I. El Juicio de la Maldición y el Silencio de Lizarel
La sentencia seguía su curso en la gran sala del trono. Las voces de los nobles se alzaban como dagas, acusándome y se?alándome con el dedo mientras gritaban que yo tenía una maldición. Yo los miraba con un nudo en la garganta; sabía perfectamente quién era el culpable y el asesino. Era Hadram. Pero pensaba que, si yo hablaba, tal vez moriría.
Muchos dirán: "Vaya, pasaste de ser la villana a convertirte en la víctima como las princesas, ja". Aún no sabes cómo funciona entre los nobles; para ser villana, muchas veces pasas sufriendo tantas cosas que ni en los cuentos te dirían...
— ?SILENCIO! —gritó Hadram con autoridad.
El salón quedó mudo. Hadram dio un paso al frente con la mirada encendida.
— Gracias. Ustedes no pueden hacer eso ante mi esposa, acusarla de algo y decirle que es una maldición. No, ella es mi joya más preciada. Si no les parece, entonces son ustedes los traidores.
— No, no es así, yo sé que ella... —intentó protestar un noble.
— Guardias —ordenó Hadram con frialdad.
Un soldado entró de inmediato y Hadram dio la orden. Lizarel solo pudo invocar a sus deidades en un susurro: "Por los dioses...". El noble cayó al suelo sin vida por causa de sus injusticias hacia Lizarel. Los demás nobles, al ver la escena, solo pudieron temblar de miedo e ir para atrás.
— Eso pensé. Si se creen mejores que yo o que mi esposa, morirán si me desafían. Pasará un mes de luto y después yo gobernaré, ?entendido? Ahora, ?váyanse!
Cuando todos se fueron, me acerqué a él con el corazón latiendo desbocado.
— Amor... —susurré. — No tengas miedo, yo voy a estar aquí, lo sabes. — No, yo... tengo miedo. — Lizarel, estoy aquí.
Hadram me atrajo hacia él, besándome y abrazándome para tranquilizarme. — Calma, amor. Guardias, llévense el cuerpo. — ?A dónde lo dejamos? —preguntó el soldado. — En el desierto. Váyanse.
Al ver esa escena, tenía miedo, lo admito; si yo huía, tal vez él me mataría. Solo podía mantenerme alejada de él por un tiempo. A pesar de que dormía sola, me sentía aliviada. Podía ver desde la terraza a Hadram feliz con otras chicas; algo que una villana no estaría, pero para mí sí era un alivio estar lejos de él.
En mis aposentos sentía tristeza por mi suegro. él me trató como a una hija, algo que mi padre nunca hizo; siempre me golpeaba si hacía algo peque?o o si me acercaba a mi hermanita. Con mi suegro sentí una calidez y por fin me sentí como mi hermana: bajo el amor de un padre amoroso. Sabía por qué hizo eso con su esposa, pero sé que él se arrepintió. Su entierro fue digno; fue reconocido por ayudar a ni?os sin hogar y dar trabajo a los padres, pero nadie sabía su oscuro secreto. Yo lo admiré por haber cambiado; eso deseaba de mis padres, pero nunca iba a pasar.
Todo cambió después de un mes. Me sentía más libre y siempre iba al jardín a admirar las flores como los lirios.
— Princesa, siempre viene —me saludó el jardinero. — Sí, pero esta flor está mal, necesita mucho cuidado. Las otras están bien. — No se preocupe, supe eso y traje esto. — Dámelo —pedí—. Le pondré este palo ante la flor para que se levante, lo amarro y así no se hiere. Listo. — ?Cómo sabe hacer eso siendo una princesa? —preguntó el hombre asombrado. — Aprendí de mi madre, ella me ense?ó. Siempre me decía cómo cuidar.
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Mientras tanto, en la terraza, Hadram observaba la escena junto a su fiel amigo.
— Príncipe, ?qué hace? —preguntó Tibar acercándose.
— Viendo a mi esposa. Vaya, parece que sonríe. Debe ser que el jardinero anda coqueteando con ella...
— No diga eso —replicó Tibar—, ella se ve distanciada. — últimamente he estado con alguien más. Creo que es momento de estar con ella, ?no crees? — Príncipe, ella es su esposa, debe ser valorada. No es un juguete y usted lo sabe. Lizarel permite que usted ande con otras, ?pero por qué no la deja convivir?
— Porque es mía. Lizarel es hermosa y la tengo para mí. No me gusta que alguien toque a mi esposa.
Hadram llamó a Amreh, el eunuco.
— Amreh, prepara a Lizarel. Esta noche estaré con ella. ?Anda!
— Claro, príncipe.
En la terraza, Hadram se quedó un momento más con su amigo.
— Tibar, ?cómo estás? No sé qué pasó aquella noche cuando el Rey, mi padre, falleció.
— Estoy bien, pero fue una semana lo que estuve dormido.
— Sí, despertaste después de una semana. Estabas muy mal, pero ya te recuperaste. Eres mi amigo, Tibar.
En el harén, la Segunda Esposa seguía destilando veneno ante la Tercera Esposa. — Te aseguro que Lizarel mató a nuestro marido. Lo sé, lo siento aquí. Es una arpía. Hablando de ella...
Yo entré buscando a mis siervos. — ?Kesi? ?Amreh?
— Valla, ya llegó la asesina —soltó la Segunda Esposa.
— Y tú repitiendo lo mismo —respondí—. No voy a discutir contigo. Estás celosa porque no eres bonita y yo sí. Soy más joven, de 15 a?os, y tú más. A mí poco me importa si mi marido quiere otras esposas, pero tú sigues siendo la misma. ?Déjame!
— ?ERES UNA IDIOTAAA! —gritó ella y me dio una bofetada que me mandó al suelo.
La mujer sacó una navaja. Yo no tuve miedo; usé la peque?a navaja filosa de mi anillo y la rasgu?é al mismo tiempo que ella.
— ?Ah, me duele! ?Estoy sangrando! —gritó ella—. ?Sueltenme!
— Yo no te hice nada, tú eres la que está haciendo este drama —le dije.
Salí del harén con el pelo suelto y la vestimenta rasgada. En el pasillo, Kesi me vio y corrió hacia mí.
— ?Princesa! ?Está bien? ?Qué le pasó?
— La segunda esposa me atacó por envidia, Kesi. Yo nunca le hice nada.
— Venga, princesa... lo bueno es que no la golpeó más. Vamos.
Entramos a los aposentos y ahí estaba Amreh, el eunuco, que no sabía nada. Al vernos, se escandalizó.
— ?Por los dioses! ?Qué le pasó? —gritó Amreh— ?Por qué está así, princesa?
— Las esposas del Rey... —explicó Kesi.
— ?Ahg, esas perras viudas! —bufó Amreh— ?Cómo pudieron hacerle eso a una princesa de tal belleza? ?Eso es envidia! ?Venga, el ba?o está listo!
Mientras Amreh me ba?aba con aromas y Kesi me preparaba un hermoso vestido egipcio, en el harén la locura se desataba.
— ?Cómo pudieron DETENERME? —gritaba la Segunda Esposa.
— Si la matas, el príncipe te matará a ti —le advirtió la Tercera Esposa.
— ?Poco importa! La mataré porque ella me arruinó ?TODOOOO! YO LA ODIO, VAS A VER. Esta noche haré que pague, ya lo verás... sjsjsjs.
La Segunda Esposa tomó una navaja y salió decidida hacia los aposentos reales.
En mis aposentos, Amreh y Kesi se despidieron. — El príncipe quiere estar con su esposa —le susurró Amreh a Kesi mientras salían. Yo me quedé mirando mis joyas. — ?De qué sirve esto si soy como una prisionera? —susurré.
En ese momento, Hadram entró. — Lizarel... — Hadram, ?qué haces aquí? Parece que te habías olvidado de mí. — Perdón, me preocupé mucho por lo de mi padre... pero esta vez me quedaré contigo.
Hadram me interrumpió con un beso. Pero al separarse, vio mi brazo y su rostro se transformó.
— ?Qué le pasó a tu brazo? ?Dime quién te hizo esto! Sabes bien que quien te toca o te lastima es como si me lo hicieran a mí. ?Dime quién fue! — dijo Hadram con precupación
— Fueron las esposas de tu padre —respondí llorando—. Ellas me agredieron. La otra me odia... aún repite que soy una asesina. Créeme, yo no haría tantas crueldades...
— Tranquila, amor... yo me encargaré.
Nos quedamos dormidos, abrazados profundamente. Sin embargo, la puerta se abrió de golpe.
La Segunda Esposa estaba allí con la navaja. — Valla, parecen felices... pero tú, Lizarel, esta noche morirás.
La mujer alzó la mano y descargó el golpe con toda su fuerza y....
?Qué habrá pasado?
?Habrá logrado su objetivo?
Nos vemos en el próximo capitulo

