  Ella levantó una ceja.

  ?Ahora hablas con normalidad otra vez... además ?Por qué aquellos ya no son cultivadores.?

  La respuesta vino con algo de frialdad en la voz.

  ?El que asciende deja todo. El que no pierde no gana... y ellos no quieren perder.?

  Maribel sintió un escalofrío correr por su espalda.

  Respiró profundo, analizando la situación.

  ?La gente acá está bajo influencia política. Entonces la secta no es tan intocable como parece.?

  Ella suspiró.

  —?Así que, en otras palabras deben cuidarse del rey porque son débiles?

  Las cejas de los examinadores temblaron.

  —No es que seamos débiles... es que los magos del rey son numerosos. En cuanto a los cultivadores: imagina a un montón de debiluchos viviendo cómodamente sin tener que hacer nada una vez cada 10 a?os. ?Cómo podríamos ser débiles comparados con ellos?

  Maribel ladeó la cabeza.

  —Yo... no me refería a esa debilidad. En una guerra política, están en desventaja, mientras que en una militar están superados en número. La institución es débil en ese sentido.

  El primer examinador suspiró pesadamente.

  —Realmente eres un dolor de trasero. —volteó a ver la ventana— pero es verdad.

  —Por eso reclutamos tanta gente como podemos —agregó el segundo— pero en mi opinión, eso es inútil... solo empeoramos nuestra caída.

  El primero arrugó las cejas.

  —Deja de cuestionar a los altos cargos, ?Quién dejaría los veneficios de la secta siendo un mortal?

  El otro hombre afiló la mirada.

  —?Veneficios? ?Cuáles?

  El primer examinador regresó a su asiento.

  —no peleemos frente a ella.

  Maribel sonrió ligeramente.

  —Lo que me importa al final es esto, es como si la secta fuera un estado viviendo dentro de otro estado diferente.

  —Se podría ver así.

  —Entonces ?Qué hago con el ni?o?

  —Ya que no puede cultivarse, solo puede unirse como miembro no mortal, es decir servidumbre.

  La voz del sistema llegó.

  ?Pedro puede cultivar.?

  —?Oh? —Maribel rio despacio, gratamente sorprendida— pero puede cultivarse.

  Ambos instructores se quedaron tiesos.

  —?Si claro! —dijo el primero— como si fuera posible.

  La voz del segundo examinador interrumpió sus pensamientos.

  —Está bien. Si aseguras que ese ni?o podrá cultivarse, yo puedo darle una autorización especial para que se quede hasta que el líder de la secta venga. Si el ni?o no puede hacerlo, entonces será expulsado y su quieres salir deberás trabajar para juntar mil puntos de contribución.

  Maribel apretó los labios.

  ??Realmente Pedro puede cultivar??

  ?Está casi a tu mismo nivel ahora mismo. Tiene una afinidad con el espacio.?

  ??Incluso si los expertos dicen que no puede??

  ??Qué saben los humanos de cultivación? solo hacen prueba y error con métodos de espíritus bajos. Los métodos verdaderos son extremadamente valiosos y legados desde tiempos inmemoriales, esos cultivaron a grandes Dao y Dioses. Incluso si mueren pueden seguir cultivando ?Qué importa el cuerpo??

  Maribel sonrió con confianza.

  —Está bien, acepto. Pero advierto que ese ni?o ya se estuvo cultivando antes de venir acá.

  Los examinadores no mostraron reacción, simplemente tramitaron su identidad como discípula de la secta y el permiso especial.

  —Suerte muchacha, tal vez llegues a refinamiento de qi de cuarta etapa en diez o veinte a?os...

  El tono del segundo examinador era de lástima.

  —?Ocurre algo con mi cultivación?.

  Maribel pudo intuir que se trataba de esa sorpresa que se llevaron al revisar sus raíces espirituales.

  —?Recuerdas que te dije que eras una basura? —dijo el primer examinador— olvida lo que te dije, eres un jade estropeado; ?Esa gran mara?a de canales de energía...!

  Dijo con frustración mientras llevaba sus dedos a sus cienes y negaba con la cabeza.

  —En definitiva... ni los vasos sanguíneos son tan numerosos como tus canales. Me pareces una prodigio que estaba destinada a gobernar los nueve cielos, es imposible poder llegar a refinamiento de qi de tercer nivel en solo quince a?os de cultivo teniendo esa cosa en tu cuerpo.

  Maribel no sabía que decir de su situación, pero solo podía interesarle Pedro ahora mismo

  —A mi solo me importa que el ni?o venga conmigo.

  Los comentarios del examinador solo causaron que Maribel se sienta más segura de lo que dijo el sistema.

  Maribel tomó su certificado, se levantó y se fue dejando una despedida cordial.

  ?Al menos ahora tendré ropa en buen estado, por poca variedad que fuera. Debo conseguir una maleta donde guardar mis cosas... y la de Pedro. Aún más importante: ahora tengo dónde quedarme.?

  La imagen de un ni?o con capucha de cuero llegó a su mente.

  ?Podrás vivir bien.?

  Prometió en silencio.

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