home

search

Capítulo 80: El pesar de una foto rota

  La noche cayó con su manto de estrellas sobre la academia, mientras Cáliban y Lord Xander esperaban frente al portón de la mansión Hilloy. Ambos se mantenían con porte recto y elegancia, aunque la incomodidad de Cáliban era palpable.

  —Te ves bien… —comentó Lord Xander, intentando levantar el ánimo de su se?or con un halago casual.

  —Esto es incómodo… —respondió Cáliban, ajustándose el cuello de su traje con evidente irritación —?Cuánto falta para que llegue?

  —Según el itinerario, debería estar aquí a las ocho.

  Cáliban suspiró, agotado de la situación. Sin embargo, si quería cerrar de una vez por todas cualquier vínculo con Madame Lothrim y sus maquinaciones, debía soportar esta velada, incluso en contra de su voluntad.

  —?Qué le dirás? —preguntó Xander, curioso.

  —No mucho. Solo que, después de la apuesta, no quiero volver a saber de ella. Que no me busque más.

  Lord Xander asintió en silencio, compartiendo la incomodidad de Cáliban. Tampoco le agradaba tener que lidiar con Madame Lothrim, pero su posición como miembro de la familia fundadora lo obligaba a mantener las apariencias, especialmente siendo el último de su linaje.

  —Esperemos que esta noche sea tranquila… —dijo Xander, aunque su tono delataba sus dudas.

  Minutos después, un lujoso carruaje privado se detuvo frente a la mansión. De él descendió Madame Lothrim, con su característico aire de autoridad y vestida impecablemente para la ocasión. Los sirvientes de la familia Hilloy la recibieron con la debida cortesía y la guiaron hacia las puertas de la mansión.

  —?Madame Lothrim! Es un gusto tenerla aquí. —Lord Xander la saludó con una sonrisa cordial, mostrando la hospitalidad que se esperaba de él.

  —Xander… gracias por la invitación.

  Cáliban, manteniendo la etiqueta, realizó una reverencia respetuosa, pero su mirada se encontró con los dos acompa?antes de Madame Lothrim, Alec y Loana. Ambos estaban vestidos formalmente, adecuados para la ocasión, pero Alec no pudo ocultar el desprecio en su mirada, que se clavó en Cáliban con veneno.

  Cáliban suspiró y desvió la mirada, decidido a no ser él quien iniciara un enfrentamiento.

  —Un gusto conocerlo, Lord Hilloy. —dijo Loana con una reverencia elegante, luciendo impecable en su hermoso vestido.

  —Lord Hilloy, es un honor estar en la presencia de un aventurero tan distinguido. —Alec pasó deliberadamente de Cáliban, ignorándolo como si no existiera.

  —Me alegra recibirlos a ambos. —Lord Xander mantuvo la compostura y les hizo un gesto hacia el interior —Por favor, vengan, los guiaré al comedor.

  Mientras recorrían los pasillos, Madame Lothrim observó la mansión con ojo crítico. Su percepción aguda notó los cambios en la decoración y el ambiente. La mansión Hilloy, antes algo lúgubre, ahora parecía más viva y acogedora.

  —Parece que has hecho bastantes cambios, Xander… —comentó con tono neutral, aunque era evidente que estaba impresionada.

  —?Ah! —respondió él, con una sonrisa orgullosa —En efecto. Pensé que ya era hora de darle un poco de vida al lugar.

  Al llegar a la puerta del comedor, Cáliban se detuvo de repente, sus sentidos fueron alertados por una presencia que lo hizo dudar.

  —Esperen un momento, por favor… —dijo, adelantándose al resto de los invitados.

  Lord Xander asintió hacia Madame Lothrim, esperando con paciencia junto a la puerta. Cáliban ingresó rápidamente al comedor y, al cerrar la puerta tras de sí, se encontró con Lady Lidia, quien esperaba con una radiante sonrisa mientras acomodaba su vestido cuidadosamente.

  —?Se puede saber qué haces aquí? —preguntó Cáliban, arqueando una ceja.

  —Bueno… pensé que mi presencia sería de gran ayuda en esta ocasión. —Lady Lidia sonrió, alzando la barbilla con elegancia.

  Cáliban frunció el ce?o, intrigado por su repentina intervención.

  —Mira… no quiero ofenderte, pero tú y mi esposo tienen el tacto social de un Ferrum. —Lidia esbozó una sonrisa confiada —Las charlas políticas se me dan mejor. Puede que no lo sepas porque no has tratado con ella, pero Madame Lothrim es una de las figuras más poderosas del continente. Si logras ganarte su favor, ?No sería eso ventajoso?

  Cáliban se cruzó de brazos, reflexionando sobre sus palabras. Aunque no le agradaba la idea de depender de nadie, especialmente de alguien tan manipuladora como Madame Lothrim, Lidia tenía razón. Además, su presencia no pondría en riesgo su identidad si los invitados eran pocos y de confianza. Sin embargo, lo que finalmente lo convenció fueron los brillantes ojos suplicantes de Lidia, cargados de determinación.

  Cáliban suspiró con resignación.

  —En ese caso, supongo que no hay de otra. Está bien, pero no te muestres todavía. Quiero confirmar si se puede confiar en Madame Lothrim antes de incluirte.

  —De acuerdo. —respondió Lidia, asintiendo con entusiasmo —Esperaré en la otra sala.

  Cáliban abrió las puertas nuevamente, dejando pasar a los invitados con una sonrisa controlada.

  —?Con quién hablabas, jovencito? —preguntó Madame Lothrim, su mirada era aguda, denotando que había percibido algo.

  —Solo estaba hablando con el chef. —respondió Cáliban con calma —Quería asegurarme de que la comida estuviera en óptimas condiciones.

  Madame Lothrim sonrió levemente, aunque no estaba del todo convencida. Sin más, todos tomaron asiento en la mesa.

  La disposición de los asientos fue rápida, pero también estratégicamente incómoda. Alec, como era de esperarse, eligió el lugar más alejado de Cáliban. Sin embargo, la mesa no era lo suficientemente grande para evitar los ocasionales cruces de mirada entre ambos.

  Para suavizar el ambiente, Loana decidió romper el hielo con una conversación amigable.

  —Y dígame, Lord Hilloy, ?Cómo se encuentra su esposa? —preguntó con una sonrisa cortés.

  Lord Xander se sorprendió de que ese fuera el primer tema de conversación.

  —Se encuentra bien, gracias por preguntar, Lady Loana.

  —Debe ser duro, ?No? —intervino Madame Lothrim, su tono era respetuoso pero cargado de una sombra de tristeza —No me imagino lo que se siente ver sufrir a un ser amado…

  Su mirada se oscureció ligeramente, reflejando una empatía que parecía sincera, aunque era difícil discernir sus verdaderas intenciones.

  El comentario llenó la sala de un silencio breve pero pesado, mientras cada uno de los presentes procesaba la inesperada melancolía en las palabras de Madame Lothrim. Cáliban observó con atención, intentando leer entre líneas. ?Era un simple comentario empático, o un intento de manipulación emocional?

  Lord Xander, por su parte, respondió con calma, aunque su voz revelaba un leve temblor.

  —Es difícil, Madame, pero hacemos lo que podemos para mantenernos firmes. No sé qué haría sin ella… —dijo Lord Xander, cargado de emoción sincera.

  En la sala contigua, Lady Lidia apoyó su espalda contra la pared, sintiendo cómo su corazón latía violentamente al escuchar las palabras de su esposo. A pesar de la situación, ese instante de cari?o y lealtad hacia ella le llenó el alma.

  En la mesa, Madame Lothrim no pudo evitar sentirse tocada por el ambiente familiar. Una punzada de melancolía se instaló en su corazón mientras observaba a Cáliban, su mirada reflejó algo parecido a la lástima. Cáliban, incómodo por la intensidad de su mirada, desvió los ojos con una ligera inquietud.

  ??Qué le pasa?? —pensó, intentando no darle demasiada importancia.

  —Fue bastante duro sobrevivir. —continuó Lord Xander, rompiendo el breve silencio —Pero gracias a mis ahijados, esos tiempos oscuros se volvieron más llevaderos. Cáliban y Joseph me han mostrado lo que significa el calor de una familia nuevamente, y por eso siempre les estaré agradecido.

  Lord Xander le dedicó una sonrisa sincera a Cáliban, quien respondió con una ligera reverencia, respetuosa pero sin excesos. La conexión entre ambos era evidente, un vínculo construido en momentos de confianza y peligro compartido.

  Alec, al otro extremo de la mesa, no pudo evitar preguntarse sobre el tono respetuoso que Lord Xander empleaba al dirigirse a alguien que, según él, no era más que un simple ahijado.

  ??Por qué le habla con tanto respeto? ?Qué tiene este tipo??

  Madame Lothrim, por su parte, intentó mantener el ambiente cálido.

  —Oh, ?Dónde está el joven Joseph? Me gustaría mucho conocerlo. —dijo, riendo suavemente para aliviar la tensión.

  —Hablé con él hace un par de horas. Lamentablemente, no podrá acompa?arnos esta noche. —respondió Lord Xander con calma.

  —Oh, en serio. Qué lástima… —dijo Madame Lothrim, aunque su tono dejó entrever una leve frustración.

  Intentaba desesperadamente encontrar un tema que le permitiera involucrar a su nieto Alec en la conversación. Loana, notando la tensión de su abuela, intervino con un cumplido hacia Cáliban.

  —Dime, Cáliban… —preguntó con una sonrisa mientras giraba delicadamente su copa de vino —?Cómo llegaste a ser el ahijado de Lord Hilloy?

  Cáliban, manteniendo su compostura impecable, respondió con humildad:

  —Fue solo suerte. Realicé una misión que terminó ayudando a Lord Xander, pero no hice mucho, la verdad.

  —Yo no diría eso. —intervino Loana, mirándolo con interés —Según lo que he oído de algunos profesores, eres sobresaliente entre los de primer a?o. Muchos están fascinados con tu potencial. Imagino que Lord Xander también, ?No es así?

  —Eso es cierto. —respondió Lord Xander con una sonrisa de aprobación.

  Alec, harto de escuchar lo que consideraba elogios sin fundamento hacia alguien a quien veía como inferior, decidió intervenir para desviar la conversación.

  —Lord Hilloy, dígame… ?Cómo llegó a convertirse en un gran guerrero? —preguntó, con un tono que ocultaba mal su intención de cambiar el foco de atención.

  El comentario pareció capturar la atención de todos en la mesa, pero Cáliban observó de reojo a Alec. Podía leer claramente su intención detrás de la pregunta. Sin embargo, decidió guardar silencio, dejando que Xander tomara la palabra.

  Lord Xander arqueó una ceja, mirando fijamente al joven Alec.

  —?Por qué la pregunta, muchacho?

  Alec se levantó ligeramente, inclinándose con respeto mientras respondía con un tono lleno de sinceridad.

  —Siempre he admirado su valor y coraje. Mi abuela me ha contado muchas de sus haza?as, relatando sus combates llenos de honor y gloria. Para mí, es un auténtico honor conocerlo. Me gustaría pedirle un consejo, como a un maestro experimentado.

  Lord Xander lo observó por un momento, sus ojos denotaban una mezcla de sorpresa y reflexión. Ante la pregunta de Alec, reclinó su cuerpo en la silla y alzó la mirada hacia el techo, dejando que su mente viajara hacia el pasado.

  ??Gloria y honor, eh?? —pensó con melancolía.

  En su juventud, Xander había acumulado riqueza, fama y poder, no para su propio beneficio, sino para dejar de depender de su familia. Lo que realmente buscaba era construir una fortaleza donde su esposa pudiera vivir en paz y seguridad. Su familia llegó a oponerse rotundamente a su relación, por lo que él decidió renunciar a su apellido y forjar su propio destino. Todo lo que obtuvo fue con el objetivo de proteger a la mujer que amaba, aun cuando eso significaba enfrentarse a su propio linaje.

  La voz de Alec lo trajo de vuelta al presente.

  —También… —dijo Alec, emocionado mientras sacaba algo de su saco —Le he preparado un regalo.

  De una peque?a caja adornada, Alec extrajo un cristal multicolor que brillaba intensamente bajo la luz del comedor. Madame Lothrim, al reconocer la naturaleza del objeto, sonrió complacida hacia su nieto.

  —Este es un cristal purificador. —Alec sostuvo el cristal con reverencia mientras lo presentaba a Lord Xander —Nuestra organización ha desarrollado este cristal rejuvenecedor, capaz de absorber cualquier dolencia o maldición. Espero que pueda usarlo en su amada esposa. Nada me haría más feliz que saber que ella se recupera gracias a esto.

  Alec avanzó hacia Lord Xander con genuino entusiasmo, deseando ofrecer su regalo personalmente. Sin embargo, Xander levantó una mano y lo detuvo con suavidad, dejando claro que no aceptaría el obsequio.

  —Me siento agradecido por tan noble gesto, joven Lothrim, pero me temo que no puedo aceptarlo…

  —Por favor, insisto… —intentó refutar amablemente, pero Xander lo interrumpió nuevamente, esta vez con un tono más firme.

  —No es porque no aprecie su intención, joven. —Xander respiró hondo y, con un movimiento elegante, alzó su mano hacia las puertas dobles del comedor —De hecho, creo que es el momento adecuado para presentarles a alguien.

  Con un leve destello de energía, las puertas se abrieron lentamente. De la sala contigua, una figura femenina emergió con una elegancia serena y cautivadora. Su vestido fluía con cada paso, y sus movimientos estaban impregnados de delicadeza.

  Madame Lothrim quedó completamente sorprendida al ver quién era.

  ?Así que era con ella con quien estaba hablando…?

  Loana y Alec, aunque no conocían a la mujer personalmente, comenzaron a unir las piezas en sus mentes. Las descripciones que habían escuchado previamente encajaban perfectamente con la imagen frente a ellos.

  —Les presento a mi esposa, Lidia… el amor de mi vida.

  El silencio llenó la sala. Todos los presentes observaban con distintas emociones. Sorpresa, admiración y respeto. Lady Lidia mantuvo una expresión tranquila, pero sus ojos mostraban una fuerza inquebrantable mientras se acercaba al lado de su esposo.

  —Es un honor conocerlos. —dijo Lidia con voz suave, inclinando ligeramente la cabeza hacia los invitados, proyectando una gracia que nadie podía ignorar.

  Lady Lidia avanzó con paso firme hacia el centro de la sala, proyectando una elegancia serena en cada movimiento. Al llegar frente a Madame Lothrim, la saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa cordial.

  —Es un gusto recibirla en nuestra casa, se?ora Lothrim. Es un honor…

  Madame Lothrim se levantó de inmediato, visiblemente emocionada, y rodeó a Lady Lidia en un abrazo. Para ella, lo que estaba viendo era poco menos que un milagro.

  —?Oh cielos! ?Querida! ?Te ves resplandeciente!

  —?Gracias, madame!

  Lady Lidia tomó asiento entre su esposo y Cáliban, irradiando una delicadeza y elegancia que cautivaron a los presentes.

  —Se ve bien, Lady Lidia. ?Felicidades por su recuperación! —comentó Loana con una sonrisa genuina, rompiendo el silencio inicial.

  Por otro lado, Alec, quien todavía sostenía el cristal purificador en su mano, se sentía vacío. La demostración de respeto que había planeado parecía haber perdido sentido ahora que Lady Lidia estaba frente a ellos, completamente recuperada.

  —Lo siento, joven Lothrim. Es por esto que… —intentó explicar Lord Xander, pero Lady Lidia lo interrumpió con una sonrisa afilada que escondía algo más profundo.

  —Amor mío, deberías aceptarlo. Es un regalo, después de todo. No queremos manchar el honor del joven ni el de Madame Lothrim.

  —Pero… —Lord Xander intentó refutar, hasta que un mensaje resonó en su mente, llenándolo de alerta.

  ?Acéptalo y pide detalles sobre él. Si es lo que creo, podríamos aprovecharlo para nuestro beneficio.?

  Era una se?al de Cáliban. Al escucharla, su expresión cambió al instante. Extendió las manos hacia Alec con una sonrisa cálida.

  —Mi esposa tiene razón. No aceptarlo sería grosero.

  Alec, aunque algo desconcertado, le entregó el cristal purificador con cuidado. Una vez de vuelta en su asiento, Lord Xander continuó la conversación con una pregunta que tomó a todos por sorpresa.

  —Dime, joven Lothrim, ?Cuál es el proceso de fabricación de este cristal?

  Alec, sorprendido por la pregunta, miró de inmediato a su abuela, buscando su aprobación para compartir información confidencial. Madame Lothrim asintió con calma, otorgándole su permiso.

  The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement.

  —Bueno, Lord Hilloy… —comenzó Alec, enderezándose en su silla —El cristal se crea a partir de un largo proceso alquímico. Primero, se recolectan minerales de alta pureza, combinados con extractos mágicos de naturaleza curativa. Después de germinar el cristal en un ambiente controlado, se le inyecta una lágrima de Eternano, lo que…

  Cáliban, que había estado escuchando sin mucho interés, de repente se irguió en su silla al oír esas palabras.

  —Espera. —Lo interrumpió con firmeza, fijando su mirada en Alec —?Qué es Eternano?

  La pregunta dejó a Alec momentáneamente sin respuesta, mientras la atención de la sala se centraba en él. Incluso Madame Lothrim se inclinó ligeramente hacia adelante, evaluando el cambio repentino en el interés de Cáliban.

  Alec frunció el ce?o, claramente molesto, pero antes de que pudiera dejar caer un comentario mordaz, Loana lo pellizcó discretamente. El gesto fue suficiente para hacerle comprender que debía comportarse. Ambos intercambiaron miradas silenciosas, con Loana dejándole claro que no iba a tolerar un comportamiento imprudente. Alec suspiró con resignación antes de responder.

  —Así es como llamamos al material extraído desde la estrella que cayó. Lo usamos como base para investigaciones. Según nuestros resultados, tiene propiedades únicas. Anula la magia negra, tiene efectos curativos y también actúa como amplificador mágico.

  Cáliban inclinó ligeramente la cabeza hacia adelante, su atención fue claramente enfocada en los detalles.

  —?Y el centro? ?Qué hay del núcleo? —preguntó, con su voz cargada con una mezcla de urgencia y curiosidad.

  Esta vez, fue Madame Lothrim quien respondió, notando el interés casi obsesivo de Cáliban en el tema.

  —El núcleo permanece inaccesible. Sin importar qué herramientas utilicemos o los métodos empleados, nada ha logrado penetrar sus defensas. Solo hemos podido raspar la corteza azul que lo envuelve.

  Cáliban arqueó una ceja, su atención intensificándose.

  —?Dijiste corteza azul?

  Madame Lothrim asintió, sus ojos observaron con atención los gestos de Cáliban.

  —Sí. La superficie del núcleo está recubierta por una especie de casco azul que secreta un líquido del mismo color. A este lo llamamos Eternano. Cuando el núcleo libera una gota, lo hace de forma extremadamente lenta, pero una sola gota es suficiente para generar varios galones de esencia purificada. La llamamos Lágrima de Eternano. Nuestros avances sólo han llegado hasta ahí…

  Cáliban se quedó inmóvil, procesando la información. Sus pensamientos se enredaron en una mara?a de teorías y preocupaciones. Su mayor temor era que el núcleo fuera manipulado de manera irresponsable, pero la información sobre su protección natural lo tranquilizó. Mientras permaneciera sellado en su corteza, no habría riesgos de contaminación o mal uso.

  Madame Lothrim continuó explicando que tardaban al menos un a?o en obtener una sola gota de Lágrima de Eternano. Esa escasez era lo que hacía que los elixires y pociones potenciados por este material fueran invaluables. La sonrisa ligera que apareció en el rostro de Cáliban no pasó desapercibida.

  ?Si el cristal está construido a partir de este material, podría tener el poder que estoy buscando…? —pensó para sí mismo, sintiendo cómo un plan comenzaba a tomar forma en su mente.

  Pero sus pensamientos fueron abruptamente interrumpidos por una suave pregunta de Madame Lothrim.

  —Dime, Mika'el…

  Cáliban alzó la mirada de inmediato, su rostro se endureció al escuchar su verdadero nombre.

  —Cáliban, por favor. Llámeme Cáliban… —respondió, con un tono serio que no disimulaba del todo su disgusto.

  Alec, quien había estado conteniéndose, vio una oportunidad y decidió intervenir con desdén.

  —?Por qué? —preguntó, sus ojos se cargaron de desafío mientras clavaba la mirada en Cáliban —Ese es tu nombre, ?O acaso esperas que te hablemos como si fueras alguien importante?

  Cáliban, que había estado evitando encontrarse directamente con los ojos de Alec, finalmente lo miró de frente, manteniendo una expresión firme y fría.

  —No espero que me traten como alguien importante. Simplemente no me gusta que usen mi nombre.

  Alec sonrió de manera forzada, mostrando su desagrado mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante, como si buscara intimidarlo.

  —?Y? ?Por ello debemos llamarte de otra manera? —insistió Alec, con agresión.

  —Alec, detente. —intervino Loana, jalando discretamente su traje bajo la mesa en un intento de evitar un conflicto mayor.

  —?No! ?Me enfurece! —Alec alzó la voz, dejando que su ira comenzará a filtrarse en cada palabra —He visto tus registros. Eres un estudiante modelo, siempre en el primer puesto de todas las clases. Es impresionante, lo admito. Pero no creo que sea motivo suficiente para que todos tengan que besarte los pies. ?Acaso crees que estás por encima de los demás?

  Madame Lothrim observó en silencio, sin intervenir. Aunque sus instintos le pedían detener a su nieto, decidió esperar. Había algo en Cáliban que la intrigaba, y quería ver cómo manejaba la situación.

  Cáliban, mientras tanto, desvió la mirada, aparentemente desinteresado. Su falta de reacción solo sirvió para irritar aún más a Alec.

  —?Ves? Ni siquiera puedes contestarme… —continuó Alec, con una sonrisa cargada de desprecio.

  Cáliban suspiró profundamente, como si el enfrentamiento le resultara una pérdida de tiempo.

  —?Qué quieres que te diga? —respondió finalmente, con un tono neutral pero afilado —?Que siga tu jueguito? ?Que me ponga a patalear o a gritar como tú? No, gracias. Tengo mejores cosas que hacer que estar detrás de alguien tan incompetente como tú.

  Alec apretó los pu?os, claramente molesto, e intentó replicar. Sin embargo, Cáliban lo interrumpió antes de que pudiera articular una palabra.

  —Antes de que digas otra estupidez, cuida tus palabras. Esto no es un circo para que te pongas a gritar como un mono. Hablas mucho, pero todo lo que dices me da risa. ?Que si me creo importante? Al menos no entro a casas ajenas para golpear a estudiantes inocentes… ?Sabes por qué? Porque, a diferencia de ti, yo no tengo nada que demostrar.

  Alec se tensó, sintiendo el impacto de las palabras de Cáliban como un golpe directo.

  —Hablas de honor, de virtud, de las grandes haza?as de los guerreros. Admiras esas cosas, pero no las haces. Y, para ser sincero, perder tiempo contigo es lo último que quiero hacer. —Cáliban se inclinó ligeramente hacia adelante, sus ojos fríos se clavaron en Alec —Pelearemos el día del festival. Te daré el lujo de lucirte frente a los espectadores para alimentar tu ego. Pero de ahí en adelante, no quiero verte ni escucharte.

  La energía de Alec comenzó a intensificarse, llenando la sala con una tensión palpable. Pero antes de que pudiera explotar, un aplauso resonó en la habitación.

  Lady Lidia, con una expresión serena y controlada, se había levantado de su asiento. Su energía envolvió la sala, disipando la hostilidad como si fuera una brisa refrescante. La atención de todos se centró en ella.

  —Joven Lothrim, le ofrecemos disculpas por el comportamiento de nuestro ahijado. Espero que pueda aceptar nuestras disculpas. —Su voz era suave, pero cargada de un peso que nadie en la sala podía ignorar.

  Madame Lothrim observó a Lady Lidia con interés, dándose cuenta de la jugada que estaba haciendo. La disculpa, aunque aparentemente conciliadora, colocaba la responsabilidad de la situación sobre Alec, marcando una mancha en el honor de los Lothrim, una casa que se enorgullecía de su nobleza y dignidad.

  Cuando Alec intentó hablar para defenderse, Madame Lothrim lo interrumpió con un gesto de la mano, manteniendo una expresión imperturbable.

  —No es necesario. —Su tono era firme, pero frío —El joven Alec necesita aprender a controlar sus emociones. Es un error común en los jóvenes apasionados. —dijo Madame Lothrim, inclinando ligeramente la cabeza, un gesto que sorprendió a todos los presentes.

  Alec se quedó sin palabras. Loana, consciente de la implicación del acto de su abuela, también bajó la mirada en un intento de recuperar algo del honor que habían perdido. Sin embargo, Alec no pudo aceptar esa sumisión.

  —Pero…

  —Alec. —La voz de Lord Xander resonó con un tono sombrío, lleno de autoridad —Madame Lothrim, una mujer de gran renombre, y tu prima están inclinando la cabeza por ti. Lo menos que podrías hacer es evitar manchar aún más su honor.

  Las palabras de Lord Xander golpearon a Alec como un martillo. Cada una de ellas tenía un peso que no podía ignorar.

  —Dijiste que querías un consejo mío. Pues aquí lo tienes. No dejes que tus emociones definan tus acciones. Ese impulso violento que tienes no te llevará a ningún lugar bueno, créeme.

  Lord Xander se reclinó en su silla, desviando la mirada hacia su esposa, Lady Lidia, con una expresión melancólica.

  —Yo también fui así. Orgulloso. No permitía que nadie, salvo mi familia, me dijera qué hacer. Pero un día conocí a William… alguien mucho más talentoso que yo.

  Xander hizo una pausa, como si reviviera el momento.

  —En sus manos sufrí una derrota aplastante. Pero en lugar de humillarme, me aceptó como amigo y me trató como un igual. Fue gracias a él que entendí lo vasto que es el mundo y el verdadero significado del honor y el valor.

  Su mirada volvió a Alec, suave pero firme, con una intención clara de hacerlo reflexionar, no de reprenderlo.

  —Entiendo cómo has sido criado. Veo que eres un diamante en bruto, un talento prometedor. Imagino que nunca has encontrado un oponente que realmente te haya desafiado… ?Dónde estudiaste?

  Alec bajó la mirada, sus palabras fueron atrapadas en su garganta, hasta que finalmente murmuró:

  —En Navia…

  —Es una buena academia. —Xander asintió con aprobación —Imagino que debiste destacar en ella.

  Alec asintió, con algo de orgullo reflejado en su postura, aunque todavía no podía mirar a Lord Xander a los ojos.

  —Eso es bueno. —Xander sonrió ligeramente —Pero no permitas que eso te lleve a la ruina. Aprende de otros. No dejes que tu orgullo nuble tu juicio… hijo.

  Las palabras finales de Xander encendieron algo en Alec. Levantó la mirada, y por un breve momento, recordó destellos de amor paternal que habían quedado enterrados bajo las expectativas aplastantes que le impuso su familia.

  Como miembro de los Lothrim, siempre se esperaban grandes cosas de él. Desde peque?o, entrenó día y noche, estudió con ahínco y persiguió su objetivo incansablemente. Pero en ese momento, frente a la serenidad de Lord Xander, sintió por primera vez que podía permitirse bajar la guardia.

  El silencio que siguió fue pesado pero significativo, cargado de reflexiones no expresadas en palabras. Loana observó a Alec con una leve sonrisa, esperando que esta experiencia pudiera ser un punto de inflexión para él. Madame Lothrim, en cambio, mantuvo una expresión imperturbable, pero sus ojos estaban fijos en su nieto, evaluando si este breve momento de vulnerabilidad lo haría más fuerte o lo quebraría.

  Finalmente, Alec habló, su voz era baja pero cargada de determinación:

  —Entiendo… —dijo mientras ofrecía una reverencia respetuosa hacia Lord Xander —Le agradezco sus palabras, Lord Hilloy.

  Hizo una pausa, mirando brevemente a todos los presentes antes de continuar:

  —Mi desempe?o en esta fiesta ha sido desfavorable. Espero que no culpen a mi familia por mis errores. Me retiraré por esta noche, para no seguir manchando el honor de mi casa. Gracias por la velada de hoy, Lady Lidia, Lord Xander… les deseo una buena noche y les agradezco por recibirme.

  Con orgullo intacto pero consciente de sus errores, Alec abandonó la sala con pasos firmes, dejando tras de sí un aire de reflexión que se extendió entre los demás.

  —?Eso está bien, maestra? —susurró Loana a Madame Lothrim, claramente afectada por la partida de su primo.

  Madame Lothrim observó a Alec mientras desaparecía tras las puertas, su mirada se llenó de una mezcla de orgullo y tristeza.

  —Alec ya no es un ni?o. —respondió en voz baja —Tiene que hacerse responsable de sus propias acciones.

  Sin embargo, un hueco se formó en su pecho, una punzada de dolor que llevaba consigo cada vez que lo veía tropezar bajo el peso de sus propias expectativas.

  Finalmente, los sirvientes comenzaron a traer los platillos principales. La mesa se llenó de deliciosos manjares que adornaban el espacio con colores vibrantes y aromas irresistibles. Los postres, acompa?ados de bebidas que desprendían una dulzura embriagante, hicieron que todos sintieran cómo se les hacía agua la boca.

  La cena transcurrió con normalidad. Entre bromas ligeras y una conversación cordial, los ánimos parecían haberse calmado.

  —Les pido disculpas por mi hijo… —dijo Madame Lothrim, rompiendo el silencio con un tono sincero —Realmente no quería que esto llegara tan lejos.

  Lord Xander negó con un gesto tranquilo.

  —No se preocupe. Alec es un buen muchacho; solo necesita reencontrar el camino correcto. Cuando el orgullo habla, ya sea por nuestra casa o familia, a veces cometemos errores estúpidos…

  Madame Lothrim esbozó una ligera sonrisa, agradecida por las palabras de comprensión.

  —En efecto. Le agradezco sus palabras, Lord Xander. Creo que tuvieron un impacto positivo en él. —Su mirada se oscureció con melancolía mientras bajaba la cabeza ligeramente.

  Los recuerdos le pesaban. Madame Lothrim había sido estricta toda su vida, forjando su camino hacia la cima del onceavo rango. Su objetivo siempre había sido elevar el prestigio de la organización que heredó de su linaje, haciendo que fuera digna de la sangre derramada por sus antepasados. Durante décadas, se dedicó con fervor a alcanzar esa meta, hasta que sus ambiciones la cegaron.

  Con el tiempo, adquirió discípulos que lograron haza?as increíbles, individuos que se convirtieron en grandes líderes, reyes, y héroes aclamados. Fue entonces cuando su orgullo la llevó a una conclusión peligrosa:

  ?Si puedo formar héroes y reyes, ?Por qué no crear uno que herede mi propio linaje??

  Esa idea la consumió. A pesar de haber superado los cien a?os, su cuerpo seguía siendo joven y vigoroso gracias a su inmenso poder. Así comenzó su proyecto más ambicioso. Engendrar al guerrero más grande del mundo.

  Madame Lothrim había entrenado estrictamente a Cristina, su única hija, llevándola al límite físico y emocional, comparándola constantemente con sus discípulos más destacados. Su obsesión por la excelencia empujó a Cristina hasta el agotamiento y la alienación. Cuando finalmente su hija se marchó, incapaz de soportar más, Madame Lothrim se sumió en una profunda depresión.

  Las decisiones erráticas que tomó durante ese periodo llevaron a los miembros del consejo a cuestionar sus capacidades como líder. Su poder y belleza comenzaron a desvanecerse, siendo reflejo de su desesperación interna. Fue entonces cuando encontró a Alec, un ni?o huérfano que vivía en un convento dedicado al Dios de la Luz, acogido por el sacerdote como víctima de la guerra.

  Cuando Madame Lothrim visitó el lugar en busca de una se?al, vio en Alec un destello de potencial. Lo interpretó como una intervención divina y decidió adoptarlo, dispuesta a brindarle todo el apoyo y amor que no supo dar a Cristina. Su objetivo era convertirlo en lo mejor que ella podía ofrecer al mundo. Pero con el tiempo, el amor se transformó en indulgencia, y Alec desarrolló una actitud arrogante que se consolidó bajo su tutela. Madame Lothrim lo comprendió demasiado tarde, y el remordimiento comenzó a arraigar en su interior.

  La conversación continuó en la mesa, Madame Lothrim permaneció en silencio por unos instantes más, reflexionando sobre los caminos que la llevaron hasta ese momento. Sus ojos vagaron por la mesa, deteniéndose en Loana, quien hablaba animadamente con Lady Lidia, y luego en Cáliban, cuya presencia le generaba más preguntas que respuestas.

  En su interior, sabía que la batalla de Alec no era solo contra Cáliban. Era también contra las cadenas invisibles que ella misma había puesto sobre su nieto.

  Mientras la cena transcurría con una aparente normalidad, Madame Lothrim observaba a Cáliban con ojos llenos de nostalgia. Su porte real y la sofisticación en su forma de comer le recordaban a Cristina, y por un instante sintió como si su hija estuviera frente a ella.

  Decidida a enfrentar sus dudas como toda madre preocupada, alzó la voz con un tono suave y casi melancólico:

  —?Cómo fue tu vida? ?Has tenido una buena vida…?

  Cáliban detuvo su cubierto, su postura se puso rígida. La pregunta no lo sorprendió, pero sí el matiz de culpabilidad que percibió en el tono de Madame. Levantó la mirada lentamente, dejando escapar un leve suspiro, cansado de tener que repetir la misma historia una y otra vez.

  —Aunque no tengo pruebas, sin duda estoy seguro de que ya me ha investigado. —Su tono era directo —?Qué más quiere saber?

  Madame Lothrim mantuvo su sonrisa cálida, una que incomodó a Cáliban aún más. Había algo inquietante en su aparente gentileza.

  —Solo quiero saber… mi plan no es obligarte… —dijo ella, con tristeza reflejada en sus ojos.

  Cáliban desvió la mirada hacia Lady Lidia, quien le envió una mirada de súplica. No hacía falta que hablara; sus ojos dejaban claro que consideraba importante aceptar la propuesta de Madame, tanto por los beneficios políticos como por la paz que podía traer.

  Resignado, Cáliban decidió ceder. A rega?adientes, comenzó a narrar la historia de Mika'el, de manera resumida, cuidando no profundizar en los detalles más dolorosos. No quería la lástima de Madame Lothrim, ni revivir esos recuerdos. Sin embargo, incluso con su relato escueto, sus palabras bastaron para provocar una reacción inesperada.

  Madame Lothrim, al escuchar la historia, dejó escapar lágrimas silenciosas que rodaron por sus mejillas.

  —Pobre criatura… —susurró con voz entrecortada —Debiste haber pasado hambre… pena… dolor… lo lamento tanto…

  Cáliban, atónito ante sus lágrimas, no supo qué decir. Permaneció en silencio, con las manos sobre la mesa, evitando hacer contacto visual.

  —Está bien… —dijo finalmente, en un tono bajo pero firme —No es su culpa. Simplemente son cosas que sucedieron.

  Madame Lothrim tomó un pa?uelo y se limpió las lágrimas con cuidado.

  —?Qué le pasó a tu madre? —preguntó Madame Lothrim, su voz se quebró mientras intentaba contener las lágrimas.

  —Falleció por una enfermedad cuando yo era más peque?o… —respondió Cáliban con un tono indiferente, como si el peso de esa tragedia ya no tuviera fuerza sobre él.

  Madame Lothrim pareció a punto de correr hacia él y abrazarlo, pero se contuvo, consciente de lo que estaba a punto de decir. Llevó una mano a su pecho, tratando de calmar las emociones que luchaban por salir.

  —Está bien, hijo… —dijo finalmente, con una mezcla de dolor y determinación en sus palabras —No volverás a sufrir más.

  Cáliban, Lord Xander y Lady Lidia intercambiaron miradas, desconcertados por los balbuceos de Madame Lothrim. Loana permaneció en silencio, tratando de asimilar lo que ocurría, mientras el aire en la sala se volvía denso de expectación.

  Madame Lothrim respiró hondo, reuniendo el coraje necesario para romper el silencio.

  —Dime, muchacho… ?Puedes reconocer esta foto?

  Loana, que parecía estar al tanto de lo que su abuela iba a revelar, sacó una foto rota de su bolso y se la entregó. Madame tomó la foto y, con un leve destello de energía espiritual, la extendió hacia Cáliban.

  Cáliban tomó la imagen con cuidado, examinándola con detenimiento. Al principio, su rostro permaneció neutral, pero poco a poco su expresión comenzó a cambiar. La nostalgia lo invadió al reconocer a su madre en la foto, sosteniéndolo en brazos como si fuera el objeto más preciado del mundo.

  Con los dedos temblorosos, acarició la parte rota de la imagen, donde faltaba el rostro de su padre. Sin embargo, podía ver las manos gentiles que acariciaban la cabeza del bebé en el regazo de su madre.

  —Es… la foto de mi nacimiento… —dijo con una voz más suave de lo que esperaba.

  Madame Lothrim asintió, con lágrimas contenidas.

  —Esa foto fue tomada del registro médico en Orión… ahí fue donde naciste.

  Lord Xander y Lady Lidia abrieron los ojos con sorpresa, reflejando incredulidad. Incluso Loana parecía ansiosa por lo que estaba por venir.

  Por unos breves instantes, la expresión de Cáliban cambió. Una sonrisa cálida apareció en su rostro, una que no pertenecía al frío Avalon que todos conocían. Por un momento, parecía que Mika'el, el due?o original de esas memorias y ese cuerpo, estaba presente en la sala.

  —Investigamos los registros privados del hospital con algunos favores… —dijo Loana, con un tono cauteloso, como si intentara evitar que Cáliban se sintiera invadido —Espero que no nos malentiendas.

  La sonrisa desapareció tan rápido como había llegado, reemplazada por la habitual seriedad de Cáliban. Levantó la mirada, su voz fue firme pero cargada de duda.

  —?Por qué me investigaron tanto?

  Madame Lothrim inhaló profundamente, tratando de calmar sus nervios mientras se preparaba para lo inevitable.

  —Por favor, no lo malinterpretes… esto es algo complicado… —comenzó, con un tono que oscilaba entre la disculpa y la determinación —Cuando te vi aquel día, estaba junto a tu profesor evaluando el potencial de la casa. Estaba… sorprendida, la verdad.

  Soltó una risa amarga antes de continuar.

  —Cuando escuché que los hijos de mis discípulos estaban en esa casa, quise comprobar su fuerza con una peque?a prueba. Nunca pensé que el problema escalaría tanto… realmente lo siento. —Bajó la mirada, reflejando un genuino pesar —Por un momento, pensé en quién podría ocupar el puesto de líder. Saber que príncipes y princesas de linaje noble estaban bajo un mismo techo me llenó de curiosidad.

  Hizo una pausa, recordando cómo su perspectiva cambió ese día.

  —Mi plan era ganarme el favor de alguno de ellos para fortalecer la posición de la organización. Pero entonces Kasus me dijo algo que no podía creer… el líder de la casa ni siquiera era de sangre noble. —Madame dejó escapar una leve risa irónica —Tenía que verlo con mis propios ojos. Así que me reuní con tu profesor… y, ja, realmente me llevé una sorpresa ese día.

  Su mirada se suavizó mientras evocaba el recuerdo.

  —Cuando te vi caminar por la puerta principal, pensé que me daría un infarto. —Una leve risa escapó de sus labios, aunque te?ida de amargura —Eres idéntico a Cristina…

  Cáliban frunció el ce?o, su incomodidad era evidente. Las palabras de Madame no eran necesariamente hostiles, pero despertaban en él una sensación de vulnerabilidad que no estaba acostumbrado a enfrentar. Había algo en su tono, una familiaridad incómoda que lo hacía sentir expuesto.

  —Escuche… sus palabras son hermosas, pero si quiere ganarse mi favor, no creo que deba-

  Antes de que pudiera terminar, Madame Lothrim extendió la foto hacia él con un movimiento lento pero firme.

  —Esta foto es mía y de mi hija… —dijo, interrumpiéndolo —La tomamos cuando cumplió quince a?os. Espero que puedas entender.

  Cáliban tomó la foto con una mezcla de escepticismo y curiosidad. Sus ojos se posaron en la imagen, y su expresión cambió al instante. La joven adolescente que posaba junto a Madame tenía una sonrisa radiante, su rostro era rebosante de vitalidad y confianza.

  El temblor en las manos de Cáliban fue casi imperceptible, pero su mirada se quedó fija en la imagen por largos segundos antes de volverla hacia Madame Lothrim.

  —Esto es…

  —Sí. —La voz de Madame estaba cargada de emociones encontradas. Melancolía, culpa, y una tenue felicidad que luchaba por abrirse paso —Cristina es mi hija.

  Su mirada se suavizó mientras terminaba con la revelación que había estado conteniendo por tanto tiempo.

  —Mika'el… tú eres mi nieto.

  La declaración cayó como una piedra en el silencio de la sala. Lord Xander y Lady Lidia intercambiaron miradas de asombro, mientras Loana contenía el aliento. Cáliban, por su parte, permaneció inmóvil, su mente estaba tambaleándose bajo el peso de lo que acababa de escuchar.

  La foto en sus manos parecía pesar más que nunca, mientras las piezas de un rompecabezas que nunca pensó tener comenzaban a encajar lentamente en su mente.

Recommended Popular Novels