Delante de Silas, las dos muchachas continuaban hablando entre ellas como si nada. Por su caras coloradas y sonrisas bobaliconas se notaba que habían estado bebiendo demasiado.
–Nunca había visto un muchacho así...
–Esos ojos... esa forma...
–Su pelo... ?parece un león!
–?Tiene una mirada salvaje!
El corazón de Silas se había detenido preguntándose si lo habían descubierto. Por un momento pensó que estaba a punto de perder el control de su cuerpo y convertirse en ratón, algo que en realidad hubiera preferido en aquel momento porque eso significaría que no había perdido su poder.
Pero nada de eso pasó.
–?Será un elfo? –preguntó una de las chicas.
Silas le dirigió a ambas una mirada indignada. ?No! ?Todo menos un elfo!
–Claro que no, tonta –le respondió la otra –. Los elfos no pueden salir del bosque, sería imposible.
–?Pero es tan...!
–?Cómo te llamas? –le preguntó una mientras se iban acercando –. Nunca te habíamos visto por aquí.
–?Eres uno los actores? ?No te vimos en el escenario! ?Dónde te estabas escondiendo?
Silas intentó eludirlas pero ella continuaban siguiéndolo. Tuvo que dar la vuelta, temiendo que lo siguieran hasta la posada. Lo único que se le ocurrió en ese momento fue gritar y salir huyendo.
–?Olivia!
A pesar de que había mostrado que él no quería saber nada de ellas, las dos muchachas lo siguieron desternillándose de risa.
–?Olivia!
Se sentía ridículo mientras la buscaba para pedirle ayuda pero era la única que lo podía sacar de aquel entuerto.
La encontró cerca de una de las fogatas cerca de las parejas que bailaban.
–?Olivia!
Ella lo miró confundida.
–Silas... ?qué sucede?
–Ellas... –Silas se?aló a las chicas que a esa altura se agarraban del estómago de tan fuerte que se reían –. ?No me dejan en paz! ?Diles que se vayan!
Olivia lo miró sorprendida por un instante y, para colmo de la quimera, dejó escapar una abrupta carcajada. Silas ya no podía más de la indignación y estaba a punto de darse media vuelta y volverse para la posada pero ella lo detuvo.
–No les hagas caso. Sólo se están divirtiendo. Disfruta un poco. ?Es una fiesta!
–?Se están burlando de mí!
–No... no lo están...
–?Pero se están riendo!
–Es que no te das cuenta...
–?De qué me tengo que dar cuenta?
–Silas... tú... –Olivia se llevó las manos a la cabeza como si lo que estaba a punto de decir fuera muy difícil para ella.
?Qué diablos les pasaba a las humanas? Ninguno de los hombres se comportaba así con él.
–?Qué? ?Qué tengo?
–Nada, Silas... no hay nada malo en tu cara, todo lo contrario.
él frunció el ce?o, no le creía para nada, debía de estar burlándose también.
–No les hagas caso. En algún momento se cansarán y te dejarán en paz –insistió Olivia.
–No lo soporto, haz que se detengan ahora mismo.
Olivia observó a las risue?as chicas y luego suspiró cansada.
–No creo que me hagan caso si se los pido. Pero sé una forma de que te dejen en paz.
–?Qué debo hacer?
La muchacha dudó un instante antes de responder.
–Primero que nada... extiende tu mano hacia mí como si fueras a pedirme algo.
–?Así? –preguntó Silas haciendo lo que ella le decía y poniendo su mano con la palma hacia arriba.
–Bien –ella en respuesta puso su mano encima de la suya.
Silas sintió una sensación rara aunque cálida que comenzó en su mano y le recorrió todo el cuerpo. Debía ser el calor de la fogata.
–?Qué haces? –le preguntó él.
Ella ignoró la pregunta.
–Ahora guíame hacia allá –le se?aló con los ojos a las parejas que bailaban.
De repente, Silas comprendió lo que le estaba pidiendo y soltó su mano.
–?Es en serio?
Ella le dirigió una mirada aburrida y alzó las manos como si no le importara.
–Si no quieres, no pasa nada. Sólo intentaba ayudar.
–?Y por qué me dejarían en paz si hago esto?
–Me verán bailar contigo y se aburrirán.
Ella hablaba como si fuera algo obvio. Los humanos tenían una forma rara de pensar.
–?Por qué? –preguntó él.
Olivia se encogió de hombros.
–Las chicas somos así.
–No tiene sentido. Además... no sé hacer eso...
–?Bailar?
–Eso.
–Haz lo mismo que están haciendo ellos.
–Sólo están saltando de un lado al otro.
–Pues hagamos eso. Yo tampoco tengo mucha práctica. Mi padre nunca hizo bailes en Rocasombra... aunque los sirvientes armaban alguna que otra fiesta... y Eldrin me instruyó que debía aprender a bailar para cuando... –Olivia sacudió la cabeza –. Sólo sácame a bailar, estarás bien.
Sin embargo, ella no hizo nada. Silas volvió a mirar a las chicas y vio que se le habían unido unas cuantas más que se habían acercado por curiosidad. Las dos primeras que habían comenzado todo se?alaban al muchacho. Si aquello seguía así, el número se iría incrementando y llamarían la atención de todo el mundo.
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Así que extendió su mano hacia Olivia y ella le indicó que la condujera hasta la pista de baile. Ahora sentía una sensación incómoda en la mano, como si le hubiera humedecido. Su primera forma era asquerosa. Con razón sus mayores la aborrecían tanto.
Ya muy cerca de las parejas danzantes y tratando de no chocar con ninguna, Olivia continuó dándole instrucciones:
–Ahora, pon tu otra mano en mi cintura.
El muchacho curvó sus dedos como si estuviera a punto de capturar una serpiente venenosa y colocó su mano en la cintura de Olivia. Aquello se sentía más raro todavía. Ese fue justo el momento en que comenzó a sentir algo raro en su estómago, como si la comida le hubiera sentado mal. Seguro que estaba a punto de enfermarse, no había otra explicación.
Ella puso su otra mano en su hombro. Estaban demasiado cerca, casi tanto como cuando habían dormido durante días dentro del árbol. Casi podía sentir su aliento sobre su cara.
–Esto es raro –dijo él reteniendo la respiración.
–Así bailamos los humanos.
–?Estás segura?
–Sólo mira a los demás.
Silas lo hizo y, en efecto, ella tenía razón.
–?Eh, ustedes dos! –era la voz de Elyssa quien ya se encontraba bailando al igual que sus hermanos que giraban alrededor de la fogata con sus respectivas parejas –. ?Qué están esperando?
–Creo que estamos listos –asintió Olivia, sin embargo, aunque aquello había sido su idea, no parecía muy convencida.
Silas bajó la mirada y arrugó los labios.
–No te preocupes, es normal estar nervioso –le dijo Olivia.
–?Quién está nervioso? –Silas tragó saliva –. ?Tú estás nerviosa!
Ella puso los ojos en blanco.
–Solo sigue la música y déjate llevar –dijo.
–?Qué significa eso?
–Gira junto conmigo.
–Qué estúpido... –decía Silas pero más estúpido era estar ahí parados sin hacer nada en medio de todas las parejas que giraban sin parar.
Hizo lo que ella indicaba.
–Pareces un conejo –dijo Olivia –. Sólo sigue el ritmo.
–Estoy siguiendo el ritmo.
–Intenta no pisarme –se quejó ella.
–?Por qué estás molesta? ?Fuiste tú la de la idea!
Continuaron dando peque?os saltitos sin moverse mucho de su lugar. Silas miró de reojo hacia donde estaban las chicas que se habían reído de él pero ahora parecía que se habían olvidado porque ya no estaban. Mientras tanto las otras parejas alrededor continuaban bailando alrededor de ellos, quienes parecían tan perdidos como dos hojas arrastradas por la fuerte corriente de un río.
Olivia suspiró y un leve rubor le encendió las mejillas.
–Olvídalo, eres un malagradecido. Este es mi primer baile... No puedo creer que lo estoy desperdiciando contigo. Sólo quería ayudar.
Pero cuando ella intentó separarse, él la retuvo. No entendía por qué pero sentía el orgullo herido. Quizás era el hecho que no pudiera llevar a cabo algo tan simple como aquel baile sin sentido. No podía dejar que los humanos le ganaran.
Ella alzó sus ojos hacia él, sorprendida.
–Espera –le dijo Silas –. No puede ser tan difícil.
Observó de nuevo al resto de las parejas. No era la primera vez que se encontraba en aquella situación. Aquello no era tan distinto de cuando él había aprendido a adoptar sus otras formas. Los ratones se movían rápidos y furtivos, con peque?os zigzagueos que les permitían esquivar cualquier obstáculo y buscar refugio en lugares diminutos. Los cuerpos ágiles y flexibles de los zorros avanzaban con pasos ligeros y elegantes, con sus oídos y ojos atentos a cualquier detalle que le permitiera capturar su presa. Los movimientos de los gatos eran fluidos y precisos, mientras caminaban en puntillas, con sus colas levantadas en una curva perfecta, deteniéndose cada tanto para observar los alrededores, listos para saltar a una velocidad sorprendente. Los perros trotaban con energía a un paso firme y decidido, con sus colas moviéndose juguetonas, siguiendo con a sus amos con entusiasmo, pero siempre alertas a cualquier movimiento sospechoso.
Y los humanos, pues... los humanos eran difíciles de describir. No había uno solo que se moviera de la misma manera. Eran imprevisibles. Se movían para todos lados sin ningún rumbo fijo. Sus manos se entrelazaban y soltaban, cambiaban de postura sin dejar de girar. Sus pasos eran variados, algunos giraban con gracia, otros parecían más torpes pero aquello no parecía importarles y continuaban bailando con caras sonrientes. Actuaban despreocupados, como si nada malo les pesara, como si se hubieran olvidado del resto del mundo, como si fueran libres.
Sintió una punzada de envidia. él nunca se había sentido así.
Había un nudo dentro de él, le había dicho Thalassa, un nudo que lo estaba reteniendo, y hasta que no lo desatara no podría ser todo lo que quería ser.
él no sabía todavía cómo desatarlo, pero, al menos por un momento, le gustaría fingir que no existía.
–?Silas? –Olivia lo miró con cara de preocupación –. ?Estás bien?
él sacudió la cabeza y cerró los ojos.
Seguir la música, le había dicho ella.
Comenzó a balancearse de un lado al otro dando peque?os saltos siguiendo el ritmo de los tambores. Ella se dejó llevar por sus movimientos aunque luego le dio un peque?o apretón en el hombre para indicarle que comenzaran a girar. Al principio lo hicieron sobre sí mismos y luego, de a poco, continuaban moviéndose alrededor de la pista justo con las otras parejas.
De repente, todo se volvió confuso. Los rostros a su alrededor se distorsionaron, los cuerpos de las demás parejas se tornaron sombras al contraluz de la fogata y las luces se estiraron como hilos dorados que los envolvían.
Lo único que podía reconocer era el rostro de Olivia. Para no marearse, se concentró en sus ojos azules como el mar que lo miraban tan fijo como él debía de estar mirándola a ella. Como el retumbar de un tambor, los latidos de su corazón golpeaban el interior de su pecho como queriendo escaparse y salir volando como un pájaro.
En algún momento, se dio cuenta de que apenas sentía sus piernas. Era como si hubieran aprendido a moverse solas, por su propia voluntad, separadas de su mente. Era una sensación similar a cuando flotaba en el agua, aunque en este caso sentía como si su cuerpo fuera a ser catapultado en cualquier momento y salir despedido hacia el cielo estrellado. Siempre había querido volar, sentir el viento bajo las alas, y aquel baile era lo más parecido a eso. Se sentía liviano, como una pluma.
Olivia quizás debía estar sintiendo lo mismo porque empezó a reírse. Pero esa risa no era como las anteriores. Ella tenía muchas maneras de reírse, de las más tímidas, a las más estrepitosas. Genuinas o falsas. Algunas burlonas, otras incluso tristes.. Había llevado registro de cada una, nada más que como parte de su investigación acerca de los humanos, claro. Aquella risa, sin embargo, sonaba relajada, casi adormilada, como si ella también estuviera a punto de dejarse llevar por la brisa nocturna.
Entonces la vio.
Una mancha roja en medio de toda la confusión de luces y sombras.
Un mago observándolos.
La mente de Silas volvió a la tierra. Sus pies se enredaron entre sí y cayó al suelo, arrastrando también a Olivia que cayó sobre él. Desde del suelo, vio las estrellas girar enloquecidas y varios pies que casi le patean el rostro. A pesar de encontrarse tan cerca de la fogata, su cuerpo se tornó frío como si lo hubieran dejado tirado sobre la nieve.
Olivia se encontraba tan atontada como él ya que tardó en levantarse. El se quedó tieso, boca arriba, con su corazón en vilo, esperando por la túnica roja que había venido a buscarlo.
Apretó los pu?os.
–Quiero ser ratón, quiero ser ratón, por favor, déjame ser un ratón –susurró.
–Silas, ?qué pasó? –preguntó Olivia y sintió su mano cálida sobre su rostro.
–?Están bien? –Celestia, Elyssa y Alder se habían acercado y ayudaron a Silas a levantarse.
–Ha bebido demasiado –dijo Alder.
Apenas había bebido aquel sorbo que tuvo que escupir pero Silas se sentía quizás tan atontado como el resto de los borrachos. Sus piernas temblaban como dos ramitas a punto de quebrarse.
Tenía miedo. No quería reconocerlo pero tenía miedo de ser atrapado de nuevo. Esta vez no tenía manera de escapar, estaba limitado por ese maldito cuerpo.
A pesar de que lo había intentado, era imposible olvidar. él no era un humano, no pertenecía a aquel lugar.
Se dejó caer sobre Olivia que apenas logró sujetar su pesado cuerpo y aprovechó para hablarle en susurros para que los demás no escucharan.
–Olivia, ?ves al mago?
–?Mago? –la cabeza de Olivia giró con lentitud –. No veo ninguno. ?Dónde lo viste?
–No sé, estábamos girando...
–?Alder, puedes sujetarlo? –le pidió Olivia al otro muchacho y Silas se dejó ayudar de mala gana.
–Será mejor que lo llevemos a la posada –dijo Alder y así lo hizo, ayudado por Olivia y sus hermanas.
Cruzaron la entrada y buscaron la habitación donde Silas debía dormir con Alder y otro par de muchachos del grupo. Lo acostaron en una de las camas y Olivia les pidió que los dejaran solos un momento.
Alder arrugó los labios pero él dijo que iba a volver a la fiesta de todas maneras. Por otro lado, Celestia y Elyssa les dirigieron miradas burlonas antes de despedirse.
Olivia había mojado un trapo y se lo estaba pasando ahora por la cara. El calor había vuelto a su cuerpo en la forma de una fiebre brusca y sofocante.
–No vi ningún mago –le dijo ella finalmente.
Silas dejó escapar una honda exhalación.
–Estoy seguro que lo vi.
–No digo que no lo hubiera. En realidad, eso sería algo bueno, porque significa que se alejó sin darse cuenta de que eras una quimera. ?El talismán está funcionando!
–No sé por qué reaccioné así –pensó Silas, aunque luego se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta porque Olivia le respondió.
–Te tomó por sorpresa, es normal. Bailamos demasiado... yo también me sentía... –ella sonrió –. Al final resultaste un buen bailarín...
–No aguanto más –dijo él apenas prestando atención a sus palabras y quitándole el trapo de su mano para cubrirse toda la cara.
–Debemos tener paciencia, estamos cada vez más cerca.
–Ya podríamos estar llegando a la isla sino fuera porque fui incapaz de mantener mi nueva forma.
–No tiene caso lamentarse ahora.
–Odio esta forma.
–No te ves para nada mal. Ya viste como te veían las chicas. En realidad, eres muy...
–No me importa lo que piensen ellas o pienses tú. Soy una quimera, necesito transformarme. No puedo seguir así, me siento tan miserable.
–Pensé que estabas disfrutando el baile...
–Sólo estaba fingiendo, quería olvidarme de mis problemas por un rato.
Ella suspiró.
–Entiendo...
Se produjo un largo silencio hasta que ella volvió a hablar.
–?Me quedo o...?
–Preferiría que te fueras. Quiero estar solo.
–De acuerdo.
Escuchó sus pies arrastrándose por el piso y luego el abrir y cerrar de la puerta.
Volvió a sentir frío. Tiró el trapo e intentó abrigarse con las mantas.
El silencio de la habitación se hizo más pesado. De lejos todavía le llegaban los rumores de la fiesta, mientras intentaba acallar la cascada de pensamientos que no le permitían dormir.

