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Travesía a un lugar seguro (II): Falta de desidia.

  Tap, tap, tap. Un hombre se acercó a Thot.

  —?Qué pasa? —preguntó.—Ya estamos listos para seguir —dijo el extra?o.

  Tanto Thot como el hombre voltearon la mirada hacia el río.

  Thot suspiró.—Nosotros al parecer lo estamos… ?pero ellos?

  —?Qué deberíamos hacer? —preguntó el extra?o.—?A mí me preguntas qué hacer?… En ningún momento me dijeron que sería el líder.

  —Pues tomaste la iniciativa al gritarnos a todos en ese momento. Creo que, si pudiste mantener la calma en esa situación, es porque eres el único indicado para este trabajo.

  Thot soltó un suspiro de resignación.—Por los dioses… entonces yo tendré que lidiar con ella.

  El sujeto le puso la mano en el hombro.—Lo siento mucho, hombre, pero no tienes de otra.

  Guardaron silencio.

  Un momento después, el hombre retiró la mano y se rascó la cabeza. Viendo la negativa silenciosa, habló con sinceridad:

  —Si te soy sincero… hasta yo tengo miedo. No sé qué debería decirle si me acerco. Ya sabes cómo es esto: hay demasiadas historias de gente que ofendió a esa clase de personas solo por algún comentario al azar…

  —Bueno… tal vez ella no sea mala persona. Si no, no hubiera tomado la iniciativa de apoyarnos a todos. Solo habría tomado al ni?o y escapado. Incluso si quería matar a esos hombres, podría haberlo hecho, aunque nos dejara a nuestra suerte.

  —Lo sé… pero eso no cambia mi opinión. Por eso debes encargarte tú.

  Thot contempló el tranquilo panorama frente a él. Algo de sus dudas pareció disiparse.

  Con un respiro, empezó a caminar hacia el río, pisando las piedras y haciendo ruido a propósito, aunque no demasiado.

  ?Dioses… quien sea… denme valor?.

  Al llegar al costado de la mujer, a unos dos metros de distancia, quiso hablar.Pero las palabras no salieron.

  Maribel se movió ligeramente, sin dejar de mirar el enorme río.

  Estaba sentada en una zona poblada de peque?as piedras, sin vegetación a la vista hasta que el bosque retomaba su dominio en la lejanía.

  —Siéntate —dijo ella, con una voz sin emociones.

  Thot obedeció. No sabía qué esperar, pero aquella orden lo devolvió a sus sentidos. Además, una sutil quiebra en su voz lo desarmó.

  Por primera vez, sintió que frente a él no había una divinidad de los mitos, sino una mujer real.

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  El río siguió su curso. Insectos se posaban sobre el agua antes de continuar su danza errática.

  Tras un largo rato, Thot miró al ni?o sentado entre las piernas de Maribel. Tenía una idea clara… o eso creía.

  —?Cómo se llaman?… Ambos —preguntó, jugando nerviosamente con una piedra.

  —Me llamo Maribel —respondió ella tras unos segundos.

  Nada más.

  Era evidente que no diría el nombre del ni?o.

  —?Estás bien, Maribel?

  Ella bajó la cabeza, pensativa. No respondió. El ni?o tampoco.

  —Entiendo —dijo Thot.

  Entonces lo recordó.

  Ella era una cultivadora.

  Los mitos hablaban de seres que podían hacer caer los cielos, elevar los mares y quebrar la tierra si así lo deseaban.

  Nervioso, a?adió:—Solo quería agradecerte por salvarnos antes.

  Tic.

  La piedra en las manos de Maribel estalló en pedazos.

  Ella respiró hondo.

  Thot abrió los ojos, sorprendido. Algo que nunca había escuchado en las leyendas ocurría frente a él.

  Snif.

  Una pesadez se instaló en su pecho. Sin comprender por qué, comenzó a llorar. Emociones que no sabía que tenía brotaron sin control.

  El ni?o también rompió en llanto.

  Los tres lloraron en silencio, acompa?ados solo por el río y sus piedras, que ocultaban el sonido al mundo.

  Travesía a un lugar seguro (II): Falta de desidia

  Luego de quién sabe cuánto tiempo, Thot tomó aire con fuerza.Finalmente, se calmó.

  Se puso de pie frente a Maribel y el ni?o lobezno.

  —Ya estamos listos para partir. ?Te gustaría venir con nosotros?

  —Uh… umh… —asintió ella suavemente.

  Tras tomar aire, dijo al ni?o:

  —Párate.

  De regreso a la caravana, Maribel ocultaba el rostro bajo su capa, antes blanca. Caminaba mirando al suelo, evitando las miradas.

  Aunque vestía ropas que debían verse majestuosas, las manchas y el desgaste solo acentuaban su tristeza.

  Fue conducida al carro más lujoso.

  Durante las horas siguientes, apenas salió para comer. Pasaba el día encerrada con el ni?o, probablemente su protegido.

  Thot había oído que los cultivadores podían pasar meses sin comer, pero después de lo ocurrido empezaba a dudar de los mitos.

  Knock, knock.

  Golpeó la puerta.

  Maribel abrió.

  —Los muchachos están contando historias. Estamos asando aves y peces… ?te gustaría venir?

  —Um… —asintió.

  Minutos después, apareció sin decir palabra. El ni?o la acompa?aba, llevando la canasta.

  Se sentaron frente al fuego.

  —Gracias por lo de esa ma?ana —dijo Thot—. No teníamos otra opción que luchar… como último acto de voluntad.

  Maribel alzó ligeramente la cabeza bajo la capa y asintió. Luego comenzó a comer.

  Los días pasaron.Las noches también.

  La caravana avanzó sin incidentes. Los animales salvajes evitaban el grupo, y los pocos que atacaban eran rápidamente neutralizados.

  Las habladurías no tardaron.

  —Ni los magos más expertos pueden hacer eso sin rituales…

  —Tal vez los de los mitos…

  Así, el viaje fue el más tranquilo que Thot recordaba.

  —Llegaremos en un día más —dijo alguien.—Parece que sí.

  —?Y el ni?o semihumano?

  —Tomaremos un desvío. Pasaremos por la Secta de la Primavera Eterna.

  Hubo incomodidad, pero nadie objetó.

  —Es mejor que morir —dijo alguien.

  Thot asintió.

  —Cuando lleguemos a Flor del Viento, los ayudaré a volver a casa. Tendrán que trabajar para mí un tiempo.

  —Está bien —respondió una mujer.

  Una joven levantó la mano.

  —Yo… no quiero regresar. Quisiera intentar entrar a la Primavera Eterna.

  El silencio fue breve.

  —Podemos hacer una parada —dijo Thot.

  Recordó aquella tarde.

  No vio a una diosa.Vio a una persona rota.

  —La madre del ni?o… aún no se recupera —murmuró.

  El silencio fue pesado.

  —De todas maneras —dijo una mujer— hay que trazar el camino.

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