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Capítulo 60 - El pacto con la bruja

  Silas vio cómo los ojos de Olivia se cerraron al mismo tiempo que dejaba de hablar. Su cuerpo se tambaleó como si fuera a desmayarse pero antes de que la quimera pudiera acercarse para detener su caída una mano se alzó a la altura de sus ojos para detenerlo.

  Negándose a recibir ayuda, Olivia se enderezó, inspiró hondo y sus ojos azules se abrieron para mirarlo fijamente. Su color no había cambiado pero había algo distinto, una sombra que se había posado sobre ellos como un mal augurio.

  Una bruja.

  Todavía inclinados intentando sujetar a Rufus, Dhabeos y los ni?os observaron aquel breve y silencioso intercambio con miradas curiosas. Incluso el jefe de la banda entrecerró los ojos y pareció olvidarse de que hacía sólo un instante estaba intentando salir por la puerta.

  – ?Te pasa algo, Olivia? – preguntó Milo preocupado.

  Ella sacudió la cabeza y esbozó una amplia sonrisa aunque falta de su calidez usual. La curva de sus labios dejaba entrever una chispa de malicia en su expresión. Cuando habló, su voz sonó un poco más grave.

  – Me siento muy bien, mejor que nunca – sus palabras no debieron convencer a nadie pero a ella no pareció importarle y sacudió una mano como quitándole importancia al asunto.

  Silas la tomó del brazo con fuerza y acercó sus labios hacia la oreja de la chica.

  – ?Quién eres? – le preguntó en susurros.

  – Todo a su tiempo – respondió ella con suavidad –. Tengo un plan.

  Dhabeos carraspeó con fuerza para llamar su atención.

  – Si estás decidida, te llevaré con Rovenna – dijo él dándose la vuelta para abrir la puerta pero se detuvo en seco cuado ella le respondió:

  – Necesito hablar antes con Silas – dicho eso, la bruja tomó a Silas del mismo brazo con que la sujetaba y lo arrastró hacia el otro extremo de la sala lo bastante alejado para que los demás no pudieran escuchar si mantenían un tono bajo.

  – Antes dime, ?quién eres? – le soltó él apretando los dientes –.?Aurora, Trébol, Chispa?

  Ella hizo una mueca burlona.

  – Mi nombre es Río.

  Maldición. Otra más. Al menos de las otras tres sabía lo que podía esperar pero quién sabe qué intenciones podía tener esta.

  – Quiero hablar con las demás.

  La bruja se cruzó de brazos como ofendida.

  – ?Qué problema tienes conmigo? Soy tan capaz como el resto. Además, no es que podamos aparecer cuando nos da la gana.

  Silas apretó ambos pu?os intentando calmar su creciente frustración.

  – ?Qué ustedes no deciden? No te burles de mí. ?Cómo funciona esto entonces?

  – Eso es entre nosotras y Olivia.

  – Si pretendes usar su cuerpo ya sabes muy bien que no resistirá. Eso le dijeron tus amigas.

  Molesta, ella negó con la cabeza.

  – Claro que no pienso utilizar su cuerpo. Para nosotras es un tesoro. No queremos abusar de él.

  – ?Y de verdad vas a rescatar a Penn?

  – Olivia parece estar muy decidida en ese aspecto y nosotras no queremos ir en contra de sus deseos.

  Silas la miró con desconfianza.

  – ?Por qué? No hay razón para que ustedes no puedan negarse.

  – Piensas muy mal de nosotras. No somos tan crueles como piensas.

  – Y aun así tu amiga Chispa no tuvo problema en atacar el lago y el pueblo.

  – Momentos desesperados, medidas desesperadas. ?Acaso no piensa Olivia atacar ahora la Casa de Gobierno? ?Y tú? ?Por qué cruzaste las monta?as? ?Quieres hacerme creer que sólo querías visitar el mundo humano después de todo lo que le ocurrió a tu raza? Tengo mucha más edad que tú, cachorro.

  En eso ella tenía razón pero aquel era el momento menos indicado para hablar de eso. Además, habían sucedido tantas cosas en las últimas semanas que Silas ya no recordaba la última vez en que había pensado acerca de sus planes iniciales de venganza. No los había abandonado del todo pero su resolución ya no era tan fuerte como antes. A veces temía que el hecho de permanecer tanto tiempo en su primera forma le hiciera olvidar los hechos atroces que habían cometido los humanos.

  – Si quieres que confíe en ti, respóndeme esto. ?Qué relación hay entre ustedes y Olivia.

  La bruja se encogió de hombros.

  – Simple. Estamos conectadas a ella.

  – Eso no me dice nada.

  – Digamos que nos encontramos en un lugar remoto y la única manera de manifestarnos en este plano es a través de Olivia.

  – ?Pero cómo?

  – Esa pregunta deberás hacérsela a Daephennya. Fue su plan después de todo. Nosotras no teníamos manera de intervenir.

  – Si están en otro plano... eso quiere decir que... ?están muertas?

  – No exactamente...

  – ?Qué mierda están susurrando? – gritó Rufus con rabia todavía tirado en el suelo –. ?Qué están esperando ahora? ?Van a a salvar a Penn o no? ?Hace sólo un instante estabas muy decidida, Olivia, pero ahora creo que simplemente estás intentando escapar!

  – ?Olivia no es así! – exclamó Milo y le dio un golpe en la cabeza que hizo gemir al otro.

  – ?Ey, deja en paz al jefe, escoria! – Vinnie soltó a su jefe y se fue encima de Milo. Mientras ellos dos se retorcían en el suelo, Katty y Finn luchaban por mantener controlado a Rufus que intentaba llegar hasta la puerta arrastrándose.

  – ?Y hace cuánto que la conoces? ?Eh? Es una noble. No hay garantías. Quizás no es más que otra hipócrita que se aprovecha de los más indefensos.

  – ?Estamos discutiendo el plan! – Silas le dirigió su mirada más feroz.

  – ?Pues apúrense! – Rufus intentó liberarse de los brazos y piernas que lo sujetaban pero el resto de los ni?os no cedió un ápice –. ?Si no te haré pagar cada herida que los magos le hagan a Penn!

  – ?Por favor, Olivia, salva a mi herman! – gimió Finn.

  – Tienen razón, el tiempo apremia – suspiró la bruja volviendo su mirada sombría hacia Silas –. Mira... ya no puedo decirte más nada. Lo único que importa es que ambos queremos lo mismo: llegar sanos y salvos a la isla. Si escuchas mi plan, te prometo que no sólo rescataremos a Penn sino que también podremos escapar.

  Silas frunció el ce?o.

  – ?Y cómo pretender hacer eso sin utilizar el cuerpo de Olivia?

  – Las brujas hemos tenido una conversación... y quizás haya una solución rápida a tu problema. Lo importante es que llegues a la isla. No importa cómo.

  – ?Y cómo se supone que lleguemos hasta allí si no es por barco?

  – Pues, volando – ella le dirigió una mirada altiva como si lo que acabara de decir fue lo más brillante que pudiera habérsele ocurrido.

  – ?Volando? ?Cómo? Dijiste que no usarías...

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  – No estoy hablando del cuerpo de Olivia.

  – ?Un objeto volador entonces? – los humanos habían inventado distintas maneras de trasladarse pero Silas nunca había escuchado de artefactos que volaran.

  – Estoy hablando de tu cuerpo – admitió por fin la bruja –. Eres tan lento.

  Silas se quedó de piedra.

  – ?Mi cuerpo? – y al ver que ella asentía con seguridad preguntó – Quiere decir que... ?me darán el poder de volar? ?Cómo? Si yo no puedo...

  – Usaremos el mismo método que los sirenios.

  – Los sirenios... pero... espera... Aquella forma no me duró demasiado tiempo.

  – Eso fue culpa de tu propia incapacidad... y un poco de falta de buena voluntad de parte de los sirenios... – dijo ella en un tono despectivo –. Pero el poder de las brujas es aun mayor. Mientras Olivia esté contigo seré capaz de ayudarte a mantener tu nueva forma.

  Volar... Pese a la desconfianza que le inspiraba la bruja, Silas no pudo evitar que un viejo anhelo se encendiera en su pecho, como una chispa que reavivaba un fuego que creía extinguido. Siempre había querido volar. Cuando ni?o, era lo que más quería en el mundo.

  Recordaba las largas marchas a través de las monta?as escuchando el murmullo del viento y mirando constantemente hacia el cielo por donde cada tanto atisbaba las elegantes alas desplegadas de los halcones, águilas, buitres y otros tantos se?ores de los cielos. No había instante en que no so?ara con algún día poder unirse a ellos, sentir el viento acariciar su rostro, elevarse por encima de la tierra y dominar el horizonte.

  Su padre siempre le decía que aquellos capaces de ver el mundo desde lo alto estaban destinados a convertirse en algún día líderes que guiarían a los demás miembros de la manada. él había esperado que Silas fuera uno de ellos pero con el tiempo se descubrió que no era lo suficientemente fuerte. Su padre hizo todos los intentos por despertar sus poderes, llegando a extremos impesados pero finalmente se dio por vencido. Llegó un momento en que Silas ya no se atrevió a mirar hacia arriba y mantuvo su mirada pegada al suelo. La decepción de su padre lo atormentaba y en cada paso que daba cargaba con el peso de aquellas palabras, la presión de no estar a la altura.

  Un líder... un verdadero líder debía volar. Ahora, de pie frente a la bruja, esas viejas palabras resonaban en su mente, más intensas que nunca. ?Y si realmente podía conseguirlo? ?Y si lo único que necesitaba era un poco de ayuda como cuando logró convertirse en orca? ?Cómo podía rechazar aquella oportunidad cuando aquel sue?o inalcanzable ahora se volvía más tangible, al alcance de su mano? ?Se sentiría Olivia orgullosa al ver que él había logrado sacarlos del puerto con sus nuevas alas?

  Antes de hablar se aclaró la gargante, disimulando el nudo que se le había alojado en la garganta.

  – ?Y de qué forma estamos hablando?

  – Algo bastante grande, seguro, para que puedas soportar el peso de Olivia mientras sobrevuelas el mar. águila, halcón, albatros. ?Has oído algo acerca de los cóndores? – el entusiasmo de la bruja reflejaba lo que Silas intentaba retener con todas sus fuerzas dentro sí mismo –. No sólo puedo convertirte en cualquier ave sino modificar tu tama?o sin importar la especie. Te apuesto a que los sirenios son incapaces de hacer eso.

  Sobrevolar el mar... pero aquello sonaba demasiado bueno para ser verdad.

  – ?Cómo piensas hacerlo?

  – Primero... debemos buscar un lugar más abierto... Sería difícil salir de aquí una vez que te transformes.

  Silas se mordió el labio.

  – Me es difícil confiar en alguien que no puedo ver...

  La bruja se apartó de él y se dirigió al rincón en donde se encontraban las mantas que Olivia usaba para dormir. De allí extrajo un espejo de plata que la chica había estado usando últimamente. Apoyó el espejo en la mesa y apretó su dedo índice en la superficie mientras acercaba su cara.

  Silas se acercó y observó cómo el reflejo de Olivia mutaba en un rostro de líneas angulosas y definidas, con una frente amplia enmarcada por mechones cortos de cabello azul, el mismo color que sus cejas gruesas. Su piel era pálida, casi como el color de la luna, y sus ojos de un gris metálico. Sus labios, finos y tensos, formaban una mueca burlona.

  Así que eso era un bruja.

  Pero... un momento... había algo que no le cerraba. Observó con más atención el reflejo tomando nota de cada detalle hasta caer en la cuenta.

  – ?Eres un chico!

  Los otros lo miraron como si hubiera perdido el juicio.

  – ?Olivia es un chico? – preguntó Katty.

  – ?Nos enga?o? – dijo Vinnie indignada.

  – ?No, imposible, no puede ser! ?Olivia! - gritó Milo con voz lastimera.

  El reflejo alzó las cejas.

  – ?Tienes un problema con eso, quimera?

  – Pero... pensé que...

  –Ah, claro, pensaste que no había brujos, típico.

  Silas le dirigió una mirada amenazante.

  – Más vale que tengas cuidado con lo que haces con Olivia.

  El chico del espejo se rió.

  –?Ahora te preocupa eso?

  No, no podía distraerse por esa tontería.

  –Ya me has visto. Eso era lo que querías. Tus amigos están cada vez más impacientes. Te explicaré el resto del plan cuando estemos arriba.

  El brujo dejó de tocar el espejo y el reflejo se disolvió. Luego se dirigió hacia Dhabeos quien en todo ese tiempo los había estado observando con atención.

  – ?Listos para irnos? – preguntó el capitán.

  – Sí – respondió Río –. Pero no iremos con Rovenna.

  La mirada de Dhabeos se oscureció.

  –?A qué estás jugando, chica? Habíamos acordado...

  – Tengo un plan mucho mejor – el brujo se dispuso a avanzar pero Dhabeos se puso delante de él.

  – ?Te molestaría darme los detalles?

  – No tenemos tiempo – esquivó al capitán y se dirigió hacia la entrada.

  La mirada de Dhabeos osciló entre el cuerpo poseído de la muchacha y Silas.

  – ?No nos iremos hasta que me digan que está pasando! – exclamó tratando de imponer su autoridad.

  – Tranquilo, hombre, llegaremos hasta Rovenna, pero antes debemos hacer algo – le dijo Río con tranquilidad.

  – Desde que los encontré no han hecho nada más que actuar sospechosamente. No te abriré la puerta hasta que me digas que es lo que tramas. Sólo Rufus y yo podemos activar la llave.

  El brujo se giró de golpe para mirarlo y le dedicó una sonrisa pícara.

  – No necesito a ninguno de los dos, capitán.

  Río se acercó a la pared y estiró la mano. Sus dedos comenzaron a moverse rápidamente dibujando líneas doradas que brillaron brevemente activando de esa manera la llave del escudo.

  Frente a la sorpresa del resto de los presentes, incluido el propio Silas que tampoco se esperaba aquello, la puerta del pasadizo se abrió.

  – ?Cómo? – Rufus se levantó en cuanto los demás ni?os lo dejaron libre –. ?Cómo lo descifraste tan rápido?

  Sin responder, Río avanzó por el oscuro pasadizo. Todos los demás salieron corriendo detrás de él.

  – ?Espera! – Dhabeos se aprestó a detenerlo pero el brujo lo esquivó con agilidad–. No puedo dejar que se vayan así como así.

  – Puede venir si quiere. No tengo problema que haya testigos.

  – ?Testigo de qué?

  – Ya lo verá.

  – Rovenna tenía tanta razón sobre ustedes – gru?ó el capitán.

  Con el brujo a la cabeza, el grupo continuó en fila por el pasadizo.

  – Este no es el camino hacia la Casa de Gobierno – dijo Rufus.

  – No, va hacia el antiguo faro – respondió el brujo.

  – ?Qué piensas hacer allí? ?Afuera la tormenta continúa!

  El brujo no le respondió. Continuaron avanzando en la oscuridad por curvas y escaleras hasta llegar a la misma salida que días antes habían utilizado para llegar hasta la sala secreta. Realizando movimientos similares con los dedos, la bruja activó la llave sin ninguna dificultad.

  Al abrirse la puerta, un vendaval helado les golpeó el rostro, arrastrando consigo gotas de lluvias y aullidos desgarradores. Afuera el cielo de la ma?ana se encontraba cubierto de nubes oscuras iluminadas por los destellos blancos de los relámpagos. A lo lejos las olas del mar rugían contra los acantilados dando contínuos embates como intentando quebrarlos.

  El grupo buscó refugio entre las ruinas del antiguo faro para resguardarse de la fuerza del viento que amenazaba con empujarlos hacia el precipicio del acantilado.

  Una vez a salvo, Río se giró hacia Silas, y su voz se alzó en medio del ensordecedor rugido del viento.

  – ?Listo?

  El cuerpo de Silas comenzó a temblar, aunque no estaba seguro si era por el frío o por la tensión que crecía en su pecho. Podía sentir su corazón bombeando con tal fuerza que parecía capaz de romper la barrera de la piel y salir volando.

  Pero no podía dudar ahora.

  –?Qué tengo que hacer?–gritó, agarrándose de una roca para mantener el equilibrio mientras el viento intentaba arrancarlo del suelo. Siguiendo las indicaciones de Río, Dhabeos y los ni?os se habían alejado y observaban la escena detrás de los agujeros de una pared destruida.

  Río estiró una mano hacia él, apuntándolo con su dedo índice.

  — Sólo toca mi dedo y te traspasaré mi poder.

  ?Eso era todo? No podía ser tan fácil. Recordó el lago, a Thalassa y al resto de los jefes sirenios, cómo habían necesitado realizar un ritual en el agua para transformarlo la última vez. La mirada mordaz del brujo le generaba más dudas que garantías.

  Pero si no lo hacía, si no intentaba al menos eso, Olivia se entregaría a los magos. Y él no podía permitir eso.

  Llegarían juntos a la isla. Volando.

  Con decisión, aunque vacilando por dentro, levantó su pata de oso, la misma que tanto lo había ayudado en los últimos días, la que lo había salvado de una muerte segura. El tiempo pareció detenerse mientras sus garras avanzaban lentamente hacia la mano extendida de Río y ya ni siquiera era capaz de escuchar el rugido de la tormenta.

  El brujo, impaciente, frunció las cejas y dio un paso hacia adelante, acortando la distancia entre ellos en un movimiento brusco. Antes de que Silas pudiera arrepentirse de lo que estaba a punto de hacer, el dedo de Río se estiró y tocó con firmeza la punta de su garra, como sellando el pacto con un poder misterioso.

  – ?Silas! ?Olivia! ?Qué estás haciendo? ?Silas! ?Levántate, Silas! – los gritos desesperados de los ni?os le llegaron ahogados entre las ráfagas de viento.

  Al principio, fue como tocar una brasa incandescente, un dolor intenso que lo hizo retroceder con un gru?ido ahogado. Pero no pudo escapar: aquella punzada ardiente se expandió en un instante como una centella, subiendo por su brazo y estallando en su pecho. Una fuerza imparable, un rayo caído desde el mismo cielo, lo dejó paralizado mientras el aire se le escapaba de los pulmones.

  Un blanco cegador se apoderó de su visión, borrando los rostros aterrados de Dhabeos y los ni?os, la sonrisa cínica de Río en el rostro de Olivia, así como resto del mundo a su alrededor, mientras su mente era invadida por un rugido estruendoso que parecía emanar desde el núcleo mismo de su ser. El calor no se detenía; se extendía en espirales implacables, cada vez más profundas, como si un enjambre de chispas recorriera sus músculos, tensándolos hasta el límite de lo soportable.

  Nuevos embates de dolor le arrancaron alaridos estridentes que le quemaban la garganta al sentir sentir cómo sus huesos comenzaban a crujir y cambiar de lugar como siendo aplastado por el pie de un gigante. Su cuerpo entero vibraba, sacudido por oleadas de agonía y furia.

  Desde los abismos insondables, atravesando el espacio y el tiempo, algo se se abría dentro de él. Una bestia, brutal, feroz, antigua, rasgando todo a su paso y reclamando cada fibra de su cuerpo.

  Mientras toda su cordura se disolvía en aquel torbellino de oscuridad y fuego, un pensamiento desesperado se aferró a los restos de su conciencia.

  El brujo lo había traicionado.

  Algo había salido terriblemente mal.

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