home

search

Capítulo 39 - La primera función

  Llegaron al pueblo a media ma?ana. El sol se alzaba bien en alto y una brisa fresca aliviaba el calor del camino. Cruzaron la entrada de piedra cubierta de musgo y avanzaron por una calle empedrada que debía de ser la principal. En el aire flotaba el aroma a pan recién horneado y a humo de chimenea.

  Silas asomó la cabeza fuera del carro para no perderse nada. A pesar suyo, sentía curiosidad. Descontando la Villa del Lago, no tenía mucha experiencia con asentamientos como ese.

  Allí había casas de madera con tejados de paja, aunque construidas de manera distinta a las chozas de la tribu del lago. Otras estaban hechas de piedras y diferentes materiales. También las había de todos los tama?os. Algunas lucían más opulentas, otras más humildes. La mayoría mostraban distintos tonos de colores y había macetas flores en algunas ventanas.

  Los aldeanos ya se encontraban inmersos en sus labores diaria. Su vestimenta también era muy diversa. En el castillo cada habitante vestía de cierta manera según la función o cargo que llevara a cabo y eso le había hecho fácil identificar a cada uno. Sin embargo, en ese pueblo había ropa de todos colores y tipos y le era imposible saber qué hacía cada persona, aunque sí supo identificar a un grupo de guardias que los pasó de largo y un grupo de hombres vestidos de negro que debían de ocupar algún cargo importante.

  Desde que habían cruzado la entrada, la quimera se había puesto en alerta en caso de toparse con algún mago. Si bien el talismán había sido capaz de cambiar el color de sus ojos, todavía debía de pasar la prueba de fuego.

  A medida que los carros continuaban moviéndose, Silas escuchaba la voz de Gorwan y otros integrantes gritándole a los presentes para anunciarles la llegada del grupo de actores:

  –?Atención, atención, escuchen, estimados vecinos! ?Los Caminantes So?adores han llegado al pueblo! –vociferaba Gorwan con entusiasmo haciendo sonar una campana.

  –?Historias de tierras lejanas y haza?as heroicas, contadas por los mejores trovadores y actores del reino! –le siguió Deema.

  –?Esta tarde! ?En la plaza! ?Al caer el sol! ?Un espectáculo que les hará volar la imaginación y encenderá sus corazones!

  –?Comedia, drama y magia! ?No se lo pueden perder!

  –?Vengan con su familia, arrastren a sus amigos! ?Los Caminantes So?adores les prometen una experiencia que jamás olvidarán!

  –?Eh! –un grupo de ni?os corrió hacia el carro –. ?Son ustedes de nuevo!

  –?En efecto, mi querido amigo! Volvemos a encontrarnos –le respondió Gorwan.

  –?Harán de nuevo “La Princesa y el Bufón” como el a?o pasado?

  –?Claro que sí! Esta noche. Una función especial para nuestros leales seguidores. ?Avisen a sus padres! ?Hagan correr la voz! ?Los Caminantes So?adores han regresado!

  Los ni?os se rieron y salieron corriendo, probablemente a hacer eso mismo que Gorwan les había pedido.

  Un poco después la calle dio paso a un gran espacio abierto rodeado de edificaciones que tenían aspecto de ser importantes. En el centro se había reunido un gran número de gente que caminaba en todas direcciones. Las mujeres, vestidas de todos los colores, llevaban canastas con alimentos recién comprados y se reunían en peque?os grupos para conversar mientras sus hijos correteaban por todo el lugar esquivando a los ocupados adultos. Varios vendedores habían montado sus puestos de alimentos, telas y herramientas y anunciaban a todo pulmón sus productos. Desde una herrería en plena actividad llegaba el sonido de los martilleos que se mezclaban con los gritos. También había talleres de artesanos fabricando piezas de cerámica con sus hábiles manos.

  Silas supuso que enorme lugar debía de ser la plaza ya que los carros se detuvieron en un de los pocos sectores que se encontraba vacío de gente y comenzaron a bajarse todos. Olivia y Silas ayudaron a descargar todos materiales que se utilizarían para levantar el escenario y cuando terminaron, ella se lo llevó aparte mientras los demás conversaban acerca de lo que harían en las próximas horas.

  –Aquello que vez allí –le susurró ella se?alando una construcción alta y blanca –debe ser un templo dedicado a Nemertyss. Los magos van mucho allí, así que deberás mantenerse lejos. Eso de allá supongo que es una taberna, como verás están todos borrados, no te conviene acercarte tampoco.

  –No soy un ni?o para que me estés diciendo estas cosas...

  –Eres una quimera por primera vez en un pueblo de humanos. Aquí no habrá sirenio que te salve, ?entendido?

  –Sí...

  –Bien. Aquellos dos edificios deben ser la Casa de Gobierno y la Cámara Gremial.

  Para Silas aquello no le sonaba a nada así que ella tuvo que explicarle. La Cámara Gremial era donde se reunían comerciantes y artesanos para discutir asuntos importantes relacionados con sus oficios. En tanto, en la Casa de Gobierno, se encontraba el alcalde, una persona que estaba a cargo del pueblo, jueces que impartían justicia, un recaudador de impuestos que le quitaba dinero a la gente nada más que por vivir allí, un cuartel de soldados y también los magos designados por el Consejo.

  Todo eso sonaba innecesariamente muy complicado así que Silas no pensaba que tuviera curiosidad de entrar.

  Al volver con el resto del grupo, Deema les comunicó que las mujeres y los más jóvenes compartirían dormitorios en la posada mientras los hombres dormirían en los carros. Olivia protestó diciendo que ellos no querían importunarlos más de lo que ya habían hecho pero la mujer la tranquilizó diciendo que siempre lo hacían de esa manera ya que había que hacer guardia al lado de los carros para que nadie les robara nada.

  Guiados por Deema, Silas y Olivia, junto con otros miembros del grupo, se dirigieron hacia una posada cercana en donde ella pagó por dos habitaciones. Uno para los muchachos y otros para las mujeres. Tras dejar algo del equipaje en las habitaciones, se dirigieron al comedor para almorzar algo antes de comenzar con todo el trabajo de ensamblar el escenario. Deema desapareció un momento para llevarle la comida a Gorwan y los demás que se habían quedado en la plaza cuidando de los carros.

  Mientras empezaban a devorar con avidez un exquisito estofado de ternera cuyos que se deshacía en la boca, Elyssa hizo un comentario sobre Olivia:

  –Tienes muy buenos modales. Me encantaría ser tan refinada como tú.

  En los últimos días, la quimera había notado algo bastante raro y era que Olivia parecía llamar más la atención que él mismo. Todo parecía deberse nada más que a su origen noble que le hacía comportarse de una manera diferente al resto de los plebeyos. él tardó un poco en darse cuenta ya que no estaba acostumbrado a notar esas peque?as diferencias que para los humanos parecían ser muy importantes. Mientras tanto, él, atrapado en aquella forma, y a pesar de su ignorancia, no tenía ningún problema en confundirse con el resto. Apenas había aprendido a utilizar los cubiertos viendo comer a los sirvientes del castillo, lo cual le era de bastante utilidad ahora que se veía obligado a fingir ser una humano más.

  Era una situación en verdad graciosa.

  Incómoda, Olivia intentó cambiar de tema de conversación y así como la manera en que agarraba la cuchara, lo cual provocó que salpicara algo de guiso sobre la mesa. Ella también debía de cuidarse. No tenían idea de lo que había sucedido en los últimos días en el lago. Podía haber gente buscándola, Eldrin, los magos,incluso soldados del rey.

  Ya era tarde para cambiar su nombre. Con toda la sorpresa que había sido para ella despertarse en la carpa con él transformado de esa manera, habían olvidado que lo mejor hubiera sido cambiar de identidad. Pero ya era tarde. Ahora debían de pasar lo más desapercibidos posibles. Era por eso que Olivia se había dejado puesta la capucha desde el momento que habían entrado al pueblo, poniendo como excusa frente a los otros que estaba cuidando su piel del sol.

  This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report.

  –Deberías haberle pedido a tu amiga la bruja... –le había dicho Silas en otro momento.

  –Ya te dije, no es mi amiga. Ya bastante nos ayudó como para andar exigiéndole más favores.

  –Eres demasiado amable con alguien que puede usar tu cuerpo sin tu permiso.

  –Tienes razón... –suspiró Olivia –. Es una maldita... son una malditas... aunque quizás no debería estar diciendo eso... podrían estar escuchándonos... ?Voy a enloquecer!

  A su favor estaba que su compromiso con el heredero real no había sido todavía anunciado públicamente y ella misma tampoco era muy conocida en el reino debido a la vida recluida que había llevado. Su padre, además, le había dicho al despedirse que se encargaría de las sospechas acerca de Olivia. No tenían más remedio que confiar en él y continuar su viaje para llegar lo antes posible a la isla.

  El problema era que a ese paso tardarían bastante en hacerlo. Según los actores, dependiendo de cómo les fuera con cada función, podrían quedarse entre cinco o diez días en cada pueblo que pasaban. Eso quería decir que le llevaría un mes llegar hasta Abrazo de Tormenta.

  Silas había propuesto en un momento que se fueran por su cuenta pero Olivia insistía que un chico y una chica caminando solos por el campo llamaría bastante la atención, mientras que estando con los actores nadie notaría su presencia. Además, siempre estaba el riesgo de encontrarse con soldados, magos o bandidos.

  Estaban, pues, en un punto muerto.

  Terminado el almuerzo, volvieron a la plaza junto con el resto que ya se encontraba armando una peque?a plataforma de madera sobre la cual representarían la obra. Silas no quería pegarse otra vez con el martillo así que se fue a ayudar a Meldo, un hombre cercano a la edad de Gorwan, al habían designado como el titiritero del grupo. Silas no había entendido de qué se trataba eso hasta que él le mostró un montón de mu?ecos de tela. Había armado con maderas una especie de caja enorme que ubicado de forma vertical. En la parte superior de la misma había una abertura por donde debían aparecer aquellos mu?ecos.

  Con una ancha sonrisa, Meldo le preguntó si no le gustaría ayudarlo a entretener a los ni?os que se habían juntado alrededor. Silas le dijo que no sabía qué hacer pero el hombre se lo explicó. Se metieron ambos dentro de la entrecha caja y cada uno levantó sus manos para manejar a los mu?ecos. Al final, había sido bastante sencillo. El mu?eco que manejaba Silas era un villano que era perseguido por los soldados debido a sus fechorías y que luego era golpeado por un palo por una astuta anciana que había sido la única capaz de atraparlo. La historia era bastante tonta y sin sentido pero del otro lado se podía escuchar a los ni?os que parecían estar desternillándose de la risa.

  él también se había divertido un poco.

  Mientras tanto, el escenario había sido terminado de armar y ahora se hallaba adornado con telas coloridas. Terminada la función con Meldo, Silas buscó a Olivia y la encontró ayudando dentro de uno de los carros con el vestuario de las actrices.

  Aunque ella también se había cambiado de ropa, lo cual era sospechoso.

  –No me digas que... –comenzó a decir Silas.

  –Ah... –ella se sonrojó –. Elyssa y Celestia me convencieron... No es un papel muy importante. No soy más que la cortesana número dos de la corte. Apenas digo algo.

  –?Estás...! –Olivia le tapó la boca para que no gritara y Silas bajó el tono de voz –. Estás loca ?Quieres que todo el mundo te vea? Alguien podría...

  –Celestia me ha dado una peluca rubia y una máscara para mi personaje... Nadie podrá reconocerme.

  –?Pero para qué?

  –Es... liberador...

  –?Esconderse detrás de una máscara es liberador?

  –Te permite ser una persona distinta... olvidar aquello que te limita... Tú también podrías intentarlo.

  –No quiero.

  –Ah, claro, estás asustado de los magos –dijo ella con tono preocupado –. Qué lástima.

  El cuerpo de Silas se tensó de indignación. No estaba asustado de los magos. En realidad, le provocaba más pavor pararse delante de toda aquella gente y hacer el ridículo como ella estaba a punto de hacerlo. Pero no sabía si mentirle o decirle la verdad, cualquiera de las opciones lo haría sentir vergüenza, así que sólo gru?ó diciendo que no estaba interesado en aquel divertimento humano sin sentido.

  –Supongo que no hay actores entre las quimeras... pero quizás debían de contarse historias ?no?

  En eso no estaba tan errada. Cada tanto la manada se detendría en algún lugar y los mayores le contarían historias a los más jóvenes con el fin de que la memoria de sus antepasados se pasara a la siguiente generación. También había un par de veces en el a?o que las todas las manadas de las monta?as se congregarían en un lugar sagrado para entonar cantos a la luz de la luna. Pero entre eso y vestirse con aquellos disfraces ridículos para hablar de las haza?as de gente que nunca existió había un abismo.

  –Cuidado, Silas... –canturreó Celestia pasando cerca de ellos –. Olivia podría capturar muchos corazones hoy...

  –Será un descanso para nosotros –agregó Elyssa gui?ándole un ojo –. Nos sentimos agradecidas por su sacrificio.

  Silas se alejó molesto por el comentario, lo cual hizo que el resto de las mujeres se riera de él.

  Ahora entendía por qué su padre la había encerrado en el castillo, pensaba Silas. Desde que Olivia había hecho amistad con Elyssa y Celestia, se había vuelto mucho más tonta. No paraban de reírse como urracas, se pasaban soltando risitas molestas, sobre todo cuando lo veían a él pasar.

  Silas sabía que en aquella forma debía de tener una cara muy desagradable. No le gustaba mirarse en el espejo pero la curiosidad lo había llevado a hacerlo preguntándose que era lo que les hacía tanta gracia. Había temido incluso que sus ojos hubieran vuelto a ser dorados. Aquel talismán parecía ser un objeto similar a lo que Daephennya le había regalado a Olivia así que no sería raro que su poder se consumiera. Pero ese no era el caso, continuaba funcionando.

  Al atardecer, los vendedores habían levantado sus puestos y el resto de los habitantes del pueblo habían comenzado a reunirse alrededor del escenario. Muchos ni?os corrían por todos lados y espiaban a los actores que ensayaban escondidos entre los carros. Todo el mundo hablaba sin parar y gritaba, impaciente para que se diera inicio al esperado espectáculo.

  Silas se quedó a un costado del escenario, cerca de los carros.

  Para calmar la impaciencia del público, los primeros en salir fueron dos muchachos del grupo que comenzaron a realizar arriesgadas acrobacias, así como arriesgados malabares con cuchillos y antorchas encendidas. La gente exclamaba tanto de asombro como de terror.

  Para dar inicio a la obra, Gorwan salió a continuación a tocar su laúd y cantar acerca de los hechos que se contarían a continuación. Detrás de él habían puesto una especie de sábana blanco por donde aparecieron sombras de personas que se iban moviendo acorde a las palabras del músico. Por fin, aparecieron los actores y toda la plaza estalló en vítores.

  El nombre de la obra era “La princesa y el bufón”. El nombre más estúpido que Silas hubiera escuchado en su vida. Se trataba de una comedia de malentendidos en la que un grotesco bufón ayudaba a una princesa a escapar de un matrimonio arreglado con un príncipe presumido y arrogante... ?por qué había tantos matrimonios arreglados? ?de dónde salía tanta obsesión? Pero, a no desesperarase. La historia tenía un final feliz porque el bufón era en realidad otro apuesto príncipe, el verdadero en realidad, que había sido maldecido por una elfa villana quien había puesto a un impostor en su lugar. A la Se?ora del Bosque de los Susurros seguro que no le hubiera gustado aquella obra.

  La aparición de Olivia no duró cerca de unos breves minutos y luego se fue a sentar durante el resto de la obra al lado de Silas. Pese a lo poco que había estado arriba del escenario, parecía sentirse dichosa. No paraba de reír y aplaudir entusiasmada, de la misma manera que había ocurrido en el Lago del Dragón cuando los miembros de la tribu hicieron la representación la leyenda de Terrarkana. Un rato antes le había contado con sus ojos brillantes acerca de todas las veces que su padre había invitado a actores de distintas partes del reino para que fueran a actuar en ocasiones especiales.

  Silas, aburrido de la historia, se había puesto a observar el público con atención. No lograba reconocer ninguna túnica roja entre la multitud. Tampoco había visto mucho movimiento frente a la Casa de Gobierno durante el día.

  La función pareció ser un éxito rotundo, para frustración de Silas, ya que eso significaba que probablemente se quedarían varios días en ese pueblo.

  Un hombre calvo y maduro, vestido con ropas opulentas, que fue presentado como el alcalde se subió al escenario para dar la bienvenida y agradecer a los actores.

  La noche continuó con una peque?a fiesta en honor a los recién llegados, que se mezclaron con los aldeanos para compartir jarras de cervezas, comidas y conversaciones en mesas de madera que se habían hecho llevar hasta la plaza. Un par de fogatas se encendieron.

  Celestia y Elyssa arrastraron a Olivia y a Silas, junto con Alder, hasta un grupo de jóvenes que habían comenzado a bailar en parejas alrededor de las fogatas al ritmo de una música alegre de laudes, flautas y tambores.

  Silas comenzó a sentirse aturdido por aquel murmullo incesante voces animadas y risas estridentes. En algún momento, un muchacho desconocido se le apareció delante por sorpresa, le acercó a la boca una jarra de cerveza y lo obligó a beber un sorbo que no tardó en escupir. Mientras tosía tratando de quitarse el sabor amargo que le había quedado en la lengua, escuchó carcajadas alrededor que le indicaban que se había convertido en el blanco de una broma que no le hacía gracia en lo absoluto.

  Avanzó entre el gentío intentando encontrar el camino a la posada pero, de repente, dos chicas desconocidas se pararon delante de él mirándolo con sus ojos tan abiertos como si estos se les fueran a saltar.

  –Por la Ninfa... ?has visto? –dijo una de ellas.

  –?Su cara! –exclamó la otra.

  Un escalofrío recorrió la espalda de Silas mientras se llevaba una mano hacia el pecho y agarraba con fuerza el talismán.

Recommended Popular Novels