– ?Han capturado a Penn!
Finn irrumpió en la sala subterránea con lágrimas en los ojos, inconsoble. Sus rodillas se doblaban como si en cualquier momento fuera a caerse el suelo. Detrás de él lo seguían Rufus, Vinnie y Katty quienes como todos los días habían salido a intentar robar algo durante la tormenta. Pero no sólo habían vuelto con las manos vacías esta vez sino que habían perdido a un integrante de la pandilla.
Olivia soltó el libro y se precipitó sobre Finn que se dejó envolver en sus brazos mientras no paraba de gemir y humedecer el hombro de la chica con un torrente sin fin.
– ?Qué ha pasado? – le preguntó ella a Rufus a quien por primera vez le descubrió una mirada sombría muy distinta de su arrogancia usual. A su lado, con ojos apagados, Vinnie se encargaba de consolar a Katty quien también lagrimeaba en silencio.
– Es mi culpa – admitió él.
–?No! ?Es mi culpa! – chilló Finn hundiendo su cara aún más en la ropa de Olivia.
Con el pu?o de su brazo sano, Rufus golpeó la pared.
– Yo les permití que hicieran esa estúpida apuesta.
– ?Qué apuesta?
Rufus pasó narrar cómo la pandilla había escuchado que unos magos importantes habían llegado a la Casa de Gobierno. Para recibir a sus invitados, el Líder de la Orden de Abrazo de Tormenta mandó preparar un gran festín entre cuyos varios platos se serviría una gran lechón asado. Fue entonces que Penn comenzó a lamentarse de que nunca habían comido algo tan apetitoso y Finn saltó con que si tanto quería un lechón asado ahora era la perfecta ocasión para disfrazarse de sirviente y robarlo. Lo había dicho en modo de juego, nada más que para llamarlo gallina en cuanto él se negara pero su hermano se tomó en serio el desafío y decidió llevarlo a cabo.
Al principio Rufus se negó a abrirle la puerta secreta que se encontraba en la despensa oculta detrás de cajas con alimentos que llegaban allí todos los días pero Penn lo convenció de que no correría peligro. Entre los sirvientes de la Casa de Gobierno también había ni?os trabajando por lo que sería muy fácil pasar desapercibido. En realidad, ya habían robado comida antes pero nunca algo tan grande cuya falta pudiera llamar mucho la atención.
– Iba a ser algo muy sencillo – continuó Rufus –. Los magos nunca andan por esa zona. Sólo los sirvientes.
Sin embargo, mientras él esperaba en la entrada secreta a que el chico volviera con la bandeja escuchó el vozarrón de una mujer gritándole a los cocineros.
– ?Y más les vale que no pongan nada raro en la cena como pasó en el castillo de Rocasombra! ?Nosotros no somos débiles como ese lastimero conde … y cualquier traición contra los magos será castigada con la muerte! ?Eh, tú! ?A dónde vas con eso?
Rufus escuchó el ruido metálico de la bandeja golpeando el suelo de piedra y los pasos de alguien corriendo. Vislumbró la peque?a sombra de Penn que se acercaba al pasadizo para luego detenerse de golpe al tiempo que el ni?o se ponía a chillar de dolor.
– ?Qué pretendías hacer? ?Eh? – dijo la mujer.
Pensando que se trataba de una sirvienta, Rufus asomó fuera del pasadizo esperando el momento para intervenir y rescatarlo pero de repente se encontró con el cuerpo flotante de Finn que se sacudía en la aire como si una garra gigante lo tuviera apresado y no le permitiera respirar.
El jefe de la banda no necesito ver nada más para volver sobre sus pasos y cerrar la puerta justo a tiempo antes de que la maga de túnica roja pudiera capturarlo a él también. Pudo incluso sentir el fuerte impacto del sello que golpeó la porción de pared que apenas un instante antes él había cerrado.
La maga lo había visto escaparse por el pasadizo.
El corazón de Olivia comenzó a bombear con fuerza. Eso significaba que los magos no tardarían en intentar descifrar el mecanismo de los escudos.
– Supongamos que pueden hacerlo – le dijo Rufus en cuanto Olivia se lo se?aló –. Sin el libro y sin el código, tardarán mucho tiempo. Pueden pasar incluso a?os antes de que lo logren. En este momento no deben de ser capaces ni de invocar el sello para estudiarlo. Lo único que encontrarán será una pared vacía.
– ?Y ahora?
– Debemos pensar un plan para sacar a Penn de ahí... – la miró directo a los ojos, suplicante –. Nosotros no podemos hacer nada contra los magos pero yo pensaba que tú podrías...
Rufus estaba esperando que Olivia los ayudara con su magia. Una nube de calor se alojó en su cuello como fina seda que amenazaba con sofocarla. Ella tampoco podía hacer nada contra los Maestros. Sólo sabía crear escudos y llaves. A veces lograba invocar sellos de fuerza y viento pero necesitaba mucho tiempo y concentración. Lo que había ocurrido en la casa del acantilado había sido casi un accidente y eso casi la había dejado inconsciente. Las únicas con verdadero poder eran las brujas que no habían vuelto a aparecer desde antes que llegaran al puerto.
Suponiendo que ellas decidieran ayudarlos, Olivia podía ser capaz de irrumpir en la Casa de Gobierno como lo había hecho ya antes en el pueblo pero no estaba segura cuánto tiempo sería capaz de resistir su cuerpo. Rescatarían a Penn pero quizás esa vez no tendrían tanta suerte para escapar a menos que lograran zarpar de inmediato.
– ?Cuánto más crees que dure la tormenta? – le preguntó a Rufus.
– Los vientos están comenzando a cambiar. Quizás un par de días más.
– ?En qué estás pensando, Olivia? – Silas la miró desconfiado como adivinando el plan que se estaba formando en su cabeza.
– Esperaremos un día – respondió ella –. Atacaré la Casa de Gobierno, rescataremos a Penn y tomaremos el primer barco que zarpe hacia la isla.
– ?Atacarás la Casa de Gobierno! – Vinnie, Katty, Finn y Milo la miraban incapaces de creer lo que acababa de decir.
Silas suspiró hondo y negó con la cabeza.
Incluso Rufus se había quedado de piedra.
– Yo no pensaba en algo tan drástico...
– Afinaré los detalles de mi plan mientras esperamos... – en realidad, lo que tenía que hacer era comunicarse con las brujas y convencerlas de ayudarla. Aurora y Trébol parecían ser las más cautas. Chispa era la indicada para el trabajo por más que había sido ella quien la había metido en problemas en primer lugar.
– Tu cuerpo no resistirá – la voz de Silas sonaba dura como si estuviera apretando los dientes.
– Estoy cansada de que me digas eso. Me siento mucho mejor.
– Si estás decidida a ir, te acompa?aré entonces.
– ?El lugar está repleto de magos!
– Alguien tendrá que sacarte de allí si vuelves a desmayarte.
Milo intervino saltando.
– ?Yo puedo hacerlo!
Los ojos dorados de la quimera se encendieron de tal manera que el chico retrocedió.
– ?Milo esto es serio! ?No sabes de lo que hablas! ?No es momento de hacerse el héroe! ?Podrías morir! ?Tú podrías morir, Olivia! ?Y tú, Olivia, sólo porque eres única en tu especie no significa que también seas inmortal!
– La última vez fue suficiente para rescatarte a ti.
– Tú misma lo dijiste. El lugar está lleno de magos. ?Y si tienes que batirte a duelo con varios de ellos? ?Pensaste en esa posibilidad?
Silas tenía razón. La última vez que había luchado contra magos había sido en el lago y de no ser por la magia curativa de los sirenios aquello le hubiera costado la vida.
– Además, ?cómo estás segura que estarán dispuestas a ayudarte? – él se acercó hacia ella hasta que sus caras quedaron tan cerca que ella no podía esquivar su furiosa mirada.
– Ya nos ayudaron varias veces.
– Porque les convenía salvarte, mientras que salvar a Penn no les traería ningún beneficio sino todo lo contrario. No querrán que arriesgues tu vida de esa forma porque de alguna manera su supervivencia está ligada a ti.
La desconfianza asomó en los ojos de Rufus.
– ?De quiénes estamos hablando? ?Otros magos?
Antes de que Olivia pudiera inventarse algo para no revelar la existencia de las brujas, la entrada de la sala se abrió de golpe.
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Todos se giraron sobresaltados. El corazón de Olivia golpeaba con fuerza esperando encontrarse con varias túnicas rojas. Contrario a lo que había dicho Rufus debían de haber descifrado los sellos. Pero si venían a capturarlos eso significaba que las brujas...
– ?Dhabeos!
Sus pensamientos se detuvieron tan abruptamente como se habían desbocado en cuanto escuchó la exclamación de Rufus. Si bien se mostraba irritado no se notaba ningún asomo de miedo en su voz.
El líder de la banda se adelantó desafiante hacia el hombre, un tipo alto, musculoso, de pelo largo encanecido que vestía los colores de un oficial de alto rango.
– ?Me prometiste...! – comenzó a decir Rufus pero la mirada serie del hombre lo hizo callar.
– Siempre he sido generoso con todos ustedes. Sólo les rogué que no cometieran ninguna imprudencia... Y ahora... – su voz comenzó serena como el rumor de una tormenta inminente, pero sus palabras pronto alcanzaron un tono tan alto que hicieron retumbar la sala. – ?Robar a la Casa de Gobierno se encuentra prácticamente sitiado! No sé cómo voy a convencer a los magos de soltar a Penn ahora. Tendrá suerte si sólo lo castigan – sus ojos se fueron posando en los rostros de cada ni?o como un padre decepcionado –. ?Y tú, Milo? ?Qué haces aquí? Pensé que eras... – los ojos del hombre llegaron hasta Olivia y por último a Silas y su mano de oso –. Que la Ninfa nos amparé – murmuró –. ?No sólo roban donde no deben sino que andan escondiendo a dos fugitivos buscados nada más que por el mismísimo Consejo! ?Y qué mierda le pasó a esa condenada mano?
– ?Si lo único que puedes hacer es venir a rega?arnos entonces vuelve por donde viniste, Capitán! ?No te necesitamos!
– ?Ja! Claro que me necesitan... ?Cómo pensaban sacar a Penn? ?Has estado entrenando magia sin yo saberlo, Rufus?
– ?Claro que no! ?Eso nunca!
– ?Y cómo diantres piensas burlar la vigilancia de los magos? ?Ellos ya saben de la existencia de los pasadizos y están a punto de tirar el lugar abajo para encontrarlos!
– ?Tenemos un plan! ?No te necesitamos!
– Le prometí a tu padre...
– ?Mi padre se estaba muriendo mientras tú te la pasabas navegando por las islas! – la voz de Rufus se volvió tan atronadora como la de Dhabeos –. ?Después de todo lo que hizo por ti lo dejaste pudrirse en este lugar! ?Luego volviste como si nada y te convertirste en el Capitán del Puerto! ?Y todo gracias a él! ?Debería ser mi padre quien ocupara tu puesto y no tú! ?No vengas a meterte en mi vida sólo porque te sientes culpable!
Olivia se quedó tiesa. El que tenía delante no era nadie menos que la máxima autoridad del puerto, a excepción de los magos, y con seguridad una de las personas que debía de estar tras ellos.
– No negaré nada de lo que has dicho – un brillo de dolor cruzó los ojos del hombre –. Puedes odiarme que quieras, eso no me impedirá ayudarlos. Vine hasta aquí sólo para decirles que hablaré con los magos para que lo liberen. Rovenna Astra está intercediendo en este momento como un favor hacia mí pero antes de volver quería cerciorarme que ustedes no fueran a cometer ninguna otra locura que terminara con alguien más encarcelado y torturado.
– ?Torturado? – Olivia no pudo contenerse –. ?Es un ni?o!
– Los magos no hacen diferencia entre adultos y ni?os, sobre todo si se trata del Líder de la División Control.
Olivia alguna vez había escuchado a su padre quejarse de esa misma División, sobre todo de un tal Zoran por su métodos brutales. Eldrin en cambio le tenía tenía gran estima por ser miembro de una de las cinco familias y le aseguró a Olivia que él sería el próximo Maestro Arcanista y los libraría a todos de Rovenna Astra que no era más que una descendiente de aquellos magos caídos en desgracia que alguna vez habían cazado quimeras.
– ?Vas negociar con los magos? – se burló Rufus –. ?Dónde está tu orgullo pirata? ? Todas esas historias de tu abuelo para qué? No le llegas ni a los talones a ese pobre viejo.
– Lo sé. Pero él sacrificó su honor por su familia y yo debo hacer lo mismo por ustedes.
Olivia no podía prestar más atención a lo que estaban diciendo. La palabra "tortura" no dejaba hacer eco en su mente. No podía soportar la idea de Penn sufriendo cuando todo ese tiempo él había estado espiando a los magos sólo para ayudarlos.
Un día era demasiada espera.
– Entonces me entregaré yo – dijo ella.
Todos las miraron. Silas se puso delante de ella.
– Olivia ?qué estás diciendo?
– Negociaré con los magos. Exigiré que liberen a Penn. Luego escaparé.
– ?Cómo?
– Nuestras amigas no dejarán que me encierren.
Silas la agarró por los hombros.
– ?Y si ellas no quieren hacerlo?
– Lo harán. Tú mismo lo dijiste, porque les conviene.
– ?Quiénes son estas amigas tan especiales que no dejan de mencionarlas? – gru?ó Rufus pero ninguno de los dos le hizo caso.
– ?Y si algo sale mal? – preguntó Silas.
– Si algo sale mal entonces al menos tú podrás ir a la isla.
– ?No quiero ir a la isla sin ti! ?Qué sentido tiene? ?Todo esto para nada!
– Tú has llegado hasta aquí. Eso es lo importante. Cuando me entregue, diré que ya te has ido, que tomaste un barco hacia las islas.
– ?Sigues enojada conmigo? Es eso, ?verdad? ?Lo siento si te hice sentir mal! ?No era mi intención!
Olivia no pudo evitar quedarse boquiabierta.
Silas se había disculpado por herir sus sentimientos.
Pero aún así, ella era en parte culpable por la captura de Penn.
– Soy la hija del Guardián del Círculo, además de prometida del príncipe. Pero tú, Silas, no quiero saber lo que te harán si caes en las manos de los magos.
– ?Tú eres Olivia de Rocasombra? – Dhabeos se pasó la mano por su larga cabellera –. Con razón Rovenna me dijo que hiciera todo lo posible por retenerte.
Al escuchar esto, tanto Milo como la pandilla se pusieron delante de Olivia como formando un escudo humano.
– ?No te la llevarás a ningún lado, Dhabeos! – le gritó Milo.
– Si fuera por mí, no lo haría nada, pero tengo órdenes de comunicarle a Rovenna Astra que los he encontrado.
Olivia intentó tranquilizar a los ni?os.
– Rovenna está de nuestra parte – o al menos eso esperaba. Cabía la posibilidad de que la Maestra Arcanista hubiera cambiado de opinión y decidiera que no quería continuar arriesgando su posición por dos ellos.
– ?Y cómo sabemos que él está de parte de Rovenna? – Silas se?aló con la cabeza a Dhabeos –. Podría estar mintiendo para llevarte con los magos.
– Confiaría a Rovenna Astra mi propia vida – aseguró Dhaboes –. En cuanto al resto de los magos, tú, Rufus, sabes lo que pienso, lo que está en riesgo.
Una mirada de entendimiento cruzó entre él y el jefe de la banda quien asintió lentamente.
– Aunque lo único que hace es irritarme, sé que Dhabeos no nos entregará a los magos.
Olivia inspiró hondo.
– ?Cuál es el plan de Rovenna?
Dhabeos no sabía. Rovenna ni siquiera había querido revelarle la identidad de los fugitivos.
– No importa. Iremos con Rovenna – decidió Silas por los dos.
– ?Estás seguro?
– Ya oíste a Rufus, podemos confiar en él, y Rovenna casi pierde la vida por nosotros.
– ?Y qué tal si Rovenna se ve forzada entregarnos?
– No podemos rescatar a Penn sin magia y tú no puedes usarla sin poner en riesgo tu vida. Rovenna es la mejor opción.
– ?Me estás convenciendo de confiar en un mago? – pese a la urgencia, Olivia no pudo evitar una mueca irónica.
Silas se aclaró la garganta, incómodo.
– Tú no la viste pelear contra Eldrin.
Dhabeos se adelantó.
– Iré con Rovenna y la traeré hasta ustedes.
– ?No! – protestó Rufus –. ?Ningún mago cruzará los pasadizos! ?Mucho menos la Maestra Arcanista!
– No avanzaremos nada si seguimos desconfiando entre nosotros.
– Hagamos esto – propuso Olivia –. Consigue que Rovenna saque a Penn del calabozo. Cuando él vuelva, nosotros iremos con ella.
Olivia esperaría hasta al día siguiente. Si no había noticias de Dhabeos para entonces, ella actuaría por su cuenta.
El Capitán del Puerto parecía estudiarla mientras hablabla. En todo ese tiempo tampoco había dejado de torcer sus ojos hacia la pata de oso de Silas.
– ?Y cómo sé que cumplirás tu palabra? Rovenna me advirtió sobre ustedes.
– No tenemos lugar a donde ir. Nuestra última alternativa era escaparnos en barco.
Tras unos instantes de silencio, pareció que aquella explicación fue suficiente para Dhabeos y se giró hacia la entrada.
Milo lo siguió.
– Iré contigo para cerciorarme de que cumplas tu parte.
Rufus se mostró molesto.
– Debería ser yo quien...
– No puedes hacer mucho con ese brazo y eres el único que conoce las llaves de los escudos. Si algo sucede no podremos salir de aquí. Yo, en cambio, conozco bien esa zona del acantilado – infló su pecho –. No necesito ningún pasadizo mágico para escapar.
– Maldito... – el jefe apretó el pu?o como queriendo golpearlo –. Bien, haz lo que quieras.
Milo y Dhabeos desaparecieron detrás de la entrada que cerró en cuanto cruzaron. Olivia comenzó a dar vueltas por la sala. Debería haber sido ella quien acompa?ara a Dhabeos pero si se hubiera ofrecido Silas hubiera insistido en acompa?arla.
No quedaba nada más que hacer que esperar. Aquel plan era la alternativa más segura pero ninguno de ellos se atrevía a mostrarse optimista. Intentaron dormir mientras se turnaban la guardia para avisar en caso de que Dhabeos y Milo volvieran pero las horas continuaron pasando sin novedades.
Mientras tanto, Olivia se pasó toda la noche intentando comunicarse con las brujas. Había encontrado un peque?o espejo entre los objetos robado pero por más que se concentró no logró ver allí más que su propio reflejo ni tampoco escuchar alguna voz resonando en su mente.
Rufus se mostraba cada vez más impaciente. Caminaba a lo largo de la sala como si quisiera cavar un agujero con sus propios pies. Al día siguiente, cuando ya avanzada la ma?ana seguían sin tener noticias, decidió que él iría también pero entonces Dhabeos y Milo volvieron a aparecer.
Al ver sus rostros apagados, no fue necesario preguntar si Penn venía con ellos.
– No me dejaron siquiera verlo – dijo Dhabeos –. Los magos están convencidos de que él sabe algo de los pasadizos que no han logrado activar pero él no ha confesado nada.
– ?Lo han... lastimado? – la cara de Finn se tornó blanca como la nieve. Katty y Vinnie lo abrazaron.
Dhabeos bajó la cabeza.
– No puedo asegurar que no pero Rovenna ha presenciado los interrogatorio y me dijo que ella controlará que no se le aplique la tortura debido a su edad. Ella no puede liberar al chico todavía, de lo contrario Zoran sospecharía.
– ?Eres un inútil! ?De qué nos sirve tu ayuda entonces? ?Nunca lo dejarán irse! – Rufus golpeó la pared con su mano sana –. ?Es mi culpa! ?Debería ser yo en el calabozo y no él! ?Si nadie más va a hacer nada entonces me entregaré a cambio de que lo liberen!
– ?Jefe, no! – gritó el resto de la pandilla.
– Si algo le sucede a Penn no podré seguir viviendo conmigo mismo. Entregaré a los magos el libro y les contaré todo acerca de los pasadizos. Vinnie, te dejo a cargo de la pandilla.
La chica lo miró sorprendida.
– ?Qué? ?Yo?
– Tenías razón. Debería haber compartido con ustedes los códigos de llaves pero no he hecho más que tomar malas decisiones y ahora es Penn quien paga por eso. De aquí en más deberán buscar otro refugio. Este ya no es un lugar seguro.
Rufus iba a dirigirse hacia la entrada pero el enorme cuerpo de Dhabeos se puso delante de él impidiéndole seguir adelante.
– ?Déjame pasar, traidor! – gritó Rufus pero al mismo tiempo Vinnie, Katty y Finn se tiraron sobre él y lo apretaron contra el piso para impedir que se fuera. Debido a su brazo lastimado, no fue difícil.
Olivia tomó la decisión.
– Iré yo. No hay otra manera. Todo esto está ocurriendo por nuestra culpa – miró a Dhabeos –. Llévame con Rovenna ahora mismo y me encargaré de que liberen a Penn.
– ?Sigues con... esa idea? – Silas se refería a su plan de atacar la Casa de Gobierno pero no quería revelarlo enfrente de Dhabeos.
– Todo dependerá si ellas deciden... – el momento en que Olivia decía eso sintió cómo su cuerpo se iba hacia atrás como si alguien la tironeara de la ropa.
Una densa niebla cayó sobre ella.
– ?Olivia, estás bien?
Antes de que la blancura la cegara, lo último que vio fueron los ojos preocupados de Silas cuya voz se fue volviendo cada vez más lejana.

